domingo, 23 de marzo de 2025

150 años de Maurice Ravel

La Filarmónica de Nueva York celebra el aniversario de Maurice Ravel con una exposición y una obra recientemente identificada. "Es muy complejo, y hay en él una mezcla de católico de la Edad Media y de impío satánico, pero con el amor del arte y de lo bello". Pocas descripciones retratan a Maurice Ravel (Ciboure, 1875 - París 1937) de forma más precisa y poética que esta anotación del pianista catalán Ricardo Viñes el 1 de noviembre de 1896. Nadie conocía mejor a este dandi de 21 años que discutía sobre los colores de las corbatas y las camisas, al tiempo que sentía fascinación por la poesía, la fantasía y todo lo precioso, escaso y refinado. Un músico incomprendido que comenzaba a buscar  su propia voz creativa.

Mañana se cumplen 150 años de su nacimiento. Sin embargo, la conmemoración principal no tendrá lugar en Francia sino en la Gran Manzana. Con una exposición en la sede de la Filarmónica de Nueva York, inaugurada el lunes, y un concierto, el jueves que viene, en el que el director venezolano Gustavo Dudamel estrenará Sémiramis. Se trata de una composición de 1902 que ha podido identificarse a una entrada del diario de Viñes que también puede verse en la referida exposición neoyorquina", aclara Màrius Bernadó en su despacho de la Universidad de Lleida.

Este musicólogo y profesor está inmerso en un ambicioso proyecto para reconstruir  toda la trayectoria concertística de Viñes (Lleida, 1875 -Barcelona, 1943), el pianista de referencia para la vanguardia, que estrenó en París  la mayor parte de la mejor música para piano de la época de compositores como Debussy, Ravel, Satie o Falla. Pero el trabajo de Bernadó también se centra en el riquísimo diario inédito de Viñes. "Contiene más de 7.000 páginas redactadas en una treintena de cuadernos donde el pianista  narra sus tres primeras décadas  en la capital francesa, desde su llegada, en octubre de 1887, hasta su abrupto final, en agosto de 1915", explica.

La Biblioteca Nacional de Francia compró el manuscrito de la nueva composición  de Ravel en 2000. "Pero la partitura no está firmada ni incluye las habituales señas del compositor francés, por lo que no estaba claro si la música era suya o de otro autor", indica Bernadó. Nos muestra la entrada del diario de Viñes del 7 de abril  de 1902: "Por la mañana fui al conservatorio a oír la cantata de Ravel Sémiramis que ensayó, estudió y tocó la orquesta dirigida por Taffanel: es muy bonita y toda con sabor oriental". Ningún otro testimonio atestigua esta composición, ni entre la documentación del conservatorio ni en la prensa de la época, tal como aclara François Dru, director de la Ravel Edition que ha preparado la partitura para su estreno absoluto en Nueva York.

Un vistazo a Sémiramis nos muestra a un músico con personalidad propia. Un compositor con 27 años que había asimilado la fuerza armónica de Wagner y la belleza colorista  de Rimski-Kórsakov, así como detalles orquestales de Frank y Debussy. Las innovaciones musicales de Ravel habían comenzado mucho antes y con Viñes como testigo excepcional."El compositor y el pianista se conocieron en noviembre de 1888, cuando ambos tenían 13 años y coincidían  en clase de piano. Pronto se volvieron inseparables, pues compartían las mismas aficiones  por la poesía y la pintura. Y mientras sus madres se reunían para hablar en castellano, los dos adolescentes experimentaban nuevas armonías y ritmos españoles tocando el piano a cuatro manos", cuenta Bernadó. Esa senda creativa produjo Alborada del gracioso, su ópera La hora española (1911), que podrá verse en Les Arts en abril, o su popularísimo Bolero (1927).

Bernadó recuerda que este año también se cumple el 150 aniversario del nacimiento de Viñes y que ha sido declarado conmemoración oficial  por la Generalitat de Cataluña y el Ayuntamiento de LLeida. "Este estreno de Ravel en Nueva York es una muestra clara de la oportunidad y la necesidad  de invertir en patrimonio para garantizar su preservación, pero también para generar conocimiento que permita diseñar  y crear productos culturales", reivindica el musicólogo. 

Viñes estrenó las principales composiciones para piano de Ravel, como Jeux d'eau (1901), que abrió nuevos caminos a la escritura pianística. Pero también Miroirs (1904) y Gaspard de la nuit (1908), inspirado en poemas de Aloysius Bertrand que le había prestado el propio Viñes.

Pablo L. Rodríguez. El País, jueves 6 de marzo de 2025.

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