jueves, 21 de marzo de 2024

Reírse de uno mismo leyendo Astérix

Adorno y Horkheimer sentencian que "la risa (...) acompaña siempre el momento en que se desvanece un miedo". Tras la II Guerra Mundial, Europa renace con la promesa de domesticar la violencia y desterrar el miedo. Muerto Dios, queda solo el temor a los hombres. Atenuado este, la risa horizontal se extiende. Una gran capa media puede prever su vida a largo plazo y nada impide que fructifique una risa cotidiana, signo de la ligereza que hallan hombres y mujeres cuando no se enfrentan solos a los imprevistos de la existencia y sus días no son una tregua antes de tiempos peores. 

La serie Astérix es paradigmática de la masificación de la risa en Europa durante la segunda mitad del siglo XX. Los galos de la irreductible aldea tampoco tienen miedo de nada porque cual superhéroes disponen de un arma definitiva, la poción mágica que funge de red de seguridad y deja a los ciudadanos con la única preocupación  de perseguir sus intereses privados y comerciales, sus estilos de vida, y buscar de vez en cando el entretenimiento violento con los romanos. Entre pelea y pelea, en la aldea reina la posibilidad de un humor libre e igualitario, que la serie a su vez aplica a los estereotipos nacionales de francesa, italianos, lusitanos, españoles y otros tantos, causando una risa paneuropea, un programa Erasmus del humor, que reduce las distancias entre los nacionales de cada país mientras acentúa las pequeñas diferencias , logrando que cada quien  (bretones, corsos, suizos, etcétera) se ría de si mismo. Desde el primer número, Astérix, el Galo, de 1959, se han vendido más de 300 millones de libros de la serie en el mundo.

Abraracúrcix, jefe de la aldea y bromista de tiempos 
secularizados

Ríen los galos y ríen los europeos cuando solo queda el miedo de que les caiga el cielo sobre la cabeza, como se teme Abraracúrcix, jefe de la aldea y bromista de tiempos secularizados. También ríe Panorámix, el druida que hace las veces de sereno gurú, sabio y brujo despegado de la tierra (no se le ve comer), pero apegado a la aldea y a sus habitantes, siempre pronto a ofrecer sus artes para buenas causas defensivas. Estos galos esencialmente paganos se parecen a los franceses que, según diagnóstico de Emmanuel Todd, se hallan sin horizonte de sentido, sin trascendencia, sin Dios, sin lo sagrado, sin algo de lo que no se puedan reír. Ateos angustiados en situación de riesgo metafísico, así define el sociólogo francés el estado espiritual de los franceses, y, en cierto modo también, de los europeos, la excepción hipersecularizada en un mundo  aún religioso. El cacique del pueblo solo tiene miedo de que le caiga el cielo sobre la cabeza; teme e inconscientemente desea la súbita revelación de la falsedad de su paganismo. La profecía de que algún día la trascendencia se desplomará sobre la aldea  es aún otra broma de la era secular y sus creencias de quita y pon.(...).

La ideología de gran parte de las series televisivas infantiles producidas hoy es menos optimista. Los ciudadanos pierden el control sobre su vida, el cielo se cubre de nubarrones y el futuro carece de porvenir. Las ficciones se vuelven más pedagógicas, menos lúdicas... Los contenidos audiovisuales ofertados cumplen con los estándares de violencia permitida por las autoridades y acentúan los mensajes edificantes (cooperación, cuidados recíprocos, amistad...). El resultado son historietas que, al no poder utilizar la violencia, han perdido un recurso clave para provocar la hilaridad... Cuando definitivamente el cielo caiga sobre nuestras cabezas, no pillará a los ciudadanos desprevenidos. 

Daniel Gamper (Barcelona, 1969), es profesor de Filosofía. Este extracto es un adelanto de De qué te ríes. Beneficios y estragos de la broma, que se publica el 20 de febrero.

El País. Ideas. Domingo 18 de febrero de 2024.

miércoles, 20 de marzo de 2024

Mati Diop, premiada con el Oso de Oro en la Berlinale

La directora Mati Diop con el Oso de Oro que ha recibido por
su documental 'Dahomey' en la Berlinale. /Markus Schreiber

A
 
finales de febrero, Mati Diop (París, 1982) se convirtió en la ganadora del Oso de Oro en la Berlinale con Dahomey. En la película, la directora francosenegalesa documenta la restitución de las obras de arte robadas por los ejércitos coloniales europeos en el África subsahariana, siguiendo el rastro de 26 objetos ceremoniales que Francia aceptó devolver a Benín por voluntad de Emmanuel Macron. En 2017, el presidente francés dio comienzo a su mandato prometiendo, en un sorprendente discurso pronunciado en Burkina Faso, el regreso del patrimonio africano a sus lugares de origen.

Esa promesa se materializó cuatro años después con esa primera restitución, a la que siguieron otras. Diop decidió reflejarla en una película narrada, en un inhabitual gesto poético por una de esas obras de arte que dormitaban en algún museo francés, recogiendo un debate que ya se ha vuelto ineludible en la Europa de hoy. Dahomey se estrenará a finales de año en Filmin. Antes, Diop, que en su veintena fue actriz junto a Claire Denis y luego dirigió Atlantique que ganó el Gran Premio del Jurado en Cannes en 2019, respondió a nuestras preguntas en en 2017 en Berlín, a pocas horas del desenlace del festival.

P.- ¿Es esta película una respuesta al actual debate sobre la descolonización?

R.- Es un poco anterior. Cuando escribía el guion de Atlantique ya tuve la intuición de que mi siguiente proyecto giraría en torno a la cuestión de la devolución de las obras de arte, solo que en  forma de ficción pura. Más que nada, porque durante mucho tiempo  me pareció imposible que algo así sucediera. Fue al escuchar a Macron en Uagadugú cuando empezó a tomar forma. Debo decir que la palabra restitución resonó con mucha fuerza en mi interior.

P.- ¿Por qué motivo?

R.- Es el término que resume el trabajo que llevo haciendo todos estos años. En 2008, a los 25 años, decidí implatar mi productora en Dakar y ambientar mis primeros mediometrajes allí. Lo hice por la necesidad de regresar a mis orígenes africanos. Entonces era un gesto poco común, porque nadie quería ir a África, no estaba de moda. El continente seguía siendo una parte del mundo bastante despreciada, incluso por los afrodescendientes, que no sentíamos la necesidad de abrazar esa identidad y asumirla con orgullo, como sí ha sucedido luego, durante estos últimos años.

P.- En 2019, el informe Sarr-Savoy, encargado por Macron, recomendó que, cada vez que un país africano solicitara la restitución de una obra, Francia la aceptase si no podía demostrar que no fue robada o expoliada. ¿Cómo reaccionó ante ese informe, que entonces generó escepticismo y críticas de maximalismo?

R.- Yo tampoco esperaba que sucediera nada y, cuando pasó, me pareció espectacular. Eso fue lo que dirigió mi película hacia el documental. Sentí que, como cineasta, era importante aprovechar ese momento. A Macron le salió el tiro por la culata, porque recurrió a dos personas, la historiadora Bénédicte Savoy y al economista Felwine Sarr, intelectualmente rigurosas y de una gran integridad. Ellos aprovecharon el encargo de Macron para convertir el informe en una herramienta política. Fue toda una hazaña. El pensamiento que emana de este informe fue crucial para mí en la realización de Dahomey. 

P.- Macron pudo haber tirado ese informe a la basura y no lo hizo. ¿Por qué cree que decidió aplicarlo? La pregunta vale para el resto de los gobiernos que han devuelto obras durante estos años, de Alemania a los Países Bajos.

R.- Soy capaz de reconocer, pese a ser fundamentalmente contraria a las políticas de Macron, la validez de los gestos concretos, cuando los hay. Sería absurdo tirarlo todo a la basura. Pero, con total sinceridad, veo en el gesto de Macron una paradoja bastante opaca.

P.- ¿Cree que fue un intento de mantener la influencia francesa en su antiguo espacio colonial?

R.- Me parece una evidencia que, desde hace algún tiempo, la estrategia de Francia  para volver a ganarse una buena reputación entre la juventud africana pasa por una serie de actos que son, en el fondo, una estrategia de seducción... (...)

P.- Su película habla de la devolución de un patrimonio tangible, pero también intangible...

R.- Ese era el meollo de la cuestión. Si decidí hacer esta película fue porque ese asunto se encuentra en el corazón de mi identidad como mestiza, como afrodescendiente. Tomé la decisión de anclar mi cine en Dakar para reconquistar mi parte africana, mi negritud, porque durante mucho tiempo estuvo muy aplastada por mi entorno, que era muy occidental. Nací en Paris, crecí en París, me formé en París y estudie arte en París. Me desenvolví en un mundo blanco y elitista, alimentado exclusivamente  de un imaginario occidental. En un momento dado, empecé a sentir angustia al darme cuenta de que las imágenes propias de la historia africana estaban desapareciendo....

