miércoles, 30 de octubre de 2019

Donde esté el peaton que se quite el coche

El  primer paso de peatones en 3D en Paris.
© Groupe Hélios/Twitter
París insiste en su lucha contra el cambio climático y en defensa de una ciudad hecha para personas más que para máquinas. El último experimento, consecuencia de un debate participativo, es el parklet. Se trata de un proyecto desarrollado por la asociación Dédalo y financiado por la alcaldía dentro del programa Paris aux piétons (París para los peatones) que bajo el proyecto Urban Folies impulsa la instalación  de mesas, sillas, bancos, chaises longues y eventualmente pequeños parterres en plazas de parking de las calzadas, cambiando así su funcionalidad. Artistas, diseñadores, paisajistas fueron llamados por la asociación a exponer sus ideas. Finalmente cuatro parklets van a ser implantados en cuatro puntos distintos de la ciudad: uno en el distrito 2 (4 Rue de la Bourse), otro en el distrito 4 (Rue de l'Hôtel Saint-Paul), otro en el distrito 15 (24 Rue des Quatre Frères Peignot) y otro en el 18 (Rue André Messager).
Julien Brouillard, responsable de desarrollo en Dédalo, explicó en Le Parisien  que cada parklet está dedicado a un uso particular. "Por ejemplo, en el segundo distrito, formado por muchas oficinas, está concebido para que los trabajadores puedan sentarse a comer; en el cuarto está más vegetalizado, para homenajear a la naturaleza; el del 15 está destinado a la reparación de bicicletas, mientras que el del 18 propone conciertos o reuniones de vecinos". Me interno en esta estupenda zona del distrito 2, paso por la inevitable entrada de la Galerie Vivianne y me dirijo al número 4 de la Place de la Bourse. Detecto el parklet . Piso una elevada plataforma de madera de 3 por 2, me siento en una de las sillas-taburete (con barra delante) y saco la libreta como si lo hiciera en uno de aquellos pupitres de Jean Prouvé que poblaron las escuelas públicas francesas de los años cincuenta. Al final de la calle se encuentra el edificio de la Bolsa. Son las 12,30. Al lado, tres jóvenes oficinistas comen ensaladas ajenos al asombro de los conductores que, desquiciados, les observan retadores. Todos los motoristas niegan incrédulos y más allá del casco puede leerse su rabia. Cuando consiguen aparcar, vuelven por aquí y miran con desprecio a los usuarios del parklet y parecen preguntarse qué tendrá en la cabeza que está estirado en la chaise longue en mitad  de una calle...
Use Lahoz. El País Semanal, 28 de septiembre de 2019

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