martes, 20 de agosto de 2024

La Fundación Maeght celebra sus 60 años y la amistad de Bonnard y Matisse

Vista de una sala de exposiciones Espace- espaces
 Fotografía de la fundación MAEGHT

El matrimonio formado por los Maeght, Aimé y Marguerite, se convirtió en uno de los nombres mayúsculos del comercio de arte del siglo XX. Ambos dirigieron galerías de arte en París, Nueva York, Zurich y Barcelona, estuvieron entre los primeros editores de libros de arte del mundo y, en 1964 crearon un lugar de encuentro para las artes, la arquitectura y la naturaleza tras la muerte de su segundo hijo. Inauguraron en el idílico enclave de origen medieval de Saint-Paul-de-Vence, en el sureste de Francia, la Fundación Maeght, un modelo institucional privado e independiente que importaron a Europa desde  EE UU.

Los Maeght ejercieron de mecenas y confidentes y contribuyeron  a levantar el deslumbrante complejo de la fundación, que alberga una impresionante colección, de las más importantes de Europa y con más de 13.000 obras. Joan Miró, quien les presentó al arquitecto Josep Lluís Sert, que diseñó el edificio, realizó un laberinto con 20 esculturas; Marc Chagall residente en el mismo pueblo, recreó a la pareja de benefactores en un mosaico; Georges Braque que pasaba en Vence todos los eneros y febreros, realizó una de sus últimas obras en el fondo que decora un estanque del recinto; Alberto Giacometti, a quien le rechazaron algunas de sus espectrales esculturas en EE UU, las recolocó en el patio...

Continente y contenido, todo es apabullante en este conjunto que inauguró el 29 de junio una extensión de su espacio expositivo diseñada por el arquitecto italiano Silvio d'Ascia respetando los modos de Sert. Como celebración de su 60 aniversario, la fundación ha programado conciertos, espectáculos de danza, lecturas y talleres en paralelo a una gran exposición dedicada a la amistad de Pierre Bonnard y Henri Matisse, unidos entre ellos y también a los Maeght. La muestra abierta hasta el 6 de octubre, enfrenta a dos artistas únicos pero con concomitancias temáticas y formales.

Aimé Maeght y Bonnard se conocieron en Cannes en 1936 y unos años más tarde, en 1943, Bonnard presentó a Maeght y Matisse en Vence. Fruto de ese vínculo cristalizó en 1945 el proyecto de la galería Maeght en París, que inauguró con una exposición del ya entonces reputado Matisse. La relación entre ese pintor y el marchante desembocó en una serie de retratos que el artista realizó de Marguerite Maeght, cuyo proceso grabó en vídeo el hijo de la pareja, Adrien, dejando un testimonio histórico del método de trabajo del pintor, grabador y escultor. Con esos dibujos -los más antiguos, profusos, y los posteriores, mucho más esquemáticos, testimonio del uso magistral de la línea- arranca un recorrido que revela los vínculos comunes entre los Maeght, Matisse y Bonnard para adentrarse después en  la confrontación  de los trabajos de ambos pintores.

Bonnard impulsó el movimiento nabi y a Matisse se le considera el máximo representante del fauvismo, dos estilos caracterizados por una actitud rompedora ante el uso pictórico del color. No es casualidad que ambos residieran en el sur de Francia, impregnado de la característica luz mediterránea. Pero pintaron también en París, la metrópoli gris y marrón, y coincidieron en representar a sus esposas en la intimidad del hogar, desnudas, en la más estrecha de las relaciones entre el pintor y su modelo.

Más espacios comunes: sus retratos, bodegones, sus paisajes de colores brillantes. Matisse, con rostros de rasgos sintéticos que devienen máscaras; Bonnard, empeñado en composiciones etéreas que recreaba de memoria a partir de las fotos que tomaba. Al final, una sala recupera la vertiente espiritual de ambos creadores. Junto al último cuadro que pintó Bonnard, un árbol, al que regresaba cada primavera para observar su cíclico renacimiento, se exhiben algunas piezas religiosas del nada religioso Matisse: un retrato de una monja o una casulla...

Silvia Hernando. Saint-Paul-de Vence. El País, martes 30 de julio de 2024

lunes, 19 de agosto de 2024

Que la fiesta continúe

Robert Guédigian acostumbra a entrega cada poco tiempo una comedia ambientada en Marsella, lo que la emparenta con otros dos prolíficos  y veteranos cineastas como Woody Allen y Nanni Moretti, que también están asociados al mismo género -aunque todos ellos tengan recurrentes fugas hacia el drama o el thriller- y a urbes características: Nueva York y Roma, respectivamente. En el caso de Guédiguian la sensación de repetición se acrecienta por el hecho de contar siempre con el mismo plantel de actores, encabezado por su pareja, la siempre convincente Ariadne Ascaride, y con otros sólidos y encantadores intérpretes como los veteranos Jean-Pierre Darrousin y Gérad Meylan. A la familia se une ahora Alicia Da Luz Gomes que protagonizó la anterior película de Guédiguian, Mali Twist.

Si entras en el juego de cada uno de estos directores, es imposible que una nueva variación de "siempre la misma película" -como dirían los haters- no resulte reconfortante, como los linguini  alla putanesca que prepara Rosa, la protagonista de Que la fiesta continúe. Se trata de una sexagenaria que es capaz  de compaginar su trabajo como enfermera con su activismo político, mientras ejerce de cabeza de familia y se enamora del padre de su nuera, con el que tendrá un tierno y ardoroso romance. 

El filme viene a ser, además, un compendio de los temas y preocupaciones que el cineasta francés ha despegado en su filmografía, que acostumbra a indagar en los problemas laborales, sentimentales y existenciales de unos personajes zarandeados por las leyes del capitalismo. Como en Marius y Jannette (1997) o Las nieves del Kilimanjaro (2011), en la vitalista y conmovedora Que la fiesta continúe los personajes encuentran una válvula de escape en la familia y en la propia comunidad. Quizá la mayor aportación del filme a la obra del cineasta se encuentre en el plano formal, con una puesta en escena que mira más que nunca al Hollywood clásico.

Javier Yuste. El cultural, 19-7-2024.

domingo, 18 de agosto de 2024

¿Por qué la guerra? Boris Cyrulnik

Boris Cyrulnik

La falta de amor tiene un efecto devastador en el cerebro del niño, escribe Cyrulnik, huérfano durante el Holocausto-. y guarda relación con la violencia extrema de la guerra. No hay nada más natural que una pelea. No hay nada más civilizado que la guerra.

Ante una pelea, los humanos tenemos las mismas reacciones que los animales; cuando un desconocido entra sin avisar en casa, cuando un vecino se apodera de un trozo de nuestro terreno, cuando un depredador amenaza a nuestros hijos o cuando entablamos una rivalidad con alguien que corteja a la misma pareja sexual que nosotros o con alguien que posee un un bien que nosotros no tenemos.

Ahora bien, librar una guerra es distinto: hay que planificar, reunir a hombres, proporcionarles armas de alta tecnología y, sobre todo, encontrar las palabras necesarias para justificar el fanatismo que haga que los soldados se sientan orgullosos de matar sin sentirse culpables. Esa es la condición humana, la de las herramientas y el lenguaje. 

Los seres humanos tenemos un cerebro capaz de crear un mundo de representaciones que designan cosas imposibles de percibir: Dios, el paraíso, la vida después de la muerte, Guernica, el cuadro. Cuando paseo con mi perro por la montaña, él acerca la nariz al suelo y percibe, mucho mejor que yo, las informaciones olfativas que van a marcarle el rumbo. En el mismo sendero, yo huelo algunas cosas y no puedo dejar de preguntarme qué habrá al otro lado de la montaña: ¿un valle o un desierto? ¿Un pueblo amigo o un enemigo? ¿Qué hay después de la muerte, otra vida, la paz eterna o el infierno, para sufrir el castigo por haber disfrutado de placeres inmediatos sin ninguna trascendencia? ¿Quién puede explicarme el increíble milagro de estar vivo? ¿Dios, el azar o la evolución biológica?

Mi cerebro humano me permite vivir y habitar en un mundo de representaciones separado de la realidad palpable que, sin embargo, siento en lo más hondo de mí. Siento intensamente unos hechos que quizá no existen en la realidad, pero de los que me construyo una representación que me domina. Me pongo en manos de lo que construyo, me lo creo y tomo las medidas correspondientes. Eso no lo puede hacer mi perro. Tiene mejor olfato, pero su acceso al lenguaje (que no está mal) le sirve para designar cosas que están en ese entorno, mientras que un ser humano, con el lóbulo prefrontal -base neurológica de la anticipación- conectado al sistema límbico- la base neurológica de la memoria y las emociones, tiene la capacidad de vivir en un mundo invisible que le ocupa la mente. Así se instalan los seres humanos en los mundos maravillosos que no dejan de inventar. Cualquiera puede rebuscar en su pasado y encontrar motivos  para amar al prójimo o para justificar su muerte. Los árabes deberían destruir Venecia, que construyó los barcos en los que los cruzados fueron a Jerusalén. Los protestantes tienen motivos para vengarse de los traidores católicos. Los judíos podrían atacar todos los países en los que han sufrido persecuciones y las mujeres están en su derecho de asesinar a los hombres.

