viernes, 14 de marzo de 2025

El sexo como droga, a escena

Ana Duato, Magüi Mira y Darío Grandinetti. / Ignacio Gil
'La música', de Marguerite Duras, devuelve a las tablas después de 20 años a Ana Duato, dirigida por Magüi Mira.

Qué  pueden hacer para que tantos recuerdos no acaben solo en dolor? ¿Qué les está pasando ahora? ¿Es un comienzo o el final? El amor y la pasión brutal que han unido a esta mujer y este hombre durante años ha terminado. Pero quieren volver a verse y la firma del trámite del divorcio se alarga. Es una noche en el vestíbulo del hotel en el que se conocieron donde van surgiendo sentimientos desgarradores, reproches durísimos, silencios acusadores, recuerdos del infierno en el vivieron, pero también el enganche del sexo que sigue ahí. Ana Duato vuelve al teatro tras más de 20 años de ausencia junto a Darío Grandinetti, que se sube por primera vez a un escenario en España, para dar vida a esta tragedia de amor en La música, texto escrito por Marguerite Duras en 1965, que dirige Magüi Mira. La función se estrena mañana en el teatro Infanta Isabel de Madrid, sin fecha de finalización.

Lo dijo Marguerite Duras (1914-1996): "La música es un constante reescribir la imposible partitura del amor". El nombre de Duras, prolífica escritora y autora de grandes textos como El amante o el guion de Hiroshima, mon amour, no es muy habitual en el teatro en España, al contrario que en los escenarios europeos. Mira, actriz y directora, le tenía ganas desde hace mucho tiempo. "Es una autora que me fascina. Siempre he querido adaptar un texto suyo y nunca tuve la oportunidad. No es nada fácil, ella escribe con un vuelo literario muy especial, y esa realidad brutal y salvaje que describe en La música hay que llevarla al escenario sin filtros. Este texto me interesa especialmente porque se adentra en esa droga que es el sexo, el sexo como lenguaje de comunicación que no necesariamente tiene que ir sumado al amor. Esta pareja se encuentra sin saber que esa droga no la tienen superada", explica Mira, en una entrevista con los dos actores.

Solo una mesa en ese añorado hotel de una localidad francesa cualquiera es testigo de este reencuentro, que se inicia y finaliza en el escenario con el Andante Opus 100, de Schubert, único cambio con respecto al texto de Duras, que eligió música de Beethoven. "Lo que me interesa sobre todo es que Duras plantea el conflicto desde una posición de igualdad fantástica", asegura Darío Grandinetti, que vive entre Madrid y Argentina desde hace años. "Aquí no hay rémora de costumbres machistas, no hay matriarcados ni patriarcados, ni feminismos. Es una relación de igual a igual. La soberbia que puede sentir alguno de los dos personajes o los dos tiene que ver con su personalidad, no con su condición de mujer u hombre. 

Por su parte, Ana Duato cree que Marguerite Duras intentó hacer un mundo mejor para las mujeres, más igualitario, y todo eso lo trasladó a esta obra. "Es un texto complicado y muy inteligente, que hemos ido descubriendo en los ensayos. Duras no da puntada sin hilo. Cada cosa que dice, cada pregunta que plantea viene cargada de recuerdos o proyecciones hacia el futuro. Es una obra con dos versiones de un mismo pasado, como suele ser habitual. Hay un cambio de roles evidente desde el primer momento y eso resulta muy interesante. Ella ha superado una relación que le ha dejado un daño emocional grande, pero que le ha hecho ser una mujer más fuerte", dice la actriz, que confiesa que no ha tenido tiempo de añorar el teatro, inmersa en su largo trabajo en la serie de Cuéntame.

Rocío García. Madrid. El País, martes 25 de febrero de 2025.

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