jueves, 9 de mayo de 2024

Muere Bernard Pivot, el periodista de "Apostrophes"

Bernard Pivot

Bernard Pivot, el periodista que durante décadas modeló los gustos literarios de los franceses con su programa Apostrophes y demostró que se podía hablar de libros en televisión con éxito de crítica y público, murió ayer en Neully-sur-Seine, cerca de París. Tenía 89 años.

Mil veces quisieron imitarlo, en Francia y más allá de sus fronteras, pero nadie dio con la fórmula.  Un estudio de televisión con público, un grupo de contertulios hablando de libros, peleándose a veces, riendo, bebiendo. Una mesa baja, las cámaras filmando en directo. Lo que los salones literarios eran en el siglo XIX lo fue Apostrophes en el último tercio del XX. En medio de aquel salón, Pivot, ingenioso y socarrón, hábil en el manejo de los egos en el estudio y capaz de mediar entre ellos y el telespectador. Sus programas -Apostrophes (1975-1990) y Bouillon de culture (1991-2001)- eran profundos y entretenidos.

En los ochenta, un tercio de los libros que se vendían en librerías era porque habían hablado de ellos Pivot y su banda. El programa tenía entre 2'5 y 6 millones de espectadores. Alí nacían y morían glorias literarias. La nómina de invitados  es un quién es quién de la literatura francesa y occidental. Algunas de las entrevistas de Apostrophes son clásicos del género: Nabokov, Solzhenitsin, Marguerite Yourcenar, Georges Simenon, entre otros. Hay programas memorables, que no dejan de circular por las redes sociales y YouTube. La borrachera en directo de Bukowski. O Serge Gainsbourg increpando al cantautor Guy Béart. También desfilaron políticos, una cita obligada si querían demostrar que eran leídos, desde Mitterrand hasta Felipe González.

"Su éxito se explica porque era el intérprete de la curiosidad pública, pero no lo hacía como intelectual sino como hombre del pueblo", contaba ayer por teléfono el escritor Pierre Assouline, amigo suyo. "Es alguien con quien cualquier francés puede identificarse. Y esta era una singularidad".

El historiador Pierre Nora, en el prólogo de un libro de entrevistas con Pivot , califica de "única" su trayectoria. "Única en la historia de la televisión  (...), en el paisaje editorial y literario que él contribuyó a orientar y ordenar  (...) única también en la historia literaria y periodística (...) única finalmente por su duración...

Fueron 25 años de televisión literaria, una media de cinco autores semanales, 250 libros al año. El libro con Nora se titula De oficio, lector. Allí revelaba algunas de sus recetas. De entrada, hablar con los autores de una forma "distendida, espontánea y popular". Se impuso normas: "Preguntas cortas": considerar que "cualquier respuesta, incluso decepcionante, es más importante que la pregunta"; "no olvidar que es también el telespectador quien pregunta y es él también quien escucha la respuesta" Y añadía: "En cada programa parto de ese postulado: el público no sabe nada, yo tampoco, y los intelectuales y escritores saben muchas cosas. Habiendo leído sus libros, sé lo suficiente como para ser el mediador". (...)

Nació en una familia de tenderos. Pasó la guerra en la región del Beaujolais. Después de estudiar periodismo en París, en 1958 entró en el suplemento literario de Le Figaro, donde aprendió el oficio de lo que el llamaba  "gacetillero" cultural. Jamás se consideró un crítico. Combinar la curiosidad, las lecturas y la divulgación le armaría para crear sus programas. Vivió una segunda vida tras jubilarse de la televisión al frente de la Academia Goncourt, el más prestigioso de los premios franceses. Pivot era puro esprit francés. Francés y cosmopolita. En sus viajes al extranjero le preguntaban:"¿Por qué no tenemos nosotros un programa como Apostrophes?". Respondía: "¡Porque no quieren!".

Marc Bassets. París. El País, martes 7 de mayo de 2024.

miércoles, 8 de mayo de 2024

El talento y el coraje de Marjane Satrapi. Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades

Una niña iraní mira al frente, con los brazos cruzados. Lleva el velo, y cierta firmeza en los ojos. Apenas dos viñetas después, se ven hombres y mujeres exaltados con el puño levantado: empieza la Revolución Islámica. Aquellos dibujos, que dieron comienzo en el año 2.000 a Persépolis, cambiaron la historia de esa chiquilla, de la novela gráfica y, tal vez, incluso de Irán. Tanto que durante años a Marjane Satrapi (Rasth, 54 años) le siguieron reclamando que retratara a aquella joven, a lo que ella respondía: "Ha crecido". Se ha hecho mujer. Leyenda del tebeo. Cineasta. Francoiraní. Fiera opositora del régimen de su país. Y, ahora, Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades, como anunció ayer la fundación que entrega los galardones.

El jurado definió a Satrapi, residente en París, como "un símbolo del compromiso cívico liderado por las mujeres", la calificó como "una de las personas más influentes en el diálogo entre culturas y generaciones" y recordó que en Persépolis plasma ejemplarmente la búsqueda de un mundo más justo e integrador". Y ella, en una rueda de prensa por videoconferencia, dedicó ayer el galardón  a la lucha por la libertad en su país y al rapero Toomaj Salehi, condenado a muerte hace unos días: "Es la voz de todo el país"(...)

Así que este Princesa de Aturias reconoce muchas cosas a la vez, justo lo que suponen las obras de Satrapi. Ante todo, el talento de una narradora capaz de aprender y dominar nuevos formatos. Apenas tenía experiencia, además de llevar poco tiempo en la Escuela de Artes Decorativas de Estrasburgo, cuando construyó su obra maestra. Ella creía que nunca encontraría un editor, que todo terminaría en fotocopias para sus amigos, pero se convirtió en un hito para el tebeo.

Persépolis, editado en España por Reservoirs Books, dibuja una infancia en Teherán durante la Revolución islámica que en 1979, derrocó al sah de Persia y aupó al poder al ayatolá Jomeini, hasta su llegada a Europa, adonde la enviaron sus padres y reside desde entonces. La familia de Satrapi, acomodada y progresista, simpatizaba  en principio con la revolución, pero cuando esta fue dominada por los sectores islamistas derivó en un régimen teocrático que cortó las libertades individuales y se embarcó en una guerra con Irak en 1980, bajo la vigilancia de los Guardianes de la Revolución. Todo ello se narra en Persépolis. Pero tampoco Sattrapi sabía mucho de cine   cuando se dejó convencer para adaptar Persépolis a la pantalla, a cuatro manos con  Vincent Paronnaud. Recibió ex aequo el Gran Premio de Cannes de 2007 y, luego, la primera nominación de una creadora por el mejor film de animación en la historia de los Oscar.

El Princesa de Asturias también encumbra la valentía de una voz siempre dispuesta a decir lo que piensa. A detestar el uso del velo, como símbolo de sumisión, y a defender, al mismo tiempo, que las mujeres que quieran puedan usarlo. A definirse como "muy feminista" y rechazar tajantemente el patriarcado, así como la lucha concebida como mujeres contra hombres:"Nadie tiene derecho a dominar a nadie. Somos todos iguales. No hay razas, somos la raza humana". "Hay muy pocas diferencias entre un judío, musulmán o católico fanático. El problema de la religión es que impide a la gente hablar y reflexionar, pretende dar respuestas en lugar de suscitar preguntas" ...

"Vendí millones de libros y no sé cuántos centenares de conferencias di. ¿Cambié algo? Qué sé yo. ¿Desperté la curiosidad de la gente? Dí. Contribuí un poquito. Solo un poquito, aunque solo así se cambia el mundo" reflexionaba en noviembre con El País. Aunque, todavía hoy, no tiene claro el impacto real de la obra. "Funcionó porque fue un buen libro, honesto. Pero a menudo tengo la impresión de que estoy convenciendo a la gente ya convencida. Si alguien como yo recibe este premio, el mundo debe ir muy mal. No soy ni supersimpática ni super tolerante". 

Tommaso Koch. Madrid. El País, miércoles 1 de mayo de 2024.

martes, 7 de mayo de 2024

Vientos de arte en Flandes: Brujas se llena de arte con su Trienal

"Who?", instalación de Iván Argote en el canal Speelmansrei de Brujas .
Foto: Filip Dujardin
Las Trienal de Brujas y Beaufort convierten las calles y los paisajes de Flandes en un museo al aire libre con esculturas e instalaciones de grandes artistas. Brujas se llena de arte con su Trienal. La ciudad flamenca, Patrimonio de la Humanidad desde 2000, inunda sus calles y canales de esculturas e instalaciones hasta el 1 de septiembre. La ciudad e convierte sí en un inmenso y singular museo.

