martes, 3 de abril de 2018

El Louvre resume en Teherán su historia en 56 obras

En una iniciativa inédita de diplomacia cultural, el Louvre inauguró el 6 de marzo en el Museo Nacional de Irán una exposición  con medio centenar de obras de sus fondos. La muestra titulada El Louvre en Teherán. Tesoros de las colecciones nacionales francesas, reúne piezas creadas en Asia, África y, sobre todo, en Europa. "Es la primera vez que los iraníes tenemos la oportunidad de visitar la colección de obras maestras de las civilizaciones de Asia, Europa y África en un mismo museo", declaró en la apertura Jebrael Nokandeh, director del museo iraní. La muestra responde a un acuerdo entre el Louvre y el museo de Teherán alcanzado en 2016, durante un viaje a Francia del presidente iraní, Hasan Rohaní. Y constituye un hito porque los amantes iraníes de la historia y el arte no han podido disfrutar de este tipo de muestras debido al aislamiento al que fue sometida la República islámica por su programa nuclear, medida levantada hace dos años tras la firma del acuerdo con las grandes potencias.
Un total de 56 piezas de Mesopotamia, Grecia, Roma, la civilización hitita y el arte clásico europeo han viajado desde Francia con financiación del grupo Renault y de la Fundación Total que tienen intereses económicos en el país. Solo hay dos piezas iraníes porque "el objetivo principal era exhibir objetos de otras culturas", explicó Nokandeh. El director sugirió la posibilidad de organizar "una exposición enfocada en los objetos hallados en Irán dispersos por museos del mundo, y en concreto, en el Louvre". Entre las obras expuestas, son originarias de Irán un hacha de bronce de la cultura elamita de 1.300 años antes de Cristo hallada en Chogha Zanbil, en la provincia Juzestán, durante las excavaciones arqueológicas de un equipo francés, y un estandarte del segundo milenio antes de Cristo que pertenece al arte de bronce de Luristán.
La exposición se divide en seis etapas que van ilustrando la formación de la colección del Louvre a partir de su creación en 1793, tituladas El museo vivo, El sueño de la globalización, que recuerda el nacimiento del museo parisiense; Piezas asirias y el redescubrimiento de las civilizaciones orientales, Champollion y la apertura de la sala de Egipto, El redescubrimiento de las artes medievales y las civilizaciones islámicas y Los cuadros de Abbas Kiarostami. Este último apartado reúne 18 fotografías que el cineasta iraní realizó de las obras y espacios del museo francés....La selección permanecerá abierta hasta el 8 de junio. En paralelo, la sucursal del Louvre en Lens (Francia) ofrece una muestra de obras maestras de arte persa del siglo XIX y en su sede de Abu Dabi despliega 150 obras sobre sus orígenes.
Alí Falahi. Teherán. El País, miércoles 7 de marzo de 2018 

lunes, 2 de abril de 2018

La disculpa imposible

Fotograma de El insulto
No pocas veces las vidas se hunden por una nimiedad. Un pequeño accidente, una discusión absurda, una casualidad, un malentendido. Un golpe del destino que por culpa de nuestro orgullo, y de un equivocado planteamiento hacia el fácil arreglo, va degenerando en grave problema, más complicado de erradicar, que revela prejuicios, traumas interiores o resentimiento del pasado. El insignificante chispazo de El insulto, interesantísima parábola política y social de Ziad Doueiri, reciente candidata al Oscar a la mejor película de habla extranjera, lo produce el canalón de una casa. Uno de esos conflictos vecinales donde el absurdo cotidiano puede llevar a la perdición. Un chorro de agua mal encauzado desde el balcón de la casa de un cristiano libanés, que acaba cayendo sobre el capataz de una obra, y palestino. Un cuento de horror histórico y religioso, una tragedia familiar, un drama judicial que, desde lo más pequeño alcanza lo más grande. Y, como toda fábula, con una enseñanza moral: la disculpa es una muestra de decencia y no un motivo de debilidad.
Expuesta de un modo sencillo y explícito, y partiendo del ámbito social, la película de Doueiri adquiere, sin embargo, una enorme trascendencia en múltiples vertientes. En la política, con cargos electos que solo se implican en los problemas reales de la gente cuando no hay temor de mancharse. En la histórica del conflicto entre palestinos e israelíes, y su influencia en países vecinos, como Líbano, con una frase insultante como detonante -"Ojalá Ariel Sharon hubiera acabado con todos los palestinos " -, y varias tragedias detrás: del Septiembre Negro jordano, en aquel mes de 1970, a la masacre de Damour, durante la guerra civil libanesa, en enero de 1976. En la judicial con algo tan actual y tan universal -también aquí, en España- como el delito de odio, su necesidad, y también su peligro: "Qué será lo próximo, penar los pensamientos, castigar los sueños?". E incluso en una vertiente perteneciente a la filosofía del derecho: la violencia como hecho natural, o como hecho histórico. 
Doueiri, más allá de su evidente humanismo y de su voluntad regenerado, deja que sea el espectador, el que, en su vaivén emocional, acabe siendo juez. El árbitro de las pequeñas grandes tragedias de nuestra existencia.
Javier Ocaña. El País, viernes 16 de marzo de 2018

domingo, 1 de abril de 2018

Cuando Francia espera...