Álex Vicente. Babelia. El País, sábado 16 de marzo de 2024.

martes, 19 de marzo de 2024

El Museo del Ejército francés afronta el pasado colonial

Museo del ejercito francés en Paris
Es un monumento a la gloria militar de la nación: sus tesoros, sus símbolos, sus héroes. También un lugar insospechado en el que Francia ensaya el examen de su pasado colonial. Sus excesos y sus crímenes: el reverso de la gloria.

En el complejo de los Inválidos, en París, hay un hospital y un asilo para excombatientes, una catedral, a tumba de Napoleón. Y el Museo del Ejército, embarcado en la revisión de sus fondos para conocer su procedencia exacta y restituir ls objetos que hayan llegado a Francia como resultado del saqueo o transacciones abusivas durante el colonialismo. Se trata de "apaciguar las memorias"-las memorias divergente entre antiguos colonizadores y colonizados y las heridas aún abiertas- y de contar el pasado "sin glorificación ni arrepentimiento".

Lo explica el director del museo Henry de Medlege, un general con una nutrida carrera y experiencia en Chad, Afganistán o los Balcanes. Lo dice el responsable de un establecimiento en el que hoy el colonialismo prácticamente parece inexistente, salvo un par de exposiciones en años pasados y las menciones a la guerra de Argelia en las salas dedicadas al general De Gaulle.

"No abordamos esta cuestión como algo impuesto o como una presión, sino como una oportunidad y una obligación dentro del principio de apaciguar las memorias", declara De Medlege, reticente al término "descolonización de los museos". "Si la palabra descolonización de los museos significa devolver todo lo que no es del país, sean cuales sean las circunstancias, hay que usar otro término", afirma.

Todo empieza el 28 de noviembre de 2017 en Uagadugú, la capital de Burkina Faso, antigua colonia francesa. El presidente francés, Emmanuel Macron, proclama: "Quiero que dentro de cinco años se reúnan las condiciones para que haya restituciones temporales o definitivas del patrimonio africano en África.

Las palabras de Macron suenan como una orden. Le seguirá el informe encargado a la historiadora francesa Bénédicte Savoy y el economista senegalés Felwine Sarr. Y movilizará a museos franceses y el resto de Europa. Desde entonces, "se ha desencadenado una especie de competición entre estados como Francia, Alemania o Bélgica", explicaba en 2023 Savoy al semanario L'Obs. El trabajo es considerable. Hay que establecer cómo salieron de África, si alguien reclama su restitución y si es legítima.

Savoy y Sarr calcularon que en las colecciones públicas francesas hay al menos 88.000 objetos del África subsahariana. De estos , cerca de 70.000 están en el Museo del Quai Branly Jacques Chirac, dedicado a las artes y civilizaciones de África, Asia, Oceanía y las Américas.(...)

No solo es un debate sobre las restituciones . En el Museo del Ejército, el examen de los fondos permitirá poner en marcha, en los próximos años, un "recorrido" centrado en la etapa colonial. Bajo el concepto Colonización-descolonización: una historia compartida, y elaborado en cooperación con historiadores y especialistas de los países colonizados, debe explicarse la historia común e incorporar todas las perspectivas.

"Porque se cuenta nuestra historia y también su historia", resume el general De Medlege. El objetivo es asimismo contar la historia en la que puedan reconocerse todos los franceses, incluida "una juventud que procede de ultramar y las antiguas colonias, varias generaciones que necesitan saber de dónde vienen". En este país en permanente alarma pr la fractura entre comunidades, entender el colonialismo y sus conflictos, pasados y presentes, toca al corazón de la cohesión social y nacional.

Marc Bassets. París. El País, domingo, 17 de marzo de 2024.

lunes, 18 de marzo de 2024

"Nuestro último baile"

Fotograma de Nuestro último baile

Hay muchos modos de afrontar el duelo de un ser querido. El escogido por Germain, un viudo de 75 años que pierde a su mujer inesperadamente, es ocupar el lugar de ella como componente amateur de un espectáculo de danza contemporánea, para así "acabar" aquello que ella empezó y sentirse más conectado a su recuerdo. El filme de Dephine Lehericey (conocida sobre todo por El horizonte, película multipremiada en los Premios de Cine Suizo de 2020 y reconocida también en el Festival de San Sebastián) aborda la tercera edad de un modo dinámico y optimista. Su protagonista es un hombre acomodado en una rutina en la cual su esposa se encarga de todo, que pasa tras su muerte a estar bajo el férreo control sobreprotector e infantilizador de unos hijos que organizan agendas, tuppers y llamadas telefónicas continúas. Con un enfoque que se decanta desde un inicio por la comedia a pesar de su triste trasfondo, Lehericey aboga por una perspectiva vitalista de la senectud, nunca es tarde -defiende- para abrirse a nuevas experiencias y conexiones con la vida.

El mayor logro del film, premio del público en el Festival de Locarno, es aunar cine y danza, mostrándonos el poder curativo de esta última, pues mediante la conexión con un grupo de extraños que se expresan mediante su cuerpo en un baile performántico, se depuran penas y tristezas. El cuerpo anquilosado de Germain (un acertado François Berléand), no acostumbrado a moverse, consigue coger ritmo, flexibilidad y belleza, y expresarse de un modo inimaginable anteriormente. Y además con el añadido de ver a la Ribot,-coreógrafa, performer e icono  de la escena contemporánea- en su primer papel de la gran pantalla, interpretándose a sí misma y haciéndose cargo de las coreografías del filme.

Sabela Pillado. La Voz de Galicia, sábado 16 de marzo de 2024.

domingo, 17 de marzo de 2024

Un resistente español "entra" en el Panteón francés

Un español en el Panteón. Un republicano, un comunista, un combatiente en la Guerra Civil, un resistente contra lo nazis. Celestino Alfonso se convertirá este miércoles en el primer ciudadano de esta nacionalidad en entrar en el templo laico de las glorias francesas. Se escribe entrar en cursiva, porque físicamente  sus restos seguirán en el cementerio de Ivry, al sur de París.

Pero su nombre quedará escrito junto a otros 22 miembros de un grupo de la Resistencia contra la ocupación alemana de Francia, a la entrada de la cripta donde el líder del grupo, el armenio Missak Manouchian, y su mujer, Mélinée, reposarán eternamente en el mismo lugar que Voltaire, Rousseau o Victor Hugo.

Francia, por iniciativa del presidente Emmanuel Macron saldará así una deuda con los extranjeros que dieron su sangre por un país que no siempre los trató como debía. Manouchian, Alfonso y otros camaradas -apátridas, judíos, armenios, polacos, húngaros. italianos, rumanos...- protagonizaron uno de los momentos trágicos y heroicos de la II Guerra Mundial.

"La ultima carta de Celestino... cada chaval en Francia tendría que leerla un día. Hay mucho que aprender", dice el hispanista francés Jean-Claude Rabaté. "A través de Celestino, todos los republicanos y resistentes van a entrar en el Panteón."

En noviembre de 1943, la policía francesa, cómplice de los alemanes, desarticuló la red Manouchian. El 21 de febrero de 1944 sus miembros fueron ejecutados en la fortificación de Mont Valérien, hoy memorial de la Resistencia. Los nazis publicaron un pasquín con un fondo rojo y fotos de atentados en los que se leía: "¿Liberadores? ¡Liberación por medio del ejército del crimen!" Así pasaron a ser conocidos como L'affiche rouge, o el afiche rojo.

En el cartel, distribuido unos días antes de la ejecución, se veían los rostros de los 10 de los detenidos, y una pequeña explicación. Uno de ellos decía: "Alfonso. Español. Rojo. Siete atentados."

La información sobre Celestino Alfonso fue escasa durante tiempo, más allá del círculo familiar y menciones dispersas en libros sobre Manouchian y el Afiche rojo. Se sabía que había nacido en 1916 en Ituero de Ibaza, cerca de Ciudad Rodrigo, en la provincia de Salamanca. Que su familia, con él, emigró a Francia  unos años después y que creció  en el extrarradio de París. Que era carpintero de oficio y en los años treinta ingresó en las juventudes comunistas.

Se sabía también, que en 1936 volvió a España para luchar contra los sublevados. Que regresó a Francia al final de la Guerra Civil  e ingresó en las FTPF-MOI (Francotiradores y partisanos-Mano de obra inmigrada). Que participó en el atentado contra un capitoste de la Alemania nazi en París, Julius Ritter. Que, tras ser detenido, un tribual militar le juzgó.