Como cada tres años desde 2015, Brujas acoge su Trienal de Arte y Arquitectura, que suma un atractivo cultural añadido al asombroso legado histórico y cultural de la ciudad flamenca. Este año desde el pasado 13 de abril  hasta el 1 de septiembre, doce intervenciones artísticas y arquitectónicas ocupan espacios inusuales de ese centro histórico. El lema de la cuarta edición de la trienal es 'Espacios de posibilidad'. El objetivo de sus organizadoras, las comisarias Shendy Gardin y Sevie Tsampalla, era centrarse en lugares poco transitados de la ciudad, pese a encontrarse, en muchos casos, en el corazón mismo del casco histórico, en los que han intervenido artistas de renombre internacional como la británica Mona Hatoum, el colombiano Iván Argote, la mexicana Mariana Castillo Deball, el belga Adrien Tirtiaux o el anglo turco Ivan Morison, además de la arquitecta sudamericana Sumayya Vally, los arquitectos japoneses Shingo Masuda+Katsuhisa Otsubo Architectes y los estudios SO-IL. Bangkok Project, Norell/Rodhe, Ossidiana y Traumnovelle. Ese último colectivo bruselense ha transformado, con andamios industriales y cortinas plateadas, el patio medieval del ayuntamiento. Utilizando ese entorno histórico como un espejo, se ha creado una especie de teatro a la manera  de nuestro corral de comedias de Almagro. 

Una torre de vigilancia de madera, The Tower of Balance, del Bangkok Project Studio, con sus 18 metros de altura, es una de las más visibles y llamativas. De hecho, se sitúa justo en el eje de las tres torres medievales de la ciudad. Quienes suban a la torre también podrán tocar la campana y contribuir a dar forma al sonido de Brujas.

Los pintorescos canales de la ciudad también acogen obras. Iván Argote eligió el canal Speelmansrei para su contribución de cuento de hadas: dos botas de siete leguas inmóviles sobre la superficie del agua. Sumayya Vally ha situado unas canoas africanas de madera quemada flotando bajo el puente Minnewater. Están llenas de plantas y hierbas exóticas, en recuerdo del rico pasado comercial de Brujas.

Las preocupaciones ecológicas están también presentes. La pareja Norell/Rode transforma en jardín comunitario un céntrico solar tapiado. Su objetivo es lograr que, una vez que se desmonten las obras de la trienal, los vecinos sigan empleándolo como lugar de encuentro. En otro patio recóndito, el Hof Bladelin, Studio Ossidiana ha creado un ecosistema vegetal: una especie de  jardín del Edén de seis metros de altura donde se han plantado semillas de flores y plantas. El parque Sebrecht es uno de los numerosos espacios verdes de la ciudad. Y es ahí donde Marina Castillo Deball ha querido introducir abejas en una instalación de cerámica. También sorprende la tranquilidad del jardín del hospital psiquiátrico, el lugar elegido por Mona Hatoum. La artista hizo cavar allí un túnel a la sombra de un castaño. Por su parte, la estructura efímera de los arquitectos Shingo Masuda y,  Katsuhisa Otsubo, creada con 11.000 ladrillos de arcilla cocida, se encuentra en el jardín del Hospital de San Juan...

Jesús Rodríguez Lenin. El Cultural, 26-4-2004.

lunes, 6 de mayo de 2024

HLM Pussy. Amistades de verdad, paso a paso

La joven Djeneba (Médina Diarra), criada entre bloques de la banlieue, se apropia del argot HLM (habitation à loyer modéré, tipo de vivienda social francesa) para recriminar la impertinencia de una compañera de clase que se burla de su vida sexual. El HLM Pussy es como el 'písame la cara': cuando lo explicamos, en parte también renunciamos a él. Amina (Leah Aubert), de piel más clara y padres abogados, encuentra la expresión "superpandillera", por lo que nombra así un perfil en Instagram desde el que compartir un vídeo que prueba una agresión sexual sobre la tímida tercera pata de su pequeña pandilla, Zineb (Salama Takaline). El clip se viraliza y comienza una cadena de dominó fatal: el tipo que acosa a Zineb, Zak (Oscar Al Hafiane), se destapa como un macho invasivo que no tarda en atosigar verbal y físicamente a sus amigas, mientras Amina, lejos de la polvareda, llora sin entender por qué Djeneba y Zineb no quieren saber nada de su acto de denuncia.

Siguiendo el civismo preocupado de Los peores (Lise Akoka, 2022), El Hourch da un paso atrás para contemplar los efectos catastróficos que los pequeños resbalones pueden tener sobre quienes no piden ayuda. La directora, coguionista con  Éléonore Gurrey y Sara Wikler, reparte las voces narrativas entre chicas y registros, abriéndose para superar su propia condición de historia contada. El agresor Zak invade la normalidad de Djeneba en clave de neonoir sucio, realismo de calle, alternándose con pasajes poéticos de un onirismo inocentón que solo puede dialogar con la experiencia disociada de Zineb, la chiquilla agredida. Pero la película renuncia a posicionarse. En la práctica, y desde un humanismo también buenista, El Hourch trata de entender a su personaje más cuestionable: Amina. Con ello acaba por devolver la palabra a quien ya la tenía. Lo cual no es solo decepcionante desde lo cultural, también entierra una película valiosa...

Pero existe una película detrás del debut de El Hourch, que apunta ideas buenísimas: la presencia silenciosa de Zineb, introvertida y agotada, nos reta a preguntarnos si el concepto de "batería social" -tan de moda hoy- es aplicable a vidas condenadas al espacio público perpetuo (¿se pueden tener habitaciones propias cuando oímos el televisor de nuestros vecinos?

Incluso descosida, HLM Pussy se negocia como lo hacemos con las amistades de verdad. Paso a paso, porque nos importan.

Mariona Borrull. El Cultural, 12-4-2024.

domingo, 5 de mayo de 2024

Políticos amargados y júbilo del 68

Mayo del 68 está muerto y si queda algo vivo debería acabarse con ello inmediatamente. La furia que sigue provocando aquel movimiento, al que se acusa ahora de haber contribuido al ultraliberalismo y al individualismo posterior es chocante. Algo importante debió de tener aquella rebelión y algo debe permanecer vigente, además de su impacto en la revolución feminista y en la vida sexual, como para provocar tanta inquina entre los actuales portavoces del conservadurismo. Quizás que Mayo del 68 fue, como ha demostrado Thomas Piketty, "el comienzo de un periodo histórico de reducción considerable de las desigualdades sociales, y si esa tendencia perdió fuerza después, fue por razones muy diferentes". En este mundo en el que la riqueza extrema alcanza niveles inusitados, quizá convenga recordar qué significó aquel estallido (no solo de los estudiantes sino también de jóvenes trabajadores de las grandes fábricas) que puso en solfa todo el sistema social, económico y cultural en que se vivía. 

Mayo del 68 acabó de manera muy característica, con una huelga general que pretendía controlar otros dos movimientos más espontáneos, estudiantil y obrero, a manos de la derecha conservadora (el partido de Pompidou llegó a los 354 escaños, el de François Mitterrand se quedó en 57, y el Partido Comunista Francés, en 34). Pero nada acabó ahí. Las consecuencias fueron múltiples y algunas de ellas se echan de menos en la actualidad, por ejemplo, el júbilo de participar en la vida pública. La filósofa Hannah Arendt describió así, en aquel momento, lo que consideró una de las características muy notables:"Lo primero que me llama la atención es su determinación de actuar, su júbilo en la acción  (...) Resultó que la acción política es divertida". Esa alegría y diversión parece haber desaparecido de la vida política actual, no solo en Francia, sino en todas partes. España incluida, donde es casi imposible introducir algo de humor en el debate político y, desde luego, donde los políticos de cualquier tendencia parecen más amargados que jubilosos.

Volviendo a Piketty y a la influencia que tuvo Mayo del 68 en la lucha contra la desigualdad, sus estudios demuestran que la ruptura con el periodo precedente fue "neta y de largo alcance". "El poder de compra del salario mínimo", escribe. "había progresado apenas el 25% entre 1950 y 1968. Impulsado por el fuerte aumento de los salarios bajos, la masa salarial avanzó durante los años 1968-1983 mucho más rápido que la producción, lo que llevó a una fuerte disminución de la cuota del capital en el ingreso nacional. Es a partir de 1998, y clramente después con la crisis financiera de 2008, cuando la tendencia iniciada en Mayo del 68 se derrumba y la desigualdad se hace galopante, favorecida por una feroz respuesta austericida. 

Con algo de humor, la estupenda periodista mexicana Marcela Turati proponía hace tiempo que los periodistas dejaran de escribir de la vida de los pobres y empezaran a fijarse en los superricos. La pobreza no parece que provoque reacción, decía, pero es posible que la superriqueza provoque furia.. La concentración de la riqueza ha pasado a ser monstruosa: 264 personas poseen hoy en día el equivalente a lo que poseen 3.000 millones de personas en el mundo.. No importa, opinan algunos, siempre que esos 3.000 tengan lo suficiente para vivir. Pero no es cierto  que semejante concentración  de dinero no tenga efectos en la vida de esos 3.000 millones y en la de todos los demás habitantes de la Tierra... Mayo del 68, derrotas pírricas, victorias aplazadas, escribió Carlos Fuentes. 

Soledad Gallego-Díaz. Panorama. Ideas. El País, domingo 14 de abril de 2024.

sábado, 4 de mayo de 2024

La belleza abismal de los pueblos colgantes en Francia

Estos nueve enclaves franceses nacieron como nidos de águila, encaramados a parajes vertiginosos y de enorme simbolismo histórico. Por si su emplazamiento no fuese suficiente, muchos incluyen capillas, abadías y bastiones, que los protegían de otros pueblos que en el pasado querían arrebatarles su poder y su belleza. 