Hace 50 años Le Monde publicó en portada un artículo titulado "Cuando Francia se aburre..." Unas semanas después  estallaba Mayo de 68. La actual Francia de Macron guarda algunos paralelismos. Sólo los mejores periodistas son capaces de diagnosticar en 996 palabras -12 párrafos, 6.180 caracteres- el estado de ánimo de un país. Solo los mejores poseen la rara capacidad de percepción, el sensor para captar las corrientes profundas que acaban definiendo un momento de la historia. Y solo los mejores, como los grandes clásicos de la literatura, dan pie a las interpretaciones más variadas, hasta el punto de que sus textos, leídos con perspectiva, pueden significar una cosa y todo lo contrario. El artículo en cuestión fue el diagnóstico más afinado  de la Francia prerrevolucionaria del invierno de 1968, o uno de los errores de análisis más descomunales de la historia del periodismo. 
 "Cuando Francia se aburre..." es el título del texto que Pierre Viansson-Ponté, periodista experimentado de Le Monde, publicó en la portada del vespertino parisiense en la edición fechada el 15 de marzo de 1968. El artículo era una muestra del periodismo francés más clásico: informaba sin abrumar con datos; interpretaba sin opinar; era claro, y a la vez con un estilo refinado. Viansson-Ponté describía una Francia sumida en el letargo y el tedio, una especie de fin de la historia antes de que Francis Fukuyama popularizase el término. Un país próspero, sin guerras, sin tensiones políticas, sin conflictos sociales. El paraíso, o el infierno. 
Seis semanas después de publicarse el artículo, estalló Mayo del 68, revuelta primero estudiantil, después obrera, finalmente una crisis política que puso la V República al borde del abismo. La sociedad conformista y melancólica que retrataba Viansson-Ponté, la Francia que se aburría mortalmente, organizó de repente una desenfrenada kermés revolucionaria -la antítesis del aburrimiento- que concentraría en unas semanas, todas las aspiraciones y sueños de una parte de la juventud occidental del momento, y contribuiría a poner en marcha muchas de las transformaciones sociales -desde la igualdad de géneros hasta la cultura del yo y del individualismo- que definen el mundo en que hoy vivimos.
Podría parecer que, 50 años después,  Francia vuelve a aburrirse. Tiene un gobierno fuerte, como el de 1968, sin oposición, y con un presidente seguro de sí mismo, casi monárquico. Solo esta semana, 10 meses después de que Emmanuel Macron ganase las elecciones, empieza poco a poco  a ser visible el descontento con sus reformas. Pero los problemas existenciales que angustiaban a los franceses hasta hace unos meses - la fractura social, las divisiones étnicas y los guetos yihadistas, un pesimismo endémico y un declive inexorable- parecen cosa del pasado. Las alertas antiterroristas siguen activas desde el verano  de 2016, la economía crece, el paro baja, el presidente es admirado en el mundo. 
¿Francia se aburre? No, respondía hace unos días Frédéric Dabi, director general del Instituto Demoscópico Ifop. "Francia espera...", añadió. Este, dijo, sería hoy un título más adecuado para el artíclo de Viansson-Ponté. O mejor: Francia está la espera...¿De qué? De lo que ocurra con las reformas de Macron. De que la economía siga creciendo y el paro bajando. De que se cierre la brecha entre la Francia de arriba y la Francia de abajo, entre la Francia de las ciudades y la Francia periférica....
Marc Bassets. El País, domingo 25 de marzo de 2018  

sábado, 31 de marzo de 2018

Fábulas del Loira: Orleans

FRAC de Orleans
Resulta que la arteria principal que hace latir el corazón de Francia se llama Loira. El río más largo del país lo atraviesa de parte a parte, como una flecha estadística al alza, a contrapelo, desde el Macizo Central hasta el Atlántico. Baña cinco regiones, 12 departamentos y da apellido a un montón de poblaciones. Su tramo central -digamos de Orleans a Tours, "el jardín de Francia"- es un exquisito concentrado del propio país, de su paisaje, de sus frutos y sabores, de su historia, de sus mentes preclaras. Muchos tópicos de la douce France se reúnen allí en estado puro. Colinas suaves, cielos impresionistas, bosques espesos, pura armonía de un río tranquilo y caudaloso con feudatarios que se le parecen. Se etiqueta a ese tramo central como Valle del Loira, pero está claro que es una marca, ningún valle normalito mide 400 y pico kilómetros de largo. Otro título enfático que le endosan, de resonancias faraónicas, es el de Valle de los Reyes. Fueron muchos los monarcas que se encapricharon de ese corredor privilegiado, de su caza, de sus vinos y art de vivre, sembrando las riberas del río y afluentes de mansiones y castillos. La asociación Châteaux de la Loire, creada hace 10 años, agrupa a los 80 principales, pero, así a  bulto podrían ser el doble. 
No sólo guisaron aquí el devenir del país reyes y reinas a granel, también habitaron sus palacios artistas y escritores: Leonardo da Vinci, Ronsard, Molière, Balzac...o figuras tan cruciales como Juana de Arco o el cardenal Richelieu. Con todo lo cual estaba cantado que la Unesco acabaría incluyendo al Valle del Loira en su lista de patrimonio mundial, cosa que ocurrió hace un par de décadas. Recientemente, y con buen criterio (a juzgar por los resultados), las autoridades han decidido rescatar las sombras del pasado con una renovación de armario, por así decirlo: vestir a los duendes de los castillos con modelos de Dior o Yves Saint-Laurent. ¿Cómo? convirtiendo muchos de ellos en centros de arte y derrochando vanguardia en las ciudades que los arropan. Buen ejemplo de ello es Orleans, donde empezamos esta ruta para seguirle la corriente al río.
Esa urbe brilla con letras de oro en la historia de Francia gracias a la doncella de Orleans, Juana de Arco. La Pucelle ("doncella",eso significa), atendiendo a unas voces celestiales que la impelían, liberó la ciudad del asedio de los ingleses en la primavera de 1429, durante la Guerra de los Cien Años. Por aquel entonce el Loira era frontera entre la Francia ocupada por los ingleses y la nación a punto de caramelo. El paseo fluvial y los muelles donde atracan veleros turísticos siguen pareciendo hoy una estampa miniada de la época, o un óleo de Sisley. Juana de Arco sale a relucir en todas partes. En la catedral gótica, 10 vidrieras narran su epopeya, y desde 1926, un lustro después de que la canonizaran, cuenta con una capilla y una imagen triunfal que se repite en muchas iglesias de Francia. Por supuesto,  está la casa medieval que la albergó, hoy museo y su estatua ecuestre preside la céntrica  Plaza du Martroi. También lleva su nombre la calle principal, que recorren tranvías del futuro sin ruido y sin cables. Aunque de origen romano, Orleans es una ciudad renacentista, el casco antiguo es uno de los mejores conservados del país. Las casas de entramado y colores vivos se alternan con mansiones de piedra y de ladrillo combinado, algo muy de la región y uno de cuyos más ampulosos ejemplos es el Hôtel Groslot. Pero Orleans, como empachada de tanta púrpura, apuesta por la vanguardia en muchos de sus edificios municipales, como la biblioteca, la universidad, la estación de tren. Y sobre todo, en su FRAC Centre-Val de Loire. 
Los FRAC son un invento notable, fruto de la política de descentralización francesa que se inició en la década de 1980. Se trataba de crear centros regionales que aglutinasen las sinergias culturales en las distintas áreas del país. Este FRAC de Orleans, con un singular edificio en forma de tentáculos o chimeneas de cristal ( obra del estudio  Jakob + MacFarlane), optó por asociar el arte contemporáneo  y la arquitectura experimental posterior a los años cincuenta. Fruto de ese enfoque es la I Bienal de Arquitectura de Orleans que abrió sus puertas el pasado otoño y se prolongará hasta este domingo...
Carlos Pascual. El Viajero. El País, viernes 30 de marzo de 2018

