sábado, 30 de marzo de 2024

La casa sin fin

El perfumista Serge Lutens empezó a construir su hogar en Marraquech en 1974 y aún no lo ha acabado. "Soy un error y todo lo que hago y toco tiene que ser perfecto", dice. De Serge Lutens (Lille, 1942) se pueden decir muchas cosas, y se han dicho. Digamos algunas más: odia el éxito (cada vez que ha triunfado en un trabajo lo ha dejado); detesta la libertad ("quiero reglas"); ha conseguido manipular al menos a tres psicoanalistas; y le gusta tener obras en casa. No es broma. Empezó con una en 1974 y aún no la acabado y no tiene intenciones de hacerlo.

La casa en cuestión -un magnífico riad en la medina de Marraquech al que ha ido sumando riads aledaños (concretamente 30) que Lutens ha ido comprando cada vez que la obra  parecía a punto de terminar- es la Fundación Serge Lutens desde 2014 : 3.000 metros cuadrados de artesanía y arquitectura marroquí, donde todo es bello pero nada se prodiga demasiado. Se pasa de una habitación a otra en un permanente claroscuro hasta que los ojos se adaptan a la oscuridad y se entiende la apabullante naturaleza de la obra. La fundación no tiene ningún objetivo. "La belleza no tiene que ser útil", zanja el artista.

Los artesanos vienen de Fez y Mequinez. Son los mejores en lo suyo y se desesperan. Esta casa es su sueño y su pesadilla. "El techo del salón ha cambiado cuatro veces, en otro techo dos artistas estuvieron trabajando siete años, ha rehecho dos veces los planos de toda la casa", confirma una colaboradora. Detesta la copia y rehace todo continuamente para protegerse del plagio. Es una teoría. No nos deja hacer fotos y los patios están cubiertos para proteger la casa del sol, del mal tiempo y de los drones. Hace unos meses uno intentó filmar las habitaciones. 

Uno camina por esta casa sin saber si estará o no Lutens, si aparecerá en la biblioteca o en el laboratorio. "Vive como un monje, no ve a nadie", avisan. Con El País Semanal ha pasado dos horas charlando y quejándose precisamente de que no ve a nadie.

P.- ¿Diría que es perfeccionista?

R.- Te pongo en antecedentes, nací en 1942, fruto de un adulterio que entonces era una falta muy grave. Así que desde el principio soy un error. Todo lo que hago y toco tiene que ser perfecto e impecable para reparar esa falta.

P.- ¿Incluso en su casa?

R.- La empecé en 1974 y desde entonces nunca he parado. La casa sigue siendo la reparación del error y quiero que sea muy bonita... Solo nos llevamos lo que dejamos. Esta casa pertenece a Marruecos y aquí se va a quedar.

P.- ¿En qué está trabajando ahora?, ¿qué le apasiona?

R.- Estoy muy disperso, leo y escribo por las mañanas, pero no me interesa algo preciso...

P.- ¿Por qué se detiene tanto en lo que no le gusta?

R.- Lo que nos disgusta muestra nuestra profundidad real. Ahí hay una historia, un secreto. Para hacer perfumes y para casi todo hay que buscar en lo que no nos gusta porque ahí reside lo interesante.

P.- ¿Por qué ha vivido tantos años en Marruecos?

R.- Vine por primera vez en 1968, acababa de firmar un contrato con Christian Dior  y vine a gastarme todo lo que había ganado. Era un viaje de tres días y fue tan increíble que me quedé tres meses.

P.- ¿Por qué le gustó tanto?

R.- Yo vuelvo a descubrir la sensualidad aquí porque en Occidente lleva muerta mucho tiempo, y aquí está en todo su esplendor y con todos sus excesos. Es imposible descubrir el placer sin que eso lo ponga todo patas arriba. Si darme cuenta fui descubriendo aromas, trozos de madera y a fantasear con crear una fragancia algún día. (Lutens no creó su primer perfume , Feminité du Bois, hasta 1980...

Karelia Vázquez. El País Semanal, 2 de marzo de 2024.

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