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Alguna de las piezas de la exposición El oro de los Akan. |
Los akan son un conjunto de pueblos que habitan principalmente en parte de la Costa de Marfil y de Ghana, virtuosos en la elaboración de unas piezas que no solo atraen por su brillo, sino que encierran todo un código simbólico, ya sea para representar el poder, la religión o el respeto a sus difuntos, y que fueron realizadas para exhibirlas sus reyes y sus altos mandatarios. Los objetos, sin embargo, proceden de la vieja Europa, del museo privado Liaunig, en Neuhaus (Austria), de donde solo había salido en una ocasión para exponerse en Iphofen (Alemania).
Al comienzo del recorrido llama la atención un salacot en madera y oro, de 1935. La mayoría de los objetos son de los siglos XIX y XX, aunque hay algunos más antiguos. Junto al salcot puede verse una mandíbula inferior en oro. "Los akan las tomaban del enemigo porque era una forma de apropiarse de su voz y de su historia", explicó ayer el galerista y experto en arte africano Jean David en la presentación. David estuvo acompañado en la visita guiada por el director del Museo Liaunig, y la directora de la Fundación Barrié, Carmen Arias (institución que invitó a este periodista).
Fue el padre de Jean David, René (1928-2015), quien vivió en Ghana y reunió una gran colección de arte tribal a lo largo de 40 años, en los que viajó también por Malí, Canerún, Congo y Costa de Marfil. El también coleccionista Herbert Liaunig (1945-2023), austríaco, fue comprando piezas en la galería de arte de David en Zurich, hasta que el hijo de los galeristas, Jean, cuando ya se encontraba al frente del negocio, le ofreció la colección completa: unos 400 objetos.
En una época como la actual, en la que los museos de todo el mundo se replantean el origen colonial de algunas de sus obras, David ha defendido que su padre "desde los años sesenta viajó a Ghana y se enamoró de su cultura, compró objetos, que a veces estaban casi tirados y no costaban mucho. Todo era legal y fue el primer europeo que abrió un museo intercultural en África". "Además,", apunta, "hay que tener en cuenta que solían vender estas joyas para reunir dinero con el que mandar a sus hijos a estudiar al extranjero. No era un material sagrado para ellos".
Quizás algunos de aquellos vendedores sostenían en sus cabezas las espectaculares coronas de regentes reunidas, como la decorada con pequeños cuchillos y un cuerno de guerra, todo un distintivo de poder... También hay bastones de mando en madera y oro, destinados a los portavoces del rey, en cuyas empuñaduras podemos ver antílopes, tortugas, serpientes o un elefante que evita una trampa...Más delicadas son las pequeñas figuras femeninas talladas, con superficies tupidas y planas y las espectaculares sortijas con incrustaciones de cangrejos, serpientes o leones. Un rey akan podía llevar hasta 10 sortijas, aunque por el tamaño de estas solo cabían un par o tres en sus manos...
El final del recorrido está presidido por dos piezas. Un trono de madera y oro, del que Liaunig apunta que lo usaban los reyes "porque tiene el respaldo ligeramente inclinado hacia atrás; si hubiera sido para un magistrado sería recto". Y unas sandalias reales en cuero y oro. Un buen gobernante debe tener los pies en la tierra, pero en esta caso se fabrican para el rey "porque este no podía tocar el suelo, no podía ir descalzo"...
Manuel Morales. A Coruña. El País, sábado 15 de marzo de 2025.
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