Celestino Alfonso tenía 27 años al ser fusilado. En una carta redactada en francés unas horas antes de ser asesinado, y dirigida a su familia escribió: "Hoy a las tres seré fusilado. No soy más que un soldado que muere por Francia". "Sé por qué muero y estoy orgulloso", continúa. "Mi vida ha sido un poco corta y espero que la vuestra sea más larga"...

Marc Bassets. París. El País, domingo 18 de febrero de 2024.

sábado, 16 de marzo de 2024

Descubren un yacimiento en Francia con 400 fósiles de hace 470 años millones de años.

 Foto de moluscos. Crédito: Farid Saleh - UNIL

Paleontólogos aficionados han descubierto en el sur de Francia unos 400 fósiles excepcionalmente bien conservados que datan de hace 470 millones de años. Este nuevo yacimiento fósil ha sido calificado como "de importancia mundial" por científicos de la Universidad de Lausana, en colaboración con el CNRS (la agencia de investigación francesa) y equipos internacionales. Consideran que este descubrimiento proporciona información  sin precedentes sobre los ecosistemas polares del período Ordovícico.

Situado en Montagne Noire, en el departamento francés de Hérault, este depósito de más de 400 fósiles se distingue por una fauna excepcionalmente bien conservada. Además de los componentes de la cáscara, contiene elementos blandos extremadamente raros, como el sistema digestivo y las cutículas, en un estado de conservación notable. Además, esta biota alguna vez estuvo ubicada muy cerca del Polo Sur, lo que revela la composición de los ecosistemas más meridionales del Ordovícico. Los resultados se publican en Nature Ecology&Evolution. 

Los análisis revelan la presencia de artrópodos (grupo que incluye milpiés y camarones) y cnidarios (grupo que incluye medusas y corales) así como una gran cantidad de algas y esponjas. La elevada biodiversidad del lugar sugiere  que esta zona sirvió de refugio a especies que habían escapado de las altas temperaturas que prevalecían más al norte en aquella época.

"En aquella época de intenso calentamiento global, los animales vivían en refugios en altas latitudes, escapando de las temperaturas ecuatoriales extremas", señala en un comunicado Farid Sleh, investigador de la Universidad de Lausana. "El pasado lejano nos permite vislumbrar nuestro posible futuro próximo", añade Jonathan Antcliffe, investigador de la Universidad de Lausana y coautor del estudio.

Por su parte, Eric Monceret y Sylvie Monceret-Goujon, los aficionados que descubrieron el lugar, no ocultan su entusiasmo. "Prospeccionamos y buscamos fósiles desde que teníamos veinte años", dice Eric Monceret.

Madrid/EUROPA PRESS. Domingo 11 de febrero de 2024.

viernes, 15 de marzo de 2024

Poesía musical y "foliada" en Bruselas. Segundo festival EmigraSon

Actuación de The Rapants en el festival Emigrason.
(Foto: Pablo Vázquez)

"Nos encanta celebrar el día de la mujer trabajadora trabajando aquí". Lo decía Lucía Aldao, mitad de Aldaolado, el dúo poético musical que conforma con su compañera María Lado. Ambas fueron las responsables de inaugurar la segunda edición del festival EmigraSon, que tiene lugar este fin de semana en Bruselas. Impulsado por emigrantes gallegos que pretenden mantener viva la llama de su cultura, reúne diferentes propuestas de la música que se hace hoy en día en Galicia. La de Aldaolado encantó en la sede del Instituto Cervantes, que se llenó para disfrutar de sus reivindicaciones regadas de humor. De esta manera en una misma pieza pueden pasar de cantar línea de bingo más allá de lo posible  a terminar, en modo canción, pidiendo a Paco Ibáñez que se haga lesbiana.

Tras su paso, el encuentro se trasladó al Centro García Lorca. Allí tenía lugar la gran foliada con Alumea, una formación folclórica domiciliada en Bélgica reivindicando la música tradicional, tocándola y bailándola por toda Europa. Ante un público joven -de entre 20 y 30 años- convirtieron en sonido y movimiento todo este discurso, contagiando a una audiencia que, enseguida, se fundió en el festejo. Hasta levitar en una eufórica felicidad de corazón flotando entre gaitas y panderetas y pies descontrolados.  

Después de recorrer el recinto de una esquina a otra, cedieron el foco a los dj's del festival. Estes establecieron  una curiosa mezcla de ese nuevo pop gallego y urbano -sonando desde el Diego Tristán de Boyanka Kostova a Oliveira dos cen anos de C. Tangana- con músicas latinas. El espacio se convirtió en una enorme discoteca en la que se escucharon todos los acentos gallegos. Y también los de españoles de otros lugares de la Península atraídos por esta celebración universal pero con denominación de origen.

En la segunda jornada de este EmigraSon tomaron el protagonismo The Rapants, Catuxa Salom, Ataque Estampe, Lontreira y Grande amore. Un abanico plural que sirve como fenomenal fotografía de la creación sonora actual en Galicia. Un clic, eso sí, hecho a 1.800 kilómetros de la "tierra". Con la misma nitidez pero con un extra  de emotividad. El de la emigración.

Javier Becerra. Bruselas/Enviado especial. La Voz de Galicia, domingo 10 de marzo del 2024.

jueves, 14 de marzo de 2024

"El léxico del autor"

Aunque apreciaba los dones apacibles del campo, sobre todo los vinculados al País Vasco francés, donde vio la primera luz, Barthes era sobre todo un animal de ciudad por la que le gustaba desplazarse andando. Viví en su misma calle más de un año, y puedo dar razón de sus paseos, solo o acompañado, por el barrio Latino, por el proustiano barrio de Saint-Germain o por las inmediaciones de Montparnasse o la Ópera, en una época en la que París tenía todavía su relato y su personalidad, antes de que se convirtiera en un parque mediático para los millones de turistas que la visitan en todas las épocas del año.

De todos los cafés que jalonaban sus paseos, el más querido y frecuentado era sin duda el Flore, donde una tarde lo capté en un momento reflexivo y con la mirada ausente. Quizá pensaba en sus pasos perdidos: sus días en el sanatorio de tuberculosos, tocados por la enfermedad que le impidió entrar en la Escuela Normal Superior, a la que estaba destinado al igual que Sartre, Althusser y Foucault. O sus años de lector francés en Bucarest o Alejandría, donde tuvo más que un amor, o sus días en la Escuela de Estudios Superiores, donde dio el seminario reproducido en el libro que vamos a tratar, o su experiencia pedagógica más reciente en el prestigioso Colegio de Francia a cuyos cursos asistí y donde ingresó en 1977, tan solo tres años antes de su muerte. 

El léxico del autor está prologado por Éric Marty, autor de El sexo de los modernos y gran lector de Barthes que conoce su obra palmo a palmo y que abre las puertas de la travesía con agudas matizaciones. Los asistentes al seminario formaban una camarilla de élite, con intelectuales como Aron, Sarduy, Sollers, Bremond, Kristeva y un largo etcétera. Decía Hegel que "la conciencia de sí solo alcanza su satisfacción en otra conciencia de sí", y eso pasaba en el seminario  de 1973-1974, donde los narcisismos eran recíprocos y compartidos y donde Barthes tomaba conciencia de su propio discurrir en otras conciencias que lo acompañaban mientras se exploraba en realidad a sí mismo, pues el seminario fue la base de un ensayo irónicamente autobiográfico.

Sobrepasado el ecuador de la obra nos encontramos con textos inéditos sobre el viaje a China que Barthes hizo con los miembros de la revista Tel Quel, lo que acentuaba su diferencia: otra indumentaria, otra generación, otra mirada, sin olvidar que Barthes estaba muy lejos de practicar el maoísmo barroco y sofisticado de la revista ni se dedicaba a la demagogia exquisita. En aquel entonces todavía las élites de izquierdas de París valoraban muy positivamente la revolución cultural. En su visión de China, Barthes oscila entre la crítica leve y las reflexiones estéticas, y abundan las observaciones felices y penetrantes sobre un país "ininteligible". Mientras iba recorriendo El léxico del autor en todos sus recovecos sentí que asistía a las fases diferentes de la obra de Barthes, la pasada, la presente y la futura, porque hay momentos que nos conducen a El grado cero de la escritura, a Crítica y verdad, que quedan lejos en el tiempo, a la vez que vemos la reflexión del presente implícita en el seminario y anuncios de la obra futura en especulaciones que se acercan mucho a sus Fragmentos de un discurso amoroso. Diré como conclusión que El léxico del autor es un libro variado, fluido, hermoso y también es un ensayo-autopsia, pues a través de sus páginas vemos, de forma tan arropada como desnuda, la construcción "en vivo" de un ensayo con todos sus vaivenes y registros.