Castelnaud-La-Chapelle corona un enclave privilegiado de la histórica región de Aquitania, justo frente a la confluencia de los ríos Dordoña y Céou. Esta inexpugnable bastide defensiva fue creciendo en terrazas sobre una colina que acabó defendida por dos castillos, uno la desafiante fortaleza medieval del siglo XIII y el otro, el fortín de Milandes, de época posterior y un estilo más palaciego, situado a las afueras del pueblo. Los orígenes del conjunto se hallan en el siglo XII, cuando el poderoso señor de Castelnaud, devoto de la fe cátara, hizo erigir un  bastión fortificado, que acabó incendiado en 1214 durante las cruzadas religiosas de los albigenses de la época. Las continuas guerras y asaltos hicieron que el castillo cambiara hasta siete veces de bando en pocos años, hasta 1442 cuando pasa definitivamente al reino de Francia. De todo ello habla el Museo de la Guerra Medieval que se aloja en el interior de su bastide, donde también se exhiben armas y armaduras medievales y maquinaria de asedio bélico. El pueblo forma parte de Les plus beaux villages de France. 

Rocamadour
Rocamadour.  La "ciudadela santa" de Rocamadour, fue vertiginosamente edificada en una grieta abierta en la gigantesca garganta del río Alzou, en el actual departamento del Lot. Su historia se remonta al siglo XII, vinculada al hallazgo del cuerpo de San Zacarías, rebautizado con el nombre de San Amadour y que fue enterrado en la cripta de una capilla. Precisamente esta leyenda puso los cimientos a la Capilla de Notre-Dame, excavada en la roca y aún hoy lugar de peregrinaciones que llegan para venerar la tumba del santo y la talla medieval de una Virgen negra. El templo se abre a la Explanada del Santuario, a la que se accede por una escalera de 216 peldaños, excavados en la roca, que muchos peregrinos ascienden de rodillas. Precisamente la fe convirtió a Rocamadour en etapa de la Ruta Jacobea que desde Francia se dirige a Compostela.

Beynac-et-Canezac es un hermoso pueblo que trepa por una colina, coronando un roquedo con vistas al valle de la Dordoña. La población se asienta en el corazón de Francia, en una región que preserva la esencia natural e importancia histórica, con llanuras tapizadas de viñedos  y bastiones medievales. Este enclave fortificado esta dominado por un baluarte del siglo XII, que aún conserva varias puertas fortificadas.  Desde la base del río se asciende a este pueblo de varios niveles por un camino empinado y empedrado, que se encaja entre las casas con entramados de madera que a partir de la Edad Media empezaron a construirse adosadas a este acantilado del  Dordoña. Destacó como destino de peregrinos que se dirigían a su iglesia de Saint-Jacques y continuaban  hacia la capital compostelana. Aún conserva la fuente en la que se refrescaban los devotos al llegar a esta etapa europea.

Najac se encarama como una serpiente a un bosque del Aveyron. Sobre un altozano, su fortaleza, bien conservada, preside la localidad. Sobresale por ser un ejemplo de defensa militar medieval, por tener las aspilleras más altas que se conocen y una Torre del Homenaje que, hoy como un mirador a 200 metros de altura, regala una vista amplísima del valle de Aveyron. Entre otros pueblos colgantes de Francia, Najac se distingue porque, en lugar de tener su villa en espiral alrededor de un castillo, lo hizo en horizontal sobre un roquedo, abrazado con fuerza a una cresta rocosa. En este caserío extendido, la vista discurre en horizontal, pasando junto a los diversos monumentos que con el tiempo fueron naciendo uno tras otro: es el caso de las casas más antiguas del pueblo y una fuente monolítica del siglo XIV.

Saint-Cirq Lapopie. El emplazamiento que ocupa estuvo habitado desde la época galo-romana, aunque su expansión e importancia estratégica comenzó en la Edad Media, primero como puerto de la madera que circulaba en gabarras por el río Lot, y luego como etapa en la Ruta Saint-Jacques en Francia. La coqueta localidad domina un roquedo que se levanta desde la orilla del cauce fluvial del Lot, en el departamento del mismo nombre en pleno Parque Natural des Causses de Quercy. Hasta el XX la prosperidad  de la zona se basó en los bosques y viaductos sobre el río, por lo que aún se encuentran muchos talleres que fabrican objetos de madera como barricas para las bodegas locales. Su fotogenia también atrae a muchos pintores, que luego exponen en las galerías de arte surgidas en las últimas décadas. Sus callejones empedrados y con casas medievales adornadas con flores  plasman todo el encanto de Saint-Cirq, pueblo declarado Monumento Histórico y también en la lista de los Pueblos más Bellos de Francia.

El pueblo medieval de Cordes-sur-Ciel, Francia. Anthony Dezenzio/iStockphoto

Cordes-sur-ciel. Dicen que la imagen casi onírica de Cordes-sur-ciel rodeado de nubes al amanecer es el que inspiró su nombre. El pueblo que parece elevarse para tocar el cielo fue una de las primeras bastides colgantes que mandó construir el conde de Toulouse el año 1222. Conserva intactas las murallas medievales con las puertas de la ciudad, y sus callejones adoquinados,  encaramados en una colina, hacen viajar al medievo, aún con algunas casa de líneas góticas y esculturas de dragones y plazoletas porticadas. Su aspecto inexpugnable, fue una provocación para los continuos asedios que sufrió, desde monjes-soldados cátaros a los obispos de Albi. La restauración de 1940 retornó la belleza original de este pueblo de Occitania, cuya visita puede finalizar con un toque dulce visitando el Museo de las Artes del Azúcar y el Chocolate.

Éze. El pueblo de Éze bien podría ser conocido como "la roca" de la Riviera francesa. Coronando a 427 metros un roquedo de la Provenza, muy cerca de Niza, este enclave ejercía de fortificación natural, este bastión se elevaba para proteger una aldea de los ataques por mar y desde el interior. Muchos de los bastiones defensivos creados en Francia en el pasado dominaban los territorios del interior, pero muy pocos se atrevían a afrontar los ataques desde el Mediterráneo. Por eso sobresale, Éze, por estar asomado al mar encaramado a una elevación en primera línea de costa. Su agradable visita, a veces escalonada, regala vistas inolvidables, y propone toparse con bellos rincones de aire provenzal, mientras se lega a la iglesia que corona el pueblo, dominando una explanada que hace de mirador, donde aún quedan restos de su bastide original.

Gordes es un pueblo de raíces. Destaca como enclave colgante con vistas al Luberón, en el departamento de la Vaucluse, pero además la falta de espacio hizo que, se fuera creando una ciudad subterránea, que en origen funcionó como un almacén agrícola; luego también de defensa. Gordes empezó a crecer en época medieval en una fotogénica colina, en lo alto de un precipicio que asimismo protegía a sus moradores, con casas construidas en espiral y callejones, que ascienden por calles empedradas hasta su castillo originario del siglo XI, que en el XVI incorporó la fachada renacentista. La fortaleza comparte espacio con la iglesia de Nuestra Señora de Gordes, románica del siglo XII aunque muy remodelada en el XVII, y el Palacio de Saint-Firmin, donde aún se conservan pasadizos subterráneos donde había bodegas, despensas y molinos de aceite. La localidad se hizo popular a inicios del siglo XX entre artistas, principalmente pintores, que buscaban inspiración en sus calles y la famosa luz de la Provenza, como Marc Chagall quien para sus dibujos en blanco y negro observaba los tonos de las piedras secas de la región. Gordes también forma parte de Los Pueblos más Bellos de Francia.

Asun Luján. Viajes National Geographic, actualizado a 25 de abril de 2024.

viernes, 3 de mayo de 2024

Chanel Nº5 y Moscú rojo, los perfumes del poder

Muchos sabrán que Marilyn Monroe, según declaró ella misma, solo se ponía para dormir unas gotitas de Chanel Nº5. Pero seguro que otros tantos ignoran que el perfume más famoso del siglo XX -símbolo del esplendor parisino de la edad dorada: hay quien al olerlo dice sentir frías burbujas de champán dentro de la nariz- tenía su origen en las heladas estepas rusas. Años antes de que en 1920 Coco Chanel, de un muestrario de varios perfumes, eligiera el número 5, un perfumero francés afincado en Rusia, Ernest Beaux, había tenido que huir de Moscú. El propio Beaux, el hombre que le había traído aquellas muestras a la diseñadora, contaría más tarde que aquel quinto aroma surgía del Bouquet Préféré de l'Impératrice, una fragancia que él mismo había creado en 1913 para conmemorar a Catalina II.

Al adaptarlo al gusto francés, dijo, había querido reproducir la experiencia olfativa de su huida en plena Guerra Civil Rusa. Para ello tuvo que crear artificialmente el olor del círculo polar ártico, por donde había pasado en la época en la que el sol sale a medianoche. Y lo logró añadiendo aldehídos como los que se encuentran en altas concentraciones en los paisajes nevados de la tundra. Este compuesto químico da al perfume "el severo olor a nieve y deshielo" que según cuenta Karl Schlögel (Allgäu, 1948) en El aroma de los imperios (Acantilado), conforma la base de Chanel Nº5. Luego Beaux, para ofrecérselo a la nariz francesa de Coco Chanel, le añadió una buena dosis de jazmín. El resultado, dice Schlögel, fue "un aroma opulento y dulzón, e inevitablemente caro".