Esta manera de abordar el problema de la violencia nos lleva a proponer dos posibles orígenes: uno, vinculado al desarrollo del cerebro, indica que un ambiente empobrecido por la falta de afectos provoca una disfunción  cerebral en un organismo, que se vuelve incapaz de controlar sus impulsos: ese es el origen de las peleas. El otro nace de un quiebra de la verbalidad o de un lenguaje totalitario que impone la verdad única, la del líder. El mundo de las palabras tmbién empobrecido, crea una representación de la alteridad en la que no es delito matar a alguien que no es humano: de ahí surge la guerra. (...)

Después de la Revolución Rusa de 1917 y después de la II Guerra Mundial, las calles se llenaron de huérfanos y niños sin familia. Su extrema violencia era el producto de su adaptación a una sociedad en guerra, la destrucción de las familias y la ruina cultural. Los niños que no eran violentos morían de hambre, de desesperación o asesinados por otros. Fue la época de las utopías pedagógicas, cuando Makarenko y Korczac demostraron que bastaba con acoger a aquellos pequeños delincuentes en un programa de acciones constantes y organizar debates denominados la república de los niños para poder estructurar el espacio activo, afectivo y verbal en el que forjar unos lazos que les dieran seguridad. En efecto, se vio una recuperación evolutiva, un desarrollo nuevo y positivo después del caos. Hoy ese proceso recibe el nombre de "resiliencia".

El giro epistemológico se produjo en 1951: el pedagogo y psicoanalista John Bowlby presentó un informe a la OMS. Propuso una explicación que combinaba los datos genéticos con los ambientales, cosa que todavía no era muy habitual. Descubrió que, de un pequeño grupo de "44 ladrones adolescentes", 17 habían sufrido una larga y dolorosa separación de la madre. En el grupo de control del estudio, de 44 adolescentes que no habían delinquido, solo 2 habían crecido sin cuidados maternos. De forma que es posible establecer una relación de causa y efecto entre la falta de afectos en una edad muy temprana, que introduce en el cerebro un factor de vulnerabilidad emocional, y la explosión que se da en la adolescencia, cuando más intensos son los impulsos afectivos. (...)

Este es un fragmento del texto escrito para Ideas por el neurólogo y psiquiatra Boris Cyrulnik al hilo  de su libro Cuarenta ladrones con carencias afectivas. Peleas animales y guerras humanas, de la editorial Gedisa.

Ideas. El País, domingo 28 de julio de 2024

sábado, 17 de agosto de 2024

Céline Dion se supera a sí misma y hace historia en París

Céline Dion

Impactante, maravillosa, increíble, emocionante, deslumbrante, portentosa... Son innumerables los adjetivos que provocó la reaparición de Céline Dion para poner el broche final a la jornada de la inauguración de los Juegos Olímpicos de París. Y lo fue todavía más porque hacía cuatro años que la la artista no cantaba en público, desde que le fue diagnosticada la enfermedad del síndrome de la persona rígida (SPR). Los espectadores sabían de su sufrimiento terrible.porque la cantante  lo acaba de contar en el documental de Prime Video Yo soy Céline Dion (I'am Céline Dion), donde se la ve en una camilla sin poder moverse, con l´grimas en los ojos  y sin poder hablar ni girar ninguna parte de su cuerpo. Esa rigidez de los músculos le había afectado de tal manera a la voz que su desesperanza era total. "¡Yo era buenísima!", llega a decir en un momento del documental.

Pero Céline no se ha rendido y, en una lucha terrible consigo misma, al límite de sus fuerzas, no se ha dado por vencida y el viernes volvió a coger el micrófono en el primer piso de la torre Eiffel para cantar ni nada más ni nada menos que el Hymne à l'amour de Edith Piaf.

Cuando los ojos del mundo entero estaban aún puestos en el deslumbrante pebetero, en el globo que se alzaba por el cielo de París, otro cielo salió de la boca de una figura que emergió por sorpresa desde la torre: "Le ciel bleu sur nous peut s'effondrer /Et la Terre peut bien s'écrouler/ Peu m'importe si tu m'aimes/ Je me fous du monde entier". Y entonces se oyó en todo el planeta un "¡oohh!" tan grande como la estrella que apareció, vestida totalmente de color plateado, de la estructura de hierro. "¡Es Céline!", "¡Es Céline Dion!", se oyó en todas las casas que estaban pegadas a la televisión y que sabían que no era una interpretación más.

Ahí estaba ella, impecable, dando una lección de entereza y superación a todo el mundo. Sobria, con un piano al lado, cantando en francés, su lengua materna, para cambiar la historia de un tema que ya nunca sonará igual. Porque si, si Edith Piaf lo ha hecho eterno, Céline Dion lo ha convertido  en el himno de la emoción. Nadie, absolutamente nadie, pudo contenerse ante su brillantísima actuación. Con una potente voz, equilibrada en cada nota, desbordante. Céline Dion nos dejó con la boca abierta. Estábamos con ella. Todos sabíamos lo que suponía para esta mujer, proveniente de una familia humilde y numerosa, volver a la vida. Sabíamos de su sufrimiento y todos quisimos acompañarla en ese sueño que en París se cumplió. (...)

Su reaparición para la gran inauguración de París 2024 era un fuerte rumor desde hacía meses, y la llegada de la propia cantante a la capital francesa esta semana había dado esperanzas de su retorno triunfal en el Sena. Poe so lo que sucedió el viernes por la noche en París ha tenido tanta repercusión . Porque, en el primer minuto que la gente la oyó cantar, el mundo se paró. El himno al amor de Céline Dion ha hecho historia.

Martín Bastos. La Voz de Galicia, domingo 28 de julio de 2024. 

viernes, 16 de agosto de 2024

Un peatón en París. No digas que fue un sueño

-No fue un sueño. Sucedió de verdad. Pero el despertar, después de estas semanas de euforia olímpica en las que Francia pareció tomarse unas vacaciones de sí misma y sus neurosis, puede ser rudo. 

-Los franceses o bien se sienten demasiado seguros o bien se critican demasiado. Alain Minc, observador desde hace medio siglo de la vida política y a veces, un poco protagonista, resumía así, a unas horas del fin de los Juegos Olímpicos, el carácter de este país que vive en un vaivén permanente entre el orgullo desmedido y el catastrofismo. A la hora de escribir estas líneas, todos estábamos en la fase del orgullo desmedido; cuando se publiquen, es posible que París y Francia se hayan reencontrado con el París y la Francia de siempre.

Es la incógnita. Si después de estos 17 días gloriosos, todo volverá a ser igual que antes. O si ya nada será igual.

Hay un temor: que los JJ OO no hayan sido más que un paréntesis y que, en la medianoche del 11 al 12 de agosto, se esfume la magia y Francia despierte a la realidad, comme d´habitude. Como de costumbre, el mismo cabreo de siempre, el mismo pesimismo, la misma polarización partidista, el mismo sistema constitucional que da la impresión de no dar más de sí, y las mismas irresolubles fracturas sociales, territoriales, culturales. Sería el efecto Cenicienta.

Hay una esperanza también. Si todo el talento y la buena voluntad, toda la capacidad de remar juntos que han servido para que todo saliese bien en París se aplicase para sacar a Francia del marasmo, Francia sería imparable. Eso se dicen muchos franceses. El efecto Yes, we can.

El efecto Cenicienta y el efecto Yes, we can, en realidad conviven. Lo ha visto este peatón en los siete años que ha pasado en París. Llegó aquí con la ciudad todavía noqueada por los atentados islamistas de 2025. Vio la llegada de Emmanuel Macron al poder y las ilusiones que despertó. Las ilusiones perdidas también. La revuelta de los chalecos amarillos: la Francia de las clases medias empobrecidas, la de las pequeñas ciudades y pueblos con servicios públicos y conexiones deficientes, la que se sentía despreciada por las élites: las de derechas, las de izquierda, las de centro. Vio la revuelta de las banlieues, otra Francia que se siente despreciada, la de los hijos y nietos de la inmigración africana. Y vio, a unas semanas de los Juegos cómo Macron metía a Francia en una montaña rusa al adelantar las elecciones legislativas y arriesgarse a acelerar la llegada al poder de la extrema derecha de Marine Le Pen. Le Pen perdió pero de las legislativas salió una Asamblea Nacional sin mayorías y un país quizá ingobernable. Exhausto, en todo caso.

Después de un mes en que Francia vivió peligrosamente, Francia necesitaba vivir alegremente. Lo escribió el poeta Cavafis, ¿Perdurará? ¿O se diluirá al instante?

El peatón llama al Monsieur Minc, que estos años le ha ayudado a descifrar las claves del poder y sus movimientos, la corte versallesca que sigue siendo París. Y Monsieur Minc, ensayista, consejero de empresas, mentor de presidentes, responde que es la política el problema: su discípulo Macron, quien al adelantar las elecciones, creó artificialmente una crisis de la que nadie sabe salir. "En 24 horas", vaticina, "cuando el polvo haya caído, volveremos al punto de partida porque el callejón sin salida, después de este momento de excitación y comunión, todavía parecerá peor".(...)

"Estoy inquieto, y sabe usted que o raramente estoy inquieto, pero pienso que la tensión subirá", dice Minc. "Este es un país rico, no hay desempleo, el Estado todavía existe. La situación política y subjetiva es muy mala". El peatón, después de este sueño de una noche de verano, se pregunta: ¿Habrá una victoria de Le Pen en las presidenciales de 2027?. No sabremos hasta 2027 -o antes, si Macron acabase renunciando sin agotar el mandato- qué habrá significado París 2024.

