domingo, 23 de enero de 2022

"La lucha de razas ha suplantado a la lucha de clases"

Caroline Fourest es blanca y occidental, pero también mujer y homosexual. Dos factores que han sido a menudo, a lo largo de la historia, motivo de discriminación más persistente incluso que la raza. Es por ello y por muchos otros motivos -como que buena parte de sus amigos y antiguos compañeros, los miembros de la redacción de Charlie Hebdo, fueran masacrados por yihadistas por defender la libertad de expresión-, que a esta ensayista, periodista y cineasta francesa (Aix-en-Provence, 46 años), curtida en muchas batallas por la igualdad le resulta "insoportable" que una parte de la izquierda esté "revirtiendo las categorías de la derecha identitaria". De ahí surge el ensayo Generación ofendida. De la policía cultural a la policía del pensamiento (publicado por Península) donde fustiga a esa nueva generación woke, "moralista e identitaria", originada en Norteamérica "que exige un trato particular en nombre de la identidad", donde la "lucha de razas ha suplantado a la lucha de clases y la interseccionalidad ha reemplazado a la convergencia de luchas". Es una crítica feroz, hecha con una visión de izquierdas, dice desde París, porque "los progresistas no podemos dejar esa crítica en manos de los conservadores, de antifeministas o racistas, porque es una de las grandes razones de su éxito actual". "Mientras la izquierda identitaria siga ridiculizando el antiracismo de manera tan liberticida y sectaria, la derecha identitaria ganará las mentes, los corazones, las tripas y luego las elecciones", advierte apuntando a la victoria de Trump y al ascenso en Francia del ultra Éric Zemmour.

P.-¿Qué problema tiene con el discurso woke?

R.-El problema es que plantea tan mal todas las preguntas que acaba dividiendo el campo de la igualdad en vez de hacerlo avanzar. La obsesión identitaria es nueva en la izquierda, siempre fue el capital comercial de la derecha racista. Desde la izquierda, recordar que se pertenece a una minoría discriminada no es un planteamiento identitario es igualitario. Calificar a alguien, su carrera, su combate, sus ideas, sobre la única base de su color de piel... si ese es el logro del antiracismo, entonces hemos hecho algo mal. El mundo por el que lucho es justamente lo contrario, es interesarnos por las ideas de la gente, por lo que proponen, por lo que valen intelectual y humanamente, olvidando, un poco al menos, el factor identitario, su color de piel, su religión o su sexualidad. Los héroes de los derechos civiles o los que lucharon a favor del matrimonio homesexual en Europa no ganaron ese combate excluyendo a los otros de las luchas, sino convenciéndolos, haciéndoles comprender que ese mundo iba a ser mejor para todos, no solo para unos pocos.

P.-Pero hay algunas críticas razonables, voces que ante no se oían. No toda la corrección política es mala, ¿no? ¿Dónde están los límites?

R.- Lo interesante es que esa línea está en movimiento, por eso hay que profundizar en estos temas y no dejarlos en manos de simplistas. Vivimos en una época de gran polarización donde tienes, de un lado, a una derecha conservadora que clama contra lo políticamente correcto en cuanto se le pide no incitar al odio. Pero tampoco quiero -y ese es el debate en la diferencia entre libertad de expresión e incitación al odio- que se pueda prohibir el debate de ideas, la crítica a las religiones, a los valores, diciendo que es racismo. Camus decía que "nombrar mal las cosas es añadir desgracias al mundo". Sobre lo políticamente correcto, hay que hacer bien la distinción entre un humor de dominio y humillación que no se echará de menos porque es un arma de dominación  y un humor expiatorio que sirve para liberarnos de nuestros miedos y permitirnos seguir pensando libremente. La frontera es sutil, por eso tenemos que hablar de ello, debatirlo. No es lo mismo reírse de judíos, musulmanes, homosexuales o mujeres que reírse de la religión, del fanatismo religioso, de los racistas, misóginos y sexistas... 

Silvia Ayuso. Ideas. El País, domingo 26 de diciembre de 2021 

sábado, 22 de enero de 2022

Una visita al Parque Astérix

 Copyright - GP SNCF
Hay un lugar donde puedes cotillear en casa de Obélix (siempre hay un jabalí en el asador y cascos romanos abollados en la ventana), contemplar a Cleopatra navegando en su barco, enrolarte en las legiones, ver pasar volando un menhir y sentir, si no que el cielo cae sobre tu cabeza, sí que te precipitas vertiginosamente de lo alto con los pies hacia arriba: ¡por Tutatis, vaya montaña rusa! Es el Parque Astérix (Parc Astérix) en Plailly, en el norte de Francia, a 35 kilómetros de París, un recinto temático de 40 atracciones y espectáculos que ofrece mucha diversión para toda la familia y hace las delicias de los fanes de los galos irreductibles de Goscinny y Uderzo.

