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Pierre Lemaitre. (foto: Toni Mateu) |
Cuando ya era un autor consagrado y su nombre empezaba a sonar internacionalmente, Lemaitre demostró su valentía con un peculiar gesto. Decidió publicar la primera novela que había escrito. Habían pasado años y cuando la releyó, meticuloso y casi obsesivo con sus textos, decidió no tocar nada. Publicarla tal cual. Con sus imperfecciones, con sus defectos de principiante, con todas sus taras. Probablemente quien lea La gran serpiente ni lo note, pero él quiso que quedase constancia de que no había cambiado nada. Esa obra había estado años guardada en un cajón, porque después de estudiar psicología, Lemaitre creó una empresa de formación y se pasó buena parte de su vida dando clases de Literatura. El éxito como escritor y los grandes premios le llegaron ya rondando los 60 años. Primero con Irene (2006), el punto de partida de la serie del inspector Verhoeven, y años después, en el 2013, cambiando los crímenes por la guerra, sorprendió al mundo con Nos vemos allí arriba. Fue un punto de inflexión en su carrera y, aunque en ese momento todavía no lo sabía, fue la primera pieza de un puzle para narrar de una forma subjetiva el siglo XX.
Un libro por década para plasmar los ángulos muertos de la historia. Un futuro prometedor, la novela que acaba de publicar en castellano, es la sexta entrega de la serie. Tras El ancho mundo y El silencio y la Cólera es la tercera obra en la que el lector acompaña a la familia Pelletier en sus andanzas profesionales, familiares y en sus viajes por el mundo, Beirut, Saigón, París, la presa que enterró bajo el agua el pueblo de Chevrigny y, ahora Praga. Una visita de empresarios franceses a la capital de Checoslovaquia es el punto de partida para que el escritor pueda adentrarse en el arranque de la Guerra Fría y recrearse con tramas de espionaje, topos y el miedo a las armas nucleares. Un homenaje a la literatura de John le Carré, sin abandonar la esencia del proyecto, dignificar el folletín decimonónico. Lemaitre se ha puesto a contar la historia de un modo ameno y mezclando eventos históricos con puntadas de denuncia social sobre los efectos de la colonización, el aborto, los derechos laborales, los orígenes del cambio climático, la deslocalización o ese miedo social a un progreso imparable. Cada miembro de la familia aporta un ángulo en esta historia coral: Jean, la parte empresarial, Hélène los avances de la mujer, François, la evolución del periodismo y la irrupción de la televisión, y los padres, esa generación que sobrevivió a las grandes guerras, son los emigrantes que vuelven a casa tras hacerse de oro en el Líbano. En la última novela asoma una nueva estirpe, con los primeros traumas de Colette y las dificultades de Philippe. La cara B la aporta el personaje de Geneviève, esa mujer cargante entregada al horóscopo que si la saga continuase más allá del siglo XX acabaría en uno de los complejos de lujo de la serie The White Lotus.
A su proyecto histórico de ambición desmesurada, lo dice él mismo, le quedan tres entregas. Ya tiene escrito el séptimo, aunque todavía no tiene título oficial. Después, con todo el siglo XX narrado a su manera, podrá volver a pensar en su "primer amor". Sí, se refiere a la novela negra. En la rueda de prensa telemática para presentar Un futuro prometedor dejó claro que quiere pegarse unas vacaciones tras el empacho de documentación e historia y poner otra vez en marcha la maquinaria más sanguinaria de su creatividad. En realidad, nunca la ha abandonado. Que se lo pregunten a Jean.
David Suárez. La Voz de Galicia, viernes 11 de abril de 2025.
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