domingo, 30 de marzo de 2025

En Pavía 1525, el gran triunfo de la infantería española

Pocas veces te encuentras una descripción de una batalla de manera que  (aparte de entenderla) te sientes precipitado personalmente en medio del combate, con toda su ferocidad. En Pavía 1525, el gran triunfo de la infantería española (Desperta Ferro, 2025), el ensayo colectivo sobre el famoso enfrentamiento en Italia  de las tropas imperiales de Carlos V, que vencieron contra las capitaneadas por el propio rey de Francia, Francisco I, te parece escuchar un sonido inolvidable que, por encima del estrépito de la artillería y la caballería lanzada a la carga, pone la carne de gallina y te traslada directamente al centro de la acción, hace 500 años.

Es el ruido de las largas picas de la infantería suiza del bando francés al caer, cientos de ellas, cuando, descarga tras descarga, los arcabuces españoles, en la gran hora de estas armas de fuego de avancarga, antecesoras del mosquete y capaces de atravesar a tres hombres en fila, abaten como trigo segado a los soldados que las portan (las picas, de cuatro metros, son las famosas armas de asta inmortalizadas por Velázquez en el cuadro de las lanzas, La rendición de Breda). Suena -según el relato del testigo presencial Juan de Oznaya, paje de lanza del marqués del Vasto y nuestro Fabrizio del Dongo en Pavía- "como en un cañaveral con gran viento, así parecía al caer de las picas".

Ese episodio que pone la banda sonora a la batalla es representativo de una nueva forma de luchar, la predominancia de las armas de fuego de la infantería, que alcanza su punto culminante en el momento crucial de Pavía: la fase en la que la caballería pesada francesa, la legendaria, hermosa y noble caballería de Francia, la gendarmería (la gente darmas), con su rey a la cabeza, acomete como una impetuosa ola de hierro y crines contra el ejército imperial y cuando parece que van a desbaratarlo, 200 arcabuceros españoles irrumpen en el campo y en pocos minutos hacen una carnicería con los jinetes. Describe Oznaya: "Llegando los arcabuceros de la compañía del capitán Quesada empezaron a tirar  a los escuadrones de los enemigos y daban con el caballero en tierra. El ruido de la arcabucería y el humo puso en gran temor a los caballos de los enemigos, tanto que, enarmonados (empinarse los corceles) muchos de ellos, se salían  de la batalla sin poderlos sus dueños señorear". En pocos minutos, nos cuenta el historiador Álex Claramunt Soto, responsable de la edición de Pavía 1525 y autor él mismo del capítulo central del libro sobre la batalla, "cayeron centenares de caballeros franceses, entre ellos, el mariscal La Palice, quien, desmontado, fue abatido de un tiro". Y cita que para el humanista Paulo Jovio (1483- 1552), cronista de las guerras de Italia, aquella hecatombe resultó algo inconcebible: "Era aquel modo de pelear  por sí nuevo, y no usado jamás, y sobre todo maravilloso, cruel y miserable, porque ocupando antes con gran ventaja los arcabuceros la esclarecida virtud de la caballería, se perdía todo".

Perdió Francia hasta a su rey, pues en medio de esa escabechina de Pavía, Francisco I, rey guerrero que había combatido como un Roldán (mató de un certero lanzazo al jinete imperial Ferrante Castriota que le atacaba armado de maza) fue a tierra al derribar un arcabucero español su corcel, y le capturaron. Francisco estuvo preso un año. Su espada permaneció en España 283 años hasta que se la hizo devolver Napoleón en 1808.

La batalla de Pavía es el momento en que se define el principio de la hegemonía imperial en Italia, resume Claramunt Soto, junto al que escriben, abarcando todos los aspectos de la contienda, incluida la influencia en el arte, otros siete expertos: Juan Carlos D'Amico, Alberto Raúl Esteban Rib. Antonio Gozalbo Nadal, Jean-Marie Le Gall, Davide Maffi, Carlos Valenzuela e Idan Sherer. "Y a la vez se hace evidente un cambio de táctica, de ideología de la guerra: se pasa de un ejército feudal a uno moderno, es una revolución militar, aunque el proceso sea gradual". El historiador señala cómo dos elementos que habían dominado en el campo de batalla, la caballería y la pica, con la que eran unos artistas los soldados suizos, empleados como mercenarios, se inclinan ante los arcabuceros españoles. Claramunt recuerda que en el ejército imperial había más arcabuces que en los otros ejércitos europeos y que esas armas eran más modernas, con llave de mecha y mayor capacidad de fuego. (...)

¿Fue decisiva Pavía? "No fue esa clase de victoria aplastante que pone fin al conflicto, pero sin ella no se entiende la coronación imperial de Carlos V en Bolonia por el papa. Francisco I competía directamente con Carlos para ser emperador y en Pavía eso desaparece de un plumazo, entre el atronar de los arcabuces".

Jacinto Antón. E martes 18 de marzo de 2025 País,

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