viernes, 30 de marzo de 2018

La armonía de un cuarteto y su intrincada convivencia

4 de Daniel Kutschinski 
En su primera actuación en el Auditorio Nacional de Madrid, en octubre de 2010, El cuarteto Ébène tocó obras de Haydn, Beethoven y Schubert (el famoso cuarteto La muerte y la doncella ). Hasta ahí, todo normal. Sin embargo, al final del concierto, como los aplausos arreciaban, hicieron algo inusual: sus cuatro miembros cantaron en francés, a capela, Some Day  my Prince Will Come, la clásica canción de Blan-canieves de Walt Disney. Y acabaron improvisando instrumentalmente sobre la melodía de Frank Churchill con inequívocos dejos jazzísticos. Dejaron claro que no eran un cuarteto al uso, y siguen sin serlo.
El realizador alemán Daniel Kutschinski filmó al grupo durante una gira por Italia (Perugia, Bolzano, Siena, Florencia) y el resultado es 4, que recibió el premio al mejor documental del Festival de Los Ángeles en 2015 y se estrena hoy en España, en Cineteca Madrid. Su propuesta no tiene nada que ver con el enfoque mucho más hagiográfico adoptado por Allan Miller en High Fidelity (1989) sobre el cuarteto Guarneri....A Kutschinski no le interesa la perfección que es capaz de lograr el cuarteto, sino sus inseguridades; rehuye sus certidumbres para concentrarse en sus dudas, que quedan de manifiesto en las diversas ráfagas intercaladas de la clase en que Eberhard Feltz les enseña a comprender y habitar el Cuarteto número 4 de Bartók; quiere reflejar no tanto la armonía que se sobrentiende entre sus miembros, sino sus brotes de discrepancia, y son muy significativas en este sentido las desavenencias entre ellos a fin de adoptar un tempo del agrado de todos en el arranque del Cuarteto K 465 (conocido como De las disonancias) de Mozart, casi el hilo conductor en el tramo conclusivo del documental. El acuerdo parece imposible, pero a renglón seguido oímos una maravillosa interpretación de la introducción  (última escena) y el comienzo del Allegro (títulos de crédito) cuya fuerza se ve redoblada justamente por las disensiones de que acabamos de ser testigos y porque Kutschinski, como hace con enorme astucia en otros momentos, opera un expresivo y eficacísimo divorcio entre lo que se ve y lo que se oye...
En 4 los vemos ensayar, comer, viajar, dormir, beber, practicar sus rituales previos y posteriores al concierto, discutir, cantar, criticarse, bromear, autoflagelarse, mostrar aquello que nunca se vió en un escenario. Daniel Kutschinski ha conseguido ser veraz en un ámbito proclive a la mitificación, la falsedad y la lisonja. Y hasta el Domingo de Pascua la Cineteca ha programado cinco pases más de este insólito y extraordinario documental. Pierre Colombet, Gabriel Le Magadure, Mathieu Herzog, Y Raphaël Merlin  tienen nombres angélicos y apostólicos, pero no son ningunos santos sino tan reales, neuróticos y faibles como nosotros.
Luis Gago. Madrid. El País, jueves 29 de marzo de 2018

jueves, 29 de marzo de 2018

Pierre Assouline en Madrid

Pierre Assouline
En Francia, la patria de los intelectuales -como él mismo afirma-, Pierre Assouline (Casablanca,1953), ostenta una posición destacada como crítico literario y autor de soberbias biografías sobre Simenon, Hergé, Gallimard y Cartier-Bresson, entre otros. Un escritor de biografías, dice, no es tanto un biógrafo como "un escritor de vidas", y ahora ha decidido escribir la suya en un libro sui generis recién editado en su país. Retorno a Sefarad. Sin título aún en español, la obra profundiza en los orígenes sefardíes de Assouline, que los mezcla con poemas o reflexiones y con el fruto de sus visitas a diversos pueblos españoles como Castrillo Mota de Judíos (en su tiempo Matajudíos). El resultado es una especie de "cocido literario", afirma solo medio en broma (y en el medio-español medio-francés de toda la entrevista), que no hay que temer llamar novela. "El género literario de hoy es el cocido. Vivimos en un mundo global, sin fronteras, y la literatura forma parte de ello. El relato y la historia, la ficción y la no ficción se confunden; por eso el protagonista de Sefarad soy yo, abiertamente, declara. Esta libertad es consecuencia de varios factores: "En primer lugar de libros como A sangre fría, a los de Emmanuel Carrère o a El impostor, de Javier Cercas. Estas obras resumen mi ideal de síntesis entre periodismo, historia y literatura. Y, claro, esto sólo puedo hacerlo a mis años... Primero fui reportero, luego biógrafo, más tarde novelista...Ahora me siento enteramente libre". Si retrocede aún más , Assouline se siente en deuda con otros dos escritores. Cervantes para empezar y para terminar:"Para mí es hoy, en 2018, el escritor más vanguardista: cuanto más lo leo, más libertad siento que me da". El otro es Carlos Fuentes. "Una vez le conté lo que estaba haciendo (su libro Vies de Job ) y me dijo: Llámalo novela: así cuentas lo que te de la gana sin que nadie pueda decirte nada. Creo, como Fuentes que la novela es el lugar por excelencia de la libertad del espíritu"....
P. Unamuno. Madrid. El Mundo. Papel, martes 27 de marzo de 2018

miércoles, 28 de marzo de 2018

La Torre Eiffel se hace un "lifting"


