domingo, 11 de septiembre de 2022

En Marruecos con Leila Slimani

Leila Slimani. (Foto: J. Carlos Muñoz)

Me preguntaba a principios de este verano cual sería el lugar elegido par viajar, sabiendo ya que se trataba un viaje más imaginario que real porque esperaba a mi familia que vuelven a esta casa cuando el calor aprieta en Madrid. Son esos viajes uno de tantos proyectos con los que disfruto por adelantado y por procuración. Pasó julio casi sin darme cuenta entre los quehaceres domésticos que se multiplicaron y el sol que contra sus costumbres no nos abandonó ni un solo día. Bien entrado agosto, en una de las raras mañanas que pude escaparme a Santiago se produjo el encuentro afortunado. En la Casa del Libro, al primer vistazo, descubrí en una estantería, Le Pays des autres, 2: Regardez-nous danser, el segundo de los libros de la saga familiar Slimani.

En esta segunda parte reencontramos a la familia en la primavera de 1968. Su vida ha cambiado: Amine ha logrado, gracias a su trabajo y su tesón, una posición económica desahogada y floreciente. Ahora  es una personalidad respetada en la ciudad, invitado, él y su familia a formar parte del Rotary Club. El libro se abre con una fiesta de inauguración de la piscina en su propiedad, convertida en un vergel. Los niños crecieron: Aícha está terminando sus estudios de medicina en Estrasburgo, Selim prepara la prueba del Bac. Ellos van a ser ahora los protagonistas de esta etapa  y  ellos nos harán conocer "su Marruecos" donde transcurren sus vidas.  

Aïcha, brillante alumna de medicina en Estrasburgo, regresa a Meknès cuando estallan las revueltas de Mayo y los exámenes son anulados. Durante la fiesta de bienvenida que sus padres han preparado, percibe que no existe ningún lazo entre ese mundo y el de Estrasburgo, entre "su vida aquí y su vida allá". Será su amiga Monette la que le mostrará un Marruecos que se moderniza y donde suenan ecos lejanos del mayo de París. Monette y Henri, su pareja, un profesor francés de economía en Casablanca. Por ellos,  Aïcha conoce a Mehdi, alumno de Henri, al que llaman "Karl Marx". Un año después Monette y Henri se instalan en un "cabanon", en la playa Sable d'or entre Rabat y Casablanca. Invitan a Aicha a pasar el verano con ellos.

 "Allí, en los ochenta kilómetros de costa que separan Casablanca y Rabat, el mariscal Lyautey había alimentado el sueño de construir una California francesa. Pensaba que sería el océano el que daría a este país su fuerza, su fortuna, asombrándose de que sus habitantes hubiesen vivido tanto tiempo dándole la espalda. Hizo de Rabat su capital, apartando la prestigiosa ciudadela de Fez hacia el pasado. Y en lugar  de la pequeña ciudad que era Casablanca, ambicionó construir el escaparate del Marruecos moderno". Es en ese marco soñado y llevado a cabo en plena colonización donde Aïcha descubre que otra vida, muy distinta a la de sus padres, es posible en su país. Una vida en la que los libros, la música, una naturaleza amable, el mar, sus  atardeceres deslumbrantes, y sobre todo la amistad, la camaradería, invitan a la alegría de vivir. El Marruecos en el que ella, finalizados sus estudios se instalará y formará una familia.

Su hermano Selim, el pequeño, ahora adolescente, es el vivo retrato de su madre, alto y rubio como ella, y con el mismo gusto por la actividad física. Su pasión es el deporte, sobre todo la natación. En los campeonatos de octubre de 1968 consigue la medalla de oro de natación estilo libre.  Pese a ello, no se siente a gusto con su cuerpo, tenso, constreñido que solo se distiende en el agua. La escuela ha sido un suplicio para él. La relación con su padre fue desde siempre difícil, bajo su mirada desaprobadora. Ese padre que no tiene más que elogios para su hermana, su contrapunto, ella que todo lo hace bien. A la humillación de tener que preparar por segunda vez la prueba de bachillerato se suma el regreso de su hermana. Su situación familiar se vuelve insoportable. El encuentro, en la medina de Meknès con Nilsa, una danesa que quiere viajar al Sur, siguiendo a unos amigos le empuja hacia algo nuevo. El entusiasmo de esa chica por la belleza, los colores de Marruecos, su propuesta de que les acompañe, llevan a pensar a Selim que partir es la solución: "beber, fumar, dejarse ir a la deriva y olvidar".

Así empieza el camino hacia el sur: Essaouira-Mogador, Diabet, serán el escenario de la "vida nueva" de Selim. Una vida nada apacible entre los estragos del haschich y el alcohol en su cuerpo. En la primera etapa que duró tres días, entre naúseas y vómitos, todo el cuerpo dolorido, ya no sabía si estaba en un coche, en el wagon de un tren o en un barco. Se hacía el dormido para no hablar, cada vez más extraño en ese mundo cuanto más descendían hacia el Sur. Se equivocaron d de ruta varias veces, Selim se negaba a preguntar. Tres días hasta que llegaron a Essaouira, una ciudad que parecía abandonada, el famoso punto de encuentro de los hippies del que tanto había oído hablar. Dos días después, Selim se despertó en una habitación desconocida, en casa de Lalla Amina. Lo habían dejado  en su casa luchando entre la fiebre y el delirio. Ella pensó que sería uno de esos hippies llegados del fin del mundo buscando Dios sabe qué. 

 Una vez repuesto Selim con los cuidados y mimos de Lalla Amina,  Karim, su sobrino, que vive en Marrakech, viene esa noche a su casa. El sabía de los hippies, se preguntaba por qué habían aparecido por allí. En ese verano de 1969, habían hecho de Essaouria su punto de encuentro. Se vieron en el  puerto aparcadas furgonetas decoradas con flores y el símbolo  de la paz, frescos de colores chillones en las paredes de las casas. Chicas de vestidos largos por las callejuelas de la medina, chicos de barbas enmarañadas tocando la guitarra en las plazas. Karim llevó a Selim al Café hippie, una antigua casa de juez convertida en Café. En su patio, chicos y chicas tumbados en bancos, cojines y alfombras. No se servía alcohol pero todos parecía borrachos, perdidos en un espesa nube de humo. Había muchos americanos, de Montana, Nueva York y Michigan. Para algunos Essouria Mogador solo era una etapa.  Irían después a Ibiza, a Siria,  al Nepal. Selim vino varias veces al Café pero ni rastro de Nilsa.  Karim propone a Selim ir a Diabet, el paraíso de los hippies donde esa noche se prepara una fiesta.

 A una hora de camino desde Essauria, Selim ve Diabet. "Es un pueblo minúsculo, un montón de casitas pintadas a la cal. Los hippies viven allí en medio de los habitantes o más bien con ellos. Alquilan una habitación por unas monedas y comparten sus vidas sin confort. La gente del pueblo los quieren bien... los ven como europeos,  pero pobres como ellos. Siempre están de buen humor. Les gusta cantar y bailar. Cuidan a los niños y a los animales y dicen que o hay nada más bello, nada más verdadero  que esta vida sin nada junto a las cabras" Al otro lado de la carretera se ven las ruinas de un castillo devorado por la arena, Dar Soltane construido en el siglo XVIII. Selim y Karin se dirigen allí guiados por el ruido del  tam, tam de los tambores y los acordes de guitarra. En medio de las ruinas la fiesta está en pleno apogeo. Allí, Selim entre esos desconocidos cree sentirse feliz. Pero no, es otra cosa distinta a la felicidad, es el abandono, el fin de la lucha, una lasitud que se apodera de él hasta tumbarse y dormir sobre la arena. Selim no volvió a Meknès.

El último capítulo del libro se abre en 1974.  En la primavera pasada, Amine ha hablado por teléfono con su hijo. Selim vive en América, ese país  con el que Amine tanto soñó. Y el capítulo se cierra con la noticia que Mathilde da  a Amine: "Nuestra nieta ha nacido esta mañana". Las mujeres del lugar dicen que los vieron, esa noche, bailar...

Carmen Glez Teixeira

sábado, 10 de septiembre de 2022

La ciudad más fea del mundo: Charleroi

Charleroi

En el casco viejo se ven algunas fachadas estrechas y alargadas, típicamente belgas con notas de Art-Nouveau. En los alrededores hay fábricas abandonadas, barriadas descuidadas con casas de ladrillo, grafitis y escombros. Se intuye que hubo tiempos mejores.

Esto es, a grandes rasgos, lo que unos ojos extraños se encuentran al llegar a orillas de Sambre para recorrer Charleroi, un municipio a 50 kilómetros al sur de Bruselas, en Valonia, con fama de ser una monstruosidad estética. 

El sambenito surge de los vecinos Países Bajos y data de 2008, cuando los lectores del periódico neerlandés De Volskrant eligieron Charleroi como "la ciudad más fea del mnudo". La broma ha ido calando y Charleroi aparece ahora en las listas de internet con las urbes menos agraciadas que se conocen, junto con Amán, Luanda, Los Ángeles, Brazaville o Ciudad de Guatemala.

"No es tanto que la ciudad sea fea pero es aburrida. No pasa nada, no es dinámica. Cuando tienes un cierto nivel intelectual o social y quieres progresar, te vas a Bruselas", comenta a Efe Nicolas Buissart junto a unos altos hornos en desuso desde 2008.