Jesús Ferrero. Babelia. El País, sábado 2 de marzo de 2024.

miércoles, 13 de marzo de 2024

Sarah Kofman o la influencia de una madre enigmática

Sara Kofman

La obra de de Sara Kofman, contemporánea de Jacques Derrida, filósofa francesa hija del Holocausto, cuyo padre fue asesinado en Auschwitz, ha suscitado en los últimos años el interés de investigadores y pensadores. En 2019 tuvo lugar en París un congreso internacional bajo el título Sara Kofman: filosofar de otra manera, cuyas actas fueron publicadas en 2021 en francés (editorial Hermann). Este encuentro supuso un fértil intercambio entre académicos y personas del círculo más cercano a Kofman, como Avital Ronell o Jean-Luc Nancy. En el campo de la investigación filosófica, la revista Pensamiento de la Universidad de Comillas está preparando un monográfico sobre esta autora bajo la dirección del filósofo Ricardo Espinoza Lolas.

Para entender a Sara Kofman (1934-1994) hay que conocer su biografía. Kofman lee mucho y a fondo, perdiéndose en los textos de sus autores de cabecera, básicamente Nietzsche y Freud. Su tarea es concéntrica y compleja, en círculos o en torbellino de palabras. ¿Por qué esta filosofa así esta autora? Y, sobre todo, ¿Cómo se empieza a filosofar casi desguazando un texto, adentrándose en la materialidad que lo organiza, en definitiva, hincando bocado a la página? Habría que preguntar, en el caso de Sara Kofmann  cuál fue el impulso inicial que la movió a leer de una forma tan singular. Seguramente las figuras maternas tengan un papel relevante en este asunto.

Kofmann publicó en 1994 su autobiografía, titulada Calle Ordener, calle Labat. Poco después se suicidó. El libro es la historia de la deportación del padre y de sus consecuencias. Después de que los gendarmes detuvieran a Berek Kofman, la pequeña Sarah sufrió una profunda angustia de separación. Vomitaba si la separaban de su madre, hasta el punto que no pudo esconderla con otra gente y se tuvo que quedar con ella. Ambas se trasladaron desde la calle Ordener, donde vivía la familia  hasta la detención del padre, hasta la calle Labat, al domicilio en el que una señora francesa (mémé, como la llamaría más tarde Sara Kofman) las acogió, poniendo en riesgo su propia vida. En el transcurso de los días en la clandestinidad del domicilio de la calle Labat, Sarah se encontró entre dos madres. La madre yidis cocinaba comida kosher para Sarah, mientras que la madre francesa decía que esta dieta no era adecuada para la niña y le compraba filete de carne saignant. Dice la fallecida feminista belga Françoise Collin que la alimentación constituye el núcleo de su relato autobiográfico: "Todo se teje en términos de comer, de comer demasiado a demasiado poco, entre el hambre y el vómito, en lo que cuesta digerir. Poco a poco la niña se fue decantando hacia mémé, que la sacaba a pasear alardeando de lo guapa y rubia que era la niña, y llevándola a conciertos y museos. El mundo de la cultura se abrió ante ella como un bombón que se deshace en la boca. Abandonando las restricciones dietéticas de la tradición materna, Sarah Kofman entró en la dimensión simbólica de la madre francesa. Entre dos madres se jugó la supervivencia de la niña.

La perdida traumática del padre constituye el principio del relato. Su ausencia, la dificultad que envuelve a la pequeña. A medida que Sarah estudia, y más adelante cuando empieza a escribir filosofía, busca una vía de salida. El atajo sirve para entender cómo filosofa esta autora y cuál es su relación con la obra de Nietzsche.

Nietzsche también pierde a su padre muy joven, como Hofman. En su maravillosa biografía sobre el filósofo, Daniel Havély describe la indefensión del muchacho frente a esta temprana desaparición del padre, del que más tarde dirá, en Ecce homo (1889): "Yo soy mi padre muerto". Federico tenía entonces cuatro años... Durante largo tiempo permaneció conmovido por haber comprendido demasiado pronto"... De la misma manera que, en el caso de Nietzsche, Ecce homo es una recapitulación de su obra, Calle Ordener, calle Labat representa para Sara Kofman el momento de decir lo que veinte libros  de filosofía mo consiguieron expresar previamente. Ambos textos constituyen el instante  del fin para los dos filósofos, cuyos biografemas (en términos de la filósofa francesa Danielle Cohen Levinas) permiten entender cuál puede ser, a veces. el impulso traumático de la filosofía...

Anna Pagès. Ideas. El País, domingo 18 de febrero de 2024.

martes, 12 de marzo de 2024

Bélgica da un paso más para devolver el legado colonial de sus museos.

En la exposición Re-Thinking Collections

La advertencia a la entrada del Museo de África de Bruselas está escrita en varios idiomas, europeos y africanos: "Todo pasa, salvo el pasado". Cómo afrontar ese pasado, sobre todo cuando implica un siniestro legado colonial como el de Bélgica, es un proceso largo, difícil y doloroso. En el museo fundado por el rey Leopoldo II en un magnífico palacio a las afueras de Bruselas para exhibir obras y objetos -y hasta restos humanos- de ese Congo que durante décadas fue su propiedad personal, hace tiempo que se emprendió una tarea de reflexión, que incluyó su cierre durante cinco años para reconfigurar  su colección  para que dejara de ser  una oda a la colonización y ofreciera una mirada crítica y contextualizada del pasado del país. 

Un camino que ahora da un paso más, con la exposición Re-Thinking Collections (Repensar las colecciones), basada en una investigación científica sobre los orígenes de los fondos como paso previo fundamental -aunque no exclusivo, advierten sus responsables- para emprender el camino de la restitución a sus países de origen.

"No se trata solo de renovar nuestro edificio también debemos innovar completamente, sobre todo nuestra forma de pensar", explica el nuevo director general del Museo de África, Bart Ouvry. "Esta muestra es un nuevo paso para retomar, de una manera crítica, la forma en que miramos nuestro pasado como museo, pero también como belgas y como europeos.

La exposición, que permanecerá abierta hasta el 29 de septiembre, propone un breve pero profundo recorrido sobre las razones que están detrás de la necesidad de restitución -establecida por ley en Bélgica desde 2022- y los complejos procedimientos necesarios para aclarar el origen  de las colecciones de los museos. No es una cuestión baladí: solo en el Museo de África, se desconoce totalmente el origen del 22% de sus fondos, la mayoría (más de 40.000 piezas, el 60%) son obras del Congo llevadas al país antes de la I Guerra Mundial. "¿Cómo llegaron aquí? Algunos lo hicieron a través del sector privado, o por las fuerzas públicas, y sabemos bien que parte de ellas llegaron a nuestra colección mediante violencia, el robo y manipulaciones. Es importante saberlo", subraya Ouvry, un director de museo atípico, ya que antes fue embajador en varios países africanos. Un pasado profesional que marca su experiencia al frente del mayor referente  belga, y probablemente europeo, del pasado colonial occidental.

La nueva muestra, que según Ouvry obedece también a un ejercicio de "transparencia" y de voluntad de incitar al diálogo sobre el pasado colonial, la abre una de las piezas icónicas del museo: la estatua Nkisi Nkondi, arrebatada como trofeo a su dueño, el jefe tribal Ne Kuka, uno de los nueve reyes de la ciudad de Boma, en 1878, durante una expedición de castigo del comerciante belga Alexandre Delcommune. La estatua está en la lista de las obras a restituir a Kinsasa (capital de la República Democrática del Congo), ya que nadie discute la necesidad  y hasta la obligación moral de devolverla a sus dueños originales. Pero no todas las obras tienen un origen tan claro. El museo estima que el 25% de su colección proceden de expediciones de colección organizadas específicamente con este fin, pero queda por averiguar con qué procedimientos fueron obtenidas. Otro 15% son piezas con las que se hicieron los militares; un 12%, la Administración colonial, un 8%, las empresas que allí operaban y un 7% procede del mercado de arte colonial...

Silvia Ayuso. Bruselas. El País, viernes 19 de enero de 2024.

lunes, 11 de marzo de 2024

"El deshielo". Traumas del pasado adolescente

Eva es una adolescente que vive en Bruselas, trabaja con un  fotógrafo, vive con su hermana y no se habla con sus padres. De carácter taciturno, pronto veremos que sus dificultades para relacionarse vienen de algún lugar de su pasado, más concretamente de su familia y de su pueblo y sus amigos de infancia. Su retorno a ese lugar desencadenará un tsunami de recuerdos con unas consecuencias que no tienen vuelta atrás.