En Cannes, ciudad donde Coco Chanel olió aquella muestra -Beaux tenía allí su laboratorio-, había nacido décadas antes Auguste Michel, el otro gran protagonista del libro de Schlögel. Con un olfato entrenado  de niño en los aromas de la Costa Azul, Michel, formado ya como perfumista, se había establecido en Rusia en los últimos años del imperio, atraído por lo que entonces era un inmenso mercado de cosmética y perfumes. Pero en 1917 llega la Revolución, Michel pierde el pasaporte y, a diferencia de Beaux, no puede salir de Rusia. No cuesta imaginar el resto: nacionalizan la fábrica donde trabaja y suspenden la producción. El perfume pasa a ser decadente y burgués, al punto de que, a la esposa de Mijaíl Bulgákov la denuncian en parte  por los "enormes" frascos  de perfume que tenía en su tocador, según cuenta Schlögel. 

Milagrosamente, Michel, especialista en aquella industria condenada, sobrevive. Y tras unos años oscuros, otra vez arrastrado por la Historia, pasa a engrosar la lista de las élites soviéticas y a protagonizar la industria del perfume en la URSS. Es sabido que en los años treinta, justo antes de la Gran Purga, Moscú se llenó de tiendas estatales de perfumería y cosmética. "¡La vida se ha vuelto mejor, la vida se ha vuelto más feliz, camaradas!", había proclamado Stalin. En esa época Michel recibe el encargo de su vida: el perfume Palacio de los Soviets, una fragancia que debía completar al que iba a ser el edificio más alto del mundo. Pero el proyecto del edificio fracasa y el perfume de Michel es rechazado; poco después, el rastro del perfumista se pierde. Estamos en 1937, apogeo del Gran Terror estalinista, Michel, especialista extranjero y miembro de una industria sospechosa, pudo haber sido  uno de de los cientos de miles de ejecutados en aquellos meses. Su historia, en todo caso, termina aquí. Y dos años después se presenta el que sería el perfume por antonomasia de la era soviética: Moscú Rojo, también creado -y he aquí la coincidencia nuclear del libro- a partir del perfume prerrevolucionario de Catalina II...

Alberto Gordo. El Cultural, 26-4-2024.

jueves, 2 de mayo de 2024

Joël Dicker culmina una década prodigiosa

De la nada a la cima del best seller. Ese es el viaje que ha realizado en la última década Joël Dicker (Ginebra, 1985), el penúltimo niño mimado de la literatura de intriga. Ha vendido 22 millones de libros y quiere seguir engrosando sus pasmosas cifras con Un animal salvaje (Alfaguara). Es un thriller con la mecánica de un reloj suizo en el que el escritor juega con el tempo y el ritmo en una sinuosa trama llena de secretos, mentiras, pasiones y trampas para el lector. Lo presenta como una inquietante cuenta atrás sobre un atraco que dura siete minutos y que desarrolla en 446 páginas.

Recala Dicker en España en la gira de lanzamiento de su octava novela. Como todas la anteriores afirma haberla escrito "sin un plan previo". No quiere que se piense que la ausencia de planificación es una virtud o algo extraordinario. No va de sobrado y asegura que "no tener un plan forma parte del placer de escribir". Son cinco los personajes principales de Un animal salvaje, todos conectados con el atraco de una lujosa joyería en Ginebra, milimétricamente planificado para ser ejecutado en 420 segundos. Todos forcejean una tela de araña que se hace más tupida en torno a la planificación y ejecución del atraco en el que confluirán los buenos y los malos.

Un secreto celosamente guardado como siempre en sus novelas, es de nuevo el alma del relato y el motor de esta ficción . "Todos tenemos secretos, cualquier ser humano los tiene", reconoce Dicker, para quien "la literatura es desvelar secretos, generar esa resonancia  que haga que el lector se interrogue por sus propios secretos". Mago del crimen, aborda otra "gran cuestión": las apariencias, las caretas sociales, y la delgada línea entre la vida pública y laprivada en la que se mueve el acomodado matrimonio Braun , sobre el que arma una compleja maquinaria narrativa en la que encaja a otra pareja , los Liégan, y a un quinto personaje, la Fiera, un romántico mago del crimen que prenderá la llama para que la historia explote.

Los Braun, Sophie y Arpad viven en una suntuosa casa de cristal en un barrio elegante de la periferia de Ginebra. Sus vecinos Greg y Karine habitan un modesto adosado que no encaja en ese entorno lujoso y paradisíaco. "Sus dos escenarios están en conflicto y expresan la tensión de clases sociales que hay en la novela", dice el autor de una ficción en la que nada es lo que parece.

Es la segunda novela que ambienta en su Ginebra natal. "La ciudad es un personaje más. Se piensa que es una de las capitales del mundo, como Londres o París, pero solo tiene 300.000 habitantes", señala. Al contrario que tantos autores de intriga que hablan e interactúan con policías, forenses e incluso con criminales, Dicker no se ancla en la realidad y lo cifra todo a su poderosa imaginación... "La realidad puede ser inspiradora, aunque la ficción puede generar realidad. Si algo debe quedar muy claro es que una novela es ficción, una invención. Un ejercicio de libertad que tiene algo de salvaje", apunta el escritor.

Miguel Lorenci. Colpisa. La Voz de Galicia, domingo 14 de abril de 2014.

miércoles, 1 de mayo de 2024

Mathilde Favier, Directora mundial de celebridades de Dior

Mathilde Favier (Edward Berthelot/Getty Images)
Mathilde Favier (París, 54 años) trata todos los días con artistas, actores y actrices, políticos, primeras damas, reinas y astros del pop, pero asegura que nunca se ha sentido deslumbrada por ninguna estrella: "Mi madre siempre nos decía a mis hermanas y a mí: No lo olvidéis, todo el mundo hace pipí en el mismo sitio". Cuando lo piensas así, es difícil dejarte impresionar", explica por videollamada.  Favier que ostenta el cargo de directora mundial de celebridades de Dior, es considerada la mujer con la mejor agenda de París. Conoce a toda la gente importante de la ciudad y la gente importante la conoce a ella: expresidentes, fotógrafos de moda, diseñadores, floristas, decoradores, pasteleros y hasta eminentes cirujanos. "Tengo contactos importantes porque confían en mí. Esta mañana, por ejemplo, me llamó una persona  para pedirme el teléfono de un médico de renombre. Yo no conocía de nada a esta persona, pero era amiga de una amiga mía. Llamé directamente al doctor y los presenté. Estoy feliz de haberlo hecho. Me estoy haciendo mayor, como todos, y al final de eso se trata la vida: de ayudar", dice.

La ejecutiva de Dior acaba de publicar Living Beautifully in París (Flammarion), un libro que rinde homenaje a la capital francesa y a sus amigos parisinos, entre los que figuran el interiorista Jacques Grange y el anticuario Pierre Passebon, la editora Emmanuelle Alt, la diseñadora Vanessa Seward, la coleccionista Diana Picasso, la artista Eva Jospin o la supermodelo, cantante y ex primera dama Carla Bruni. El libro es una pequeña muestra de la impresionante agenda que tiene la autora, pero es también una rendija para espiar el fabuloso universo de los Favier, una larga dinastía de empresarios.

Favier reconoce que es una privilegiada y que ha tenido suerte en la vida. Nació en una familia acomodada que servía la mantequilla en bandeja de plata, que jamás hablaba del precio  de las cosas y que enviaba cartas de agradecimiento escritas a mano. Con 14 años empezó a trabajar con el diseñador Karl Lagerfeld, con 16 ya iba a los bailes de Marie-Hélène de Rothschild en el Hôtel Lambert de París y con 18 tomaba el té con Madeleine Castaing y Jacqueline de Ribes. Lee Radziwill, hermana de Jackie Kennedy, le presentó a su primer marido, con quien se casó en el  palacio del conde Giovanni Volpi en la Gidecca veneciana.

P.- ¿Echa de menos ese "viejo mundo"? ¿El presente es menos glamuroso que el pasado?

R.- No. Me siento muy afortunada de haber conocido ese periodo de tiempo porque me ha ayudado mucho en mi vida. Me enseñó a pensar de una manera y a dar prioridad a la calidad sobre la cantidad. Esas personas que mencionas, que eran personajes de otro mundo, solían recibir en sus casas y entretener a sus invitados de una manera tan detallista y refinada que se me pegó a la piel. Pero no pienso mucho en el pasado, prefiero mirar al futuro.

P. ¿Su agenda es su mayor tesoro?

R.- He tenido mucha suerte. He conocido a gente increíble desde muy joven. El padre de mis hijas es banquero, mi prometido es productor de cine... la gente que conozco tiene contactos. Yo los uso para ayudar a otros.

P.- ¿Cuál es el mayor error en materia de buenos modales?

R.- No respetar al prójimo. Nunca sabes que le puede estar ocurriendo a la otra persona, así que es mejor no juzgar ni reírse de nadie. No quiero ir de santa, pero me obligo a ser indulgente.

P.- ¿Hoy cuesta más acceder al lujo?

R.- No lo creo. El lujo no se trata de dinero, sino de tener tu propio gusto. Para mí la simplicidad es uno de los mayores lujos. Comer un tomate que sabe bien me parece uno de los mayores lujos.

P.- ¿A qué cree que se debe este auge del lujo que parece no tocar techo? ¿Qué busca la gente?