Buissart es un multiartisata "carolo" de 42 años y hace de guía para descubrir las cosas más feas de la ciudad a través de la agencia  Charleroi Adventure, en cuya página web luce un provocador reclamo: "Síguenos en un safari urbano y descubre donde se suicido Magritte". 

Charleroi se fundó en 1666, a partir de una fortaleza erigida bajo dominio del rey Carlos II de España, al que le debe su nombre. Por allí pasaron también los franceses, los austríacos y los holandeses. Resplandeció con la revolución industrial gracias al carbón y la industria, siguió creciendo a inicios del siglo XX y aguantó el tipo hasta después de las Grandes Guerras.

Pero en los sesenta empezó a decaer y en el último tramo de siglo aceleró su declive a lomos de la globalización: muchas industrias cerraron  y el paisaje urbano se fue regando de paro, droga y delincuencia, problemas que aún persisten.

"Hay un problema de salud mental. La gente estaba acostumbrada a que las grandes empresas ofrecieran todos los servicios, hasta escuelas y piscinas, y cuando se fueron, las personas se convirtieron en zombies", dice Buissart sobre un municipio de 200.000 habitantes (400.000 en la aglomeración urbana) cuyo aeropuerto utilizan aerolíneas de bajo coste.

El último gran zarpazo a Charleroi se lo dio el cierre de la fábrica de Caterpillar en 2016, que se llevó por delante 2.000 puestos de trabajo. El solar aún está vacío, pero se negocia la construcción de un parque de atracciones Legoland. 

Frente a una fábrica de cables, una barca sondea el canal en busca de chatarra, estampa que a Bruissart le sirve para reflexionar sobre el avenir de Charleroi: "el futuro pasa por la industria del reciclaje, aprovechando los canales", dice.

A unos metros, tres jóvenes pasean por la zona con aire de turistas. Son de Amberes, la urbe rica del norte flamenco de Bélgica. "Siempre he querido visitar Charleroi porque tiene fama de ser una ciudad muy fea y creo que hay belleza en la fealdad", comenta Matthew.

No todo es decadencia en la ciudad que en 1938 vio nacer la revista Spirou, escaparate de los Pitufos, Lucky Luke o Largo Winch. Aunque el paro sigue cerca del 20% los indicadores socioeconómicos de Charleroi han mejorado algo en la última década, la ciudad presume de un cierto resurgir y hay proyectos ilusionantes en el horizonte: Google invertirá 500 millones de euros en un centro de datos y también se está construyendo la mayor escuela de biotecnología de Europa.

"Ya no es el Charleroi que conocíamos antes. Hay muchas empresas que se instalan por aquí porque hay ventajas (fiscales) con respecto a Bruselas, el centro ofrece ocio, es peatonal, hay muchos restaurantes, un centro comercial..."comenta a Efe el director del hotel Ibis de la estación del tren, Ovidio Matis"...Sócrates ya debatía con Hiplas sobre la belleza hace más de 2.000 años, un tema retomado después por Kant, Hegel, Nietzsche o Umberto Eco, lo que da una idea de lo complejo que resulta definir qué es bello y por qué, sin incurrir siquiera en los cánones de belleza  que cambian con el tiempo. Charleroi, cuya oficina de turismo la describe como "la cuna de lo insólito", aporta un grano de arena a esa reflexión porque si no existiera lo feo quizá tampoco podría distinguirse de lo bello.

Efe. Javier Albisu. Heraldo de Aragón, 28-8-2022.

viernes, 9 de septiembre de 2022

Y el paisaje se hizo música

Josquin des Prez

En 2018, la editorial Lannoo publicó un largo estudio que Van Nevel venía gestando desde hace años, titulado El paisaje de los polifonistas y subtitulado El mundo de los franco flamencos. Escrito en neerlandés y no traducido, de momento, a ningún otro idioma, parte de una hipótesis inicial, casi una revelación: que la percepción de la música y la vivencia del paisaje en el sur de Flandes y el noroeste de Francia discurren en paralelo en los primeros años de las vidas de los grandes polifonistas franco-flamencos, lo que se tradujo en una influencia decisiva para su posterior evolución artística. El libro se ilustra con decenas de fotografías de Luk Van Eeckhout, en cuyo pie se indica no solo el día preciso en que fueron tomadas, sino también la hora exacta. En estas tierras llanas encontramos horizontes siempre visibles, prados, campos de cultivo, sauces desmochados, iglesias, castillos, atardeceres y valles, muchos valles (los de los ríos Lys, Scarpe o Aa, a los que se deican capítulos de la segunda parte del libro), en un cuadrángulo acotado por las localidades de Brujas, Mons, Saint-Quentin y Boulogne-sur-mer: en estos paisajes que Van Nevel califica de "melancólicos" nacieron muchos de los más grandes polifonistas franco-flamencos de los siglos XV y XVI, con el princeps musicorum, el gran Josquin des Prez, que pasó los últimos años de su vida en Condé-sur-L'Escaut, como figura señera de aquella Edad de Oro.

Josquin forma parte de la grabación ahora publicada con una chanson profana (Cueur langoreulx) y con el "Agnus Dei" de su Missa Malheur me bat, uno de esos prodigios imitativos cuya clave cifra también Van Nevel en el propio carácter repetitivo de los paisajes franco-flamencos. A su lado encontramos a esos otros compositores ignotos tan del gusto belga, como Johannes Simonis Hasprois, que abre el disco con un virelai a tres voces; Nicolle des Celliers de Hesdin, representado por un motete a cinco voces; Jean L'Héritier, con un elaborado motete antifonal a nueve voces, Locultus est Dominus, o Josquin Baston, que da rienda suelta a la melancolía en Ung souvenir me conforte, una chanson en la que la amada se halla siempre presente en el pensamiento y que Van Nevel relaciona con esas nieblas tan habituales en la región de Artois.

En lo que es un indisimulado recorrido cronológico que nos lleva desde comienzos del siglo XV hasta mediados del siglo XVI hay también un hueco para figuras señeras, como Antoine Busnois y Johannes Ockeghem, Josquin lloró la muerte de este último haciendo suya la práctica habitual de los polifonistas renacentistas de honrar la memoria de los mayores, y Van Nevel ha incluido asimismo un díptico formado por la lectio de una lamentación para el Jueves Santo de Antoine de Févin  seguida de Qui ne regrettoit le gentil Févin, un planto fúnebre compuesto por Jean Mouton, compañero suyo en la corte de Luis XII. Hay que pensar que, aparte de la música, todos estos compositores y cantores debieron de compartir un profundo sentimiento de pertenencia a un territorio -a un paisaje- común.

El disco se cierra con músicas de Nicolas Gombert, otro nativo del sur de Flandes que estuvo al servicio de Carlos V...La marcada pronunciación francesa del latín que caracteriza siempre las interpretaciones de Huelgas Ensemble nos ayuda a no olvidar en ningún momento donde nació esta música: en aquel cuadrángulo milagroso recorrido palmo a palmo por Paul Van Nevel con sus intuiciones  y Luk Van  Eeckhout con su cámara, y que durante casi dos siglos vio nacer a muchas de las mayores luminarias musicales de Europa.

Luis Gago. Babelia. El País, 30 de julio de 2022.

jueves, 8 de septiembre de 2022

Lo que importa es el cómo, no tanto el qué

Si la inflación le ha dejado, a la vuelta de agosto, 16 euros, gásteselos en Historia del hijo, de Marie-Hélène Lafon (Aurillac, 1962). O en cualquiera de los otros títulos que Editorial Minúscula tiene editados en español de esta autora: Los países (2018) y Nuestras vidas (2019). Gásteselos siempre y cuando aún conserve el placer de leer un texto que no lo consolará, no lo llevará a ningún rincón donde la nostalgia o el entretenimiento lo estén esperando. Y además, es bastante probable que le hable de personajes y escenarios que le resulten ajenos. Tampoco extraerá información  que no sepa de antemano o que le sea útil para nada práctico. Es decir, cómpreselo si aún conserva dinero y placer de leer una trama que se despliega a través de lo depurado y flexible del estilo con el que está escrito. Placer que se deriva de la musicalidad, la aparente simplicidad con el que la cadencia de las frases, las palabras y sus silencios entre ellas y con todo ello, los personajes, sus decisiones y avatares nos toman de la mano, y no nos sueltan. No importa mucho qué, importa sobre todo cómo.

Marie-Hélène Lafon es profesora de latín, griego y francés y autora de una veintena de títulos que poco a poco , están llegando a nuestro país. De padres campesinos de la región francesa de Cantal, se desplazó hasta París para estudiar en La Sorbona. En la actualidad sigue residiendo en París y su bibliografía, que ella concibe como un todo conectado por un "vínculo orgánico", recae una y otra vez, en una mirada que es, al mismo tiempo, cálida e irremediable. Sus libros -e Historia del hijo no es una excepción- hablan de familias, hombres y mujeres atados a un destino que personifica la casa rural, la tierra, los antepasados o la necesidad de rituales y escenarios, que como un bodegón de fruta va quedándose sin comer, pudriéndose, quieta. Un destino del que uno puede sustraerse siempre y cuando pague el precio sabido de ser siempre un tránsfuga. La huida a París, el anonimato, la libertad, la soledad y la posibilidad de la metrópoli tiene todo lo envidiable y terrible para quien viene de un orden , un ritmo y unas normas marcadas desde generaciones en poblaciones pequeñas y entornos rurales.

