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Françoise Waquet |
Y es que, como defiende la investigadora, si bien el invento del libro fue un avance radical a la hora de expandir el conocimiento (ejemplificado en la expresión que da título al volumen que hace referencia a la palabra docta y erudita) no lo es menos que en los últimos 500 años la oralidad ha sido otro valor capital, fuera en forma de conferencias, congresos, discusiones y charlas en los cafés o llamadas de teléfono. En contra de esa reducción de lo oral al mundo del folklore o al saber antiguo y medieval -en el que la retórica era un pilar fundamental de la educación -, Waquet nos lleva de la mano por las aulas de las más importantes universidades de Occidente , los primeros congresos médicos del siglo XIX e incluso los hoy casi desaparecidos debates intelectuales televisivos y radiofónicos, configurando una auténtica historia cultural de la oralidad en el ámbito académico.
Pudiera pensarse justamente que con el auge de la cultura de la imagen y el vídeo la oralidad ganará preponderancia en el futuro, una profecía que la intelectual se guarda de hacer "advertida por las predicciones sobre revoluciones de la comunicación que jamás se produjeron". Eso sí, esta reivindicación de la palabra hablada en el mundo intelectual debe llamarnos a reflexión en este tiempo de pantallas, pues muestra la importancia de la conversación para forjar ideas, viejo saber que tan bellamente retrató Rafael en su pintura sobre la Escuela de Atenas.
Miguel Cano. El Cultural, 24-9-2021
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