Una vez más la torre se someterá a una nueva restauración.
Pintor de la torre Eiffel. 1953.  Foto de Marc Riboud
La Torre Eiffel se prepara para darse un baño de juventud. A partir del otoño, el monumento parisiense será objeto de una nueva campaña de restauración, la más extensa que haya vivido en sus casi 130 años de historia. Su construcción obra del ingeniero Gustave Eiffel que se inauguró en la Exposición Universal de 1889, duró poco más de dos años. El proceso de renovación que comenzará en octubre debería prolongarse durante casi cinco, con un coste estimado en cuarenta millones de euros. La rehabilitación de la torre tiene un doble objetivo: aplicar 60 toneladas de pintura a su superficie, parcialmente oxidada y con un riesgo de torsión a medio plazo, y proteger su perímetro ante la amenaza terrorista. "Vamos a hacer entrar el lugar en el siglo XXI", expresó a finales de enero Anne Yannic, directora general de la SETE, la sociedad pública que gestiona el monumento de pago más concurrido del mundo, que en 2017 recibió a 6,2 millones de visitantes. 
Repintar la superficie de hierro pudelado de la torre es una condición imprescindible para garantizar su supervivencia, ya que protege la estructura del monumento de la oxidación, la contaminación y los efectos del sol y del viento. "La pintura es el elemento esencial de una obra metálica y los cuidados que se le aportan son la única garantía para su durabilidad", dejó escrito Eiffel, a modo de advertencia para las generaciones futuras. Desde 1889, la torre ha sido pintada en 19 ocasiones; una vez cada siete años de promedio. Pero, a base de superponer capas de acrílico, el grosor de su superficie ya supera los 3 milímetros, con una masa acumulada de unas 350 toneladas, sobre las 10.000 que pesa el monumento. 
Esta restauración inminente empezará con un decapado de los viejos estratos de pintura en un 10% de su superficie, para evitar que la masa total de la torre siga aumentando, lo que podría a provocar el torcimiento de algunas piezas..."Es una operación compleja, pero absolutamente necesaria. No es una cuestión de estética ni de simbolismo, sino de perennidad de la estructura mecánica de la torre", sostiene el arquitecto Bertrand Lemoine, autor de Gustave Eiffel  (Akal) y especialista en la construcción metálica... La otra gran novedad será el nuevo muro de cristal antibalas, de 3,24 metros de altura y 65 milímetros de grosor, que se instalará en la fachada norte y sur de la torre para reforzar la seguridad de su perímetro. Será inaugurado durante la fiesta nacional del 14 de julio...
Álex Vicente. París. El País, domingo 25 de marzo de 2018


martes, 27 de marzo de 2018

El alma japonesa de Van Gogh

Retrato de Père Tanguy  de Van Gogh
Las cartas remitidas por Vincent van Gogh a su hermano Theo son un documento histórico porque reflejan sus sueños, necesidades, derrotas y vuelta a empezar. También algunos descubrimientos gozosos. El japonismo es uno de ellos, y el entusiasmo con que el pintor absorbe los temas, estética y técnicas niponas está claro: "El arte japonés es algo así como los primitivos, como los griegos, como nuestros antiguos holandeses, Rembrandt, Hals...", escribe en julio de 1888. La pasión es recíproca porque el público japonés predomina en el museo del artista en Amsterdam, que presenta ahora esa relación con ayuda de los museos Nacional y Metropolitano de Arte de Tokio, y el de Arte Moderno de Sapporo.
Van Gogh y Japón, muestra 60 lienzos y dibujos del holandés y 150 de las 660 láminas orientales que coleccionó. Aunque el pintor nunca viajó allí, estudió a fondo el trazo y colorido de los grabados. Copió geishas, kimonos y abanicos hasta desarrollar lo que los expertos denominan "una mirada japonesa". "Su trabajo es tan sencillo como respirar, y pueden hacer una figura como si estuvieran abrochándose el chaleco", le dice a Theo en otra misiva. Como puede verse en la muestra en Jardín de ciruelos en Kamata (1857), de Utagawa Hiroshige, uno de los maestros del ukiyo-e, las estampas realizadas con xilografía (impresión con plancha de madera). A Van Gogh la naturaleza le parecía el único lugar habitable, pero no fue el único artista de su época seducido por Japón. En 1854, en el período Meiji, la sociedad nipona pasó del feudalismo a abrirse al mundo, y en Europa proliferaron las exposiciones de sus grabados. "Fue una revelación para los artistas europeos. Él lo idealizó e hizo suyos los motivos representados en su segunda etapa, en Arlés", dice Nienke Bakker, comisaria de la muestra.
 Es en esta etapa en la localidad francesa de Arlés sobre la que planea una de las sombras más oscuras de la vida del artista. Allí estaba cuando se cortó la oreja después de un encontronazo con el pintor Paul Gauguin. El autorretrato de 1889 que le muestra vendado se ha llevado a la exposición desde la Courtland Gallery, de Londres, no había salido del Reino Unido desde 1955. "A pesar de la herida, se retrata con una lámina japonesa detrás, señal de su esperanza en el arte", explica la experta. Cuelga junto a otro préstamo señalado. De nuevo un Autorretrato, esta vez rapado como un monje budista.
Isabel Ferrer. Amsterdam. El País, jueves 22 de marzo de 2018

lunes, 26 de marzo de 2018

La casa junto al mar

Fotograma de La casa junto al mar
Robert Guédiguian sigue siendo un irreductible. Casi 40 años después de su primera película, Último verano (1980), el director continúa a machamartillo con su espíritu revolucionario, voz de la conciencia de la clase obrera de una Francia que, en estas cuatro décadas, ha cambiado mucho. Y seguramente no hacia su lugar soñado. Sin embargo, a sus 64 años, junto a sus modos batalladores, consciente de la ruta política hacia la que se ha dirigido buena parte de su país en los últimos tiempos, Guédiguian parece expeler una cierta desesperanza. Y 2017 es una muestra de esa ambivalencia: fue uno de los productores del excelente El joven Karl Marx, didáctica de sus ideales, de sus origines, y dirigió la cautivadora La casa junto al mar, donde una sombra de abatimiento apunta a que las grandes ilusiones quizá hayan alcanzado la categoría de utopía. Una obra en la que el peso de la conciencia adquiere protagonismo y en un tiempo en el que sus personajes -encarnados por los de siempre, los maravillosos Ariane Ascaride, Gérard Meylan y Jean Pierre Darroussin- parecen casi más predispuestos para la armonía que para la contienda.
 Por supuesto que aún hay motivos para la lucha -la inmigración, los refugiados, los despidos, los desmanes inmobiliarios, la tiranía del turismo... -, pero al mismo tiempo, surge la búsqueda de una calma interior que revela una pizca de cansancio. Así, esos afanes de sosiego llegan por el camino de la bondad, lo que no deja de ser ideológico. Sobre todo porque no se trata de una bondad natural, sino de una bondad elegida, buscada y al fin, lograda. 
Con reminiscencias explícitas de El alma buena de Sezuán, de Beltor Brecht, La casa junto al mar encuentra su momento cumbre en un flashback tan emocionante como amargo, en el que el director utiliza una secuencia de ¿Quién sabe?, su tercera película de 1985, para mostrar el brío juvenil de un grupo de personajes de ficción que también eran combatientes artísticos y aún pretendían cambiar el mundo. Una época puede que irrecuperable, para sus personajes y para su cine.
J. O. El País, viernes 23 de marzo de 2018