El peatón, que hace las maletas para irse a Berlín, no lo verá en París. Au revoir.

Marc Bassets. El País, lunes 12 de agosto de 2024.

jueves, 15 de agosto de 2024

Un peatón en París. Chovinistas todos (o la paradoja olímpica)

Léon Marchand apareció en la gradería mientras Estados Unidos se enfrentaba a Brasil en los cuartos de final de baloncesto, y la gradería rompió a gritar: "¡Léon! ¡Léon! ¡Léon!". La escena propició un malentendido. Lebron James creyó que el público coreaba su nombre y no el del ídolo de la natación, y empezó a gesticular para celebrarlo. El peatón que estaba ahí, lo entendió así, pero cuando en la pantalla de las gradas apareció la imagen de Léon, se dio cuenta de que había que cantar "Léon" y no "Lebron". El Rey James debió de entenderlo igualmente, porque dejó de gesticular. Una lección de humildad.

Es una anécdota reveladora y no solo de la personalidad del baloncestista. También de la actitud del público francés en estos JJ OO, menos pendiente de lo que sucedía en la pista que de animar a los suyos.. Basta mirar cada noche Quels Jeux! (¡Vaya Juegos!), el programa diario en la cadena France 2: es como si estos fueran los JJ OO solo de Francia  y solo Francia participase en ellos. En un ambiente de euforia desbocada los presentadores, Léa Salamé y Laurent Luyat, repasan los triunfos de la jornada y reciben a los medallistas mientras suena la pegadiza sintonía olímpica de Victor Le Masne o entonan La Marsellesa.

 El colega Leo Klimm, del semanario alemán Der Spiegel, contó algo parecido en un programa de la cadena pública France Inter en el que coincidimos el miércoles: "Hay una crítica que se podría hacer a Francia. En los medios franceses te explican la medalla francesa en una competición, pero no el oro y la plata en la misma competición". Otro colega francés me mandó el mismo día un mensaje desde el extranjero, donde estaba de vacaciones, y decía: "No lamento no estar en París. Hay buen ambiente, pero no me gusta el chovinismo que generan las competencias deportivas".

He aquí una palabra francesa, chovinismo, convertida en universal. Pero este peatón tiene la sensación de que esta óptica nacional no es exclusiva de los franceses. Lo de fijarse en el bronce propio e ignorar el oro y la plata de los demás no es solo un pecado en Francia. Es la paradoja del olimpismo. Dicen que el deporte hermana la humanidad, pero no hay deporte sin banderas, sin un mínimo grado de chovinismo.

George Orwell, que casi siempre acertaba, escribió en 1945: "Siempre me ha impresionado escuchar a gente decir que el deporte fomenta la buena voluntad de las naciones y que si las personas normales pudieran reunirse para jugar a fútbol o a críquet, no tendrían ninguna inclinación por verse en el campo de batalla". El autor de 1984 no tragaba. Veía en el auge del deporte de competición el auge del nacionalismo. y definía el nacionalismo como "la lunática costumbre moderna de identificarse a uno mismo con unidades de poder más amplias y verlo todo en términos de prestigio competitivo". 

Quizá haya que hacerle caso a otro escritor que los franceses citan estos día, Romain Gary: "El patriotismo es el amor de los suyos. El nacionalismo es el odio a los otros". Quizá la celebración en la ceremonia de apertura, de una Francia diversa y universal fue un ejemplo de patriotismo bien entendido y por eso cabreó tanto a los nacionalistas.

O quizá hay otra manera de mirar el medallero, que es la plasmación de esta competición chovinista : sumando las medallas de la Unión Europea. Y entonces nos damos cuenta de que ni Estados Unidos ni China dominan el deporte mundial. Es Europa. Pero eso sería política, perdón: deporte ficción.

Marc Bassets. El País, sábado 10 de agosto de 2024.

miércoles, 14 de agosto de 2024

Un peatón en París. No es la geopolítica: es la guerra cultural

Hay  una   nueva  disciplina  olímpica  en   París 2024: la  guerra  cultural. Pensábamos que estos serían   los  Juegos de  la  geopolítica. Los  de  la guerra  de  Ucrania  y  de   Gaza.  El  veto  a  los atletas rusos. El temor a un atentado terrorista o ciberataques.  En  Francia,  país  anfitrión  unas elecciones anticipadas que estuvieron a punto  de llevar la extrema derecha al poder. Raramente la competición  se  había  iniciado en  un  ambiente tan cargado y en un mundo lleno de tensiones  y peligros.  Raramente, desde  la inauguración   se han notado tan poco esas tensiones como en  este París que vive la euforia de un sueño de verano y en el que el deporte lo domina todo. ¿Todo?  No.

La política  se  ha  metido  en  estos Juegos  por  otra  vía: las batallas ideológicas por la identidad nacional, religiosa o sexual.  "Hay una  paradoja", dice al  teléfono  Nathalie  Tocci, directora  del laboratorio de ideas Instituto Affari  Internazionali. "Creíamos  que  la  politización de los Juegos estaría conectada con la geopolítica, y hasta esta dimensión ha sido menor  de lo esperado". En su lugar, añade, han ocupado la escena las famosas batallas culturales.

Sucedió el 26 de julio en la ceremonia inaugural por el Sena. A la extrema derecha francesa, a los obispos y a Donald Trump no le gustó. Causó indignación una escena que interpretaron como una burla de la Última cena de Leonardo de Vinci, aunque, según los creadores del espectáculo, se trataba de una escena de la mitología griega y en todo caso se inspiraría en otro cuadro, El festín de los dioses, de Jan van Bijlert.

"Los Occidentales", reaccionó el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, "no tienen una moral común: esto es lo que han visto quienes miraron la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos". Replicó Emmanuel Macron: "Francia mostró su audacia y lo hizo con libertad artística: esto es lo importante".

El episodio deja dos conclusiones. Primera: en un mundo en el que a veces hay que considerarse víctima para existir, el campo de los indignados y ofendidos ha pasado a la derecha, o a una cierta derecha (aunque en Francia, la escena de la cena tampoco gustó a Jean-Louis Mélenchon , líder de la izquierda radical: "¿Por qué arriesgarse a herir a los creyentes?").

Segunda conclusión: hay ocasiones en las que la incandescencia de las redes sociales es inversamente proporcional a la calma en el llamado mundo real. En las redes la escena de la cena encendió algo más que una guerra cultural. Parecía una guerra mundial. Unos días después, un sondeo del instituto Harris reflejaba un consenso amplísimo, al menos en la sociedad francesa: un 80% de franceses consideraron que la ceremonia inaugural había sido un éxito. La guerra no fue tal.

Pero en París 2024 no hay por ahora semana sin su guerra cultural y la guerra cultural del momento se libra en un ring e involuntariamente la han librado dos boxeadoras: la argelina Imane Khelif y la italiana Angela Carini. El jueves Carini abandonó el combate a los 46 segundos tras sufrir un golpe en la nariz. Y se desató un debate sobre la feminidad de Khelif que posi blemente quede como uno de los momentos fuertes de estos JJ OO.(...)

Y así es como en 2024 los JJ OO no se politizan porque hay atletas que, como Tommie Smith y John Carlos en 1968, levanten el puño en defensa de los derechos civiles. Como dice desde Minnesota el sociólogo estadounidense Douglas Hartmann, autor de un libro de referencia sobre el gesto de Smith y Carlos, "hoy el activismo no lo protagonizan los atletas y, además, viene de la derecha".

No es la geopolítica: es la guerra cultural. "Hay una conexión entre lo que dice Trump, lo que dice Putin, lo que dice Meloni, dice. "Es el liberalismo contra el liberalismo". Las batalla culturales, al final, son batallas geopolíticas.

Marc Bassets, El País, domingo 4 de agosto de 2024.

martes, 13 de agosto de 2024

Un peatón en París. Los ridículos y los arrogantes

Hay dos peligros que siempre acechan a los franceses cuando van por el mundo, y todavía más a los parisinos. Uno, el ser ridículos. El otro, arrogantes. No lo digo yo, un simple peatón en París que estos días observará a ras de suelo, caminando por aquí y por allá, conversando con unos y otros, cómo vive los Juegos Olímpicos una ciudad que no cree necesitar para nada unos Juegos Olímpicos. Lo de los ridículos y los arrogantes me lo dijo esta semana, en un café de un barrio popular del norte de París, uno de los artífices de la ceremonia inaugural en el Sena: el historiador Patrick Boucheron. Boucheron con un equipo de escritores y dramaturgos, preparó durante meses la escenografía, el relato. Lo que preocupaba a este hombre sabio que no es ni ridículo ni arrogante, era que durante el desfile apareciese esa Francia que mira al resto del mundo por encima del hombro y da lecciones. "Francamente", me dijo, "no estamos para dar lecciones". Y no las dieron. La lluvia deslució algo la fiesta. Al peatón le pareció kitsch a ratos, aburrida en otros, pero esto va con el formato.