En el parque, según ha podido apreciar este enviado especial, tienes la posibilidad de vivir, si uno se atreve, sensaciones fuertes como las que proporciona o más bien inflige Oziris, una montaña rusa de aquí te espero en la zona ambientada en el Egipto de Astérix y Cleopatra, y en la que literalmente vuelas cabeza abajo haciendo loopings vertiginosos. A los pusilánimes  ("timidus es homo qui futura praevidere potest", que diría Patapalo) siempre nos quedarán atracciones del estilo de Les Petits Drakkars, un paseíto en barquitos como el de los desgraciados piratas de Barbarroja a los que echan a pique indefectiblemente  Astérix y Obélix. El parque ofrece también momentos divertidísimos como el pase de la película en 4D de Estudios Idéfix Attention Menhir!, que se proyecta en una sala con butacas dinámicas capaces de hacerte sentir que saltas, corres o te salpican la cara mientras de la pantalla emerge de forma tan real uno de los megalitos lanzados por Obélix que hace que te agaches para que no te aplaste...

La reconstrucción de la aldea gala es encantadora, puedes deambular por ella  y visitar las casas de los principales personajes. La visita al parque con el último libro (el 39), Astérix tras las huellas del grifo, bajo el brazo tiene la gracia de que, aunque has de ir bien abrigado, te parece que hace menos frío: la historia, muy buena, de Jean-Yves Ferri y Didier Conrad transcurre en las nevadas y gélidas tierras de los sármatas, en los confines del Barbicarum...

El parque que ocupa 80 hectáreas (34 del recinto propiamente dicho, 26 del aparcamiento y 20 de los tres hoteles del complejo) funciona desde hace 32 años en los que no ha parado de evolucionar y ampliarse, y en el curso de los cuales ha atraído a más de 50 millones de visitantes. Paradójicamente, el Parque Astérix, el segundo de Francia en importancia tras Disneyland París, es poco conocido en España, pese a que los españoles se cuentan entre los mayores lectores de los álbumes de los célebres galos, por detrás de los franceses y los alemanes.

Uno de los objetivos de la dirección del recinto es conseguir que acudan más visitantes de nuestro país en el convencimiento, según expresa el director adjunto de la explotación del parque, Sébastien Retailleau, de que reúne atractivos de sobra para conseguirlo. A tal efecto se han conjurado como "aliados estratégicos" el Parque Astérix, la editorial Salvat, editora en España de las aventuras de los galos, y Renfe-SNCF en cooperación, que llevan viajeros en alta velocidad de Barcelona a la Gare de Lyon de París (desde donde hay lanzaderas)...

Jacinto Antón. París. El País, viernes 24 de diciembre de 2021.

viernes, 21 de enero de 2022

Molière cumple cuatro siglos en estado de gracia

La compañía Atalaya representa El avaro de Molière

Molière, el azote de la hipocresía que reinaba en la alta sociedad y la burguesía del siglo XVII, a la que ridiculizó en obras como El avaro, El misántropo o El burgués gentilhombre, nació en París el 15 de enero de 1622. Una efémeride que su país celebra por todo lo alto dedicándole la temporada completa de la Comédie Française, que comienza, el día de su cumpleaños con una puesta en escena de Tartufo dirigida por Ivo van Hove, uno de los grandes nombres de la escena contemporánea europea.

Los escenarios españoles recuerdan también la deuda que el teatro actual tiene con el dramaturgo, actor y poeta, quien, en realidad, se llamaba Jean-Baptiste Poquelin. Desde la compañía madrileña Morboria, que tiene en cartel El enfermo imaginario en el Teatro Fernán Gómez de Madrid hasta el domingo y en febrero iniciarán gira con El avaro, hasta la sevillana Atalaya que estrena El avaro en el Calderón de Valladolid, su primer montaje del padre de la Comedia Francesa.

El avaro es la primera comedia a la que se enfrenta en su carrera Ricardo Iniesta, fundador y director de Atalaya, compañía que en 2023 cumple 40 años. "Para mí Molière fue más importante como hombre de teatro que como autor, si lo comparamos con Calderón o Shakespeare, pero como hombre de teatro fue fundamental", apunta Iniesta tras un ensayo general del montaje en Sevilla...

"El avaro es un miserias, por rácano, pero también por su pobreza espiritual. Algo de lo que hoy tenemos buenos ejemplos en España. Por eso, la obra está llena de referencias a nuestro tiempo: desahucios, abusos de la banca, codicia. El desahucio lo hemos  tomado del guión de Cervi y, además, es un homenaje a Bertolt Brecht"...

Morboria es la otra cara de la moneda. "Molière es como nuestro padrino, un autor recurrente", afirma Eva del Palacio, directora y actriz de esta compañía que festeja el 400 aniversario con la reposición de dos de sus montajes más populares: El enfermo imaginario, que estrenaron en 2006 y El avaro en 2010. "Para nosotros es un autor que tiene vida, juego, ritmo, sabiduría y mala leche. Todo esto atravesado por un sentido irónico que te hace reír, pero también te hace pensar. ¿De qué me estoy riendo, si esto en realidad es muy duro", añade Del Palacio...