R.- Busca calidad. Para mí esa es la definición del lujo: calidad. Maria Gracia Chiuri (directora creativa de Dior) está muy pendiente de los detalles. Ella insiste mucho en que somos una casa de alta costura y que la alta costura es calidad y perfección Si no hay calidad y perfección, la costura no vale la pena...

Martín Bianchi. Madrid. El País, domingo 14 de abril de 2024.

martes, 30 de abril de 2024

Maestros flamencos in situ

Flandes exhibe a sus grandes pintores, Jan van Eyck, Pieter Bruegel el Viejo, Peter Paul Rubens y Dieric Bouts, entre muchos otros. Su artesanía, creatividad e innovaciones hicieron de Flandes desde el siglo XV hasta bien entrado el XVII una de las regiones artísticas más importantes del mundo.

Los museos rebosan de obras maestras, pero también se puede disfrutar del arte en numerosas iglesias y castillos, ayuntamientos y abadías, capillas, residencias de artistas y muchos lugares que rinden homenajes a este patrimonio. Esta experiencia es la base del proyecto 'Maestros flamencos in situ', que arranca este año para poner de manifiesto como los grandes artistas antiguos y modernos se siguen sintiendo como en casa. Aquí es donde vivían y trabajaban. Aquí encontraron su inspiración. Y aquí todavía se pueden ver muchas de sus obras, a veces incluso en lugares únicos.

Adoración del cordero místico de Jan Van Eyck

Uno de los más reconocidos es Pietre Bruegel el Viejo (1525-1569), vivió un tiempo en Amberes, si bien su hogar estaba en Bruselas. Allí pintó sus obras más importantes, allí nacieron sus hijos y allí expiró (resulta muy interesante la visita a la Iglesia de Nuestra Señora de la Capilla, donde está enterrado). Su obra puede contemplarse entre otros escenarios en el Castillo de Bornem. Por su parte, Jan van Eyck (1390-1441) está eternamente ligado a Gante, gracias a la Adoración del Cordero Místico. Esa obra maestra todavía adorna la catedral de San Bavón. Aunque también tuvo una conexión con Brujas, donde vivió la mayor parte de su vida. El museo Groeninge le rinde homenaje, y también se pueden encontrar algunas de sus pinturas en Amberes. Una ciudad que atesora muchas huellas del barroco Rubens (1577-1649). Espacios como la Iglesia de Santiago y el Museo Real de Bellas Artes (KMSKA)exhiben una valiosa colección de su obra.

Entre los grandes artistas flamencos se encuentran también el pintor Dieric Bouts (1415-1475), icono artístico de Lovaina, y Constant Permeke (1886-1952), a cuya obra y memoria está dedicado el Museo Permeke en Jabbeke. La agenda cultural de año en Flandes incluye asimismo la reapertura del Museo Hof van Busleyden, que acaba de tener lugar en Malinas. Es una institución que revisa la gloriosa historia de la ciudad.

Más allá de este programa, cerca de Malinas reabrirá próximamente el Wintertiun, el jardin de invierno del convento de las ursulinas en Onze-Lieve-Vrouw-Waver, cuyas vidrieras de estilo art nouveau, son un monumento al arte. Intersante resulta también el renovado Museo hospital San Juan de Brujas (uno de los edificios hospitalarios más antiguos que se conservan en Europa, con obras maestras del primitivo Hans Memling y obras de arte contemporáneo de artistas como Berlinde De Bruyckere y Patricia Piccinini), que ahora alberga (junto con el Groeninge Museum y el Gruuthuse Museum) la exposición Rebel Garden en Brujas, en el contexto de la Trienal de Brujas. En la agenda 2024 destaca también la exposición dedicada a Margarita de Parma  que se inaugurará este otoño en Oudenaarde. 

A. Asensi. El Cultural, 26-4-2024.

lunes, 29 de abril de 2024

El consentimiento

No es fácil narrar ni visualizar lo ocurrido entre el escritor Gabriel Matzneff y la entonces niña -hoy escritora- Vanessa Springora desde noviembre de 1985 y durante tres años. Matzneff que tenía 50 años cuando sedujo a una cría de 14, ya tenía experiencia pederasta. "Una vez que has tenido en tus brazos, besado, acariciado, poseído a un chico de 13 años, a una niña de 15, todo lo demás te parece insulso, pesado, insípido", escribió Matzneff en libros como Les moins de seize ans (Los menores de 16 años).

Springora, que tardó años en comprender que aquello no era amor sino abusos psicológicos y sexuales, manipulación y violaciones, contestó en 2020 con el libro El consentimiento, cuya adaptación se estrena ahora en España con la autora como coguionista. Además de una narración, de unos diálogos, de un retrato de personajes, se necesita una mirada, un estilo  para componer una película como esta. Un modo de aplicar sentido cinematográfico a lo que es pura abyección. Sin embargo, Vanessa Filho, la directora no lo tiene. La duración de cada plano, dónde colocar la cámara, cómo se mueven los personajes, qué grados de desnudez muestran los cuerpos de ese hombre y esa niña... son decisiones a tomar y con todas ellas se conforma esa mirada. Y en las secuencias de sexo, al menos para el que esto escribe, no hay ni estilo ni el necesario pudor.

En el aspecto social,  sí que toma decisiones formales y de fondo de mérito, como el retrato de la madre de Springora, que optó por considerar a su hija una adulta que debía asumir sus propias decisiones.

J.O. El País, viernes 19 de abril de 2024.

domingo, 28 de abril de 2024

Muere Laurent Cantet, uno de los grandes cineastas humanistas

Laurent Cantet

Laurent Cantet siempre entendió que el cine tenía un límite: el ser humano. Ayer con su fallecimiento a los 63 años en París, se perdió a un realizador que por encima de sus películas, más allá de su pulsión narrativa, defendió a la gente, e intentó -casi siempre con enorme éxito- que fueran las personas el centro de su trabajo. Ante otros creadores dictadores del estilo, Cantet siempre se definió como narrador y observador, no como un manipulador, aunque justo así levantó una filmografía coherente, maravillosa, que, entre otros galardones, le llevó a ganar la Palma de Oro con La clase  en 2008, película con la que fue candidato al Oscar.

Su lucha constante contra el cáncer no le impidió rodar algunos filmes memorables. Su último trabajo, Arthur Rambo (2021), era un buen ejemplo de saber tomar el pulso a la realidad y de reflejar ambientes a priori alejados de él, un chaval criado en Melle, ciudad en el oeste de Francia, hijo de dos profesores que influyeron decisivamente en su humanismo. Arthur Rambo es el seudónimo de Karim, un veinteañero de origen magrebí criado en una banlieue que triunfa en el elitista ambiente literario parisiense, y que justo cuando roza la fama ve cómo su carrera se trunca por su historial en Twitter, por unos mensajes que su nombre de guerra ya señalaba como irónicos. "Soy consciente de la importancia de las redes sociales", explicaba en el estreno, "pero tengo la impresión de que en Twitter uno se expresa de cualquier modo: tienes que reaccionar muy rápido, no reflexionas antes de escribir. Creo que esa tendencia a pensar en eslóganes forma parte de la cultura contemporánea. Y esa simplificación del pensamiento me asusta".

Cantet estudió fotografía en la Universidad de Marsella, y luego cine en el Istitut des Hautes Études Cinématographiques (IDHEC) en París, donde se graduó en 1986. En sus clases coincidió con Dominik Moll y Robin Campillo, con quien escribió en varias ocasiones y a quien animó a dirigir 120 pulsaciones por minuto. Justo con Campillo acababa ahora de escribir el guion de su próximo proyecto, Enzo, que planeaba rodar a finales de este 2024.

Tras colaborar en varios documentales y dirigir varios cortos, la cadena Arte le invitó a desarrollar un proyecto y así debutó en el mediometraje en 1999 con Les Sanguinaires. Lo compaginó con el que sería su espectacular debut en largo, Recursos humanos (1999), un drama centrado en el choque entre un chaval que comienza a trabajar en el departamento de recursos humanos  de una fábrica y su padre, veterano trabajador en esa empresa. Ganó en el Festival de San Sebastián en la sección Nuevos Directores y obtuvo dos premios César, los Óscar del cine francés. 

Su segundo largo, El empleo del tiempo (2001), estaba inspirado en el caso real de Jean-Claude Romand -el mismo que Emmanuel Carrère en El adversario- que engañó a su familia y amigos haciéndoles creer que trabajaba en Ginebra en la Organización Mundial de la Salud y tras lustros de vivir pidiéndoles dinero, acabó asesinando a su esposa y a sus hijos. Cantet lo centró otra vez en las relaciones laborales, en el aplastamiento del ser humano por la maquinaria profesional: "No me interesa si existe el mal. Lo que me interesa es intentar entender los mecanismos de las personas y para conseguirlo lucho por no entrar en juicios morales. Como dice Renoir, cada uno tiene sus razones. Y son esas razones las que quiero estudiar"...

Su cuarto filme le consagró. La clase ganó la Palma de Oro en Cannes en 2008. En ella jugó a mezclar realidad y ficción al adaptar un libro biográfico que François Bégaudeau, un profesor de un colegio de París, que aparecía en pantalla junto con otros profesores y alumnos interpretándose a sí mismo. Cantet creó un taller de trabajo con los alumnos antes de seleccionar a los que formarían el equipo definitivo y rodar lo que ocurría entre ellos y Bégaudeau. "Buscaba los momentos de tensión dentro del aula y ver como se resolvían. Al provocarles les permite pensar. Aunque yo no diría que es agresividad lo que aplica con ellos, sino ironía y verdad", insistía en su estreno...