Pero no era eso lo importante. Lo importante era qué quería contra Francia de sí misma. Porque una ceremonia como esta es la manera que tiene un país de presentarse al mundo y explicar qué es y sobre todo qué quiere ser. Y la Francia que centenares de miles de espectadores vieron es una Francia que dice al mundo: Lo mejor de Francia es lo universal. "Lo mejor se nutre de lo de fuera y es una mezcla de cultura y gentes. Lo mejor nunca se deja encerrar ni en la entidad ni en el tópico". 

Aya Nakamura en la inauguración de los JJ.OO en Paris

De las escenas que se desarrollaron en el río durante más de tres horas, hay una que en Francia resonará durante mucho tiempo, y que dice mucho más que cien discursos políticos y ensayos. Es la escena número 4, la que llevaba por epígrafe égalité, igualdad. El lugar era el puente de Artes, frente al Instituto de Francia, sede de la Academia francesa. Fundada en el siglo XVII por el cardenal Richelieu, bajo su augusta cúpula se sientan los inmortales (así les llaman)que guardan las esencias de la lengua francesa. Y ahí, en lo que según este peatón fue el momento culminante de la ceremonia, surgió Aya Nakamura.

Francesa nacida en Malí. Criada en el extrarradio parisino, la banlieue siempre asociada a la pobreza, la inmigración, los disturbios. Artista autodidacta. Superventas con canciones que cruzan el afroamericano con ritmos africanos y música antillana como el zouk, y en la que mezcla la lengua de Molière con la jerga de la banlieue.

Los guardianes de las esencias patrias la miran con recelo, algunos con odio. Cuando en marzo se filtró que participaría en la ceremonia, la Francia de los Le Pen y los Zemmour saltó. Un grupúsculo ultra llego a colgar una pancarta en un puente del Sena en señal de protesta: "Esto es París, no el mercado de Bamako".

Pues bien, ahí estaba en el jour de gloire de Francia ante el mundo, el glorioso día de la inauguración de los Juegos, Aya Nakamura cantando los éxitos  de Charles Aznavour y cantando su propio megaéxito Djadja. Y lo hacía acompañada nada menos de la banda de la Guardia Republicana. El pop y la música marcial. El mestizaje y la tradición. La mujer que reinventa la lengua francesa, y a la que se le acusó de pervertir la lengua francesa, bailando ante la Académie con las trompetas y los uniformes de la banda militar. Todos fusionados.

Marc Bassets. El País, sábado 27 de julio de 2004.

lunes, 12 de agosto de 2024

Un peatón en París. Nadar, bailar, (sobre)vivir

Léon Marchand. (EFE/Lavandeira Jr)
Antes que Léon, mucho antes, estuvo Alfred. Hoy pocos recuerdan a Alfred Nakache y su celebridad actual está años luz de la Léon de Marchand, el muchacho de los cuatro oros y el ídolo de los franceses en París 2024. Pero, entre prueba y prueba de natación y mientras por momentos se dejaba llevar por la leonmanía, el peatón ha devorado El nadador, el libro de Pierre Assouline sobre Nakache. Y hay frases que parecen estar escritas pensando en Marchand.

Por ejemplo: "Nadar, bailar. La natación no es un esfuerzo, sino una coreografía". Y unas líneas después: "Él sonríe antes de zambullirse, sonríe al salir de agua". Esta es la historia de otro ídolo francés de la natación. Su vida atravesó el siglo XX, o fue atravesado por este siglo, sus crímenes y sus tragedias. Durante tiempo quedó injustamente olvidado, pero Alfred Nakache (1915-1983) fue una estrella en Francia y en Europa, 15 veces campeón de Francia, campeón del mundo universitario y de África del Norte, medalla de plata en los Juegos Macabeos, dos veces récord del mundo.

Alfred Nakache. (Foto de AFP)
Podría contarse así su historia, pero el palmarés explica poco o nada. Assouline, en un café parisino, lo cuenta así: "Es el único atleta del mundo que fue seleccionado para dos Juegos Olímpicos, Berlín 1936 y Londres 1948, y que además entre ambos fue deportado a Auschwitz y Buchenwald". Nakache era un judío de la Argelia francesa. En Berlín 1936, los JJ OO de Hitler, quedó cuarto en la carrera de relevos por delante de los alemanes. Cuando en 1940 los alemanes ocuparon media Francia, dejó París por Toulouse, donde se sentía más seguro. Participó en la Resistencia mientras seguía compitiendo. Alguien lo denunció, probablemente otro nadador, Jacque Cartonet, miembro de la milicia francesa pronazi. Alfred, su mujer, Paule y su hija, Annie de dos años, fueron detenidos a finales de 1943 y deportados a Auschwitz. En la entrada del campo, Alfred tuvo que separarse de Paule y Annie. Nunca más volvió a verlas.

Alfred pesaba 85 kilos cuando fue deportado y 45 cuando recobró la libertad. Lo extraordinario es que, tres años después, participó en Londres. No ganó ninguna medalla, y no importaba. Escribe Assouline: "No sube al podio pero no tiene anda de un dios caído. Su presencia basta. No ha luchado contra el cronómetro sino contra la barbarie que no ha logrado abatirlo. Esta es su victoria y nadie puede quitársela".

Alfred, Léon: nada tienen en común aquella vida heroica y trágica y esta vida prometedora y feliz. "Hay puntos en común explica el escritor. "Primero, Toulouse, ciudad de adopción de Alfred y la ciudad natal de Léon". "Luego los Dauphins de TOEC". Es el nombre del club de Toulouse al que perteneció Alfred y, décadas después, Léon. "Lo que marca la diferencia entre los campeones", sigue, "es el factor humano. Personas como Alfred Nakache, el judoca Teddy Riner, son buenos tipos. Léon es excepcional: me recuerda a Tintín".

A Léon le queda una vida por delante. Alfred, después de Auschwitz, de Londres, de una segunda vida como profesor de gimnasia, sufrió un infarto mientras nadaba en el Mediterráneo a unos metros de la frontera con España. Le encantaba escuchar en el tocadiscos El emigrante de Juanito Valderrama, y en su rostro había tristeza pero era una "tristeza luminosa". Tenía 67 años. "El relato de su existencia", escribe Assouline, "podría resumirse en una frase: nació, nadó, murió".

Marc Bassets. El País, martes 6 de agosto de 2024.

domingo, 11 de agosto de 2024

Un peatón en París. Paseante acuérdate

Estadio Olímpico de Colombes.

El peatón cavila en un banco de madera en la vetusta grada del Velódromo Jacques Anquetil entre los árboles del bosque de Vincennes. Únicamente están él y un ciclista que obsesivamente da vueltas a la pista de cemento. Estas gradas y esta pista tiene historia. Aquí se celebró en 1900 la ceremonia inaugural del Concurso Internacional de Ejercicios Físicos y de Deporte: así se llamaron oficialmente aquellos Juegos. En 1924 París volvió a ser  de los JJ OO, y de nuevo el velódromo municipal de Vincennes fue instalación olímpica.

"Es mítico", comenta el ciclista, que se llama Jean-Pierre Guinebert, tiene 66 años y dice ser capaz de alcanzar los 74 kilómetros por hora.  "A veces, cuando me siento a descansar unos minutos, me imagino cómo era esto. No cabía un alfiler".

En busca de los restos de los antiguos Juegos de París, el peatón ha pasado cinco horas recorriendo arriba y abajo la ciudad y sus alrededores. De oeste a este y de norte a sur. En metro, en tren de cercanías, en autobús, en tranvía, a pie. El resultado es magro. No es fácil encontrar restos. Y hay un motivo. En 1900 ni en 1924 la ciudad de París era reacia a acoger los JJ OO y los expulsó al extrarradio. A lugares como el velódromo de Vincennes, al este de la capital. O, en 1924, en el estadio de Colombes, al oeste.

"Aquellos Juegos no dejaron demasiado rastro, porque París estaba en contra de los Juegos", cuenta el historiador Éric Monnin, vicepresidente de la Universidad de Franco-Condado y director del Centro para los Estudios de la Investigación Olímpica. ¿Y los de ahora? "Muy poco", responde. "En cambio hay una herencia inmaterial, una herencia que hace evolucionar a la sociedad". 

Primera etapa del tour entre las ruinas de 1900 y 1924: Colombes, estadio olímpico de 1924. Aquí jugarían décadas después Pelé y Yashine, y el Monstruo de Colombes, que así apodaron al barcelonista Estanislau Basora después de una actuación estelar en un amistoso Francia-España en los años cincuenta. Hoy el estadio Yves du Manoir acoge la competición del hockey sobre hierba y ayer colgaba el cartel de todo vendido. El fervor olímpico llega hasta esta banlieue.

Segunda etapa: la piscina Georges Vallerey. Aquí triunfó. en 1924, un tal Johnny Weissmuller, hijo de familia de inmigrantes del Banat austro-húngaro, nadador superdotado y futuro Tarzán. En esta piscina, que en 2024 es sede de entrenamiento, se impuso a su rival y amigo, el hawaiano Duke Kahanamoku...

La última etapa es un vacío, el que ocupaba el Velódromo de Invierno. Este sí, en el centro de París, junto a la Torre Eiffel. Explica Monnin que en 1924 acogió la esgrima, la lucha grecorromana, la lucha libre los pesos y la halterofilia. Los felices veinte...

En julio de 1942, la policía francesa en el París ocupado detuvo a miles de judíos y los encerró en el Velódromo de Invierno antes de deportarlos y asesinarlos en Auschwitz. El lugar y el nombre quedaron para siempre asociados a la barbarie de los nazis y sus colaboradores franceses.