En el caso de Historia del hijo ese desgarro se personifica en dos hermanas. Una de ellas elige vivir en París y deja su hijo recién nacido en manos de su hermana  y cuñado -padres de dos niñas- en el campo. Hijo y madre solo se verán en Navidad y en verano. Durante tres décadas aquel desconocerá quién es su padre. Juego de identidades más en el seno del matrimonio, la familia, la estructura social que en la necesidad individual de saber quién eres y que heredas y de quién. Es un mosaico impecable el que despliega Lafon como relato familiar, servido a sorbos que saltan en el tiempo (de 1908 a 2008) sin sobresaltos, aunque en ocasiones la saga lleve a confusión al lector. El lenguaje, su musicalidad, el trabajo invisible de la autora -y su traductor- hace que uno tenga la sensación de que las palabras elegidas y la manera de explicar la historia son las únicas posibles. Una trama llena de sutilezas, secretos y cruces imperfectos que hacen de su lectura una aproximación a lo que es vivir: no sabes muy bien qué sucede mientras sucede, creyendo venir de donde creemos venir y sin saber mucho más.

Carlos Zanón. Babelia. El País, sábado 3 de septiembre de 2022.

miércoles, 7 de septiembre de 2022

Una gran base de datos sobre peregrinos históricos

Archivo de la Catedral de Compostela

Los investigadores dan pasos hacia una gran base de datos de peregrinos históricos. Las XIII Lecciones Jacobeas organizados en julio por la Cátedra del Camino de Santiago USC, entidad que dirige Miguel Taín Gúzmán, fueron el marco en que se presentaron dos bases de datos de "enorme interés", según el profesor Taín. Badepeco es el acrónimo del directorio de peregrinos que recibieron la Compostela en el siglo XIX, presentada por su autor, Arturo Iglesias Ortega (Essen-Alemania, 1971), que es técnico documental del Archivo de la Catedral de Santiago desde hace veinte años.

"Utilicé el registro histórico más antiguo que se hizo en la catedral, fechado entre 1830 y 1896. En la base de datos, que se puede consultar libremente en la página web de la Cátedra, volqué 9.288 registros, donde aparecen noticia del nombre y apellidos, lugar de procedencia y la fecha de recepción de la Compostela. En casos muy esporádicos, también disponemos de información sobre su profesión, estado civil e incluso parentesco con otro peregrino, con el que normalmente había hecho el Camino, tal como explica el archivero. No hay ningún otro registro histórico de peregrinos posterior hasta 1985, aunque merece atención una base de datos de peregrinos medievales que realizó su compañero, Xosé Sánchez Sánchez y que también está disponible en la web de la catedral, según advierte Iglesias, que sospecha que en el documento del siglo XIX no están registradas todas las Compostelas  que se entregaron.

"A la luz de estas fuentes y el redescubrimiento de las reliquias del Apóstol Santiago en 1879, la peregrinación se revitaliza, algo que corroboramos en el registro de peregrinos del Hospital Real -hoy Parador- que se guarda en el Archivo Histórico de la USC. Es el otro gran registro de peregrinos que se conserva en Santiago", según subraya Iglesias, doctor en Historia Moderna. "Mi intención es iniciar un nuevo proyecto en el que pueda cotejar ambos registros el de la catedral y el archivo universitario, en aras de que acabe convirtiéndose en la gran base de peregrinos a Santiago, de carácter histórico, a nivel mundial; aunque para llegar hasta ahí sería necesaria  la concurrencia de más investigadores, no puedo hacerlo yo solo", advierte el experto.

Paula Pita Galán (A Coruña, 1981) por su parte, presentó en el citado seminario Red jacobea, una base de datos disponible igualmente en la web de la Cátedra del Camino que posee 350 registros... La mayoría de los registros corresponden a España, pero también los hay de Alemania, Francia, Italia y Estados Unidos", explica Pita, doctora en Arte. "Es curioso que el caso de los notreamericanos aparecen temas como medicina deportiva, nutrición o terapia psicológica asocidas al Camino. A la hora de investigar, nosotros somos más clásicos, ellos son más abiertos. También estudian la peregrinación en familia, profundizando en cómo interactúan entre ellos, a modo de una reflexión antropológica, advierte Pita, que por otro lado echa en falta que se aborde un estudio histórico sobre las infraestructuras y trazados del Camino hasta mediados del siglo XX.

Ambos investigadores son de la opinión de que el Camino de Santiago está "muy vivo y más fuerte" que nunca: "No contábamos con una recuperación tan grande tras la pandemia. Volvimos enseguida a la tendencia alcista del pasado decenio". 

Irene Martín. Santiago. La Voz de Galicia, lunes 8 de agosto de 2022

martes, 6 de septiembre de 2022

Arenas movedizas en el Louvre de Abu Dabi

Algo tan grave ocurre solo en las horas oscuras e incalculables. ¿Cómo el Louvre de Abu Dabi se ha visto atrapado en uno de los mayores escándalos de tráfico de obras expoliadas en décadas? La investigación implica al que fuera responsable del Louvre de 2013 a 2021, Jean-Luc Martinez, quien además era (hasta que fue suspendido) presidente del comité científico de la Agencia Francesa de Museos (AFM, por sus siglas galas), que se ocupaba de autentificar el origen de las piezas. Está acusado de presunta "complicidad en fraude organizado y blanqueo de capitales". Martinez negaba en mayo estas acusaciones en Art News.

Todo empieza en Francia pero termina en el Louvre de Abu Dabi. La AFM es responsable de seleccionar las obras en el mercado y comprobar su procedencia antes de ofrecerlas a la rica franquicia de las arenas. Aunque en 2020 -según el periódico -según el periódico Libération- investigadores franceses encontraron en la AFM "auténtica negligencia profesional" y "transgresión de las reglas deontológicas". Quizá pesó la urgencia por completar las salas.

En 2014 adquirió por 4,5 millones de euros el conjunto funerario de la princesa egipcia Henut-tawy. Algunos expertos alertaron de que el sarcófago había sido conservado de una "manera indecente". El egiptólogo Raphaële Meffre advirtió de que procedía de una zona expoliada en la década de los años diez de este siglo. Luces rojas. Oscuridad. Todavía pertenece a la colección de Abu Dabi. Sin embargo la Oficina Central Francesa contra el Tráfico Ilegal de Bienes Culturales (OCBC) averiguó que los marchantes que vendieron el conjunto, Christophe Kunicki y su marido, Richard Semper, falsificaron, presuntamente, los documentos de exportación. En junio de 2020 ambos fueron arrestados por tráfico ilegal de cientos de obras procedentes de Oriente Próximo y Medio. El proveedor original -detenido en marzo- era Roben Dib, un comerciante germano-libanés. Los tres defienden su inocencia. Pero las autoridades neoyorquinas confiscaron en junio cuatro antigüedades egipcias del Museo Metropolitano relacionadas con Roben.

El pasado egipcio es como mover grandes sarcófagos de memoria. Durante 2013, Dib y Kunicki vendieron pr 350.000 euros, a la galería Phoenix Ancien Art, un retrato funerario de un hombre en un fragmento de momia. La obra la compró un año después el coleccionista suizo Jean-Clause Gandur por un millón. Gandur -que declina hablar con El País Semanal- ha presentado una querella . "Todo es falso, todo ha sido robado; es aterrador", declaraba en Artnet. El Louvre tampoco participa. En una nota parece recordar, entre líneas, que el arte es gas y petróleo. "Estos recientes sucesos no cuestionan la fuerte relación de confianza entre el Louvre y el Louvre Abu Dabi". La National Galery de Londres no acude al debate y el californiano Getty envía 11 páginas con las políticas del museo. "La institución investigará a fondo el historial de propiedad de cualquier propuesta de adquisición de antigüedades", se lee...

Tras medio siglo de esfuerzo, Italia ha abierto en las Termas de Diocleciano (Roma) un Museo de Arte Recuperado. Piezas etruscas, griegas, romanas. El origen del mundo. Courbet estaba equivocado.

Miguel Ángel García Vega. E País Semanal, 18 de julio de 2022

lunes, 5 de septiembre de 2022

Timothée Chalamet en Venecia

Timothée Chalamet (Getty Images)

Una estrella del cine se mide por su carrera, sus premios, sus grandes películas, sus interpretaciones inolvidables... Aunque hay otra fórmula, más rápida, de descubrir los astros que brillan: basta pasearse ante la alfombra roja del festival de Venecia a primera hora de la mañana. Algunos días, apenas unos pocos fieles se encuentran acampados, más de 10 horas antes, para ver al fin, por la noche, a sus ídolos. Cuando el certamen acoge a Timothée Chalamet, sin embargo, el puñado se vuelve horda, Seguro que buena parte de los expectantes se comería al actor a besos. Su personaje en Bones and All, en cambio, iría mucho más allá: devoraría a sus seguidores. Porque el chico más adorado de Hollywood vuelve a trabajar con Luca Guadagnino, el director que le lanzó en Call Me By Your Name, en una especie de road movie caníbal por Estados Unidos. Aunque la película más esperada de la tercera jornada del concurso no sació las expectativas.