El deshielo es la ópera prima como realizadora de Veerle Baetens (Brasschaat, Bélgica, 1978) a quien previamente conocimos por su faceta de actriz y cantante, principalmente por la muy apreciable película -y premiada- Alabama Monroe (Felix van Groeningen, 2012). Para su debut al otro lado de la cámara, Baetens escoge una historia dramática  y nada fácil, adaptación de la novela (todo un superventas, especialmente en su país) de la autora belga Liz Spit (Zandhoven, 1988). Compone con ella una narración con dos líneas temporales: el presente donde Eva vive instalada en la desesperanza y en el miedo a la vida; y el pasado, aparentemente luminoso, donde una Eva de 13 años, con una mirada todavía ilusionada, vive el que será el último verano de su niñez antes de que todo cambie.

Sostenida especialmente por la mirada de la joven Rose Marchant -premio especial del jurado a la mejor actriz en el Festival de Sundance-, este largometraje sobre el trauma nos muestra una vida rota por sucesos trágicos del pasado, una víctima del horror que se esconde en los círculos aparentemente seguros, donde los pasajes de la infancia son los más desgarradores y duros y nos hacen sentir empatía por la chiquilla que se fue.

La transición de la niñez a la adolescencia es aquí un espacio habitado por oscuridades, confusiones, intentos de encajar y pulsiones que acaban deviniendo hacia la violencia, mientras el silencio cómplice de aquellos que miran hacia otro lado, aún sabiendo lo que está mal, es otra forma de violencia tan cruel como la ejercida físicamente. 

El deshielo es una película carente de piedad hacia el espectador; no hay redención ni castigos ejemplarizantes, sino un tema -tristemente de actualidad- como el tratamiento del sexo y violencia entre preadolescentes. Su poso de desesperanza, que perdura tras su desenlace, invita a la reflexión y la concienciación.

Sabela Pillado. La Voz de Galicia. Martes 13 de febrero de 2024.

domingo, 10 de marzo de 2024

Robert Badinter. Artífice de la abolición de la pena de muerte en Francia

Robert Badinter, artífice de la abolición de la pena de muerte en Francia, murió en la noche del jueves al viernes en París. Tenía 95 años. Como ministro de justicia del socialista François Mitterrand, Badinter acabó con la guillotina en 1981, una obsesión que, como la defensa de los derechos humanos y los principios de la Ilustración, guio la vida de este hijo de judíos de Besarabia inmigrados a Francia. Su padre, Simon, fue deportado por los nazis al campo de Sobibor, donde fue asesinado. Él que sería abogado de negocios y especializado en la libertad de prensa y defensor de asesinos condenados a la guillotina, tras su paso por el Gobierno presidió el Consejo Constitucional y fue senador por el Partido Socialista. En un país político y socialmente dividido y con la extrema derecha en ascenso, era una personalidad atípica, casi un monumento en vida. Cuando hablaba se le escuchaba.

"Era una figura del siglo, una conciencia republicana, el espíritu francés", dijo el presidente Emmanuel Macron. Su viejo partido, el socialista, afirmó en un comunicado: "Hay pocas figuras con capacidad para unir la nación en su conjunto, pues supone haber sabido encarnar combates que hacen crecer la humanidad entera, Robert Badinter era de estos". "Él representaba una corriente que va más allá de los partidos y que representa lo que es Francia", dice por teléfono el ex primer ministro Manuel Valls, cercano al matrimonio formado por Robert y la intelectual feminista Elisabeth Badinter. "Poco importan los desacuerdos", dijo el líder de la izquierda radical, Jean-Luc Mélenchon. "Jamás me he cruzado con otro ser de esta naturaleza. Simplemente era luminoso". Marine Le Pen, cuyo programa en buena parte es una enmienda a la Francia de Badinter, dijo: "Era posible no compartir todos los combates de Robert Badinter, pero este hombre de convicciones fue incontestablemente una figura que marcó el paisaje intelectual y jurídico".

Badinter, como muchos hijos de inmigrantes, y aún más de quienes huyeron de persecuciones fascistas o regímenes autoritarios, apreciaba como pocos el ideal laico y republicano de Francia, Pero como decía su biógrafa, Pauline Deyfrus, "fue una historia de amor que se frustró". Durante la ocupación nazi, en la Segunda Guerra Mundial, sufrió la Francia antisemita y colaboracionista. Pero también encontró con su madre y su hermano refugio en un pueblo de la Saboya, lo que les permitió sobrevivir. Contaba Le Monde en su obituario que el sentimiento de revuelta ante la injusticia nació al final de la guerra, cuando un profesor suyo, al que había admirado, fue condenado por colaborar con los nazis. El profesor fue finalmente indultado, pero el joven Badinter entendió algo que para él resultaría esencial. Una cosa es la venganza. Otra, la justicia.

Hay momentos decisivos en la vida de todo humano. Para Badinter, uno fue la desaparición de su padre. Otro, ya de adulto y como abogado de prestigio, la defensa en 1971 de Roger Bontems, condenado a muerte por complicidad en el asesinato de una enfermera y un guardián  durante un motín en una prisión. De madrugada, en la prisión parisina de la Santé, el abogado escuchó desde el despacho del director el ruido de la cuchilla que decapitaba a Bontems. En una entrevista, en el semanario Le 1, en 2o21, todavía recordaba que en aquel momento pensó: "No es posible, ¡No es posible, ¡nunca más! Mientras pueda, combatiré contra la pena de muerte. Una justicia que mata no es justicia"...

Marc Bassets. El País, martes 13 de febrero de 2024.

sábado, 9 de marzo de 2024

El lugar donde se vive la Historia

Abadía de San Pedro de Maillezais

La Vendée es una de las zonas con más historia del Loira Atlántico (al oeste de Francia), sobre todo, porque sigue muy presente la Guerra de la Vendée que, a finales del siglo XVIII, enfrentó a los partidarios de la Revolución Francesa y a los  vandeanos. Ese conflicto convirtió en personaje histórico a François de Charette, militar y general del ejército local y que fue apodado "El Rey de la Vendée". Precisamente, a solo 500 metros de donde fue asesinado, se encuentra el Logis de la Chabotterie, un lugar donde se puede visitar una exposición permanente sobre la guerra y el general en un entorno natural. Además acogerá durante la segunda quincena de mayo la 13ª edición de las Flories Internacionales, una interesante muestra universal dedicada a las flores que espera recibir entre 200.000 y 300.000 visitantes de todos los países. Entre otros grandes atractivos de La Vendée podemos destacar la cantidad de castillos que reúne su paisaje: desde el Castillo de la Flocelliere hasta el de Terre-Neuve. A unos 15 kilómetros de este último, se puede visitar la Abadía de San Pedro de Maillezais, necrópolis de los duques de Aquitania que fue fundada a principios del siglo XI.

A los pies de la abadía se encuentra uno de los embarcaderos que tienen las Marismas del Poitou. Por allí se puede dar un relajante paseo en barca de algo más de una hora de duración en el que se puede avistar castores, ranas y multitud de especies de aves e insectos. Los beneficios económicos de este embarcadero se destinan a apoyar a los ciudadanos del pueblo con actividades culturales. Además, los barqueros son, entre semana, jubilados, mientras que los fines de semana y periodos vacacionales, estudiantes. Aquí se puede asistir a la unión del fuego y el agua por la cantidad de metano que se acumula en el fondo debido a las cápsulas que forman las hojas y los animales. En total, entre todas las marismas (secas, mojadas y saladas) suman más de 3.800 kms de canales y unas 300 especies de aves.

Pero si hay un lugar que no hay que perderse de esta zona, es el Puy du fou, uno de los parques temáticos más visitados de Francia y que cuenta la historia del país en sus 200 hectáreas y a través de una veintena de espectáculos que unen acrobacias, efectos especiales y multitud de animales. Más de dos millones de visitantes acuden al año para contemplarlo.

 Entre las ciudades más emblemáticas están Fontaine-le-Comte, la única que posee la denominación de Ciudad de Arte e Historia de La Vendée. Tiene 80 hectáreas de extensión y los símbolos de la ciudad son La fontaine des Quatre Tías, de 1542, y los unicornios (se decía que tenían el poder de purificar el agua), que aparecen en todos los papeles administrativos.

En esta ciudad se pueden comprar y degustar algunas de las especialidades gastronómicas de la región, como el Prefou, una baguette partida a lo largo que se hornea 30 minutos y que está rellena de ajo, perejil y mantequilla; el gâteau minute, una especie de bollo que se prepara en nada de tiempo; la mogette de la Vendée, una suculenta legumbre; el brioche de la Vendée, que destaca por su esponjosidad , así como las sardinas y carne vacuna, platos para degustar si se visita esta zona.

por último, para acompañar algunos de estos manjares qué mejor que un buen vino. Por eso, justo en el punto más alto del sur de la Vendée está ubicado Viñedos Mercier, que se extienden a lo largo y ancho de 70 hectáreas de viñedos y donde se podrá probar y comprar vinos blancos, tintos, rosados y espumosos, de gran calidad que adentran al visitante mediante el paladar en la historia de la región.