Del velódromo no queda nada. En su lugar hay edificios modernos. Y, estos días, miles de turistas olímpicos que transitan día y noche por estas calles. El mensaje en la placa exhorta a quien lo lee: "Paseante, acuérdate". 

Marc Bassets. El País, viernes 2 de agosto de 2024.

sábado, 10 de agosto de 2024

Un peatón en París. El Puño mental de Tommie Smith

El hombre mide un metro noventa, a los ochenta años parece un profeta y cita libremente la Biblia: "Y oiréis hablar de guerras y de rumores de guerras, de madres contra hijos  y padres contra hijas y sin embargo, debemos superar la agonía y el dolor".

Es Tommie Smith. En los Juegos Olímpicos de México ganó el oro en los 200 metros y al subirse al podio protagonizó uno de esos instantes que definen una época. Junto a él estaba otro atleta negro, John Carlos, medalla de bronce. Ambos, mientras sonaba el himno de las barras y estrellas, levantaron el puño enguantado en protesta por la discriminación de los negros en su país.

Era el año 1968. El año en que en EE UU se vio claro el desastre de Vietnam. El año de las barricadas en París y la Primavera de Praga. Martín Luther King acaba de ser asesinado, y Bobby Kennedy. Y hoy se habla de un contexto geopolítico cargado en París 2024... La matanza de Tlateloco a diez días de la inauguración de México 68 preparó el escenario. "Guerras, rumores de guerras".

Y aquí está Tommie Smith de Saint-Ouen, municipio del extrarradio de París en el que acaba de inaugurar un terreno deportivo que lleva su nombre, y el peatón le pregunta por qué valdría la pena hoy levantar el puño, y de entrada avisa: "Yo no le diré a usted que levante el puño". Se corrige: "Lo que hay que hacer es levantar la mente de la que proviene este puño."

Tommie Smith y John Carlos pagaron el gesto en México con años de ostracismo, antes de que las instancias oficiales y sus contemporáneos los reconociesen como lo que fueron: unos pioneros, unos valientes. "Eran campeones mundiales, pero no se les reconocía ninguna legitimidad", dice al teléfono, desde California , Harry Edwards, profesor emérito en Berkeley y figura clave desde los años sesenta en el movimiento de los atletas afroamericanos. "Fue una lucha por la dignidad y el respeto".

"En mi mente", recuerda ahora Smith, "yo había levantado el puño en cada carrera, pero no había tenido la manera de mostrarlo. Se terminaba la carrera y ya estaba, me volvía a mi dormitorio vacío, y hambriento, porque por entonces no había dinero en el atletismo". "Ganar", apunta es más que llegar primero..." ¿Y quienes serían los Tommie Smith y John Carlos de París 2024? Tommie Smith declina responder...

El profesor Edwards dice desde California: No hay figuras tan visibles, pero "ella está llegando". ¿Kamala Harris? Volvemos a Saint-Ouen. "Sí", responde Tommie Smith. "Tengo la esperanza de que se convierta en presidenta  y haga el trabajo que ayude no solo a América, sino al mundo entero". El puño es Kamala.

Marc Bassets. El País, sábado 3 de agosto de 2024.

viernes, 9 de agosto de 2024

Un peatón por París. Por fin, el Sena

Triatletas nadando en el Sena. (Miguel Medina AFP)

París, 4 A.M. La ciudad duerme. Pierre Rabadan se despierta en medio de la noche y su primer gesto es verificar que, después de las dudas y turbios augurios, después de años en que este momento nunca llegaría y de unos últimos días de nervios y retrasos, ha llegado el momento. Buenas noticias. Por fin será posible  bañarse  en el Sena. Rabadan, mano derecha de la alcaldesa, Anne Hidalgo y responsable en el Ayuntamiento de la cartera Juegos Olímpicos y Sena, saborea el momento.

"Alegría y felicidad". Unas horas después, este antiguo jugador  de rugby y descendiente de españoles que emigraron a Argelia primero y al sur de Francia después, le describe al peatón sus sensaciones. A estas horas, miércoles al mediodía, ya se han podido celebrar las pruebas de triatlón después de haberse aplazado a principios de semana por el mal estado del agua. En este momento culmina un esfuerzo de casi una década y 1.400 millones de euros para sanear el río y permitir de nuevo bañarse en él. "Es el resultado del trabajo de centenares de personas", dice . "Hubo burlas, pero esto demuestra que el trabajo da resultados".

Una cloaca. Un nido de enfermedades. Un caldo pútrido. Tóxico.

Durante décadas, mientras lo cantaban los poetas y los artistas lo pintaban, el Sena cargó con la peor de las reputaciones. 

Que se haya celebrado el triatlón no es el fin de la historia. Las pruebas de los próximos días estarán sometidas a las mismas condiciones de higiene, que pueden retrasarlas. En 2025, cuando en tre puntos del Sena a su paso por París el baño se habrá al público, las condiciones también serán respetadas.

Y, sin embargo, lo sucedido el miércoles en París es un triunfo. Barcelona recuperó el mar en 1992. París, en 2024, recupera el río. Lo recuperó simbólicamente en la ceremonia del 26 de julio con los atletas desfilando por el Sena. Lo recupera al cumplirse el objetivo de celebrar, en el esplendoroso escenario del puente de Alejandro III, una prueba acuática.

El Sena, desde hace unos días, ya no se ve igual. Los JJ OO, por usar un término en boga, lo han resignificado.

París ya no se ve igual. Los monumentos (la Torre Eiffel, el Grand Palais, el Louvre, los Inválidos) que los parisinos ya están acostumbrados a ver y que acaban por apreciar, se han fundido con el deporte y la competición. Se ven distintos. Se reaprecian.

"Cuando alguien se entera de que he vivido en París casi veinte años", escribía Julio Ramón Ribeyro en sus Prosas apátridas, "me dice siempre que me debe gustar mucho esta ciudad. Y nunca sé que responder". Al peatón le pasa lo mismo. Pero estos días París vive un Sommermärchen, un cuento de verano, como se dijo de Alemania durante el Mundial de fútbol en 2006. Las sensaciones son parecidas. Hay euforia. Y alivio, porque todo está saliendo tan bien después de tanto tiempo temiendo que todo saldría tan mal

Sommermärchen. ¿ Un cuento de hadas?

Quizás. Ahí están, en esta mañana abrasadora, unos puntitos perdidos en el agua, los triatletas que remontan la corriente dificultosamente, como esas pesadillas en las que uno camina sin avanzar. Y aquí están esas multitudes en los muelles y una ciudad en simbiosis con el río.

Pierre Rabadan, Monsieur Seine, está exultante. Sabía que París se la jugaba y que, si esto no salía, todo el proyecto, que es deportivo y a la vez ecológico, podía quedar en duda.

"Sabíamos que lo lograríamos, aunque no sabíamos cuando sería el día D, y ha sido hoy", me dice. No hay plan B, ni C, ni Z. Hay un plan que ha salido bien".

Marc Bassets. El País, jueves 1 de agosto de 2024.

jueves, 8 de agosto de 2024

Un peatón en París. Los juegos de la banlieue y de Bouamrane

Karim Bouamrane, alcalde de Saint-Ouen. Foto: Albert Garcia

Hay un malentendido en torno a París 2024 y ha llegado la hora de deshacerlo. Estos no son, estrictamente, los Juegos Olímpicos de París. O no solo. Son los Juegos de la banlieue. En la banlieue, el extrarradio joven, pobre y multicultural de París, se encuentran la Villa Olímpica, el Stade de France y el Centro Acuático. Es en la banlieue, que habitualmente aparece en los telediarios y las portadas por los disturbios, el islamismo o la marginación, donde estos Juegos van a dejar la huella más tangible. Así que el peatón se sube a la línea 13 del metro, cordón umbilical entre la capital y el extrarradio norte, y se planta a primera hora del martes en el despacho de Karim Bouamrane, el alcalde socialista de Saint-Ouen.

"Siempre lo he dicho y lo digo con todo el respeto que siento por los parisinos y la alcaldesa de París", declara el alcalde y medio en serio, medio en broma: "París se convertirá en una banlieue de Saint-Ouen". La idea es que los Juegos precipiten la transformación de la banlieue de modo que municipios como Sait-Ouen dejen de ser descentrados respecto a la vecina capital, y sean estos municipios el nuevo centro. "Para mí", dice Bouamrane, "los Juegos Olímpicos son un arma política que me permite ir más rápido, más alto, más fuerte."

El alcalde habla del triple legado de los Juegos para este municipio de 50.000 habitantes que abarca una parte de la Villa Olímpica y varios terrenos de entrenamiento para los JJ.OO.

El primer legado, dice, es inmaterial, "el sentimiento de orgullo para los niños y niñas" en una zona que arrastra una mala reputación. "Cuando se viene de un ambiente popular como el mío, el primer patrimonio es la dignidad, el respeto y el orgullo", dice, y se pasa al español, lengua que habla como el árabe, el inglés el italiano y el portugués: "Como en Barcelona 92, el sentimiento de orgullo es hí-per--im-por-tan-te". 

Segundo legado: el sentimiento de seguridad, que, dice, no es solo cuestión de policías, aunque también, sino de  "belleza" en el espacio público. Y tercer legado: la remodelación urbanística. Solo en la Villa Olímpica, dos escuelas, un parque de tres hectáreas y mil viviendas nuevas, de las cuales 250 serán vivienda social.