Hacia el final de La clase, una alumna le dice al profesor al acabar el curso: "Yo no he aprendido nada. No entiendo lo que hacemos". Con Laurent Cantet, aprendemos del cine y dela vida.

Gregorio Belinchón. El País, viernes 26 de abril de 2024.

sábado, 27 de abril de 2024

Viaje al País Cátaro, la región más legendaria del sur de Francia

El País cátaro no es solo un territorio. Entraña un viaje al pasado, cuyos vestigios dispersos entre Toulouse, Narbonne, Carcassonne, Béziers y Foix reúnen castillos, abadías y ciudadelas de vértigo, cual centinelas colgados entre el cielo y la tierra. La huella cátara se palpa en el aire del Languedoc, un escenario donde las piedras murmuran sobre este movimiento de los siglos XII Y XIII, conectado a la lengua del sí (òc). Por aquel entonces, el sur francés  vivía en una época de bonanza, abonada con la proliferación de literatos y trovadores  que con sus poemas románticos y de gestas expandieron la lengua de Oc.

Albi
Albi, la ciudad donde empezó (y terminó) todo.

En este contexto surgen los cátaros (de katharoi, puro en griego), que vivían en pobreza y castidad, eran vegetarianos y solidarios, creían en la existencia del bien y del mal, y en dos divinidades, Dios y Satán. Estas ideas enardecieron a la iglesia católica, que los declaró herejes y lanzó una cruzada para aniquilarlos a sangre y fuego. La primera guerra santa en Europa. Pero más allá de la cuestión religiosa, estaba la política. La cruzada fue, a su vez, una lucha del norte, del reino de Francia, contra los condados independientes del sur.

Ocho siglos después, en castillos, abadías,  pueblos y senderos aún resuena el eco de aquellos buenos hombres y buenas mujeres, así como su cruenta persecución. Eran conocidos como bogomiles, perfectos albigenses, nombre derivado de Albi, ciudad del primer obispo cátaro, Sicard Cellerier.

La ciudad episcopal  de Albi, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, está regada por el río Tarn, cuyas arcillas fueron materia prima que modelan este laberíntico enclave medieval. Desde el más viejo de los puentes que jalonan el Tarn, el atardecer suaviza la imponente Santa Cecilia, que más que la catedral parece una robusta fortaleza gótica. Su austeridad exterior contrasta con la exquisitez interior, con un entretenido mural sobre el Juicio Final. Contiguo a la catedral, se levanta el Palacio de Berbie (sglo XIII), sede del obispado y también de la Inquisición francesa. Con sus jardines asomados al Tarn, el palacio es hoy la sede del Museo Toulouse-Lautrec, que cuenta con una treintena de sus carteles más conocidos. Este postimpresionista de origen noble y salud frágil nació en Albi en 1864, donde vivió hasta 1881,cuando se trasladó a París para convertirse en el retratista de la desenfadada Belle Époque.

Si el arte es un puente entre pasado y futuro, como Toulouse-Lautrec sostenía, qué mejor que cruzar el Puente Viejo de Albi para continuar la ruta por el país Cátaro.

A la sombra de  la Montaña Negra

No hay una única manera de recorrer esta región, pues admite múltiples desvíos. En nuestro viaje rumbo sur pasamos junto a rebaños de ovejas y caballos que pastan a dos mil denarios francos del siglo XIII anchas mientras la carretera se va adentrando por bosque sombríos de hayas, abetos y robles hasta alcanzar el corazón de la Montaña Negra.

Saissac y la Cruzada Anticátara.

Al fondo se asoma Saissac. Su castillo fue rediseñado como baluarte en el siglo XVI, y no se erige  en lo alto, sino en la parte más baja del pueblo, al borde de un barranco, controlando la llanura hasta Carcassonne y divisando el horizonte hasta los Pirineos. El interior abriga un museo sobre el tesoro numismático de Saissac: dos mil denarios francos del siglo XIII.

A partir de 1209, los ánimos se encienden un poco más y Simón de Monfort, el alto mando de la cruzada anticátara, instala su cuartel general en Fanjeaux. Las esquinas de sus calles susurran que aquí todas las fortalezas fueron destruidas, las "ciudades invisibles" a las que se refería Italo Calvino. Mucho más reciente es Les Halles, el mercado cubierto del XVIII, alrededor del cual florecieron talleres de artesanos, reconocibles por los grandes ventanales de planta baja que lo circundan.

Mirepoix
Mirepoix entre pórticos.

La ciudad bastida, situada a medio camino entre Toulouse, Foix y Carcassonne también cayó a manos del megalíder de los cruzados, quien la tomó en 1209. Mirepoix es un enclave top de Instagram por su plaza porticada, con casas combadas multicolores de entramados de madera. En el noroeste de la plaza, la Casa de los Cónsules había sido un tribunal y la antigua prisión. Hoy es un hotel con habitaciones de estilo medieval y art déco, y una viga en la fachada con tallas de madera de cabezas humanas y monstruos haciendo muecas descaradas. Fuera de la plaza, la catedral gótica de San Mauricio despliega una amplia nave central, una de las joyas del País Cátaro, que parece querer arropar a los feligreses.

Castillo de Foix

El cruel barón de Monfort lo tuvo más difícil para conquistar el castillo de Foix, del siglo XI,  con sus tres torres almenadas. "Fundiré la roca como si fuera grasa y asaré al líder", declaró el capitoste ante este bastión impenetrable. El señor del castillo, el conde Raymond Roger de Foix, era un ardiente defensor de los cátaros, a quienes dio refugio.

La verdad es que aquellos místicos que convivían con sus vecinos y cuidaban de los necesitados eran realmente avanzados para la época, pues incorporaban la perspectiva de género -ellas también podían predicar y ser obispas- y cultivaban el estudio de las Escrituras, que tradujeron a las lenguas romances. De forma intangible, algo de ello se percibe al bajar la vista desde el castillo al mar de calles apacibles entre tejados de color salmón de Foix. A lo lejos se divisan los Pirineos y el valle del Ariège.

La conquista de Montségur

Coronar Montségur emociona. La media hora de caminata permite asombrarse ante un mito hecho piedra. Un castillo desgarrado, que resistió durante meses el asedio de la cruzada, hasta que el sueño terminó: 215 cátaros fueron quemados en la hoguera en 1244, tal como rememora una estela en el Prat dels Cremats. Mediante esta matanza París pudo anexionarse el Midi y someterse a los condes de Toulouse, reprimiendo la lengua occitana y la cultura trovadoresca. Fue el dramático final de los cátaros, aunque algunos resistieron en Quéribus. 

Montségur, un castillo solar

Montségur está considerado un templo solar y cada solticio de verano cientos de personas contemplan cómo el sol ilumina los arcos orientales para relevar dónde se esconde el  tesoro cátaro con el Santo Grial. Hay quien sostiene que está bajo las ruinas actuales, que en realidad son de una fortaleza posterior.

Castillo de Puilaurens

Si en Montségur evocamos un mundo, en Puilaurens lo acariciamos con la punta de los dedos. Este castillo se levanta a casi 700 metros en un peñasco escarpado. Hay que tomar aire para subir la escalera en zigzag. Cruzar la puerta abovedada y entrar en el patio principal de Puilaurens nos proyecta mil años atrás, con el camino de ronda de madera y las escaleras de acceso. Incluso las banderas ondean al viento.

En el valle, la localidad de Lapradelle-Puilaurens es fruto del desplazamiento de la población cercana a la fortaleza hasta el siglo XIV. A quí se puede tomar el Tren Rojo, una línea de ferrocarril de unos 60 kilómetros que llega a las llanuras de la comarca  pirenaica de La Fenolleda, cuya capital es Saint-Paul -de Fenouillet.

Guía para penetrar en Carcassonne

El Tren Rojo no llega a Carcassonne, el mejor ejemplo francés de una ciudadela medieval. Ello se debe a la remodelación, no exenta de polémica que ejecutó el ingeniero Violet-le-Duc en el siglo XIX. El resultado fue un doble recinto concéntrico de murallas, catalogado como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Se accede a él por la Puerta Narbonesa, con la efigie de la Dama Carcas en un costado, origen del nombre de Carcassonne. Al cruzar el puente levadizo sobre un foso seco aparece la segunda muralla, para desánimo del más audaz de los invasores. Un paseo adoquinado recorre este doble perímetro fortificado, con torres rematadas con capuchones megros de silueta embrujada.

Marta Monedero. Nationalgeographique.com.es, 25 de abril de 2024.

viernes, 26 de abril de 2024

Moda africana, mucha tela que cortar

El diseñador maliense Alphadi

"Nosotros podemos transmitir nuestro savoir faire de la moda en África. Es un conocimiento ancestral. Tenemos 54 países de inspiración" explica el diseñador maliense Sidahmed Seidnaly, Alphadi (Tombuctú, 66 años). Entusiasmado con la recién estrenada Escuela Superior de Moda y Artes en Niamey (Níger), manda fotos de unas 70 mujeres, uniformadas con velos de un naranja vibrante, que aprenden ahora la disciplina entre patrones, reglas e hilos en el mismo edificio en el que hace una década el modista declaraba a El País su sueño de levantar este proyecto, que cuenta con apoyo internacional.

