Hace unos años, en el verano de 2015, pude llevar a cabo uno de los viajes más esperados, siempre aplazado. Una semana en la Provenza, con dos amigas más. Un largo viaje en tren: una noche de Santiago a Barcelona y parte de la mañana siguiente para llegar a Nimes, nuestro primer punto de destino. Difícil la selección entre mis recuerdos para evocar ese primer viaje a la Provenza occidental, les Bouches du Rhone y una ligera entrada en la Vaucluse. Sol desde el amanecer. Un cielo azul inmutable. Cigarras en concierto, sólo acalladas por el mistral que, en director de orquesta, impone el rumor de los olivos. La luz, intensa, rebotando sobre los crudos y rosados de las casas con sus contras en azul délavé. ¡Qué contraste para tres viajeras de Galicia de veranos frescos, grises y tan variables!. Un contraste que ayuda al extrañamiento inicial. Y dentro de ese marco un pueblo en pleno festín cultural: Festival Internacional de Fotografía en Arlés, Arte Lírico en Aix, Coreografías en Orange y Teatro en Avignon. En esta ocasión, habíamos asumido nuestra condición de viajeras flaneuses/paseantes, sin más aspiraciones que deambular por las ciudades y sus espacios memorables. Ese fue nuestro programa, aunque rozamos lo sublime: El sueño de una noche de verano en Aix, Carmen en Orange, Ricardo III en Aviñón.
![]() |
Maison Carré |
Nimes, romana y taurina, nos recibe con su Maison Carré y José Tomás mirando desde un grafitti a las Arènes. La campiña se abre en ruta hacia Arlés, el agua incorporándose al paisaje, en estanques y lagunas. El gran Ródano está cerca. La ciudad bulle, excitada, imposible conseguir un taxi. Llegamos sin saberlo la tarde en que se inauguran Les Rencontres de Arlès, "el festival de fotografía más importante de Europa", nos dice el taxista, llovido del cielo, después de más de media hora de espera. De nuestra estancia en Arlés sobresale entre los recuerdos la tarde en la que, siguiendo las pistas que ha dejado Van Gogh en sus cuadros, buscando El puente de la Trinquetaille desembocamos en una plaza con su terraza bajo unos plátanos, el río a la izquierda, un viejo edificio ocupando la esquina en el que se leía Actes Sud, la editorial instalada en 1978 en ese lugar llamado Le Méjan, hoy plaza Nina Barbarova. Una editorial que nació fuera de los circuitos parisinos, con voluntad de independencia, que se distinguió por la apertura de su catálogo a las literaturas extranjeras. De ahí el nombre de la plaza de la escritora rusa que fue su primer gran éxito de ventas. Y de ahí salió, en 2017, la primera Ministra de Cultura del Gobierno Macron, una de las fundadoras de Actes Sud, Françoise Nyssen. Aunque su paso por el Elíseo fue fugaz, pronto regresó a su querido Arlès.
En julio de 2015 todos: filósofos, actores, cineastas estaban "sur le pont". El puente de la canción popular, inacabado por orden del Rey Sol, impotente ante las crecidas del Ródano que derribaban sus arcos una y otra vez. En este julio de 2021, el del renacer cultural de Francia después de la pandemia, la Provenza parece ser el escenario escogido para ello: Isabelle Huppert está de nuevo en Avignon, con El jardín de los cerezos de Chéjov. Dirigida esta vez por el portugués Tiago Rodrigues. Él ha elegido esta obra "que habla de cambios sociales profundos y de cómo nos comportamos ante la incertidumbre del futuro". Otra mujer, la española Angélica Liddell, tan fuerte como el mistral, sacude Aviñón, con Liebestod, una pieza salvaje inspirada en el torero Juan Belmonte. Aix-en-Provence vuelve a reír con Las bodas de Fígaro. En Arlés, bajo "el faro mediterráneo" que acaba de levantar Frank Gehry, la exposición Masculinidades examina cómo la fotografía ha cuestionado el modelo dominante de la virilidad.
Si aún disponen de tiempo para sus vacaciones y dudan sobre qué hacer, les sugiero la apuesta por La Provenza. Buen tiempo asegurado, naturaleza amable, patrimonio exuberante, vitalidad en sus calles, sus mercados, ofertas culturales por doquier y, si todo va bien, ganas de volver.
Carmen Glez Teixeira
No hay comentarios:
Publicar un comentario