El propio certamen, en realidad, dejó a los cinéfilos con hambre de más calidad. Bones and All, basado en la novela homónima de Camille DeAngelis, sigue el periplo de una joven marginada  (Taylor Russell) en busca de respuestas a sus extrañas pulsiones. Y Athena, la película de Romain Gravas, se centra en otros parias sociales: narra la revuelta en una banlieue. Ambas comparten una intención: iluminar a los que están fuera de los focos. Aunque también les une un defecto: bella realización, marco precioso. Pero ¿y el contenido? Justo lo contrario de A Couple, tercer filme en competición: el eterno Frederick Wiseman, a sus 92 años, propone su primera obra de ficción tras más de 60 documentales. El texto -inspirado en la correspondencia entre Sofía Bers y su esposo, el escritor Lev Tolstoi- seduce, pero se ve traicionado por el formato: un monólogo donde casi solo varía el fondo natural ante el que la actriz principal, Nathalie Boutefeu, declama sus frases.

"Siento amor familiar y amical, también  por Taylor, por Luca Guadagnino. Para el otro amor aún soy muy joven", sonrió Chalamet para liberarse de una de las primeras preguntas de la prensa. Más abajo, entre los seguidores, la respuesta habría probablemente despertado una ovación de esperanza. Aunque luego el actor también lanzó un mensaje más sombrio, hablando de la marca de juicios que disparan las redes sociales: "Es difícil vivir hoy. El derrumbe de la sociedad está en el aire", sentenció...

Tommaso Koch, Venecia. El País, sábado 3 de septiembre de 2022.

domingo, 4 de septiembre de 2022

Un héroe de nuestro tiempo

Hace decenios que entramos en la cultura de la imposibilidad, a saber: la cultura que quiere hacer imposible pensar, asimilar, contemplar la muerte. La muerte puede aceptarse como parte de una ficción, y es sabido que la narrativa cinematográfica y literaria hace a menudo uso y abuso de la muerte como efecto dramático, pero también es sabido que todos esos simulacros no tienen demasiado poder sobre la conciencia, y aún menos sobre la verdadera conciencia de la muerte.

 En su novela La información, Martin Amís hace referencia a ese mensaje terrible que nos llega de las profundidades de nuestra propia materia cuando hacia los 26 o 27 años tomamos conciencia de que somos seres para la muerte. De pronto, a las dos o las tres de la mañana llega la revelación, llega la certeza, llega el mazazo descomunal sobre la conciencia, por más que lo queramos evitar. Da igual que en nuestra infancia nos hayamos topado con algún cadáver en algún accidente de carretera. La visión de un muerto en épocas tempranas no nos hace conscientes de lo que nos espera hasta que no llega esa información de la que habla Amis en su novela. A mí me llegó en París, a los 26 años, cuando trabajaba de portero de noche en el hotel Marigny, el mismo hotel donde Proust llevaba a cabo sus ceremonias sádicas, si bien en otra época y con una clientela más convencional. Sí, allí, hacia las tres de la mañana, me llegaba el pensamiento insoportable de que algún día iba a morir. Iba a morir yo, se iba a extinguir mi propio ser y no el de los demás. En ese momento de una tensión agobiante, mi ser adquiría su máxima individualidad y su máxima sustancialidad trágica, y accedía de verdad a la experiencia de la angustia que, como decía Roland Barthes, es una experiencia del yo.

Ahora, ese fenómeno del alma se quiere evitar a toda costa, y los jóvenes lo rehuyen recurriendo a todas las formas posibles de evasión. De hecho la evasión moderna halla su verdadero fundamento en la huida de la idea misma de la muerte. Se trata de algo en lo que no hay que pensar y que ni siquiera ha de ser relegado al territorio del secreto, del mutismo o del silencio, pues hasta de esos territorios en la sombra ha de ser expulsado no dejando para la muerte ningún espacio ni manifiesto ni encubierto. Para el mundo de nuestros días la muerte no ha de tener ningún lugar que no sea la ficción, y como ficción es transmitida por los medios de comunicación que convierten las guerras en folletines visuales donde la muerte, lejos de ser una evidencia, se revela como lo ausente o como lo que no está presente entre nosotros y ocurre siempre en otra parte.

Las empresas de pompas fúnebres han aprendido la lección y reducen al mínimo los ritos funerarios, acentuando la sensación de ficción minimalista e insustancial... Todo lo dicho me sirve como introducción al abordaje del tema de los geriátricos, esos lugares a los que llevamos a los ancianos que antes morían en casa de sus familiares, cuando nuestros antecesores respetaban a los viejos y no les daba miedo a mirar de frente a la muerte. Desde antes que estallase la guerra de Ucrania, que se come todos los temas con sus tempestades de niebla y de acero, un libro se está propagando en Francia a velocidades epidémicas, se titula Les fossoyeurs ("Los enterradores") y en cierta manera aborda la idea de "dar la muerte", a la que Derrida dedicó uno de sus más hondos ensayos, pero aquí se trata de dar la muerte de una manera absolutamente indigna y miserable, perfectamente investigada y contrastada, al modo en que lo hace la sociología francesa ya desde los tiempos de Durkheim y que tanto por su rigor como por su claridad expositiva no tiene parangón en el mundo.

El libro lo ha escrito un joven periodista de investigación llamado Victor Castanet, que ha pasado un buen tiempo investigando los abusos cometidos contra los ancianos por parte de una célebre multinacional geriátrica, presente también en España. La lectura del libro levanta ampollas, pues uno se entera de que para la empresa mentada solo importan los dividendos, y hasta los ancianos adinerados que pagan más de 10.000 euros al mes por su estancia en las residencias son víctimas de las más injustificables mezquindades por parte de la empresa. El Gobierno no ha tenido otro remedio que tomar conciencia de que a través de las subvenciones que los geriátricos concertados obtenían del Estado resulta que se estaba favoreciendo a los accionistas de tales corporaciones más que a los ancianos... La muerte no existe, la vejez no existe, y cuando se hace evidente se la oculta en esas antesalas del adiós donde campea la mezquindad.

Que ahora los ancianos se empiecen a rebelar y a querer cambiar las leyes de la herencia ante los abusos de los geriátricos y de sus propios familiares no tiene nada de extraño. El joven periodista Victor Castanet se ha atrevido sin embargo a desentrañar todas las secuelas que arrastra la omisión de la vejez y la muerte, y a decirnos con voz clara y contundente que la muerte existe y está llena de indignidad en bastantes geriátricos de Francia. La empresa más señalada le llegó a ofrecer la mareante cifra de 15 millones de euros por su silencio, pero Castanet los rechazó. Jóvenes como él son muy necesarios en este momento. Yo lo considero un héroe de nuestro tiempo...

Jesús Ferrero. El País, sábado 4 de junio de 2022. 

sábado, 3 de septiembre de 2022

La florista de París

Massami-Charlotte-Lavault en uno de sus espacios de flores 
en Paris. (Stephne de Sakutin/AFP)

Dicen que hasta un 70% de los tejados de París son grises. El motivo: están fabricados en zinc. A mediados del siglo XIX, los edificios de estilo haussmaniano florecían por toda la ciudad durante el Imperio de Napoleón III. El zinc era bueno y fácil de cortar e instalar y, sobre todo, vanguardista y la ciudad adoptó sus tonalidades como símbolo de modernidad. Hoy esos techos son toda una seña de identidad. Pero en medio de tanto gris se esconde un rincón en el que reina el color, el jardín de la protagonista de la historia que Kenzo Parfums quiere contar al mundo y cuyo hilo conductor es la sostenibilidad y el back to basics. 

El compromiso por un mundo más bello ha llevado a Kenzo Parfums a unirse a personas que promueven proyectos que quieren cambiar vidas, que transmiten las ganas y las claves de un futuro mejor, más sensible y responsable. Y una de ellas es Massami-Charlotte-Lavault, floricultora de origen franco-japonés y musa de la nueva fragancia de la firma, Flowers by Kenzo L'Absolue, cuya esencia representa mejor que nadie. Lavault se ha unido a la familia de embajadores gracias a su proyecto Plen air Paris, el jardín floral urbano de esta horticultora local de 34 años que comenzó como diseñadora industrial en Viena y Londres y terminó haciendo florecer el corazón de París a todo color. Este proyecto es además el punto de partida de Slow Flower, un movimiento a través del que busca preservar y transmitir los conocimientos y el saber local relacionados con la jardinería local, para sensibilizar al mundo de la urgencia de un futuro mejor a través de una agricultura razonada, razonable y respetuosa. Actualmente, Massami sueña con abrir una escuela dedicada a la floricultura responsable y Kenzo Parfum no duda en acompañarla en este emocionante proyecto de educación y formación. Porque como dice Massami  -reflexión que compartimos- hacer el mundo más bello ¡es vivir y dejar vivir!.

Blanca del Río. Elle, 19 de agosto de 2022.

viernes, 2 de septiembre de 2022

La rumba infinita de Manu Chao

Manu Chao en A Coruña. César Quian

¿Fue la quinta vez que volvió con el Mala Vida de Mano Negra? ¿O quizá con el "lolololololo" futbolero que promovió? ¿Ocurrió cuando La vida tómbola se mezcló con sus diálogos en sueños con Maradona (en los que le decía que "el mundial de Catar es una gran mierda")? Cada asistente encontrará el punto de inflexión en su memoria, pero lo cierto es que hubo un momento en el que Manu Chao convirtió el auditorio del parque de Santa Margarita en una gigantesca fiesta que partía de lo mínimo. En formato de trío acústico -con Lucky Salvador a la guitarra y Miguel Rumbao en la percusión-, el músico se las apañó para repartir euforia y ganas irrefrenables de bailar por toda la audiencia. Y, sobre todo, para mantener ese clima durante el pase.