domingo, 25 de marzo de 2018

Dos paisajes de un desvio

Iglesia de la Real Colegiata de Santa María de Roncesvalles
Alguna vez los caprichos están justificados. Se muy bien, que el viaje de regreso en autobús se hace muy largo, todos queremos llegar a casa  cuanto antes, yo la primera. Por eso parecía una extravagancia añadir al pro-grama un desvío hasta Saint-Jean-pied-de-port y Ronces-valles. Quería cerrar el viaje con dos de esos parajes que por alguna razón misteriosa me engancharon. Cuestión de tejer cabos sueltos, como siempre. Me encantaba, cuando era estu-diante, La Chanson de Roland :" Qué altos son los montes"/ " Qué profundos los valles".  Sentía compasión por el héroe vencido. Me faltaba una canción para cerrar el viaje. Y qué mejor que los sonidos lastimeros del olifante de Roland, llamando a su tío, el de la barba florida... Me empeñé, a pesar de lo poco que  le gustó al chófer semejante rodeo. Una vez más la naturaleza fue generosa y nos preparó dos imágenes de postal para el álbum de recuerdos: el valle entre montañas que va de Bayonne a Saint-Jean pied-de-port-, casi floreciendo, con sus cascadas, sus verdes claros de los prados donde pastaban diversos rebaños de ovejas que parecían posar para la postal. El caserío de Saint-Jean desde el autobús, y la sorpresa final, Roncesvalles cubierto de un manto de nieve. Mientras los chicos se desperezan con una batalla campal de bolas de nieve, tenemos tiempo para acercarnos a la iglesia de la Colegiata. Una verdadera joya del más puro estilo gótico francés. El reencuentro no me defrauda, al contrario supera el recuerdo de hace más de 20 años. Hay un juego de luces en el momento de la visita que acrecienta la magia del lugar. Y a continuación la travesía, casi de punta a punta del país, Navarra, Castilla, Galicia, nuestro Camino de Santiago hasta cerca de las 12 de la noche en que nos dejan ante el Instituto y  el viaje toca a su fin. 
Carmen Glez Teixeira

Goya en Burdeos

...y un vistazo al Hall del Grand Théâtre cerraron nuestro paseo
por el Bordeaux del XVIII.
Goya en Burdeos es el título de la película que Carlos Saura presentó en 1999 en el Festival de Cine Español de Nantes. Esa fue precisamente la actividad de nuestra última mañana en Burdeos. Nos dirigimos a la Casa de Goya, en el Cours de L'Intendance, hoy sede del Instituto Cervantes. La bibliotecaria del centro K.L. explicó a los alumnos la llegada de Goya a esta ciudad, a los 78 años, huyendo del poder absoluto de Fernando VII, donde vivirá 17 años. Durante esta etapa pintó, a pesar de la edad y el cansancio, obras importante, entre ellas la enigmática La lechera de Burdeos  En esta casa vivió sus últimos cuatro años. En la fachada del edificio hay un medallón con el rostro de artista, así como un busto en la sala de exposiciones donde los alumnos pudieron admirar una muestra de pintura contemporánea latino americana. Muy cerca y siguiendo el recuerdo de Goya en Burdeos pudimos admirar una escultura del pintor entre la Iglesia de Notre Dame y la Cour Mably. Y de allí a La Colonne des Girondins.  Ya por la tarde la subida a la Torre Pey Berland y un vistazo al Hall del Grand Théâtre cerraron nuestro paseo por el Bordeaux del XVIII. El autobús nos espera en la Esplanade des Quinconces para volver al hotel. La jornada de regreso será larga...
Carmen Glez Teixeira.

sábado, 24 de marzo de 2018

Ausencia y gratitud

Saint-Émilion
En Saint-Émilion dos alumnas me pidieron que las aconsejase en la elección de un buen vino que quería regalar una de ellas a su padre. Estábamos en la plaza de la iglesia monolítica. la misma plaza que ví en una de mis visitas a esta pequeña ciudad,  un árbol impresionante, no recuerdo su especie, su copa se abría como un enorme parasol sobre el centro de la plaza donde está instalada la terraza más grande de Saint-Emilion. Una de las veces que volví, también con alumnos, el árbol había desaparecido; "Estaba enfermo y se pudrió", fue la explicación que me dieron. El miércoles pasado sentí algo parecido a cuando alguien querido que ya no está con nosotros parece resurgir de las sombras en cada esquina de esos lugares, Bordeaux es uno de los míos,  donde fuimos felices con ellos. Alguna vez se produce el milagro de encontrar en su lugar algo o alguien que nos sirve de consuelo confirmando que la vida continua aunque la ausencia se mantenga. En Saint-Émilion hay ahora un árbol ya con bastantes años de vida reinando sobre la plaza. Pedí a mi amiga M.L. que también nos acompañó ese día que nos ayudase en la elección del vino ya que ella, como en casi todo, sabe mucho más que yo sobre vinos. Entramos en una de las muchas tiendas de vinos que se extienden por la ciudad. La alumna insistía en que yo lo probase porque para ella era muy importante que me gustase a mí. El segundo criterio a tener en cuenta era el precio, debía costar al menos cuarenta euros. Me sorprendía la insistencia sobre el precio, le advertimos que los había buenos y no tan caros. Pero fue terminante en ésto y salio con una botella de Saint-Émilion, grand cru, de un año, que ahora no puedo comprobar porque ya está en mi maleta, de las mejores cosechas de los últimos 5 años. Como soy de los que nunca sospechan que la verdad puede ser relativa, me llevé una gran sorpresa cuando en el autobús de regreso me la ofrecieron, en nombre de todo el grupo como regalo por haber preparado este viaje que nunca olvidarán... Ayer comiendo en un restaurant frente al Grand Théâtre, mi amigo J.P.D.  me mostró algunas fotos donde aparecían los dos grandes ausentes, su mujer y mi marido... Imposible retener algunas lágrimas.
Carmen Glez Teixeira