Álvaro González López-Serrano. El País. Viajes 29 de febrero de 2024.

viernes, 8 de marzo de 2024

Todopoderoso Savall

Vuelve a Madrid (29 de febrero), tras bastantes años de ausencia, el oratorio Las estaciones de Haydn, una obra maestra, tanto más que La creación y claramente superior a Il ritorno de Tobía. La interpretación correrá a cargo de Le concert des Nations y la Capella Nacional de Catalunya, dos de los conjuntos con los que trabaja habitualmente su fundador, el gambista y chelista Jordi Savall, desde hace años también su director. Su visión, imaginamos que nada grandilocuente conociendo su manera, entrará probablemente en el marco de una interpretación historicista, que clarifique voces, líneas y contrapuntos.

La obra bien merece un planteamiento riguroso. Son muchas las bellezas que atesora a lo largo de sus 44 números. Y un comentario que aquí ha de ser breve. Lo primero que llama la atención es la distribución en cuatro partes, cuatro cantatas correspondientes a cada estación, que constituyen a su vez dos mitades bien diferenciadas: Primavera y Verano, que se ocupan de la descripción del entorno natural, en un espíritu y unos contenidos que no quedan lejos de los que animan las dos partes iniciales  de La Creación, y Otoño  e Invierno, en donde hace su aparición la actividad humana, que da pie a la narración, en buena medida descriptiva, de sus hechos y labores, que deja sitio para la reflexión de sabor cuasi  filosófico, y que abre un final que, como en el oratorio precedente, canta la obra del Todopoderoso. 

Los tres solistas no son ángeles, como en La creación, sino personas reales que actúan como testigos o como protagonistas...En la partitura encontramos un poco de todo, números de variado tipo y procedencia, sin que la heterogeneidad determine incoherencia gracias a la prodigiosa habilidad  sincrética, como destaca Marie-Aude Roux, del compositor, capaz de unir la inspiración popular del lied o singspiel a la dramaturgia religiosa handeliana en un fluido contino y articulado. (...)

La obra es, en todo caso, una exaltación de la tierra, "como garante de una vida más recta y de costumbres mas íntegras", en expresión del musicólogo italiano Giorgio Pestelli. La naturaleza como espejo de acciones y de trabajos, aunque tal visión esté muy lejos  de aquella que el romanticismo practicó, donde, más allá de fáciles simbolismos, se establece una unión, una identificación, una confusión entre paisaje interior y exterior.

Arturo Reverter. El Cultural, 23-2-2024.

jueves, 7 de marzo de 2024

Los inviernos son de Maryse Condé

Con la llegada de un nuevo enero, muchos cogemos con ganas las posibilidades de empezar de cero. Un propósito, una ilusión, una cuenta pendiente que, de esta vez, seguro que va. Pero la editorial salmantina Impedimenta tiene claro que sus principios de año se basan en cumplir una única misión: rescatar y traducir al castellano un nuevo título de Maryse Condé (Guadaluoe,1937). Y van seis.  

Puede que la decisión de abrir cada año el catálogo con Maryse tenga algún motivo detrás. Pero, sea casualidad o estrategia editorial, lo cierto es que los inviernos le sientan bien a la literatura de Condé. Sus letras son frías, no hay mucha luz en las historias de nos cuenta y es fácil enfangarse en el humedal de malas decisiones en el que caen sin remedio muchos de sus personajes. Incluida ella misma, que en sus memorias Corazón que ríe, corazón que llora (publicado en castellano en 2019) y la segunda parte, La vida sin maquillaje (2020), nos desvela su mayor error vital: creer que tus raíces las marca el lugar donde naces.

El desarraigo es la piedra angular de toda su obra. Los protagonistas de su ficción  (siendo honestos, casi todas mujeres antillanas como ella ) sienten en sus carnes ese "no sé de dónde vengo ni a dónde voy" que les hace experimentar una profunda soledad y las empuja a estar en continua búsqueda de un hogar. Pero su casa no está en ningún sitio porque en ningún país son bienvenidas. Estas mujeres viajen desde el Caribe a Europa, Norteamérica o África donde acaban sintiéndose apartadas de la vida de los blancos y fuera de las comunidades negras. Nunca son suficiente para nadie.

Y aunque en apariencia son tremendamente individualistas, cuando el lector empieza a conocerlas y a entender sus intenciones, se da cuenta de que todas ellas anhelan pertenecer a algo. A veces a alguien (aunque, a todas luces, eso no sea una buena idea). En Yo, Tituba, la bruja negra de Salem (2022 en castellano) es el deseo de encontrar algo parecido al amor lo que empuja a Tituba a dejar atrás a su país. Y esa acabará siendo su condena cuando viva la crueldad y la violencia del esclavismo en sus carnes. 

La historia de Tituba sumada a una larga y prolífica carrera literaria, le valió a Condé el Premio Nobel Alternativo de las leras en el 2018.

Para seguir completando esa colección de la autora guadalupeña más internacional, Impedimenta ha decidido recatar este año Historia de la mujer caníbal una obra publicada originalmente en el 2003. Está claro que el canibalismo es un tema delicado desde que La sociedad del nieve ha vuelto a poner sobre la mesa esto de la antropofagia. Pero no se preocupen. Nadie se come a nadie en esta historia.

De hecho, al principio parece que es Rosélie, la protagonista, la que está siendo devorada por la situación. Su marido ha sido asesinado en plena calle una noche que salió a por tabaco. Nadie lo entiende. Todo un misterio (...)

De nuevo el desarraigo y la soledad son el centro de una obra que nos coloca en la Sudáfrica del postpartheid y en la que Rosélie, al igual que hizo Maryse con las letras, utilizará su arte para sobrevivir a este largo y tormentoso invierno.

Belén Araujo. La Voz de Galicia, viernes 16 de febrero de 2024.

miércoles, 6 de marzo de 2024

Misoginia digital en la gala de los César

Gala Hernández. /Foto: Lea Rener

En 2018, en algún punto indeterminado de EE UU, un hombre apodado Anathematic Anarchist emitía un grito de socorro virtual. Una carta de suicidio publicada en Braincels, uno de los mayores foros de incels de internet, un lugar donde estos célibes involuntarios expresan su aversión hacia las mujeres y que hoy ya no existe. El mensaje tenía un inquietante título: "Estados Unidos es responsable de mi muerte". En 2021 y muy lejos, en Berlín, esa llamada de auxilio fue recogida por el enemigo, la cineasta e investigadora Gala Hernández (Murcia, 30 años), que en ese momento indagaba sobre estas comunidades online de hombres. La misiva le emocionó y decidió utilizarla como hilo conductor de La mecánica de los fluidos (2022), un cortometraje documental que este año es candidato a los premios César. La película utiliza la captura de pantalla, los vídeos de redes sociales y el arte digital como vehículo para adentrarse en el mundo de los incels y de las apps de citas  y sus algoritmos perversos; y explorar así como, paradójicamente, en un mundo hiper conectado nos sentimos cada vez más solos.

Hernández, la única española candidata este año a los máximos galardones del cine francés, jamás se hubiera imaginado que esta película la acabaría llevando a la gala de los César. "Está claro que es muy raro", bromea. "Me parece surrealista". La directora recibió la noticia en la Casa de Velázquez en Madrid, donde disfruta de una residencia artística y acaba su tesis doctoral, que va, precisamente, sobre el uso de la captura de pantalla en la era posinternet.

Esta nominación, en la categoría de mejor cortometraje documental, es el último reconocimiento de un filme que ha sido galardonado en la Seminci, el Festival Internacional de Cine Independiente de Burdeos o el Doc.Berlín. Una película que empezó a gestarse en 2018, después de que su autora pasase años navegando entre el cine y su industria y la investigación.

Hernández empezó su formación en la Escuela Superior de Cine y Audiovisuales de Cataluña (ESCAC), donde se chocó de lleno con una estructura que constreñía su creatividad. "No había una cultura de vamos a experimentar, a romper, haz una locura, busca tu propia voz, sino que había mucho de ¡dónde está el conflicto!, ¡personaje protagonista! ¡tres actos!", cuenta. Cuando acabó el grado, la cineasta descubrió el máster de Estudios de Cine y Audiovisual Contemporáneos de la Universidad Pompeu Fabra (UPF), algo que para ella "fue casi una epifanía". Allí, por fin, encontró su sitio. Gracias a un acuerdo entre universidades pudo mudarse a Francia para empezar otro máster. Al acabar empezó el doctorado. En 2020 , aprovechando la ausencia de clases presenciales, se mudó a Berlín. Ahí nació el cortometraje. "Estaba allí, en invierno, usando Tinder como una descosida. Soltera, deprimida, todo cerrado, se hacía de noche a las tres de la tarde. Empezó a obsesionarse con la idea de que que Tinder era la fuente de su angustia...