Como ocurre con frecuencia en sus discos, un concierto de Manu Chao tiene mucho de sesión. De corta y pega. De puzle con algunas piezas que igual sirven para aquí que valen para allá. Un bucle en el que la canción popular deriva en himno. Donde lo familiar convive con la permanente sorpresa. En el que la repetición sirve para incrementar el placer, como quien gira la manilla en cada vuelta. La propuesta mínima se tradujo pronto en el sonido. El reggae de las grabaciones dejó paso a la rumba. Donde en el estudio se juega con el dub, sus esponjosos graves y efectos, en el concierto se convirtió en una percusión a golpe de tacón y de gemelos. La voz dúctil y juguetona de sus registros emergió en el escenario con grano irregular.

Y con todo eso venció y convenció el pasado lunes. Lo hizo recorriendo su carrera, de arriba abajo y de izquierda a derecha. Desde el King of Bongo de Mano Negra al Clandestino de su celebérrima obra maestra con la que mirando a Ceuta reivindicó: "Nadie en el mundo es ilegal". Desde su mirada a la prostitución Me llaman calle a esos collages geniales suyos de alabí, alabán, alabinbonbán" con  "ob la-di, ob-la-da" que surgían cuando menos se les esperaba y siempre surgían bien. Todo desde esta estética sonora cruda. Un baño de realidad que llega como un puñado de gravilla en estos tiempos donde se debate sobre artistas que hacen playback o que tocan sin músicos sobre el escenario. Una verbena donde la comunicación también fluyó multidireccional, mientras 3.000 personas viajan juntas por el mapa creativo de un artista genial.

En la parte final, se subieron al escenario ilustres de la música coruñesa, como Pulpiño Viascón y Xurxo Souto de Os Diplomáticos de Monte Alto y Xosé Manuel Pereiro de Radio Océano. Por allí sonaron Licor Café de Lamatumbá y el Como o vento de Sétima Legiao que, en su momento versionaron ambas formaciones. "Unha festa Atlántica", clamó Souto dejando todo enfilado para un último tramo de paroxismo, en el que el público saltaba de un tema a otro, mientras una canción se terminaba y resucitaba al instante en una fiesta sin fin. "Una más A Coruña?", era la pregunta. Y el sí, cada vez resultaba más intenso. Hasta irse la actuación a las 2,45 horas y terminar con Manu Chao haciendo de dj y dando botes con los brazos en alto.

Javier Becerra. La Voz de Galicia, miércoles 31 de agosto de 2022.

jueves, 1 de septiembre de 2022

Encamados, literatura desde el lecho

Habitación de Marcel Proust en el Museo Carnavalet de Paris

Tras muchos años de donaciones y diplomacia, el Museo Carnavalet de París reconstruyó a principios de año, la estancia en la que vivió Marcel Proust. Dos muebles dominaban la estancia, ambos dedicados al arte de tumbarse: una chaise-longue y una cama de latón. La celebérrima cama con su colcha azul, sorprendentemente pequeña para nuestra época de camas gigantes, era la reliquia más sagrada, el corazón de toda la mitología proustiana.

Sobre aquel lechó se escribió gran parte de los siete tomos de En busca del tiempo perdido, en cuadernos pequeños de caligrafía apretada que su hermano Robert tardó años en descifrar. Proust escribía de noche apoyado en un tablón. Tenía práctica en el difícil arte de escribir recostado. Pese a haber conocido todos los salones de París y no perderse ninguna trifulca literaria, pasó buena parte de sus 51 años de vida tumbado, Desde que a los nueve años sufrió un ataque de asma que casi lo mató, el dormitorio fue su mundo.

Hijo y hermano de médicos, su padre investigó la neurastenia, el nombre que se ponía entonces para explicar el cansancio y desánimo que tantos pacientes sentían, sin causa física aparente. Que Proust estaba enfermo aunque en ocasiones no supieran de qué, jamás se puso en duda. No había coquetería en su encamamiento que detestaba. La mayor prueba de que no se rendía a la dulzura del convaleciente, está en las miles de páginas de En busca del tiempo perdido, una hazaña mental que agotaría al más vigoroso de los novelistas. Alguien resignado a la muerte no trabaja tanto. Quizá por eso ocupa un lugar de honor en ese parnaso de escritores horizontales, encerrados en habitaciones sin ventilar, para desesperación de sus familias y fascinación de sus lectores.

Se ha escrito mucho sobre los escritores encamados, que forman una aristocracia dentro de un oficio lleno de cuerpos enfermos y temperamentos depresivos. Solo en España, autores como Álvaro Pombo, Soledad Puértolas, Rosa Montero, Julio Llamazares, Luis Landero o José María Cabalero Bonald han dedicado elocuentes páginas a este enigma encarnado, entre otros, por Mark Twain o Juan Carlos Onetti, pasando por Valle-Inclán, Truman Capote o, de forma más leve, pero con más carga reflexiva, Virginia Woolf, cuya teoría de la habitación propia debe tanto al feminismo como a su propia condición de enferma y convaleciente...

El de tumbado es un fenómeno contemporáneo. Salvo el de Voltaire apenas hay ejemplos anteriores al XIX. Se dice que el primer encamado fue un bibliófilo francés, el señor Boulard, que una mañana se hartó de clasificar su ingente biblioteca, se metió en la cama y no salió más...El erudito francés Daniel Ménager ha explotado el imaginario de la postración en su ensayo Convalecencias, la literatura en reposo (Siruela, 2022) donde demuestra que el hecho de tumbarse para recuperar la salud se ha narrado como un trance de transformación para muchos personajes que reciben la iluminación de la vita nova (como el Pierre Bezujov de Guerra y paz ) o se resignan y aceptan la condición mortal (como el Hans Castor de La montaña mágica )...

Los avances de la psiquiatría han terminado de demoler el mito romántico de los tumbados y sus fenómenos asociados, como los hikkikamoris japoneses, eremitas posmodernos que se encierran en sus dormitorios. Un encamado es un enfermo cuya condición puede iluminarse a la luz de los trastornos depresivos y de ansiedad. La ciencia ha cuñado incluso un término específico "clinofilia": neologismo de raíz griega, de kline (cama) y filos (amor). El paciente percibe el mundo como un lugar hostil al que no se puede enfrentar, y solo en la cama encuentra comodidad y calma. Muchos salen de ella con una simple terapia, parecida a la de la ansiedad, o con el empujón de unos ansiolíticos... 

Sergio del Molino. El País, domingo 14 de agosto de 2022.

miércoles, 31 de agosto de 2022

"Es una parada en tu vida. Vuelves a la dimensión humana".

Sole Giménez. La que fuera cantante de Presuntos Implicados hizo el Camino en 2006. Precisamente el año que empezó su carrera en solitario. "Fue una experiencia preciosa. Que repetiré seguro". "Lo hice con mi hermano pequeño y nos lo tomamos con calma: hicimos la parte gallega del Camino, desde O Cebreiro hasta Santiago, en cinco días. Unos veinte kilómetros al día. Eramos los últimos en dejar el albergue... Y eso que salíamos sobre las seis y media de la mañana". "Esos primeros momentos del amanecer son maravillosos: el rocío en las hojas, la bruma, atravesar un puente en medio de la niebla... o un bosque de robles del que parecía que iban a salir las meigas. Es brutal".

"Llevaba tiempo queriendo hacerlo pero no es fácil encontrar hueco: más allá de lo que tardes en recorrerlo, además hay que preocuparse antes. Yo estuve meses caminando dos o tres horas al día. "El Camino supone una parada en tu vida. Es tiempo para estar contigo mismo y alimentar cosas que son mucho más importantes que la vorágine en la que estamos metidos. En el Camino vuelves a la dimensión humana. A tardar cuatro horas en hacer veinte kilómetros, y no diez minutos en coche. Eso te cambia la perspectiva. Hace que la cabeza cambie".

"También es un modo muy distinto de conocer gente. Empecé con mi hermano, pero nos juntamos con peregrinos de Málaga, Valladolid, Murcia... ¡Nos reímos muchísimo! y sigo yendo a ver a muchos de ellos. Llegas al albergue sobre las doce, te duchas, comes... y pasas el resto del día de 'colegueo'. No siempre tienes tiempo para hablar tanto con gente a la que acabas de conocer". 

"Más que religiosa a la antigua usanza, soy espiritual. Tampoco pedimos la Compostela, aunque llevábamos todos los sellos... El último día antes de entrar a Santiago no es el momento más bonito, pero luego llegas a la plaza del Obradoiro, te tumbas en el suelo frente a la catedral y se te olvida todo".

Daniel Méndez. XL Semanal, 17 de julio de 2022.

martes, 30 de agosto de 2022

Una obra de arte llamada Marcel Duchamp

Marcel Duchamp

El Museum für Moderne Kunst, abreviado como MMK, en Fráncfort, tiene una arquitectura intrincada llena de habitaciones. Desde fuera parece un pedazo de pastel. Así lo llamaba el artista Claes Oldenburg. El por qué tiene que ver con la forma triangular del edificio, diseñado por Hans Hollein, que aglutina una de las colecciones más completas de arte pop y minimalista norteamericano. El edifico posmoderno realza sobremanera las obras de Marcel Duchamp (1887-1968) reunidas en una de las mayores exposiciones retrospectivas del artista. Hay casi 700 de 1902 a 1968 que ocupan los tres pisos, y no solo las paredes, también los techos. Considerado como uno de los creadores más influyentes del siglo XX, hacía más de dos décadas que su trabajo no se reunía casi en su totalidad. Sus revolucionarias ideas y su inteligencia iconoclasta son todavía hoy una referencia en el arte. Su camino fue irrepetible: una osadísima aventura en la que el arte se concebía como una cosa mental, fiel así al espíritu de Leonardo de Vinci.