viernes, 23 de marzo de 2018

Una mañana en La Brède, con Montesquieu

Château de la Brède
Visita al Château de La Labrède propiedad de la familia Montesquieu desde la Edad Media hasta principios de este siglo cuando muere la ultima del linaje sin dejar descendencia. Jacqueline de Chabannes legó sus pertenencias a una fundación que lleva su nombre que se dedica a su cuidado y mantenimiento así como a la difusión de la obra  de Montesquieu. En este castillo nació, vivió y escribió el gran filósofo y escritor, sobre todo en verano ya que también pasaba largas estancias en París. Muchos de los lectores de este blog conocen esta faceta del autor de L'esprit de lois, una obra fundamental del siglo XVIII en la que se asientan principios de las democracias modernas. O Les lettres persanes que leíamos en aquel bachillerato de hace tantos años. Pero quizá no sepan, como me pasó a mi, que fue un gran propietario de viñedos y de otras tierras. Que aumentó su patrimonio con su matrimonio con una mujer también rica. Fue una administradora extraordinaria, una mujer de mano de hierro para los negocios, temida y odiada por los otros propietarios que no aceptaban su papel de "hombre de negocios" en aquella época. Otra faceta del escritor es la de un gran viajero que hizo un largo viaje por Europa durante cuatro años para observar los gobiernos más adelantados de las democracias europeas. La guía del château fue desgranando este relato al tiempo que nos enseñaba las estancias: las sala de las columnas, el salón, el bureau de su hija Denise que le ayudó en la escritura de sus obras ya que padecía una enfermedad importante de la vista. La habitación del escritor en la planta baja con su ventana mirando al jardín donde pasó sus últimos años, casi ciego. Las habitaciones de la planta superior y la biblioteca que se encuentra en este momento en plena restauración. Los libros de la biblioteca fueron donados a la biblioteca municipal de Bordeaux. El buen tiempo siguió acompañándonos, aunque muy frío, por esas carreteras departamentales bordeadas de árboles, bellísimos centinelas, aún con sus vestiduras de invierno, de los inmensos viñedos igualmente austeros, sin hojas todavía. Mi amiga M, me dice que me fije en la última fila de las plantaciones, son rosales, una astucia de los vignerons para que los insectos se detengan en ellas y no dañen a la viña...
Carmen Glez Teixeira

miércoles, 21 de marzo de 2018

Al pie de la duna

Duna de Pilat
La madre naturaleza sabe hacer regalos y los hace cuando quiere. Después de la galerna del lunes y del frío intenso ayer en Burdeos, hoy, 21 de marzo, el primer día de la primavera, amaneció con un cielo azul limpísimo, sol radiante, mucha luz. Escogió el día, escogió el lugar: por la mañana la duna, mediodía y primeras horas de la tarde, Arcachon. Treinta y cinco alumnos, tres profesores, subiendo la duna. Unos cuantos pares de zapatos y deportivos y una profesora los esperan. Ella inevitablemente repasa las veces que ha hecho lo mismo, esperar a los que suben. Sólo subió una vez. Era muy joven, assistante de español entonces en Bordeaux. Volvió con su familia, con grupos de alumnos  y aunque no subió ninguna otra vez, nunca olvidó lo que sintió aquella primera vez. Hoy muy de mañana, preparando la visita, anotó algunos datos sobre este paraje. Es con diferencia la duna más alta de Europa. Pero la altura no lo es todo. Es el conjunto formado por su increíble tamaño, el entorno de los pinos y el panorama sobre las playas que ofrece. Sus formas y sus colores que varían según el tiempo, la luz... Y qué decir de Arcachon que estrenaba temporada, de la jetée solitaria, de la plaza des Marquises abrigada del viento, de las terraza de su café  de la esquina donde disfrutamos de estos primeros soles tan esperados.... La tarde termina en la Foire des Quinconces. Los alumnos y los tres profesores jóvenes disfrutan de las atracciones. Mientras, esa profesora que soy yo cerrando el circulo que he venido a cerrar aquí, a Bordeaux, me escapo a La machine à lire, la librería de la Place du Parlement, otro lugar lleno de recuerdos de mi amiga A.D. que ya no está aquí. De vuelta en Quinconces nos espera el autobús, una banda que tiene al menos un saxo y unos tambores invita a bailar...
Carmen Glez Teixeira.

martes, 20 de marzo de 2018

En la ciudad del vino

La cité du vin
Que cierto es que no hay nada mejor para aplacar los ánimos después de un largo viaje que una buena cama con sábanas nuevas, limpias y frescas. Esta mañana las cosas iban mucho mejor en el pequeño recinto, no se bien cómo llamarle, que hace las veces de recepción y de mini comedor para el desayuno de este hotel que se hace llamar pomposamente Première Classe...
Todos habíamos dormido bien y cuando el chófer arrancó hacia La cité du vin, el buen humor reinaba en el autobús. Este nuevo espacio bordelés fue inaugurado el 21 de mayo de 2016 por  el alcalde Alain Juppé y François Hollande entonces presidente. Su forma no se parece a ninguna otra porque quiere representar el alma del vino, entre la ciudad y el río, un elemento líquido. Cristal y metales en el exterior. Madera en el interior. La madera siempre ha sido un elemento presente en el mundo del vino no solo por las barricas y los toneles sino también por los barcos que los transportaban. Madera del entorno de Aquitania en los bosques de Las Landas. Con estos datos previos y algunos otros que comentamos en el autobús iniciamos la visita. Plena libertad para el recorrido perfectamente explicado en los paneles de cada sala además de audioguías y la más moderna tecnología acompañando la escenografía de cada sala. Tiempo de la visita limitado para el grupo a 1 hora 30 minutos dado el apretado programa de hoy: 12h30  una copa ofrecida por la institución en el Belvedère, zumo de vino para los chicos, vino a escoger para los profes. Sin dudar ni un segundo pedí Sauternes pensando en mi querida amiga I. a la que tanto le gusta. Un tente-en-pie rápido en el bar-à-vins y salida rápida para el embarcadero donde esperamos unos minutos el pequeño barco de servicio regular que nos lleva por el Garona hasta la otra orilla a la altura de le Pont de Pierre. Un breve recuerdo sobre Napoleón y su proyecto de conquistar España para el que hizo construir este puente aunque cuando él se murió el purnte estaba sin terminar. Regreso a la otra orilla en el moderno tramvay que cada vez extiende más su recorrido por todo Burdeos. Paseo a pie desde la Porte de Bourgogne hasta la Place de la Bourse y el Espejo del agua. Una hora de tiempo libre para los alumnos y mayores. Momentos para un té con mi amiga M. L. que hoy se incorporó a nuestro grupo. Ella que ha sido una de mis dos maestras en esta ciudad y la que ha dirigido el programa de este viaje cargado emoción para mí porque con él me despido de mi carrera de profesora que ha durado 48 años. Ya de regreso al hotel en nuestro autobús Autos López que circula por los bulevares y los quais de Bordeaux esta semana, la luz del sol que se pone convierte el singular "ingenio" de la cité de vin en un jarra dorada y rosa, una promesa de  buen vino...  
Carmen Glez Teixeira

