miércoles, 26 de diciembre de 2018

Chocolatero brutal

Patrick Roger y una de sus esculturas de chocolate.
Foto: © michel labelle
Es un perfeccionista, un rebelde y purista, dos términos que parecen contradictorios pero que 
en Patrick Roger (Le Perche, Francia, 9 de julio de 1968) no lo son. "La materia y la estética me llevaron a hacer esculturas", comienza diciendo este hijo de panaderos que muy pronto, siendo adolescente, dejó sus estudios. No era su camino, lo suyo estaba en la creación. No lo tenía fácil aquel muchacho "de un pueblo perdido de la Francia profunda", como lo define él. "La primera vez que tomé un avión tenía 22 años. Autodidacta, hoy además de artista  que ocasionalmente utiliza el cacao en sus esculturas, es uno de los chocolateros más prestigiosos de Francia. El año pasado celebró los 20 años de la apertura de su primera tienda. Cuenta ya con una decena (nueve en su país natal y una en Bruselas), la última no muy lejos del Arco del Triunfo, donde nos recibe. El chico rebelde se hizo un hombre en el 2000, cuando fue nombrado MOF, la máxima distinción en el terreno culinario galo, que vendría a traducirse como Mejor Artesano de Francia.
Patrick Roger es un torbellino de ideas, reflexivo, sin embargo, cuando habla de sus esculturas gigantescas. "La más grande que he hecho en chocolate ha sido Hypocrisie, en defensa de la Naturaleza y los derechos humanos. Me llevó dos meses y la culminé el pasado verano", afirma sobre una pieza de 5 metros de altura. También es autor de una réplica de El pensador que preparó con motivo de la reapertura del Museo Rodin hace tres años. Aunque quizá lo que le ha hecho más conocido sean sus monos de tamaño natural. "Me interesa un animal del que desciende el ser humano", subraya . Los utiliza como reclamo en sus tiendas, pero también los realiza por encargo.
Ser de chocolate las convierte en obras efímeras, a no ser que se conserven en un lugar adaptado. Durante la entrevista muestra la fotografía de una de sus primeras creaciones, de 1991, que regaló a sus padres aún conservada en una urna. Pero aparte de con cacao. Roger hace esculturas de metal...En Sceaux, a las afueras de París, está su atelier, donde él y su equipo de 15 personas crean cada una de sus propuestas en chocolate. 
Amante de la naturaleza, las cajas que muestran sus bombones son de un verde intenso...Pura delicia. De algún modo Roger está unido a España. "Trabajé en Can Fabes, con Santi Santamaría, sin hablar ni una palabra de castellano", ironiza. Suele ir a Barcelona y admira la obra de Gaudí. Lo que no se plantea es abrir una tienda:"España no es un país para mis chocolates: hace mucho calor", dice con una sonrisa...
Abraham de Amézaga. Fuera de serie. El Mundo, 16 de diciembre de 2018

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