"Sin educación no hay industria ni evolución", decía convencido en 2015, cuando ya vivía amenazado por grupos terroristas por su manera de entender el desarrolllo. La Unesco lo nombró artista para la paz ese año y embajador de Buena Voluntad en 2022. Ha sido impulsor del informe de la Unesco titulado El sector de la moda en África: tendencias, desafíos y oportunidades de crecimiento (octubre 2023), que concluye que hay un creciente interés en el continente por la producción local, particularmente entre los menores de 25 años, que representan más del 50% de la población.

La demanda de la moda hecha en África se ve favorecida por "la floreciente clase media en el continente, que supone más del 35% de la población", así como el rápido aumento del sector digital, lo que facilita el comercio y la aparición de talentos, según la Unesco. Los diseñadores africanos acumalan un patrimonio ingente de técnicas artesanales, como la aplicada en los grafismos del bogolán maliense (tela tintada con arcilla), que intercala tonos terrosos, mostazas, blancos y negros. Son la herencia -junto a joyas y accesorios fabricados con metales, cuentas, cauríes, cuernos o rafía- que conforman unas señas de identidad que revalorizan esos trabajos y los reivindican ante la apropación cultural. A este bagaje se suman también nuevas creaciones originales. Y el compendio se incorpora a la industria textil global con un escenario alentador que, sin embargo, precisa de ajustes en ámbitos legislativos, de inversión, de costes de materiales o de protección de los empleados.

 La diseñadora tanzana Doreen Mashika, que estudió en Suiza y abrió su taller en Zanzíbar en 2008, confirma la tesis del informe, en el que ha participado. "Con los avances tecnológicos puedo trabajar con más facilidad. Los métodos de pago, la banca digital o las aplicaciones hacen que todos los trámites y las tasas sean más transparentes", contaba mientras preparaba la colección para la semana de la moda de París. El continente cuenta con 32 semanas de la moda al año, lo que fomenta la difusión  y el encuentro entre creadores. Alphadi, que fundó en 1998 el Festival Internacional de Moda Africana (FIMA), atestigua el crecimiento de estos eventos en estos 25 años. "Al FIMA han acudido Yves Saint Laurent, Kenzo, Paco Rabanne, Jean Paul Gautier, Pathe'O, Collé Sow Ardo, Oumou Sy, Maimour...", enumera.

La periodista francesa Emmanuelle Courrèges, autora del libro Africa, The Fashion Continent (Flammarion), concluye que los últimos años se está registrando una expansión general de la moda africana. Se refleja en el número de publicaciones internacionales, Vogue, Busines of Fashion (BOF) y otras importantes revistas informan periódicamente sobre la producción  africana gracias a su participación recurrente en las citas internacionales...

Courrèges destaca la explosión de establecimientos de diseño, tiendas on line y otras efímeras con productos del continente. La exposición Africa Fashion que finalizó la primavera pasada en el Victoria and Albert de Londres, museo que por primera vez en sus 170 años de historia mostró la moda del continente con 250 piezas, fue un punto de inflexión. También lo fue que Chanel se trsladara a Dakar en 2022 para presentar, por primera vez en África subsahariana, su colección Métiers d'Art...

Ángeles Lucas. El País, martes 16 de abril de 2024.

jueves, 25 de abril de 2024

Radiografía de una madre en llamas

Hervé Tellier

"Siempre he sabido que mi madre estaba loca". Esta afirmación de Hervé Le Tellier (París, 1957), extraída de Todas las familias felices, llamaba la atención en la faja exterior de la primera edición francesa. Ya se anunciaba la historia de una madre desquiciada y una familia disfuncional. Y esa familia, nada feliz, por cierto, es la del propio autor. La narración autobiográfica fue publicada en 2017, tres años antes que La anomalía (Seix Barral), novela con la que el escritor se alzó con el Premio Goncourt. Para entender el tono personal, que tanto se aparta de La anomalía, hay que saber que fue escrita con anterioridad y que Le Tellier ha tenido siempre suprema libertad para escribir libros diferentes unos de otros. De un thriller psicológico de ciencia ficción a un recuento cotidiano de infamias familiares, destaca su inmenso talento para tratar con el mismo impulso narrativo un reto novelístico de enorme envergadura y un relato biográfico íntimo con un fondo duro observado con mirada glacial.

Una locura materna "de tintes grotescos"; un padre biológico desaparecido de escena; un padastro a quien no se ama, de origen aristocrático, que da su apellido Le Tellier al niño adoptado; una empresa familiar de plumas estilográficas que se va a pique por culpa de la aparición del bolígrafo Bic Cristal; una tía acomodada, hermana odiada por la madre, que tiene siempre en la nevera una botella de champán, porque le gusta "coger el puntillo". En suma, una familia incapaz de moverse en el mundo de los afectos, una madre manipuladora y un niño ignorado que desea que sus padres mueran en un accidente de tráfico. Contrariedad del hijo de doce años cuando una llamada tardía no es de la policía, sino de la madre, para anunciar un retraso. La punzada de decepción le hace decir al narrador:"Fue entonces cuando supe que era un monstruo". 

Le Tellier, hasta el éxito de La anomalía, consagrada en el panteón Goncourt con más de un millón de ejemplares vendidos solo en Francia, era un autor de culto, reconocido pero minoritario de novela, relatos, poesía y obras dramáticas. Matemático de formación, lingüísta, editor y crítico de France Culture y Le Monde, es un explorador de géneros, un experimentador literario con tintes humorísticos propios del grupo Oulipo, al que pertenece desde los años 90. Oulipo, taller de literatura potencial, fundado en los 60 por el matemático François Le Lionnais y el escritor Raymond Queneau, tuvo entre sus miembros a Georges Perec, Italo Calvino o Marcel Duchamp. 

La incursión de Hervé Le Tellier en la"novela familiar, no nos referimos al concepto freudiano, sino al género literario de largo recorrido, no es un ajuste de cuentas con su familia, sino una exploración que trata de extraer lo novelesco de un complejo entramado de seres unidos, y desunidos, por lazos familiares. Si recordamo el "familias, yo os odio" de André Gide en Los alimentos terrestres, los reconres de parentesco han alcanzado gran intensidad a lo largo de la historia literaria. Marguerite Duras, o más recientemente, Amélie Notomb, Delphine de Vigan o Mercedes Deambrosis, en Francia, o Vivian Gornick, en el campo anglosajón, con sus Apegos feroces, han testimoniado las complicadas relaciones maternofiliales. Aquí es un hombre en primera persona quien pinta a su madre de cuerpo entero, sin paños calientes, ejecutando una disección a bisturí sin caer en el patetismo ni en el exhibicionismo. (...)

El último capítulo se inicia con la conocida frase de Tolstoi: "Todas las familias felices se parecen; las desdichadas lo son cada una a su modo". Lo cierto es que lejos de la condescendencia o el rencor, Hervé Le Tellier ha hecho con sus demonios particulares, con su historia familiar diferente, o parecida a otras, un relato único, pero en cierto modo vigente y universal como lo son las buenas obras literarias.

 Lourdes Ventura.El Cultural, 12-4-2024.

miércoles, 24 de abril de 2024

Juliette Binoche. "Je ne sais quoi"

Si algo se puede salvar de The New Look, la serie de Apple sobre Christian Dior, es la gracia innegable con la que Juliette Binoche se mete en la piel de una desmitificada, amarga Coco Chanel. Quién sino Binoche, 60 años recién cumplidos, de vuelta de todo, podría atreverse a asumir semejante papelón. Y como en todos los papeles de sus cuatro décadas en el cine, lo hace con el mismo entusiasmo que convierte en creíbles a todos los personajes que interpreta, por improbables que parezcan. Joven viuda, madura cocinera, enfermera en la Segunda Guerra Mundial, maestra chocolatera, heroína de las Brontë, exploradora en el Ártico.

Hija de un artista y una actriz, su carrera en el cine comenzó de la mano de André Téchiné, Jean-Luc Godard y Jacques Doillon. Después llegaría su vida y a su carrera el inclasificable Léos Carax, con quien rodaría dos cintas tan extrañas como fascinantes: Mala sangre y, sobre todo, Los amantes del Pont Neuf. Dos papeles al límite, que marcan además el principio y el final de su relación sentimental, entre el 86 y el 91. Por el medio se convertiría en una pieza clave del triángulo amoroso de La insoportable levedad del ser, la adaptación al cine de la novela de Kundera firmada por Philip Kaufman, en la que comparte protagonismo con Daniel Day-Lewis y Lena Olin. Supuso su lanzamiento al cine internacional, y abrió para ella una década, la de los 90, en la que se convertiría en sinónimo de calidad: ahí están la arriesgadísima Herida, de Louis Malle, en la que se convierte en el muy oscuro objeto de deseo de Jeremy Irons, la arrolladora El paciente inglés, que le dio el óscar a la mejor actriz de reparto por su atormentada Hana...

Se comprometió con el polaco Krzysztof para uno de sus papeles más inolvidables: el de Julie en Azul, la primera parte de la fascinante trilogía  Tres colores. Binoche borda esta reflexión oscura sobre la libertad, la soledad y el dolor, y se lleva el César y la Copa Volpi por su trabajo.