lunes, 19 de marzo de 2018

En ruta hacia Burdeos

Playa de la chambre d'amour 
Desafiando al tiempo, lluvia y mucho frío, después de una noche de autobús y de un buen desayuno en Irún, emprendimos nuestro paseo por la costa vasca francesa, dejando atrás el Bidasoa  y la isla de los Faisanes donde no hay faisanes. Hablamos de ella y del Tratado de los Pirineos que allí se firmó. También de Biriatou, esa colina que Semprún sentía com el símbolo de su identidad a caballo entre los  dos países, España y Francia, su lugar de nacimiento y su patria de adopción. Saint-Jean de Lutz nos recibe en grises pero amablemente, la lluvia escampa y podemos hacer el paseo previsto. La casa de la Infanta María Teresa y a pocos metros la de Luis XIV, hoy Ayuntamiento, donde ambos residieron más o menos un mes antes  de su boda con la que se selló el Tratado de los Pirineos. La iglesia de San Juan donde se celebró la boda, un hermoso ejemplo de iglesia vasca con sus galería, su coro y su retablo. La lluvia arrecia en Biarritz, tanto que el paseo, imposible a pie, lo hacemos en autobús, desde el faro hasta la playa de los vacos.  Las dos grandes playas centrales en marea baja que nos permiten ver  La chambre d'amour. Las olas rompiendo al pie del  Palacio de la Emperatriz Eugenia  Una  corta parada en Le Rocher de la Vierge con foto obligada y salida hacia Bayonne donde comemos, en un antiguo bistrot art déco, bajo los soportales, un suculento pollo à la basquaise de un sencillo menú del día. A las 5 y media llegamos a Bordeaux, a Lormont. Aquí surge el primer contratiempo. No nos gusta el hotel que nos asignó nuestra agencia de viajes. Debo hacerme cargo de la situación, la parte desagradable de este trabajo que tanto me complace. Después de la cena en un centro comercial cercano los ánimos parecen más tranquilos. Mañana será otro día...
Carmen Glez Teixeira

domingo, 18 de marzo de 2018

Foucault, el moderno

Michel Foucault en 1984
En Francia, es el acontecimiento editorial de este primer trimestre del año: la publicación de un volumen inédito de Michel Foucault tres décadas después de su muerte, saltándose la prohibición que el filósofo francés formuló en su testamento, en el que descartaba la posibilidad de editar cualquiera de sus textos inacabados a título póstumo. Sus herederos que se negaron durante años a sopesar este desenlace, han terminado autorizando que Les aveux de la chair /Las confesiones de la carne llegue a las librerías. Se trata de la cuarta entrega de la Historia de la sexualidad, un proyecto "banal y ambicioso", en sus propias palabras, que emprendió en 1976 con la intención de completar cinco o seis volúmenes. En este nuevo tomo, el filósofo indaga en la codificación de la sexualidad que impusieron los fundadores del cristianismo, tras haber examinado la que fue propia de la era clásica en los dos episodios anteriores.
Foucault trabajó en las galeradas del libro hasta dos semanas antes de morir, enfermo de sida, a mediados de 1984. Pero, a la vez, no dejó de repetir a sus allegados que no hicieran como Max Brod, el editor y amigo de Kafka que ignoró su última voluntad al llevar a imprenta sus últimos manuscritos inéditos. Aunque, sin esa traición, el mundo se habría quedado sin novelas como El proceso y El castillo. "Foucault debía de saber, al dejar este manuscrito,  que algún día sería publicado. Es casi como si lo hubiera programado para que aparecieran 34 años después de su muerte, ya que los asuntos de los que habla están de plena actualidad", opina Frédéric Worms, profesor de Filosofía Contemporánea en la Escuela Normal Superior de París. 
El libro remite indirectamente al actual debate público sobre la sexualidad y sus sistemas de control. Es "una arqueología del sujeto sexual", en palabras del filósofo Frédéric Worms, gran especialista en la obra de Foucault y responsable de la edición de este libro, en el que el autor desarrolla ideas que ya figuraban en los anteriores volúmenes de esta saga filosófica. Foucault se opuso al lugar común de la sexualidad reprimida, tan publicitado por el Mayo francés y la democratización del psicoanálisis. Para el filósofo a partir del siglo XVII no existe tabú ni contención masiva, sino más bien una multiplicación de discursos sobre la sexualidad.
" Las instituciones de poder y de control social se amparan en la sexualidad para excitarla, suscitarla y favorecerla, o bien para enmascararla y prohibirla", explicó Foucault en 1977. "Existe una tecnología política en torno a la sexualidad que resulta más fundamental que las prohibiciones o los permisos", En otras palabras, el sexo resulta omnipresente, sea prohibido o alentado. ..
Álex Vicente. París. El País, domingo 11-03-18