Fue Duchamp quien, de manera más radical que nadie, planteó que el arte debía tener  una realidad propia y abandonar la mera imitación. A ello se vuelca esta exposición, La comisaria, Susan Pieffer, la ha organizado con sencillez y elevando la materialidad de los objetos al ámbito de la experiencia estética. El mensaje también es radical. Los objetos también aparecen desnudos y sin apenas interpretaciones. Los ready-mades dan la bienvenida a la primera sala. Con ellos socavó sigilosamente quinientos años de arte occidental hasta transformarlo por completo. Son obras que recogen el intento de crear arte sin obras de arte, o más allá de las bases de juicio convencionales. El triángulo de la sala no se abre a la exposición, sino que apunta hacia Porte Fradiva (1937), una doble puerta que Duchamp diseñó como entrada de la galería de André Bretón en París, y por la que el visitante no puede pasar. Recuerda a la puerta que el artista instaló en apartamento parisino, en el 11 de la rue Larrey, en 1927, y que utilizaba para dos tránsitos: entre el estudio y el dormitorio y entre el estudio y el baño. La puerta estaba siempre abierta y cerrada al mismo tiempo, lo que proporcionaba tanto una paradoja casera como una solución para ahorrar espacio.

La repetición es un elemento constante en la exposición. Se muestran varios ready-mades en varias ediciones y las exposiciones portátiles con réplica de su obra, Boîte-en-valise (1935-41) dan fe de la conocida crítica de Duchamp a la importancia del original para la obra de arte. De ese recusro se sirve la comisaria para lanzar una exposición que propone pensar, actuar e ir más allá de todas las categorías y convenciones. Sorprende que en un año en que coinciden en Alemania la documenta 15 de Kassel y la Bienal de Berlín, el MMK apueste por esta audaz exposición. En diálogo con esos dos eventos artísticos, el legado de Duchamp reverbera aún más en el arte contemporáneo. Gracias a él sabemos que todo puede convertirse en arte y que el pensamiento no conoce fronteras, temas centrales en Kassel y Berlín.

Bea Espejo. Fráncfort. El País, lunes 1 de agosto de 2022.

lunes, 29 de agosto de 2022

"Maria Chapdelaine": La vida de los colonos

De la película Maria Chapdelaine

Maria Chapdelaine, magna obra literaria  de Louis Hémon de 1913, alcanzó tal fama en su país natural (Canadá) que pasó a engrosar ese grupo de "lecturas obligatorias" del plan de estudios del país durante largos años. Su popularidad pronto halló reflejo en la adaptación a otros medios, (televisión, comic ...), entre los cuales el cinematográfico fue de los primeros. De 1934 data la primera versión, dirigida por el francés Julien Duvivier, a la que siguieron otras en los años 50 y 80. Contando con estos precedentes, y sin renegar de ellos, el canadiense Sébastien Pilote toma la alternativa y, desde la óptica del siglo XXI, nos brinda quizá la película más realista y apegada a la obra literaria original.

Esta Maria Chapdelaine sigue fiel a la historia de una chica de 17 años que vive en los lejanos bosques canadienses de inicios del siglo XX, un terreno agreste donde los colonos luchaban por ganarle espacio al bosque y establecer sus granjas en condiciones extremas. A través de los tres pretendientes que se le presentarán, vemos los diferentes modos de vida (y posibles futuros) a los que Maria podría optar: el mundo del bosque más salvaje, el de los colonos en el que vive o una idealizada ciudad. Campo o ciudad, "penurias" o "comodidades", mundos opuestos entre los que se verá obligada a elegir.

Pilote consigue a través de un filme estructurado en capítulos y de la mano del rostro -y mirada- dela debutante Sara Monpetit, un drama de la época que se eleva en una hermosa elegía rural, un canto de amor a la tierra sin disfrazar su dureza y sus penurias. La vida en el campo, el avance lento y cíclico del tiempo entre estaciones, cosechas y desbroces, las emociones contenidas, la religión y la naturaleza...En Maria Chapdelaine hay aislamiento, dureza y hastío, pero a la vez, una belleza que despunta entre las duras condiciones de supervivencia.

Sabela Pillado. La Voz de Galicia, viernes 5 de agosto de 2022.


domingo, 28 de agosto de 2022

El filósofo que prefirió ser libre a descansar

Cornelius Castoriadis

Que no hay alternativa a cómo vivimos es sólo una frase de Margaret Thacher. Más allá de la propaganda contra la esperanza, en nosotros pervive la capacidad de moldear la realidad y hacerla menos inhóspita. Eso afirma Cornelius Castoriadis, de quien estos días se cumple el centenario de su nacimiento. Filósofo de la provisionalidad, la complejidad y la vulnerabilidad en todo lo humano -algo indómito en su época, plagada de concepciones binarias graníticas-, su legado es hoy de máxima actualidad.

Nacido en Estambul en 1922, sentenciado por fascistas y comunistas en Atenas, exiliado en París, donde murió en 1997, fundador de Socialismo o Barbarie -grupo al que estuvieron ligados Guy Debord o Edgar Morin-, Castoriadis fue un motor de transformación de alto voltaje, combatió a los nazis, fue trotskista, agitador político y cultural, pianista y amante del free jazz de Ornette Coleman, pensador; director de la muy parisiense: Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales, economista sin papeles y alumno de Lacan hasta que devino psicoanalista y refutó al maestro.

Figura incómoda por su temprana crítica a la deriva autoritaria soviética y a los que eligieron ignorarla, Jean-Paul Sartre diría de él años después: "Castoriadis tenía razón, pero en el momento equivocado" (a lo que el aludido contestó jocosamente que el pensador existencialista "vivió equivocado en el momento oportuno"). Inspirador del Mayo del 68 francés, dejó una obra intelectual a contracorriente de casi todo. Destapó la inherente falsedad de los dogmas y acuñó conceptos como la imaginación radical, lo instituido y lo instituyente o las significaciones imaginarias sociales, conceptos en los que revela la capacidad de crear, enunciar y trabajar en proyectos vitales y sociales emancipadores.

Descansar o ser libres. Tuvo seguidores como Jürgen Habermas, Ágnes Heller o Zygmun Bauman, y la frase de Tucídides, "hay que elegir, descansar o ser libres" define su pensamiento. Frente a abstracciones teóricas, Castoriadis describe la realidad de la labor de transformación colectiva, y frente a la doctrina del progreso -incontestable en su tiempo- , aboga por abandonar la idea de desarrollo técnico en favor de la noción de cambio. Visionario, fue uno de los primeros en subrayar la importancia  de acabar con el imaginario de la expansión ilimitada y la acumulación. "Todo depende-de-eso, de la destrucción de ese imaginario", advirtió.

En libros, conferencias y entrevistas, Castoriadis nos recuerda que cada momento histórico construye su modo de pensar y habitar el mundo. Es su tesis de imaginario social, esa que afirma que "somos quienes creamos nuestras propias instituciones sociales, nos damos nuestras propias leyes, somos quienes podemos decidir cómo vivir en sociedad", tal y como explica Marcela Tovar-Restrepo, autora de Castoriadis, Foucault and Autonomy, New Approches to Subjectivity, Society and Social Change.

Lejos de utopías y heroísmos, Castoriadis abre una ventana de posibilidad: la democracia plena y participativa, un cruce ente la polis griega y una nueva y más radical Ilustración. Este camino bastardo donde "lo antiguo entra en lo nuevo", dice, puede conducirnos a una sociedad más autónoma y libre que deje atrás las sociedades heterónomas -ya viejas- guiadas por supuestas estructuras o fuerzas ajenas a las personas: Dios, la razón, el imperio o la ciencia...

Mar Padilla. Ideas. El País, domingo 27 de abril de 2022.

sábado, 27 de agosto de 2022

Estrasburgo no es una ciudad gris

Ser sede del Parlamento europeo podría ser sinónimo  de ciudad gris y burocrática. Pero todo lo contrario: Estrasburgo es una ciudad un poco de cuento de hadas, que disfruta de su particular arte de vivir a la alsaciana. Su situación en la frontera franco alemana le permite disfrutar de lo mejor de los dos países, y resulta un lugar perfecto para recorrer a pie o en bicicleta, parando de vez en cuando en una de sus muchas winstubs  (tabernas) o en sus cervecerías tipícamente alemanas, para comprender el significado de la intraducible palabra heimlinch (una especie de mezcla de íntimo y relajado).

Lo primero, como siempre, será situarse. Todo en Estrasburgo gira en torno al Rin, que articula el flujo de su historia  y de su vida urbana, En el centro de todo está la Petite France, su barrio más pintoresco y turístico con sus canales, calles empedradas y magníficas casas con entramado dede madera. Muy cerca, a la sombra de la catedral y en torno a la plaza Gutenberg, late el corazón historico de la ciudad, que reúne museos, edificios tradicionales, palacetes, winstubs e inevitables tiendas de souvenirs. En la capital de la región de Alsacia encontraremos también algunas de las calles más bonitas, como la Rue Mercière, donde estaban las mercerías medievales, o la Des Orfèvres que hasta principios del siglo XX reunió  a los orfebres de la ciudad.