Más allá de estas construcciones, está en marcha el ambicioso Grand Paris que debe integrar toda la región en una red de transportes que contribuya a desenclavar la banlieue.

"Esto es como una bicicleta", dice el alcalde. "Estoy en buenas condiciones y pedaleo, pero ahora nos han puesto una batería eléctrica. ¡Vamos más rápido! ¡Pero debemos seguir pedaleando!"

Pedalear, en el sentido figurado, es algo que Bouamrane ha hecho toda su vida. Sus padres eran inmigrantes marroquíes. Él creció en un edificio insalubre en Sait-Ouen en el que los vecinos de la planta debían compartir el lavabo y no había duchas. Para ducharse debían ir a las duchas municipales. "Mi infancia fue feliz, porque tuve la suerte de que en mi familia había mucho amor", recuerda. "No éramos conscientes de nuestra pobreza". De pequeño, Karim se pasaba los ratos libres chutando la pelota contra un muro. Su ídolo era Sócrates, dice, "aunque entonces todavía no sabía que Sócrates era un futbolista implicado políticamente". Y ahí viene el giro en la historia, que ni el mejor guionista habría podido idear. De aquel muro y de aquella casa insalubre de la banlieue pobre pero feliz de los setenta y los ochenta, no queda nada. ¿Y qué hay en el mismo lugar?La Villa Olímpica. "¡Dónde yo vivía!", exclama. Con Bouamrane, que antes de entrar en política fue empresario de seguridad y es alcalde desde 2020, la meritocracia republicana funcionó...

"Debería haber más casos como el mío: luchamos por eso", dice este hombre de izquierdas que defiende con pasión lo que en Francia llaman los valores republicanos y la laicidad (...).

Y su mensaje va más allá de Saint-Ouen y la banlieue. "Lo que me interesa, Marc, francamente, es salvar el país". Nada menos.

Marc Bassets. El País, miércoles 31 de julio de 2024.

miércoles, 7 de agosto de 2024

Un peatón en París. Frágil, móvil... y electrizante

                                                            Julian Finney (Getty Images)
Después de cenar, los parisinos bajan a los jardines de las Tullerías y se quedan absortos ante el globo a 60 metros del suelo, una burbuja de luz en la oscuridad. 

"Hay que verlo para creerlo", afirma Khadija, dentista parisina de origen marroquí. "Se me pone la piel de gallina", corrobora Lorenzo, fisioterapeuta de Aranjuez. Y añade  Juan Antonio, fisioterapeuta también, de Fuentepelayo: "Nunca he visto nada parecido". Es pasada la medianoche y los tres, al terminar la jornada en el centro médico de la Villa Olímpica, no han querido perderse el espectáculo. Están absortos frente al pebetero móvil y elevado que el viernes, al final de la ceremonia inaugural, encendieron la atleta Marie-José Pérec y el judoca Teddy Riner. - Podrías pasarte la noche mirándolo.

Es Juan Antonio quien lo dice, pero lo suscribirían miles de personas que a esta hora intempestiva siguen el vaivén del globo de 30 metros de altura y 7 de diámetro. Iluminado por una llama eléctrica, no contamina, pero, con el vapor que la rodea, fascina como una llama eterna. 

Se decía que estos Juegos no dejarían ninguna herencia monumental, y es verdad. Pero, sin que nadie lo viese venir, París ha inventado un monumento nuevo, y de repente se hace difícil imaginar la ciudad sin él.

Este monumento no remite a siglos de historia, a reyes y revoluciones, aunque se integra perfectamente en la perspectiva que va del Louvre de los reyes del Antiguo régimen al Arco de la Défense mitterrandiano y pasando por el obelisco de la Concordia y el Arco de triunfo napoleoniano. No es un monumento de piedra. Ni abruma ni impone. Es frágil, un objeto portátil, como el festín móvil que era el título original del París era una fiesta de Hemingway. Porque otro París es posible. No pomposo sino ligero. No gruñón sino sonriente. Sopla un vientecillo cálido y el globo oscila. Parece un ser vivo o una nave extraterrestre. La noche es mágica. 

-Es como un sol olímpico. Cuando el sol real se pone, este toma el relevo.

Al teléfono, el padre del globo, el hombre que lo diseñó: Mathieu Lehanneur. Explica que él también se acerca cada atardecer a las Tullerías para mirar ese sol olímpico y nocturno. Su criatura. Y allí observa a quienes observan la criatura, y cuenta que ve orgullo en sus miradas. Orgullo por los ecos de una historia, muy francesa, que resuenan en este artefacto. La historia del primer vuelo humano en 1783. La de los pioneros hermanos Montgolfier. La de las fantasías de Julio Verne: "Este pebetero habla de nosotros, de la historia, del sueño humano de volar". Ya se habla de dejarlo para siempre una vez que los Juegos hayan terminado, como se dejó en pie la Torre Eiffel después de su construcción  para la Exposición Universal de 1889."Si este objeto se convierte un día en monumento", dice Lahanneur , "habrá sido el pueblo el que lo habrá convertido. porque no pretendía selo, solo aspiraba a ser un pebetero olímpico".

El fervor es un símbolo de una ciudad que, después de mirar durante meses y años los Juegos con desconfianza , por fin cae rendida...

Marc Bassets. El País, martes 30 de julio de 2024.

martes, 6 de agosto de 2024

Un peatón en París. Anne, Emmanuel y los demás

Anne Hidalgo y Tony Estanguet.  © ANSA/ EPA

 -"Cuanto menos lo veamos, mejor". 

Estábamos hace unos días con el fotoperiodista Albert García en el monumental despacho de Anne Hidalgo en el Hôtel de Ville, el Ayuntamiento de París. La semana anterior la alcaldesa de París se había bañado en el Sena. Hubo un ausente en la cita, pese a que había dado a entender que estaría: el presidente Emmanuel Macron. En el país de la langue de bois -literalmente la lengua de madera: la costumbre de tantos políticos de hablar por no decir nada-, la sinceridad se agradece. Y la respuesta de Hidalgo cuando mencionamos la ausencia de Macron fue rotunda, por decirlo con suavidad.

Los juegos han empezado. Y no hay tregua entre el Elíseo y el Hôtel de Ville. "¡Hagan juegos!", este fin de semana en Libération. "Entre Emmanuel Macron y Anne Hidalgo, rien ne va plus". Se refiere a la expresión del croupier con la ruleta y puede significar también: "Ya nada va bien".

Libération sostiene que Hidalgo, aunque en la ceremonia inaugural lógicamente se sentase en la tribuna  de autoridades, "brilló por su ausencia, en las pantallas y en los discursos oficiales". Macron, según el diario de izquierdas, voluntariamente la "eclipsó" y la "invisibilizó". El Elíseo lo niega.

París es una ciudad dual. La rive gauche, intelectual; la rive droite, comercial. El oeste burgués y conservador; el este, popular y revolucionario (el mapa de los barrios que se levantaron en la Comuna de París coinciden ahora con los que votan a a izquierda). Y otra dualidad: el Palacio del Elíseo y el Hôtel de Ville, los dos polos del poder político que el peatón estos días ha podido visitar.

Primera etapa: recepción en los jardines del Elysée. Los perros - Nemo y los galgos kazajos Jules y Jeanne- pasean entre los invitados. Hay periodistas que piden selfies con Emmanuel. Ni una palabra sobre la alcaldesa. Corrillo en torno a Brigitte, quien intenta explicar por qué las primeras damas tienen la influencia de la que se les atribuye: "Nos oyen, nos escuchan, pero no siempre hacen lo que les decimos".

Segunda etapa: almuerzo en el Hôtel de Ville. El tema son los Juegos. Y Macron. Frases apuntadas al vuelo cuando habla del presidente y sus colaboradores y su voluntad de marginarla durante los preparativos: "Han sido muy duros... Intentaron apartarme... Actitudes políticas extrañas..."

Rien ne va plus. Y ahora, mientras el peatón mira el boxeo por televisión y redacta estas líneas, piensa que el verdadero deporte de combate es la política, y que una de las competiciones que habrá que seguir estas semanas será la que enfrentará a Hidalgo con Macron. Y se acuerda de Barcelona 92, donde había un jefe del Estado y otro del Gobierno, y un alcalde y un jefe del COI barcelonés, y un presidente autonómico, y todo acabó funcionando. Aquellos fueron los Juegos de Pascal Maragall, acaso los de Juan Carlos I o los de Samaranch...

Y piensa que en París quizá no sean ni el presidente ni la la alcaldesa quienes se lleven esta medalla de oro. Porque hay otro candidato, un tipo que ya ganó tres oros olímpicos durante su carrera como canoísta, que se pasea con zapatillas deportivas por los pasillos del poder y al que todos conocen por "Tony". Es Tony Estanguet, el presidente del Comité Organizador.

Este invierno, ante un plato de pasta en un restaurante en el extrarradio norte de París, el peatón le preguntó qué le quitaba el sueño. "A mí, personalmente, no gran cosa", respondió Tony. "Nada muestra que no lo vayamos a lograr". El tiempo, por ahora, le da la razón.

Marc Bassets. El País, lunes 29 de julio de 2024. 

lunes, 5 de agosto de 2024

Un peatón en París. Uf, dice París

Sentado en el Café de la Mairie, el peatón caza conversaciones al vuelo: -..."Y con la Guardia Republicana".