sábado, 17 de marzo de 2018

Lección de turismo slow en Bretaña

Rennes
La región más occidental del país vecino ha sido diseñada para ser recorrida tran-quilamente por carreteras secundarias y empacharse de naturaleza. Sin renunciar, eso sí, a las anécdotas, leyendas e historias de pueblos con encanto como Rennes, Saint-Malo o Dinan...Nada más llegar salta a la vista un auténtico festín verde. Bretaña es una región para recorrer por carreteras secundarias, para perderse por sinuosos caminos en mitad de bosques, inmensos, para empacharse de naturaleza sin renunciar ni un ápice a la comodidad. Un plan detox para cuerpo y alma que arranca en un templo bio, el hotel spa La Grée des Landes, un rincón campestre que materializó el sueño del gran gurú francés de la cosmética responsable, Yves Rocher....Pero rindámonos al bosque bretón, cuna de mitos y leyendas. Recorramos la frondosidad selvática de Brocelianda, hacia el norte. Y hagámoslo desde nuestro yo más infantil, ése que no ha dejado de creer en las hadas, en los magos, en las princesas y en los caballeros. ¿Les suena Merlín? Su tumba se encuentra en un claro, a apenas dos kilómetros del Centro del  Imaginario Artúrico, una asociación entregada al estudio y difusión de aquellas leyendas medievales que sobreviven hoy en novelas, películas y relatos que pasan de padres a hijos. No en vano Tolkien encontró en Brocelianda una buena fuente de inspiración para sus relatos...Bretaña es naturaleza en estado puro, sí, pero también es historia bien conservada entre paredes de piedra, en calles serpenteantes resguardadas por fortalezas.
Próxima parada: Rennes. Paloma Domínguez es española; granadina, para más detalle. Sin embargo, verla caminar por entre los apetitosos puestos del Marché des Lices, conversar con los productores que venden su cosecha directamente allí, en el centro del casco histórico, es ver a una bretona de pro enamorada de su tierra. "Sí, aquí se vive fenomenal", confirma.A nuestro alrededor se mezclan los aromas dulzones de la bollería, el frescor de una verdura colorida y recién salida del huerto y los inevitables quesos. Sin embargo "Bretaña no es tierra de lácteos, sino de salchichas", advierte la granadina afrancesada. Salchichas y sidra, la combinación perfecta para el aperitivo ha tomado la forma de una especie de perrito caliente en el que el pan es una crêpe. Más francés imposible. Tanta pasión sienten los vecinos por su galette saucisse, que la han convertido en himno de su equipo de fútbol.  Rebuscamos entre los puestos a la estrella del mercado, la gallina coucou, una raza autóctona que solo sobrevive en el Ecomuseo de Rennes. Su carne es más prieta y sabrosa y su plumaje le da un aspecto de un cuco. De ahí el nombre...
Sara Polo. El Mundo. Viajes, 30 de enero de 2018

viernes, 16 de marzo de 2018

Christie presenta su Ariodante con Les Arts Florissants




William Christie
"Haendel creyó en Europa como una comunidad". El "más grande compositor que haya vivido jamás"en palabras de Beethoven, protagoniza mu-sicalmente esta semana. De un lado, William Christie presenta en España la versión concierto de la ópera Ariodante que acaba de musicar con Les Arts Florissants en la Ópera Estatal de Viena. Será en tres conciertos: en el Liceu de Barcelona (miércoles), Baluarte de Pamplona (viernes) y el Teatro Real de Madrid (domingo), al que christie y su orquesta regresan ocho años después de completar su aclamado ciclo de las óperas de Monteverdi. Al mismo tiempo, el contratenor argentino Franco Fagioli presenta su disco Haendel arias (Deutsche Grammophon) en una gira que pasa por Oviedo (Auditorio Príncipe Felipe, mañana), Madrid (Auditorio Nacional, el jueves), Zamora(Iglesia de San Cipriano, el sábado) y Sevilla (Espacio Turina, el lunes próximo)...
William Christie dice "estar muy contento" de regresar al Real después de "una larga ausencia" y de hacerlo además con "una ópera muy dramática"que, para él , es además "una de las mejores que escribió Haendel". Según explica,"se tomó más tiempo del habitual para componerla y contó además con libreto extraordinariamente bueno, inspirado en el Orlando furioso de Ludovico Ariosto"... Christie apunta a la capacidad que tienen sus obras de permanecer vivas, más allá de la interpretación historicista. "Con la música del barroco, es el músico el que completa el score del compositor, señala...Esta conexión con la contemporaneidad no se queda en las formas, según Christie, atañe también al fondo, teniendo en cuenta el periplo vital del compositor que nació en Alemania, se formó en Italia y desarrolló la mayor parte de su carrera en Inglaterra. "Haendel sería un anti-Brexit total. Igual que yo. Es muy triste ver cómo campa a sus anchas el populismo y el nacionalismo estúpido", se lamenta Christie. Frente a eso, defiende a Haendel como "uno de los fundadores de la idea de Europa como comunidad, algo en lo que él creyó"...
Darío Prieto. El Mundo, lunes 12 de marzo de 2018

jueves, 15 de marzo de 2018

Édouard Louis: Historia de la violencia

Édouard Louis (Amiens,1992) es el último prodigio de la literatura francesa. Hace cuatro años, con solo 21, triunfó con un debut, Para acabar con Eddie Bellegueule, en el que narraba su infancia en un pueblo de la Picardía profunda, de esos donde el paro es estratosférico y el 60% de la población vota al Frente Nacional. Daba cuenta también de las vejaciones a las que le sometió un entorno furiosamente homófobo, del que lograría escapar, pero no sin profundas heridas. Con su segunda novela, Historia de la violencia (Salamandra) que ahora se publica en castellano, Louis incide en una literatura del yo donde el papel de la ficción resulta mínimo, muy influida por las tesis sobre la desigualdad del sociólogo Pierre Bourdieu. En el libro, Louis relata la estrangulación y la violación que sufrió en 2012 a manos de Reda, un joven argelino al que había conocido en la calle y con él que compartió una noche de pasión que terminó mal. Lo sorprendente es que Louis relata los hechos, pero luego los olvida, prefiriendo investigar las causas en la exclusión y el pasado familiar de su atacante. 
¿Por qué quiso escribir un libro en torno a la violencia? "Porque nuestro mundo está estructurado a partir de relaciones violentas. Al haber nacido pobre y gay, sentí muy pronto que la violencia era, para muchos individuos, como un acta de nacimiento. Nuestro día día es fruto de la violencia, aunque esta esté poco representada en la literatura. Uno de los impulsos del libro fue acabar con el desfase entre el mundo y lo que la literatura dice de él. Cuando eso sucede , casi es mejor que la literatura desaparezca, porque entonces deja de tener sentido"...
Álex Vicente. París. El País, vienes 9 de marzo de 2018