En la vecina zona de Saint-Étienne lo que llama la atención son las fachadas clásicas, las casas alsacianas, los restaurantes elegantes que flanquean la Place Broglie y el ambiente estudiantil de moda que reina cerca de la plaza Saint-Étienne. También es barrio de estudiantes el cercano Kruteneau (Krut), centro de la burguesía bohemia, con un ambiente relajado, calles peatonales, tiendas de moda y muchos bares y restaurantes. La animación sigue en Kléber y Halles sobre todo para r de compras, mientras que lo más alternativo y multicultural está en torno a la estación. Frente a ellos, la elegancia monumental la podremos encontrar en Neustadt, el barrio alemán construido cuando Alsacia se unió con Alemania, con amplias avenidas y edificios. En Robertsau encontraremos un poco de campo en la ciudad y un toque internacional con las instituciones europeas.

Navegar por el río III desde la Petite France hasta las instituciones europeas puede ser una buena opción para hacerse una idea general y descubrir los barrios y la magnífica arquitectura de la ciudad desde otro punto de vista. Evidentemente es un viaje muy turístico, pero resulta relajante dejarse arrullar por el agua al ritmo de las esclusas.

Estrasburgo no se fundó junto al Rin, sino que prefirió sus afluentes, el III porque el Rin siempre fue bastante imprevisible. Antiguos grabados muestran, en el lado de la ciudad alemana de Khel, un rí de varios kilómetros de ancho formado por múltiples brazos, con prados inundados. Sin embargo, en la Edad Media el Rin se convirtió en un eje comercial muy concurrido, fundamental para los intercambios norte-sur. Durante siglos no se percibió como una frontera, ya que en ambos lados del mismo se hablaban lenguas germánicas. Para seguir el río están las travesías de los barcos de Batorama, con circuitos guiados, que se toman desde el embarcadero Cathédrale en la plaza Marché-aux-Poissons... Otra buena idea es recorrer a pie o en bicicleta sus orillas, un paseo muy agradable, animado por los patos, cisnes, canoas e incluso nutrias. Si partimos de la Petite France se puede llegar hasta las instituciones europeas  en unos 4,5 kilómetros que se pueden hacer cómodamente en dos horas o un poco más si nos detenemos a menudo...

LONELY PLANET. El Viajero, El País, 28 de julio de 2022

viernes, 26 de agosto de 2022

"Todo aquello del Je t'aime me queda muy lejos"

Jane Malory Birkin (© Martial  Trezzini/AP Photo/Picture alliance)

Pocos nombres van tan asociados a un legendario encanto como el de Jane Birkin. Desde la deslumbrante jovencita que irrumpió con un glamur innovador y rompedor en los años sesenta y formó una de las parejas más icónicas de todos los tiempos con su amante y mentor Serge Gainsbourg, hasta la mujer madura que sigue reinventándose en discos y conciertos, Birkin, la Birkin (Londres, 75 años), modelo, actriz de cine y teatro y cantante, no ha dejado de cautivar a lo largo de medio siglo. La chica que enamoró y escandalizó rompiendo normas y tabúes y exhibiendo un cuerpo y una personalidad tan diferentes a lo acostumbrado es hoy una abuela de cinco nietos, que ha afrontado una leucemia y ha sufrido un ictus (en septiembre pasado) pero que sigue volviendo a los escenarios con su mito intacto y hasta acrecentado.

Hoy inaugura en Madrid (Patio Central del Conde Duque) la programación musical del festival Veranos de la Villa y el martes se presenta en el festival Grec de Barcelona (anfiteatro), con un concierto centrado en su último disco, Oh, pardon tu dormais..., el primero en 12 años con material nuevo. Jane Mallory Birkin (con ese segundo apellido no es raro que haya llegado tan alto) atiende a El País por teléfono y es difícil no tragar saliva al escuchar la voz anonadado al mundo y hemos hecho el trayecto juntos cantando y gimiendo junto a Gainsbourg el Je t'aime... moi non plus, el temazo que resultaba tan embarazoso en las pistas de baile.

La última vez que participó en el Grec, en 2003, fue aquel espectáculo de canciones de Gainsbourg interpretadas con aires arabizantes y cíngaros, había un momento en  que salía n traje rojo maravilloso. "Arabesque, ¿te acuerdas?, el show era una producción de mi amiga Gabrielle Crawford conla que hicimos también un libro fotográfico Attachements, con prólogo de mi amigo Olivier Rolin. Este concierto es distinto, el disco es también más pop-rock, está basado en textos míos de una obra de teatro que escribí y representé hace muchos años sobre una mujer que no puede dormir y despierta al hombre a su lado para hablar con él. Mi amigo el cantautor y productor Etienne Daho me convenció para convertir los textos en canciones, que luego han tomado direcciones distintas, hacia tas más personales y hemos hecho el trayecto juntos, incorporando también a Jean-LouisPierot", cuenta.

Hay algo de banda sonora de su vida, un poso que parece muy íntimo, con algunas canciones perturbadoras como Cigarettes, con referencias al suicidio en 2013 de kate, su hija con el famso compositor John Barry, o Les jeux interdits, con esas niñas que juegan en un cementerio y entierran animalillos muertos y muñecas. Ausencias, tristezas, rupturas sentimentales, el tiempo que pasa, también la búsqueda de un bálsamo para las heridas. Jane Birkin, se entristece al otro lado de la línea y habla susurrante de la muerte de su padre, "mi querido papá". David Birkin, al que perdió, recuerda, el 8 de marzo de 1991, pocos días después de la muerte del otro hombre más importante de su vida, Serge Gainsbourg, el 2 de marzo...  

¿Piensa en Serge Gainsbourg? "Siempre", responde sin dudar un momento. "Es el mayor escritor francés de su época. A la altura de Apollinaire y Baudelaire. Con muchos parecidos con Boris Vian. Todos los que han venido después han estado influidos por él. Era un hombre extraordinario. Y muy divertido. Tuve mucha suerte con él, me lo enseñó todo". Y él con ella, que mira que era feo, con esas orejas y su lado Hyde. Gsinsbarre. "¡No,  era muy sexy! Me encataba su torpeza, su timidez, su vulnerabilidad, su humor y su inteligencia". Juntos tuvieron a Charlotte Gainsbourg.,,

El Je t'aime no lo canta en conciertos,  ¿lo canta en la ducha? "¿Cómo dices?". En la intimidad, es decir. Jane Birkin vacila, entre divertida y sorprendida.  "Lo del Je t'aime me queda muy lejos también. Fue una canción que provocó muchas reacciones, el Papa y la BBC la prohibieron, nunca pensamos que fuera a convertirse en un himno a la libertad"...

Jacinto Antón. Barcelona. El País, domingo 17 de julio de 2022

jueves, 25 de agosto de 2022

Inolvidable Mouchette

A Georges Bernanos lo incluyó Charles Moeller en el primer volumen de su magna obra Literatura del siglo XX y cristianismo, titulado "El silencio de Dios". Pertenece al influyente grupo de escritores católicos europeos (Graham Greene, Julien Green, François Mauriac) que publicó sus obras desde el primer tercio del siglo XX. En un tiempo de cambios profundos (dos guerras mundiales, el hundimiento del ancien régime, la eclosión del existencialismo) se plantearon el problema de la lucha entre el bien y el mal en relación con la fe católica en una época en la que el sonoro vacío del silencio de Dios se convirtió en un problema que afectaba a la conciencia de los creyentes.

Mouchette la llevó al cine un maestro, Robert Bresson, en un filme ya mítico para los estudiosos del séptimo arte. Mouchette es una adolescente de 14 años cuyo padre era un borracho lamentable, y la madre, una mujer sumisa y enferma, el hogar, si se le puede llamar así es un lugar de miseria y brutalidad. Ella es una joven huraña, arisca y orgullosa, detestada por sus vecinos del pueblo, sus compañeros de estudios y la propia maestra a causa de su carácter. Vive encerrada en su propia soledad, sin afecto, recelosa siempre de los demás, soñando con la libertad. En suma, un ser medio salvaje, ajena a toda clase de ternura, a la que la falta de afecto y el desamparo la abocan a una vida en la que no cabe ya ni la inocencia original.

"La casa de Mouchette está apartada de la de los demás, perdida en el bosque, a orillas de una charca putrefacta. Los muros de adobe, castigados por las heladas, ceden por todas partes. La estructura de vigas, robadas de aquí y de allá, se está viniendo abajo. El padre, con los primeros fríos, se limitaba a rellenar los agujeros con paja ", escribe Bernanos. Un día en que sale de la escuela y toma un camino inhabitual se interna en el bosque bajo una severa tormenta. A punto de perderse, la encuentra Arséne, un furtivo por el que siente una mezcla de admiración y de cariño, que la recoge, la lleva a su cabaña y luego abusa de ella.

En medio de la tormenta, escucha disparos y una pelea y descubre al guardabosque ensangrentado e inconsciente, golpeado por uno de los cepos del furtivo que huye campo a través. Ella consigue volver a casa, donde su madre agoniza, junto a un bebé abandonado a su suerte, su hermano, al que ella trata de alimentar y cuyo llanto es un berrido animal que la aturde. Esa noche, en mitad de la tormenta, la madre muere. Entonces asoma en la chica un deseo de rompimiento, de revuelta. Piensa en buscar otra vida, escapar a Bélgica, pero el sufrimiento de Mouchette es también la incapacidad de comprenderse y carece de cualquier punto de referencia que le permita entender la realidad. Solo la plañidera que acompaña el cadáver materno muestra compasión por la joven, "una de esas plantas de aspecto frágil que uno no puede arrancar sin llevarse junto con las raíces el puñado de tierra que las alimenta".