Una pareja de veinteañeros pasa frente a la terraza y adivinamos que él le está hablando a ella de ceremonia inaugural, la noche anterior, y la actuación de Aya Nakamura con la banda militar de la Gendarmería.

Otro hombre, sentado frente al ventanal que da a la plaza de San Sulpicio, le aconseja a la mujer que le acompaña: -"Deja de flagelarte".

Lo colectivo y lo personal; lo político y lo íntimo. Después de días de nerviosa expectación por la ceremonia inaugural, París vuelve a ser París. Los garçons y las filles hablan de política y de la vida, que en Francia son lo mismo, y una vez retiradas las vallas y los controles policiales para la ceremonia, todo vuelve a la normalidad.

Existe un París que, si nos dijesen que hace unas horas hubo una fiesta grandiosa a cuatro pasos de aquí, y si en esta misma plaza de San Sulpicio no hubiesen instalado una pantalla gigante para seguir las competiciones, no se habría enterado de que acaban de empezar los Juegos y de que durante 15 días los ojos del mundo estarán fijos en la ciudad.

El peatón con un café allongé en la mesa y un librito que este sábado le servirá de inspiración, anota en la libreta: "Pasa una furgoneta de servicio postal. Por la acera un hombre con camiseta azul a juego con un cubo azul y, en la mano una fregona. Un perro. Dos bicicletas. Un taxi. Una mujer hace footing". 

El librito en la mesa se titula Tentativa de agotar un lugar parisino, y lo escribió Georges Perec, autor al que le gustaba imponerse dificultades a la hora de escribir y escribió por ejemplo una novela sin ninguna palabra con la letra e. En octubre de 1974 Perec se sentó en el mismo café y se propuso describir lo siguiente. "Aquello que en general no anotamos, lo que no vemos, lo que no tiene importancia: lo que ocurre cuando no ocurre nada, si no es el tiempo, la gente, los coches, las nubes".

El peatón está de acuerdo en que es esto lo que de verdad puede explicar el secreto de una ciudad, y no lo otro: los millones de turistas  que se esperan estos días, los 45.000  policías y gendarmes, los más de 10.000 atletas y los miles de voluntarios, y las escenas que parecen exóticas en París, como la pareja de mormones que vio el otro día en la línea 8 del metro, camisa blanca y corbata, o la predisposición general a la sonrisa y a la conversación con extraños.

Sentado en el Café de la Mairie, el peatón sigue anotando: "Un cubo de basura desbordado. Se pone a llover y hace fresco, los peatones sacan el paraguas". Y piensa que después de la ceremonia, París ha vuelto a ser París, pero es un París desde hace unas horas algo más amable, relajado. Como si se hubiera sacado un peso de encima tras una ceremonia inaugural con lluvia pero sin los temidos atentados. Una descabellada celebración de la Francia abierta y universal. Una inyección de autoestima para un país en permanente depresión. "Impresionante", titula Le Parisien.  L'Équipe: "Más allá de las nubes". Y Le Monde: "¡Mágico!".

Todo podía salir mal y todo salió bien: Francia lo necesitaba y ahora parece que se escuche, en la plaza de San Sulpicio y en toda la ciudad, un expresivo y sonoro "¡uf!" colectivo. En francés la palabra se escribe ouf, y tiene doble significado. La interjección de alivio. Y, en argot, una locura.

Marc Bassets. El País, domingo 28 de julio de 2024.

domingo, 4 de agosto de 2024

Francia, el hexágono en llamas, 4

Jean-Baptiste   Andrea: "Un  país  de  tolerancia debe combatir la intolerancia"

No pretendo dar lecciones pero creo que fundamentalmente, más allá de las personas en el poder y  sus defectos, los últimos gobiernos ( y esto se remonta a principios de la década de 2000) no han logrado ofrecer una visión del futuro a la gente normal, agobiada por las reglas y el cambio climático. Es comprensible que personas desamparadas y enfadadas recurran a partidos que aún no han gobernado para ver "si las cosas mejoran". Pero no veo que la izquierda haya puesto en bandeja la victoria de nadie. Muchos votantes están asustados  por los vínculos entre una izquierda que se supone representa el humanismo y su ala más extrema.

Desconfío por otro lado, de la asociación de Le Pen con Vichy, me parece fácil. No tengo ninguna simpatía por la extrema derecha pero encuentro que este tipo de caricaturas acentúan el embrutecimiento del debate político. Y no tengo ninguna simpatía por la extrema izquierda, pero tampoco voy a afirmar que busquen un régimen  soviético.

Asimismo no debe confundirse el islam y el islamismo radical, como el catolicismo poco tiene que ver con la Inquisición. La confusión alimenta el racismo. No hay guerra cultural en Francia  pero sí fuerzas en acción contrarias al espíritu republicano. Somos un país de tolerancia y esta tolerancia implica luchar contra todas las formas de extremismo. Si en nombre de la tolerancia dejamos que todo suceda, acabaremos en un mundo intolerante.

Andrea (Saint-Germain-en-Laye, 1971) es director, guionista y escritor. Con su cuarta novela, Cuidar de ella, se alzó con el premio de novela FNAC 2023 y el Goncourt.

El Cultural, 5-7-2024.

Abdelá Taia: "Gente de izquierda votará a Le Pen  para vengarse"

Casi todos los partidos han bajado de guardia y la extrema derecha, así, ha impuesto su agenda política. La izquierda ha abandonado los combates sociales y la defensa de las clases populares. Se ha estancado en guerras personales y algunos de sus representantes han adoptado el terrorífico mercado económico liberal en detrimento de la gente. Este abandono explica, entre otros, que algunos franceses de izquierda ahora votarán a Agrupación Nacional. Para vengarse.

Es muy triste admitirlo pero hay un fuerte deseo por la extrema derecha en Francia. Ya no es ninguna vergüenza. El racismo desinhibido está de moda. Esto no es nuevo. El pasado de Vichy ha vuelto. Claro. Resucitado. Más que nunca. Los extranjeros y las minorías pagarán un alto en los próximos meses. La islamofobia se ha vuelto muy común, y no solo en el partido Le Pen. Incluso figuras políticas y culturales "respetables" asoman regularmente en los medios para expresar con impunidad sus comentarios racistas contra los musulmanes. Explican, desde su punto de vista , la decadencia de Francia. Evidentemente, se trata de una estrategia clásica: la culpa siempre es de los extranjeros. No creo en absoluto en la teoría del choque de civilizaciones o de la guerra de culturas. Son teorías inventadas para justificar el odio a los extranjeros y su discriminación por ley. La libertad y la justicia no tienen sentido si no concierne a todos. La fraternidad no tiene sentido si es solo para hombres blancos

Taia (Salem, Marruecos, 1973). Afincado en París desde 1998, ganó el premio Cálamo con Mi Marruecos en 2009. Ha llevado al cine su novela El Ejército de Salvación.

El Cultural, 5-7-2024.

 Lola Lafon: "La educación solo tiene un principio: el miedo"

Si el presidente de la República fuera una figura paterna, habría mucho que decir sobre sus opciones educativas con un único principio: infundir miedo. Miedo al otro, a todos los demás, miedo a ser "invadidos", "sustituidos", pero también miedo a envejecer solos, aislados, miedo a un pseudodeclive demográfico miedo a la violencia policial cuando nos manifestamos, miedo al paro, miedo a ser excluidos de las prestaciones de desempleo, miedo a la guerra, miedo a una vida  que solo sería supervivencia, miedo al caos y miedo al silencio, miedo a ser asignados. Todos nuestros miedos son alimentados, cultivados y propagados.

¿Qué clase de individuos produce esta "educación" a través de la amenaza, sino seres acobardados que solo saben hacer eso: prepararse para rechazar los golpes como sea? Soñando solo con una vida que solo sería supervivencia con las persianas  cerradas en una fría penumbra. Hambrientos de muros, más y más muros. 

Una fury room es un lugar donde pagas por dar rienda suelta a tu furia; compras el derecho, durante un tiempo determinado, a destrozar la decoración, romper platos y gritar. Es decir, una versión liberal del viejo "ataque de nervios". Y así nuestras frustraciones, amarguras y penas se cambian por dinero, escondidas entre las cuatro paredes acolchadas de una estancia que acogerá las iras de la gente necesitada de un lugar donde gritar. Esperemos que las cabinas electorales no se conviertan en salas de furia gratuita.

Lafon (París,1974) es autora de Cuando escuches esta canción, novela para la que se encerró en la casa de Anne Frank. Ha escrito asimismo Una fiebre ingobernable.

El Cultural, 5-7-2024.

sábado, 3 de agosto de 2024

Francia, el hexágono en llamas, 3

Nicolas Mathieu: "Agrupación Nacional comparte valores con Vichy"

Hemos llegado aquí por causas innumerables: desindustrialización, globalización, retroceso de los servicios públicos en las provincias, machaque informativo de los medios conservadores, aumento de las desigualdades, inflación, terrorismo... Pero la sordera, la ceguera, el desprecio, el autoritarismo del poder es determinante. Entre los representantes de las clases trabajadoras, lo que ha sucedido es que el Partido Socialista acabó con el Partido Comunista en los 80. Luego la socialdemocracia se alejó de las clases trabajadoras de las provincias. Fue un giro masivo hacia la derecha.