Hace unos años, contaba que Gérad Depardieu le espetó un día que solo rodaba películas bonitas. Tal vez podría decirse esto de Chocolat, uno de sus éxitos más empalagosos, ¿pero quién podría decir lo mismo de sus dos perturbadoras colaboraciones con Haneke? Ahí están Código desconocido y Caché para llevar la contraria a Depardieu. O Camille Claudel 1915 de Bruno Dumont. (...)

Nada parece frenar a Juliette Binoche. Ni los años, ni el idioma, ni las distintas culturas en las que se mete de lleno para rodar. Lo decía Isabel Coixet al presentarla, en febrero de 2023, en la gala en la que la actriz francesa recibió el premio Goya internacional: "Es la mujer en la que están todas las mujeres, es el cine sin fronteras, sin los algoritmos". En su discurso de agradecimiento, Juliette Binoche hacía gala de esa intensidad con la que vive el cine, al hablar del ardiente deseo que la invade, del fuego que la habita, pero no le pertenece. "Solo soy un instrumento de ese ardiente deseo", aseguró, antes de cerrar su discurso tarareando Por qué te vas de Jeanette, en su particular homenaje a Carlos Saura...

Es el ejemplo viviente de ese halo indefinible que rodea a ciertas actrices francesas, ese encanto que hace que cualquiera de sus películas gane puntos. Intensa, brillante y versátil, sopla 60 velas y lo hace convertida en Coco Chanel.

Antía Díaz Leal. La Voz de Galicia, 29 de marzo de 2024.

martes, 23 de abril de 2024

Los parias que cambiaron la historia del arte

Claude Monet (1840-1926) Impression, Soleil Levant, 1872.
Imagen procedente del Museo  de Orsay.
Sucedió hace 150 años, el 15 de abril de 1874. En el taller del fotógrafo Nadar, en pleno centro de París, abría sus puertas la primera exposición de los impresionistas, aunque entonces no se les llamara así. Eran, en realidad, parias de la pintura. Se apellidaban Monet, Renoir, Degas, Pissarro, Cézanne, Sisley, y Morissot, y habían sido rechazados, sin excepción, por el jurado del Salón oficial, árbitro del buen gusto en bellas artes. La muestra de esos pintores, tal vez un reflejo del gusto francés por la escisión, quería ser el expositor de un arte nuevo, hecho de pinceladas bruscas, tan trepidantes como la vida moderna. En él iba a importar menos la sensación de realismo que la percepción subjetiva del pintor. Más que realidad, una mera impresión. 

Estuvo abierta solo tres semanas, la visitaron 3.500 espectadores escasos y solo se vendió un puñado de obras, pero la muestra cambió el rumbo de la historia de la pintura. Rompió con las jerarquías que regían el mercado del arte, reafirmó la independencia del artista ante la sociedad y dio el pistoletazo de salida  a las vanguardias y aun nuevo siglo lleno de ismos. Francia se vuelca ahora en la celebración del aniversario del movimiento, una de sus mejores exportaciones, con una gran exposición en el Museo de Orsay, París, 1874. Inventar el impresionismo, que recuerda esta muestra fundacional a finales del siglo XIX. A la vez, la institución ha prestado casi 200 obras a 34 museos de todo el territorio francés, acaba de inaugurar una instalación inmersiva que permite recorrer la exposición de 1874 y acogerá un coloquio internacional sobre el impresionismo en mayo. Mientras tanto Normandía, pequeña patria del movimiento, organiza un festival dedicado al impresionismo, cuyo plato fuerte es una exposición de los paisajes normandos de David Hockney en el Museo de Bellas Artes de Rouen.

¿Otra vez los impresionistas? Cabe preguntarse qué queda por decir de esta corriente y de sus integrantes, cuya revolución parece ya superada, convertidos como están en sinónimo del merchandising museístico. La muestra parisiense  que reúne 160 obras -algunas préstamos estadounidenses que cuesta bastante ver en Europa-, adopta un ángulo interesante: desmitificarlos. "Tratamos de aportar una mirada más matizada, alejarnos del relato heroico sobre este grupo de pintores y subrayar que su iniciativa respondía a sus motivaciones artísticas, pero también comerciales y de estrategia de carrera", señala la comisaria de la exposición, Sylvie Patry. Más que un manifiesto contra el academicismo, que es como ha pasado a la historia, la muestra de 1874 fue un golpe de efecto destinado a llamar la atención y romper con la invisibilidad a la que los condenaba el Salón, único canal existente para mostrar sus obras. Los impresionistas también tenían, pese a todo, una agenda artística que llevaba años en gestación. La llamada Sociedad Anónima, que reunía a este colectivo de pintores, compartía dos voluntades: esclarecer los tonos de las paletas y salir de las cuatro paredes del atelier para capturar lo que sucedía en las calles. La reorganización de París impulsada por Napoleón III había generado una nueva cultura urbana y burguesa, un mundo de lujo y de espectáculo que encontró su epicentro en los grandes bulevares, donde se inauguró la muestra de 1874, barrio en pleno desarrollo donde se acababa de inaugurar la Ópera Garnier. 

El movimiento encontraría un icono involuntario en una obra de Monet incluida en la muestra de 1874, Impresión, sol naciente, expuesta ahora en Orsay. Un crítico hostil de poco renombre, Louis Leroy, la ridiculizó en un artículo, entendiendo esa impresión como una subjetividad pueril e indigna del arte. Los interesados en otro gesto de descarada modernidad, tomaron ese insulto  y lo convirtieron en una medalla que lucieron con orgullo. Aunque eso no sucedió hasta la tercera exposición del grupo, orquestada por Caillebotte en 1877, que se considera la más impresionista de las ocho que tuvieron lugar; es decir, la que mejor reflejó el presente. Otro falso mito que desenmascara la exposición en París es el de la unidad estética del movimiento: en 1874 solo un tercio de los 200 cuadros, colgados en paredes de color burdeos, correspondían al estilo que hoy identificamos como el impresionismo. Además, entre los 31 representantes de esa primera edición no solo había jóvenes airados: entre el mayor(Adolphe-Félix Cals) y el menor (Léon-Paul Robert) habá 40 años de diferencia...

En sus paisajes se detecta cierta nostalgia por el mundo previo a la industrialización -Pissarro. por ejemplo, hizo lo indecible para expulsar las fábricas de sus encuadres-, una paradoja relativa en una corriente  que siempre fue urbana y campestre a la vez. La vista del puerto de Le Havre que firmó Monet contrasta con su cuadro sobre la Gare de Saint-Lazare. El pintor supo detectar la belleza distraída de un edificio que entonces se consideraba espantoso y prebrutalista. Es uno de los puntos álgidos de una exposición que subraya  que estos maestros no fueron genios aislados, sino que respondieron a inquietudes compartidas por sus coetáneos: la contraposición de Impresión, sol naciente con las vistas de océano y el cielo normando de Boudin, mentor de Monet, es un momento de emoción pura. Y recuerda, a quien lo haya olvidado, que la modernidad se inventó en el siglo XIX.

Álex Vicente. París. El País, 14 de abril de 2024.

lunes, 22 de abril de 2024

"Emma y el jaguar negro"

El currículo de Gilles de Maistre (Boulogne Billancourt,1960), filósofo, periodista, director de fotografía y documentalista -también autor de varias series televisivas-,  no parece suficiente para enfrentar con éxito una ficción, por mucho que la etiqueta familiar implique rebajar el nivel de exigencia. Su mujer, Prune de Maistre, le escribe los guiones, y, a través de la productora de ambos, se proponen un objetivo tan loable como el de concienciar a favor de preservar la naturaleza en general y, en particular, denunciar el tráfico de especies animales en peligro de extinción.

Ya lo hicieron antes con Mia y el león blanco (2018) -para alertar sobre la caza de leones- y con El lobo y el león (2021), dos cachorros que conviven en armonía y acabarán uno en un circo y otro como cobaya. Es verdad que resulta muy claro el mensaje a transmitir, tanto como bastante tosca su propuesta en cuanto a empaquetado visual, aún reconociendo el mérito de trabajar con animales reales, que exige entrenadores y especialistas, además de mucha paciencia para dar con el producto apetecido. Con el filme Emma y el jaguar negro, regresamos al punto de partida del discurso, esta vez sobre lo muy amenazada que está la Amazonia. La protagonista había vivido allí años atrás en una aldea de la selva, y allí se había encariñado de un jaguar negro hembra, que abandonó al trasladarse a Nueva York. Ya con 14 años sigue añorando el animal y, junto a su profesora de biología Anja -dirigida de aquella manera por Gilles de Maistre-, regresa en busca de Hope, que así llamaba al gran felino. Pasarán cosas, aparecerán unos fulanos sin escrúpulos que expolian el entorno natural, una villana tópica que quiere llevarse el bicho, una tribu impotente ante lo que ocurre a su alrededor.

No hay lugar para la sorpresa y no se necesita ser un jaguar -perdón, un lince- para imaginarse un desenlace que celebrarán los más pequeños. Recado recibido y secuencia final de una candidez que enternece, con los indígenas coreando "el pueblo unido jamás será vencido" o una cosa por el estilo.

Miguel Anxo Fernández. La Voz de Galicia, martes 16 de abril de 2024.