domingo, 26 de marzo de 2023

Pascal Quignard, el escritor que se esconde.

Pascal Quignard

Es uno de los grandes autores europeos y un experto melómano. Estuvo al frente de la poderosa editorial Gallimard hasta que decidió retirarse a escribir. Ahora publica la novela El amor el mar. "Soy el único escritor francés, usted debe saberlo, que jamás ha firmado el más mínimo manifiesto", sonríe Pascal Quignard (Verneuil-sur-Avre, 74 años) cuando estamos a punto de despedirnos. "No creo en lo colectivo".

- ¿Vota?

-Quignard mira con una punta de timidez y responde.

- No.

El autor de Todas las mañanas del mundo, alejado desde hace tres décadas del mundanal ruido, es todo lo contrario de este espécimen literario tan francés que es el escritor engagé, declara. "Una de las cosas bellas de Francia es esta especie de anarquismo letrado y desesperado, el de Montaigne o La Boétie. Me siento bien en esta disposición. Mi única compañía es esta: la de los solitarios".

Hay escritores y luego hay literaturas: Quignard es una literatura él solo. Autor de más de medio centenar de obras, músico además de escritor, clásico vivo de las letras europeas sin haber hecho concesiones a la galería, creador de un género inclasificable que conjuga relato, ensayo, aforismo, historia, filosofía y poesía, un raro que no se parece a nadie, ahora publica en castellano su último libro, El amor el mar (Galaxia Gutenberg, traducción de Ignacio Vidal-Folch). La novela es un compendio de todo Quignard: el estilo fragmentario, la fascinación por los músicos del siglo XVII, la voz que viene del fondo de los siglos, el narrador intemporal, moderno y arcaico a la vez.

Cuando Quignard se pone las gafas, abre la partitura y se sienta al piano, es como si la novela y la realidad se fusionasen. Los personajes se hacen presentes en el diminuto salón del apartamento donde recala cuando pasa por París. Quignard se transmuta en un personaje. La pieza que interpreta se titula Meditación sobre mi muerte futura la cual se toca lentamente con discreción. Podría ser una frase de Quignard, pero el autor es el clavecinista Johann Jakob Froberger, personaje de El amor el mar, y uno de esos nombres semiolvidados que Quignard se ha especializado en resucitar junto a su amigo el maestro Jordi Savall.

"Yo ya no puedo tocar el violín, tengo artrosis", se lamenta Qignard. "El piano sí. Lo toco cada día. Al atardecer, cuando la cosa se entristece, cuando se va el sol. Toca Froberger, o Chausson, "el equivalente en música a lo que Mallarmé era en poesía", explica, y compositor de una obra titulada Poemas del amor y del mar.

En la música, al tocar así para sus invitados, o en los recitales en los que participa recitando, encuentra algo que, después de medio siglo publicando, no le da la literatura. Es lo que él llama "las pequeñas angustias", por oposición a las grandes angustias, las depresiones que sufrió en el pasado.

"Yo he rechazado los honores, la Academia, no me veo con nadie, me veo con ustedes, pero esto ocurre raramente. Paso mis mañanas, mis noches, mis días como un gato sobre un radiador. Y, al cabo de un momento, al gato le falta la angustia".

- ¿Usted busca la angustia en la música?

-Exactamente. Lo que busco es una emoción imprevisible.

- Su escritura ya es imprevisible: digresiva, casi improvisada.

-Sí intento no hacer discurso, no hacer nada que pertenezca al mundo ni a la política, una lengua algo más salvaje. es lo que busco en la oscuridad del teatro: algo un poco más auténtico...

-En 1994, Quignard era un hombre poderoso en el París literario. Ocupaba el cargo de secretario general de la editorial Gallimard, el número uno después de los propietarios. Era el autor de Todas las mañanas del mundo, que el cineasta Alain Corneau llevó al cine con Gerard Depardieu como protagonista  y con Savall a cargo de la música. Un día cortó en seco y se instaló en la provinciana Sens a 130 kilómetros de París, en el departamento del Yonne. Como Monsieur de Sainte-Colombe, músico recuperado por Quignard y Savall, o como algunos personajes de la nueva novela, renunció al escenario.

"Lo que me conmueve tanto de la identidad y la vida de Jordi Savall es el sentido de la continuidad en las épocas, de una confraternidad con los tiempos de los solitarios y los olvidados", dijo en una conversación con Savall publicada en el monográfico de la editorial L'Herne dedicado a Quignard. Estas palabras se las podría aplicar a sí mismo. Pero él, al contrario que Sainte-Colombe que se negó siempre a salir de su  aislamiento, había conocido el escenario antes de marcharse. En el fondo, gracias a su prolífica obra, nunca ha dejado de estar en él...

Marc Bassets.Babelia. El País, sábado 4 de marzo de 2023.

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