¿La extrema derecha de Agrupación Nacional de Le Pen puede considerarse  de Vichy? Pues sí y no. Viene de ahí y comparte muchos de su valores y diagnósticos. Pero eso no es suficiente para establecer la asociación. Hay que tener en cuenta que Francia también está afectada por el movimiento reaccionario y antiliberal que se manifiesta en todas las democracias occidentales. Aquí también vivimos tensiones culturales reales, exacerbadas por ciertos medio de comunicación, explotadas por algunos partidos, reforzadas por noticias recientes que claramente facilitan la tarea de la extrema derecha.

Por otro lado, el antielitismo es muy fuerte y en parte está justificado. El desprecio de las clases favorecidas de la sociedad por las ideas, estilos de vida, hábitos e intereses de los menos favorecidos me parece bastante obvio.

Mathieu (Épinal, 1978) ganó el Goncourt en 2018 con su segunda novela, Sus hijos después de ellos, publicada en España por ADN que también ha editado Connemara.

El Cultural, 5-7-2024

Florence  Noiville:  "El mestizaje  es  el   fantasma de  la  unidad nacional"

¿A quién responsabilizar de que la Asamblea Nacional pueda caer en manos de la extrema derecha? Mi respuesta es objetiva: a Emmanuel Macron, responsable él solito de haber disuelto la cámara  y de lanzar la campaña más corta de la historia en un momento así. Es lo que podemos llamar un coup de théâtre! Por cierto, la gran dama del teatro Arianne Mnouchkine publicó en Libération  un bello artículo después de la disolución preguntándose  qué no hicimos o qué hicimos  que no deberíamos haber hecho para llegar aquí. Fue muy crítica consigo misma y sus compañeros. "Hemos defraudado a la gente por la falta de imaginación", decía. La conclusión es que ha habido un sector de la cultura ensimismado que ha ignorado los problemas sociales. 

Estoy convencida de que si Agrupación Nacional gana y se hace con los resortes del poder, la literatura desempeñará un papel importante, como ocurre en cualquier periodo oscuro. Un gobierno autoritario no puede tener el control total de la literatura, ni siquiera cuando grandes capitalistas, próximos a Agrupación Nacional, tomen el poder de las principales editoriales. Recuerdo, por ejemplo, a Carlos Liscano, el escritor uruguayo encarcelado que escribía sus obras en papelitos pegados dentro de una guitarra que había conseguido sacar de la cárcel.

La palabra "cultura", por cierto, no aparece ni una sola vez en su programa. Aparece "patrimonio", que es francés, nacional. Nada de mestizaje, que es el fantasma de la unidad nacional.

Florence Noiville (París, 1961) es periodista, divulgadora literaria en televisión y escritora. En España acaba de publicar Milan Kundera. Un retrato íntimo (Tusquets).

El Cultural, 5-7-2024

viernes, 2 de agosto de 2024

Francia, el hexágono en llamas, 2

Brigitte Giraud: "La guerra de Argelia hizo racistas a los franceses".

La desindustrialización ha sido clave en esta deriva. Empezó hace 20 años y ha dejado a mucha gente a la intemperie. La izquierda no ha hecho lo suficiente para proteger a estas personas. Cuando estuvo en el poder, no se hizo cargo de los trabajadores más precarios ni de los desempleados. Y Macron ha sido muy duro con la mayoría humilde: el movimiento de los 'chalecos amarillos' fue duramente reprimido, numerosas leyes han mermado los servicios públicos, no se escucha a las enfermeras ni a los docentes, la reforma de las pensionas fue muy mal recibida, sobre todo porque el presidente no ha dudado en gobernar mediante el artículo 49.3.

Además a este descontento se suma que medios como CNews o Europe 1 machacan con la idea de que los causantes del malestar de Francia son las poblaciones inmigrantes. Desde hace varios años existe un verdadero ensañamiento contra los árabes. Pero dentro de cada francés hay un racista aterrador desde la guerra de Argelia.

El problema en los suburbios es que apenas existen servicios públicos: correos, policía, seguridad social... La población queda en manos de organizaciones evangélicas y musulmanas, que ayudan a los niños con los deberes, ofrecen meriendas y alivian a las madres sobrecargadas. Hay intelectuales, escritores y músicos en contacto con esta gente, pero esto no es glamuroso como para tener cobertura mediática. Pero si a literatura se desconecta de esta realidad, no habrá nada que hacer.

Brigitte Giraud (Sidi Bel Abbès, Argelia, 1960) ganó el Premio Goncourt en 2007 con L'amour est très surestimé. Aquí ha publicado Vivir deprisa y Tener un cuerpo (Contraseña).

El Cultural, 5-7-2024

jueves, 1 de agosto de 2024

Francia, el hexágono en llamas

Ha llegado la hora de la verdad. Los franceses votaran este domingo en la segunda vuelta de las legislativas convocadas de manera repentina por Macron. Algunos atisban el fantasma de Vichy en un horizonte con el partido de Marine Le Pen presto a tomar los mandos de un país polarizado y agitado por el miedo y la rabia social. Sondeamos la perspectiva de varios escritores galos ante este escenario: Gilles Lipovetsky, Michel Onfray, Brigitte Giraud, Nicolas Mathieu, Florence Noiville, Jean-Baptiste Andrea, Abdelá Taia y Lola Lafon. Sus opiniones reflejan las profundidad de las heridas de Francia.

Gilles Lipovetsky: "Hay un Islam que pone al profeta por encima de la República"

 Hay un auge del populismo. No existe ya una adhesión profunda a una ideología. La gente está decepcionada pero no debemos pensar que los franceses se han convertido en racistas y fascistas. Lo que se impone es el escepticismo y la desconfianza, que, en esencia pueden explicarse por el auge del individualismo. Es fácil defraudar a los ciudadanos porque tienen aspiraciones y demandas muy personales. Pronto dejaremos de votar movidos por las ideologías. Lo haremos ya solo por intereses personales. Hay más razones de la situación actual: la reforma de las pensiones, los "chalecos amarillos"... La clase media se siente olvidada en los equilibrios macroeconómicos.

Frente a esto la izquierda no ofrece una alternativa. Y la extrema derecha de Agrupación Nacional nos remite a la Francia de Vichy, porque no se puede olvidar de dónde viene: del Frente Nacional de Jean-Marie Le Pen, el padre de Marine. Ha heredado características como el antisemitismo. También vivimos una guerra cultural contra el Islam político, no el cultural. Existe un Islam moderado que no va necesariamente  contra los principios republicanos. Pero se da además un islamismo que pone al profeta por encima de las leyes y cuestiona el laicismo. Lo del velo en las escuelas, por ejemplo, es una verdadera crisis.

No creo por otra parte que los intelectuales se hayan lavado las manos. Sigue vigente entre ellos la defensa de la democracia y el laicismo pero su papel ha cambiado. No es como cuando el caso Dreyfus. Hoy su proyección es mucho más pequeña, en gran medida por la mencionada desconfianza de la ciudadanía.

Lipovetsky (Millau, 1944) es uno de los más influyentes filósofos y sociólogos de Francia. Caballero de la Legión de Honor, se ha volcado en el estudio de la cultura de masas, el consumismo, la posmodernidad... Es autor del seminal ensayo La era del vacío.

Michel Onfray: "Mitterrand vendió una Europa mágica que ha sido lo contrario"

Mitterrand nos vendió una Europa mágica capaz de acabar con el desempleo, la miseria, la pobreza, la guerra, la xenofobia, el racismo... Esta Europa que se pagó con el precio del abandono de la soberanía nacional ha generado todo lo contrario. En 2005, la gente rechazó la Constitución Europea pero en 2008 la clase europeísta de derecha y de izquierda se la impuso mediante el Tratado de Lisboa. Lo que sucede hoy no tiene que ver con este ninguneo.

El proyecto europeísta es este: disolución de las naciones y de los pueblos en la unidad del mercado europeo y esto dentro de un gran mercado mundial donde todo se vende y se compra, hasta los úteros.

La descristianización está a la orden del día porque es el antiguo cimiento de la civilización que hay que pulverizar y el Islam político. el de los Hermanos Musulmanes, contribuye eficazmente en esta empresa. Mientras, la izquierda se ha convertido a las ideas liberales de la derecha. Y la izquierda de esta izquierda se ha vuelto islamoizquierdista, wokista, y como acabamos de ver con el 7 de octubre, antisionista y antisemita. Estas dos izquierdas están enviando a la gente a los brazos de Marine Le Pen. Decir, por otro lado que el partido de esta forma parte de Vichy es tanto como decir que el PCF de hoy  es del pacto germano-soviético, que lo convirtió en colaborador  de los nazis entre 1929 y 1941, hasta que Hitler lo rompió con la Operación Barbarroja.

Y los intelectuales, académicos, investigadores, periodistas, actores y cómicos van al comedero, ¡como siempre! Nuestro totalitarismo atmosférico tiene sus resistentes, y yo, como Solzhenitsyn, intento ser uno de ellos.

Onfray (Argentan, 1959) es un pensador siempre incómodo y contestatario, amén de nietzscheano confeso. Autor prolífico, ha publicado más de un centenar de obras, Entre ellas, Política del rebelde, Los ultras de las Luces, Ars moriendi.

El Cultural, 5-7-2024.