Para Hernández, además no se puede ignorar que la existencia de los incels es una especie de fracaso colectivo. "El Estado de bienestar, la educación, el colegio, el instituto, la universidad, el hospital, los psiquiatras... ha habido una serie de fallas en el sistema... Ante la pregunta de si en España le habría resultado más difícil hacer una película  como La mecánica de los fluidos, la directora considera que "no podría afirmar que en España no se hace cine así". "Creo que no es verdad". Lo que sí es verdad es que hay más dinero en Francia y que allí  es más fácil hacer cine  y vivir de él", explica. "Si tienes que cubrir necesidades materiales básicas, obviamente, el arte o el cine es la menos  de tus preocupaciones, por mucho que quieras hacer una peli. Y esa es toda la desgracia del cine español  y en general  de la cultura y el arte en España. Se ha precarizado desde hace mucho tiempo", añade...

Silvia Laboreo. Madrid. El País, miércoles 14 de febrero de 2024.

Gala Hernández López gana el premio César al mejor Corto Documental 2024.  

EFE. 24 de febrero de 2024.

martes, 5 de marzo de 2024

La mujer del abrigo púrpura

Lydia Délectorskaya

La mujer cuyo rostro aparece en todos los cuadros de los últimos treinta años de Matisse se llamaba Lydia Délectorskaya. La vemos pensativa, embutida en un flamante abrigo púrpura, rodeada de plantas y cerámicas de vivísimos colores: es un cuadro que pintó Matisse desde su silla de ruedas, tras una operación para extirparle un cáncer de colon. Es una llamada de vida cuando Henry Matisse creyó estar cerca de la muerte. 

Cuando Lydia tenía 13 años, en Rusia, sus padres murieron durante una epidemia de tifus y cólera en Tomsk, donde vivía la familia, y la hermana de su madre llevó a la niña a Harbin (China). Allí, a los 19 años se casó y se fue con su marido a París, pero pronto quedó claro que tenían muy poco en común. Después del divorcio, se encontró en un país desconocido, sin amigos, sin dinero ni dominio del idioma. Y encontró trabajo como mujer para todo en la casa que compartían el pintor y su mujer, Amélie. 

Además de sus rasgos eslavos muy marcados que atrajeron a Matisse como artista, Lydia poseía las cualidades que poco a poco la hicieron indispensable para él. Su decencia, prudencia, habilidad organizativa y precisión en todo contribuyeron al hecho de que todos los asuntos de la casa pasaran gradualmente a su jurisdicción: Lydia comenzó a administrar tanto la casa como los asuntos de Matisse.

Todo llegó tan lejos que Amélie, la esposa del artista, empezó a insistir para que su exenfermera y chica para todo saliera de la casa. "La señora quería que me fuera, y no por celos femeninos, sino porque administraba  todos sus asuntos  y ocupaba demasiado espacio en la casa", recordó Lydia. Pero el artista ya no pudo prescindir  de su asistente rusa, y entonces Amélie decidió que era ella quien debía irse. Las primeras pinturas que Matisse hizo de Lydia combinan el fenomenal virtuosismo que le había costado tantos años perfeccionar con su capacidad instintiva original para utilizar el color. El hijo de Matisse, Pierre, le dijo a su padre que se había renovado como pintor con Desnudo rosa, para la que Lydia modeló durante un periodo de seis meses. En el momento de su encuentro, Matisse llevaba 39 años casado con su fiel Amélie, quien crio a sus dos hijos y a una hija ilegítima del pintor.

En 1939, inició el proceso de divorcio y el abogado de madame Matisse redactó un acta según la cual todos los bienes de los cónyuges, incluidos cuadros y dibujos, debían dividirse por la mitad. Pero el artista no podía permitirse el lujo de sobrevivir a tal estrés y el divorcio nunca se produjo. Lydia nunca insistió en ello...En su última década, enfrentado al agotamiento y la mala salud, Lydia hizo posible que pintara sus últimas obras maestras: la capilla de Vence y los recortes de colores que son la culminación de su arte. Matisse  murió el 3 de noviembre de 1954. Tenía 84 años. El día anterior, Lydia se había acercado a su cama con su cabello recién lavado enrollado en un turbante de toalla, acentuando la severidad clásica y la pureza del perfil que Matisse había dibujado y pintado tantas veces. La dibujó con un bolígrafo, sosteniendo el último dibujo que hizo con el brazo extendido para evaluar su calidad antes de pronunciar con gravedad: "Vale".

Isabel Coixet. XLSemanal 11 de febrero de 2024.


lunes, 4 de marzo de 2024

Sautet, el director despreciado por 'Cahiers du Cinéma'

Los solitarios personajes de Claude Sautet siempre hacían cosas extrañas por amor. Por ejemplo, no amar a quien amaban. Sus criaturas, hombres temerosos, dubitativos ante la posibilidad de elegir, y mujeres concretas y combativas, gente perdida social, económica, moral e intelectualmente, solían ser unos extraviados. Sautet (Montrouge, 1924-París, 2000) dirigió películas entre 1960 y 1995. No demasiadas, apenas 13, entre A todo riesgo y Nelly y el Sr. Arnaud, más una, Bonjour sourire!, de 1956, que, aunque esté firmada por él, no consideraba como suya. De ellas, media docena de obras maestras y otra media de obras formidables o notables. Despreciado en su vida por los miembros de la revista Cahiers du Cinéma, aunque admirado por Jean-Pierre Melville, otro independiente, maduro y complejo como él, y por François Truffaut, el único de los coetáneos de la nouvelle vague que lo valoró en su justa medida, Saute cumpliría este jueves, 22 de febrero 100años.  Un excelente momento para recuperar su figura misteriosa, su obra amarga, presente en una parte relevante en plataformas.

Su carrera podría dividirse entre los filmes policiacos ásperos protagonizados por seres a la deriva (A todo riesgo, Max y los chatarreros) y los dramas sobre los burgueses maduros unidos por el fracaso: Las cosas de la vida; Ella, yo y el otro; Tres amigos, sus mujeres... y los otros; Mado.

Esta es una selección de sus películas que se pueden ver en distintas plataformas

Una vida de mujer (1978). Tanto su título original, Une histoire simple, como el español dan una idea de lo que quería Sautet: abordar un relato  (desgraciadamente común), el de una mujer de mediana edad  que intenta encontrarse  a sí misma sin la dependencia de los hombres, aunque sin forzar el más mínimo énfasis dramático. "Desde hace un tiempo cuando estoy contigo es cuando menos te echo de menos", dice a su actual pareja el personaje de Schneider, mujer divorciada con un hijo adolescente, en un tono lóbrego cargado de lirismo, tras tomar la decisión de dejar de convivir con él y abortar, sola y en una decisión libre, del hijo que esperan. Y el director se luce en esos momentos de pausa, aparentemente copados por el brío, las conversaciones y los resquemores. Esta disponible en Filmin.

Un corazón en invierno(1992). El lado más tenebroso y taimado de la gente impoluta, triunfadora y culta. En este caso, un lutier, un artista con un mimo exquisito para crear violines, un sabio de la música, un tipo gélido e impenetrable, al que interpreta sin apenas mover un músculo Daniel Auteuil. "Si uno habla puede decir tonterías. Si se calla, en cambio, no hay riesgo y puede parecer inteligente", le espeta el personaje de Emmanuelle Béar, tan enojada como fascinada ante un ser opaco que se ha creado un mundo cerrado y practica un cruel juego de seducción, radicalmente opuesto al de Valmont en Las amistades peligrosas. Esto es mucho más sibilino y humillante. Es un hombre con un corazón en invierno, inspirado en la novela corta de  Mijaíl Lérmontov Un héroe de nuestro tiempo. Disponible en You Tube.

Nelly y el Sr. Arnaud (1995). El testamento cinematográfico del director. El señor Arnaud no es Sautet, ni tiene por qué serlo, ¡pero se le parece tanto! Una joven mujer en dificultades económicas acepta una buena cantidad de dinero para saldar sus deudas y una oferta de trabajo para pasar a limpio y editar un libro de memorias  por parte de un amigo de una amiga, un exjuez y hombre de negocios jubilado al que apenas conoce, un "señor mayor" pero "no un anciano". La gran capacidad del cineasta para romper expectativas; su apego por la incertidumbre y el talento  para que en cada diálogo y con cada acción ocurra lo más inesperado; el retrato de una serie de personajes que buscan una calma interior  que les llega del modo más misterioso. Podría haber sido un filme sobre una relación oscura, pero es la historia de un hombre con un inmenso camino recorrido que vela por una mujer con un camino por recorrer. Se puede ver en Filmin.