El relato es de un realismo brutal, preciso y desgarrador. Bernanos escribe horrorizado ante la desgracia y la miseria de todas esas almas, escribe casi desesperado, como un creyente que se dirige a Dios para exigirle que responda de su silencio ante vidas deshechas como esta, pero solo el silencio le responde. Bernanos pone negro sobre blanco la lucha entre su conciencia y su fe en una nouvelle inolvidable.

José María Guelbenzu. El País. Babelia, sábado 30 de julio de 2022.

miércoles, 24 de agosto de 2022

Efecto inesperado del Xacobeo: menos peregrinos desde Francia

Sarria marca un antes y un después en el Camino Francés. Una frontera entre las mareas de peregrinos que inundan los últimos 100 kilómetros de la ruta -el mínimo para conseguir la compostela- y la sequía de caminantes que optan por itinerarios más largos. Según las estimaciones de la Asociación Galega de Albergues Privados (Agalber) el nivel de ocupación de las etapas anteriores a ese municipio lucense ha bajado respecto a antes de la pandemia, Consecuencia del "efecto Xacobeo", explica el presidente de la plataforma, Ángel Trabada, Una situación que, como cada Año Santo, también perciben en los alojamientos públicos del Camino de Fisterra y Muxía, que no llegan a cubrir sus plazas.

"Es una tendencia que ya vimos en los últimos años santos, Los peregrinos que hacen caminos de larga duración no vienen si es año Xacobeo. Pero se revertirá porque ya hay reservas para el 2023", cuenta Trabada. Además de presidir Agalber, regenta un albergue en Fonfría, antes de la frontera simbólica de la ruta, "La situación es muy diferente a partir de Sarria", añade.

En julio hicieron el Camino Francés 34.839 personas, Más de veinte mil (seis de cada diez) optaron por salir de Sarria. Tan solo 3.391 lo hicieron desde Saint-Jean Pied de Port, y menos de mil desde Roncesvalles. Solo uno de cada diez peregrinos se decantó por rutas largas. En el mismo mes de 2019, de los 27. 802 romeros que hicieron este itinerario, la mitad (34.356) arrancaron en la localidad lucense, pero los que partieron del municipio francés (3950) y del navarro (673) sumaban un 15%.

Esta tendencia afecta también al Camino de Fisterra y Muxía. El itinerario iguala al Francés desde Sarria en distancia -entre 113 y 117 kilómetros en función de la variante elegida-, por lo que es poco habitual que quienes caminan en pos de la compostela decidan ir hasta el fin del mundo. Los peregrinos que sueñan con ver el atardecer en la Costa da Morte suelen ser los que optan por trayectos largos. Allí, este verano no llegan a cubrir las plazas de los alojamientos públicos. Desde el albergue de Olveira cuentan que tras un mes de julio con muy poca ocupación", en agosto ronda el 70%. "Cuando es Año Santo hay menos peregrinos, admite su responsable, que lo ha podido comprobar de primera mano en las dos décadas que lleva al frente...

Ángel Trabada apunta que los albergues privados del resto de itinerarios registran niveles de ocupación similares a los de antes de la pandemia, según las estimaciones de Agalber. Tan solo el Camino Inglés presenta un aumento significativo. De hecho, a lo lo largo del verano ha aumentado su oferta con la apertura de nuevos alojamientos.

Al tratarse de rutas de menor distancia y popularidad que la de Sarria, no hay grandes cambios de afluencia entre etapas. Solo se dan pequeñas variaciones en el Camino Portugués, pero "es algo más regular que el francés",

Rebeca Cordobés. La Voz de Galicia, lunes 22 de agosto de 2022. 

martes, 23 de agosto de 2022

Poesía manual y ancestral

De su colaboración con Louis Vuitton: la 
 envolvente silla Bulbo. (Lela Beltrâo)

Humberto y Fernando Campana diseñan mobiliario, esculturas y escenografía. La obra de los dos brasileños está en el MoMA y el Pompidou. Ahora han colaborado con Louis Vuitton. Si la pequeña ciudad en la que crecieron los hermanos Campana no hubiera tenido un cine, las vidas de estos dos brasileños de renombre internacional serían otras y radicalmente distintas. Quizá se ganarían la vida con el derecho y la contabilidad. Y la butaca Vermelha  o el sillón Favela no existirían. Pero la películas se convirtieron en el antídoto contra el aburrimiento en Brotas, una ciudad rural, pequeña y conservadora a 250 kilómetros de Sao Paulo. A través de la pantalla grande y en sesiones matinales o nocturnas, universos lejanos se asomaban a sus vidas, ya fuera el neorrealismo italiano, Kubrick, Polanksi o los filmes brasileños. Aquella sala que de milagro aún existe era una ventana al mundo.

Cuentan los hermanos en su estudio en Sao Paulo, que crecer en un ambiente tan tedioso les obligó a buscar vías de evasión desde críos. Empezaron así a construirse, literalmente, sus propios mundos y a sentar las bases de su carrera en el diseño que Humberto, de 69 años, y Fernando, de 61, comenzaron a forjar hace décadas. "Éramos las ovejas negras y nos convertimos en el orgullo de la familia", exclama el menor de ellos.

 Tienen piezas expuestas en el MoMA, el Pompidou o en el Vitra. Han trabajado con Alessi, diseñado tiendas para Camper y una de sus colaboraciones más recientes es con Louis Vuitton, para la que han creado varias piezas exclusivas. Paradójicamente, en su Brasil natal se hicieron conocidos lejos de los círculos más privilegiados. Fue gracias a una colaboración con Melissa, una marca de sandalias de plástico, todo un must  en climas tropicales...

Sus obras combinan estética y funcionalidad. Pero confiesan que a la hora de crear empiezan por la primera. "La estética siempre viene la primera. Como suelo decir, la poesía es breve, y la matemática, formulada. Entonces llega a la función y ahí vamos perfeccionándolo. A veces empezamos creando un objeto para ser una silla, pero probablemente tiene una función mejor como estante o librería". Entres sus inspiraciones, el tropicalismo y tres compatriotas: Oscar Niemeyer, el arquitecto que ideó y logró construir Brasilia; el paisajista Burle Marx y la arquitecta nacida en Italia, Lina Bo Bardi, homenajeada en la última Bienal de Venecia. "Yo solía decir: Quiero ser como ella, quiero tener esa mirada extranjera sobre mi cultura, sobre mi país", cuenta Humberto.

Fue la fantasía, la poesía, la estética, lo que atrajo a Louis Vuitton e hizo que germinara su colaboración con esta marca global del lujo, explica. "Trabajar con ellos es un gran aprendizaje, es como un juego de vóley. Nosotros les damos el concepto, el equipo nos lo devuelve siempre mejorado y así vas aprendiendo. Creo que trabajar con Louis Vuitton ha sido para mí una especie de máster. Proyectar cada detalle, una simple cremallera, son discusiones y discusiones vía Zoom", afirma el mayor de los hermanos Campana.

Para Louis Vuitton han creado varias piezas de la colección Objets Nomades: el delicado sofá Bomboca -inspirado en un dulce brasileño-. que combina cuero y terciopelo en dos tonos que en la versión roja recuerda a aquel de los labios diseñado por Salvador Dalí: la envolvente silla Bulbo, inspirada en una flor tropical, una relectura del sillón balancín Cocoon. Todas piezas de edición limitada, 30 en cada color...

Najara Galarraga Gortázar. El País Semanal, 26 de junio de 2022.

lunes, 22 de agosto de 2022

Entre la vida y la muerte

De Giordano Gederlini, nacido en Chile, aunque afincado desde muy pequeño en Bélgica, conocemos su trabajo como guionista de Los miserables (Ladj Li, 2019), aunque no su estreno en pantalla grande, Samurais (2002), inédito en España. Parece sentirse muy cómodo con el thriller y lo confirma como valor a seguir por su esfuerzo en resultar diferente, sorprendiendo en varios frentes. Un fulano con un pasado oscuro -convincente De la Torre- al que asesinan a su hijoy se plantea tomarse la justicia por su mano, pasando por la policía, no es el colmo de la originalidad pero lo son sus matices. Sin abandonar ese grato aroma a serie B, conciso y sucio y en el que apenas sobran planos. También evita cantadas en plan ocurren-cosas- porque-al-guionista-le-da-gana y procura mantenerse en un carril verosímil que es muy de agradecer. Que un tipo conviva con una bala en la cabeza cuentan que no es descabellado.

Desde los primeros minutos ya intuimos que el personaje  no parece el tópico proletario mindundi, en este caso conductor de metro. Pronto sabremos que es un emigrante español, pero iremos desentrañando su identidad a medida que la trama avanza. Si en el uso de la cámara, el director en ningún momento se pone estupendo, huye de la cargante dronitis y usa una luz sin estridencias -buena parte de la historia trans curre en escenarios nocturnos-, es en algo tan común al género como las armas y las peleas donde se contiene. El cine made in Hollywood se excede en acrobacias, coreografías y tiroteos, con la coartada de garantizar espectáculo. Aquí el contacto físico es realista, uno se imagina que así es como alguien se defiende cuando siente peligrar su vida. El riesgo de spolier impide ir más allá, pero añadamos que en cuanto sabemos qué ocurre con Castañeda todo adquiere sentido.

Miguel Anxo Fernández. La Voz de Galicia, viernes 15 de julio de 2022.