Javier Ocaña. Madrid. El País, jueves 22 de febrero de 2024.

domingo, 3 de marzo de 2024

El filósofo Jean-François Braunstein , contra la ideología woke

Jean-François Braunstein

"Es una religión sin perdón en la que el hombre blanco siempre es culpable". Este profesor de filosofía que enseña Historia de la Ciencia en la Universidad de París denuncia que los defensores de este pensamiento tienen la intención de "deconstruir" toda la herencia cultural y científica de Occidente. 

Cuenta el filósofo francés Jean-François Braunstein (Marsella, 1953) que cuando empezó a criticar los principios de la ideología woke hubo colegas de la universidad que dejaron de hablarle. Y no lo han vuelto a hacer. Si los principales trabajos del francés profundizan sobre la ciencia y su historia, ahora acaba de publicar  en España su última obra: La religión woke (La Esfera), en la que analiza de manera crítica lo que para él se ha convertido casi en una nueva fe que amenaza las democracias.

P.- ¿Por qué quiso dedicarle un libro a la filosofía woke?

R.-Ya había escrito un libro en el que hablaba de términos filosóficos que eliminan los límites entre el hombre y la mujer, la vida y la muerte... Ahora lo que tenemos en muchas universidades son las ideas que llamamos woke (despierto), en el sentido del "despertar de las  injusticias". He querido conservar ese término, porque es una nueva visión del mundo, muy distinta a la actual, que cree que lo que importa es la conciencia, no el cuerpo. Es una idea revolucionaria que va contra la ciencia.

P.- ¿Por qué lo considera  una religión?

R.- Hablo de religión porque va contra la ciencia, contra el intercambio libre de argumentos y de
la realidad tal y como la conocemos. Es la primera religión que se enseña en las universidades. Desde el siglo XIX, esta ha sido siempre el lugar de la tolerancia y la libertad de opinión, y hoy la mayoría están dominadas por esta religión woke. Evoca lo que llamamos el "gran despertar religioso". Y es una religión sin perdón en la que el hombre blanco, colonialista, es culpable siempre de oprimir a las víctimas eternas. La libertad de discusión, la búsqueda de la verdad y el conocimiento objetivo están en cuestión. Es un ataque determinado a las luces, la herencia del conocimiento y la cultura  occidental. Era mi deber intelectual abordarlo.

P.- ¿Es como si tuviéramos necesidad de religión? 

R.- Exactamente. Se desarrolla normalmente en los países occidentales en los que las grandes religiones  tradicionales están a punto de desaparecer. La religión ha desaparecido y esta es una de reemplazo, que da una serie de esperanzas: la de castigar a los malos con la idea de que vamos a fabricar un hombre nuevo. El mundo nos mira con consternación  y las dictaduras de todo el mundo se aprovechan.

 P.- ¿En que sentido?

R.- Putin en Ucrania... China aprovecha para criticar a los americanos y los islamistas usan todos los temas del movimiento woke... Es una señal de extrema debilidad para el mundo exterior. Cuando decimos que podemos ser hombre  o mujer hacemos un elogio de una propuesta que es falsa  y esto hace  que nuestra palabra  no tenga más significado ni de confianza en el otro. Hay una crítica radical de la noción de verdad, es una creencia contraintuitiva. Sobre todo el tema del género. Putin hace leyes más severas  contra los homosexuales porque dice que, sino, vamos a llegar  a un transgénero. Se aprovecha.

Raquel Villaécija. París , El Mundo, 15-2-2024.

sábado, 2 de marzo de 2024

El misterioso París de Éric Fouassier

Éric Fouassier

Éric Fouassier (Tours, Francia, 60 años) contrajo el virus de la literatura a muy temprana edad. Lector fanático de Dumas, Verne y Los misterios de París de Eugène Sue, no tardó en probar suerte como escritor: antes de la mayoría de edad ya había enviado su primer manuscrito a tres grandes editoriales de Francia. La respuesta alentadora de Gallimard fue el primer paso en una carrera que le ha llevado, gracias a libros que mezclan la novela histórica y el thriller, al éxito en términos de crítica y público.

Pero por el camino hubo baches, idas y venidas. "Estudié el bachillerato científico, luego Farmacia, con una tesis sobre la química farmacéutica en literatura, y luego Derecho", contaba la semana pasada en el festival BCNegra. Después llego la gimnasia, el fortalecimiento de la prosa a través de la novela corta. En este campo coincidió, entre otros con Bernard Minier, con el que se cruza en el hall del hotel de Barcelona donde atiende a El País. "Eran ideales porque no tenía tiempo para otra cosa. Escribí unas 50 entre 2.000 y 2.005. Me presentaba a muchos concursos", resume.

Varios años, 13 novelas de todo tipo e incontables relatos hasta que llegó el éxito con El gabinete de los misterios ocultos, titulada de la misma forma  y publicada en España por Principal Noir: "No sé por qué pero antes de publicarlo sabía que pasaba algo. Se tradujo rápidamente al japonés y todo el mundo habla de ello. Fue la primera vez que los adolescentes trataron una obra mía como si fuera una serie de Neftlix". Después vinieron 40.000 descargas de audiolibro en un año y más de medio millón de ejemplares  con las entregas (El fantasma del Vicario, también en Principal, y Les nuits de la peur bleue, aún por traducir). ¿Dónde está la clave? "Creo que los problemas de esa época resuenan en el le lector de hoy en unas tramas históricas con temas más propios del thriller. Hay además, una serie de personajes fuertes que los lectores siguen", relata desde detrás de sus gafas redondas y de una sonrisa  casi constante, el rostro del profesor amable que todavía es cuando no escribe. El protagonista de esta novela es Valentín Verde, un dandi parisino de rostro casi perfecto teñido, sin embargo, de una "conmovedora melancolía". Soltero, solitario, no muy hablador, tiene cierta tendencia a la introspección, generada muy posiblemente por los horrores experimentados desde una temprana edad...

Verne dirige la Brigada de los Misterios Ocultos, creada en 1830 para desentrañar  crímenes  imposibles en una época en la que las luces enciclopédicas y el empirismo no terminan de imponerse a las sombras y a las supersticiones. Esta lucha se ve reflejada en toda la serie, acompañada de unas maravillosas localizaciones y mucho sentido del ritmo policíaco.

Los misterios de estas novelas están ambientados en un París en plena transformación gracias a a una ascendente y poderosa clase burguesa, con nuevos barrios muy distintos a los de la medieval Île de la Cité. Es la época más novelesca", defiende, "quería con todas mis fuerzas que París fuera un personaje. Un París de contrastes, que llega al lector por los sentidos". Una ciudad en la que solo una clase permanece inalterada, siempre con la suerte en contra: la clase obrera, los miserables... 

Juan Carlos Galindo. Barcelona. El País, 17 de febrero de 2024.

viernes, 1 de marzo de 2024

Louis Vuitton presentará en Barcelona su colección crucero

Louis Vuitton presentará el 23 de mayo en Barcelona un desfile exclusivo, la colección crucero 2025, una cita de lujo que dará el pistoletazo de salida de las múltiples acciones que la firma pondrá en marcha en colaboración con la capital catalana para acompañar la 37ª edición de la Copa América, que comenzará en agosto y se prolongará hasta octubre. La ciudad se prepara desde hace meses para esta competición deportiva, que llegará acompañada de todo tipo de planes culturales y de ocio. Además de varias actividades, la firma  de lujo francés, del grupo LVMH, organizará una exposición y otras citas culturales con invitados de todo el mundo. Precisamente fue hace diez años en Mónaco, dónde Louis Vuitton inauguró la costumbre de presentar su colección crucero con un desfile único, como solo hacen las marcas exclusivas.

Si los desfiles de las firmas de moda más caras ya son muy elitistas, y solo son accesibles para los más privilegiados de este sector, las presentaciones de las colecciones crucero todavía lo son más porque se celebran fuera de los calendarios de las semanas de la moda de Milán, París o Nueva York, y tan solo para un público muy reducido, que es invitado por la empresa. Islas remotas, como Isola Bella en el lago Maggiore (Italia); la casa de Bob&Dolores Hope en Palm Springs (California) diseñada por John Lautner o el Museo de Arte Contemporáneo Oscar Niemeyer en Niterói (Kioto) han sido algunas de las localizaciones escogidas.

Con estos antecedentes, todo hace prever que el lugar concreto donde Louis Vuitton organizará este espectáculo, pensado por el director creativo de la firma, Nicolas Ghesquière, va a ser sorprendente.  Teniendo en cuenta que todo se ha planificado para contribuir  a sofisticar la imagen de la Copa América. También es previsible que los invitados a la capital catalana  sean personalidades influyentes del mundo de la moda  como la poderosa editora de Vogue Anna Wintour, además de modelos, actrices e influencers de prestigio internacional...

Marc Rocabert. Barcelona. El País, miércoles 28 de febrero de 2024.