Margot Molina. Sevilla. El País, viernes 14 de enero de 2022

jueves, 20 de enero de 2022

Pierre Pachet, la autoficción sin exhibicionismo

"Es posible que determinados hechos, si bien no quedan completamente excluidos de este relato,  no figuren en el lugar que exigiría el orden cronológico. Además es preciso recordar que no he emprendido la composición de una obra literaria sobre un personaje de ficción, sino un trabajo de autoanálisis o de autoscopia realizado sobre un sujeto vivo o, mejor dicho, moribundo, lo cual viene a ser lo mismo". Esta reflexión de Pierre Pachet (París, 1937-2016), este aviso al lector de Autobiografía de mi padre (Periférica), recoge la esencia del propósito literario del gran renovador de la autoficción. Se trata de un libro convertido en una bomba de fragmentación con efecto retardado, una obra publicada en 1987 cuyo rastro podemos seguir luego en la mirada de Pierre Michon, Emmanuel Carrère o Éduard-Louis.

En 1984, Annie Ernaux había reventado el género con El lugar, un libro sobre su padre. Tenía 44 años y el efecto en su obra y en el entorno fue tal que no volvería a escribir ficción. ¿Qué quedaba por hacer? Pachet prescinde de todo lo que se había hecho hasta entonces en un terreno tan transitado por hombres ( J.R. Ackerley, Philip Roth, Martin Amis, o Karl Ove Knausgard son algunos ejemplos notables antes y después) y crea un perfil autobiográfico, pero no suyo, o no solo, sino de su padre, un juego autobiográfico del que sale ileso. No queda claro a quien corresponde la voz que narra. ¿Es la de Simcha Apashevsky, médico, judío, intelectual, superviviente, marido, padre? ¿O es la del hijo a través de los silencios, la vocación intelectual, el pesimismo y la frustración del progenitor? No hay distancia y no importa. Hacia el final del libro, como hacia el final de un periplo vital, la frustración por la enfermedad del padre, por su declive, por la imposibilidad de dar marcha a trás y recuperar el tiempo perdido fusiona ambas miradas con la del lector, quien interpelado en lo más íntimo, se identifica con el relato de la vida, sea quien sea el que habla. Y el padre, por arte de magia, conserva la voz más allá de su existencia gracias a la interacción literaria del hijo.

Autobiografía de mi padre es para Le Monde una de las 50 mejores novelas de la segunda mitad del siglo XX. Visto en perspectiva, es mucho más que una novela. Su retrato del dolor y la pérdida, su intento de dar sentido a lo que quizás no lo tenga, la conecta directamente con Devant ma mère (Gallimard), libro de Pachet dedicado a su madre y publicado 20 años después...

Juan Carlos Galindo. Babelia. El País, viernes 24 de diciembre de 2021

miércoles, 19 de enero de 2022

El Camino se abre al mar, 2

Ponte Nafonso

Los primeros en obtener la Compostela por esta ruta recientemente rescatada han sido dos veteranos senderistas, José da Ponte y Sindo Gandarela, que llegaron a la plaza del Obradoiro a principios de mayo. Este último cuenta a XLSemanal que "lo más impresionante de este Camino es como se fusiona el mar con la montaña. Te pones en marcha al nivel del mar, entre arenas finas y agua cristalina. Asciendes y ves el espectacular monte Louro, desde donde contemplas la ría con todo su esplendor". Durante el trayecto, añade, te encuentras con infinidad de iglesias, cruceiros y hórreos... Otro punto álgido de la ruta es el Ponte Nafonso, un puente medieval de 18 arcos que cruza el río Tambre.

Este Camino cuenta con una peculiaridad: tiene dos puntos de inicio, uno a cada extremo de la ría. En la orilla norte, el peregrino empieza el camino en Muros, en la otra orilla de la ría echará a andar desde Porto do Son. Ambos itinerarios confluyen en la villa medieval de Noia antes de adentrarse tierra adentro hacia Santiago, ¿Por qué dos lugares de partida? Porque de otra manera no se completarían los 100 kilómetros a pie necesarios para obtener la ansiada Compostela.

No es esta la única ruta xacobea que transcurre cerca del mar, por supuesto. La huella de aquellos peregrinos que, provenientes del norte de Europa (países escandinavos, Alemania, Francia, Gran Bretaña...e incluso Islandia), llegaban en barco a las costas gallegas para seguir por tierra hasta Compostela queda patente en rutas como el Camino inglés, que parte desde Ferrol o A Coruña. O el Camino del Mar, una variante del del Norte que comienza en Ribadeo y recorre localidades de costa de la Mariña lucense como Ribadeo, Barreiros, Burela...

Daniel Méndez. XLSemanal, 27 de junio de 2021

martes, 18 de enero de 2022

Muere Ricardo Bofill, arquitecto de la contracultura y de la "jet set"

Ricardo Bofill.  (Getty Images)

Mil veces admirada y mil veces criticada, la vida de Ricardo Bofill Levi valdrá para contar todas las paradojas de la condición humana, del oficio de arquitecto y de la historia de España después de la Guerra Civil. Hoy, el arquitecto barcelonés ha muerto a los 82 años como la primera estrella mundial que tuvo su oficio en nuestro país, como su primer personaje de la jet set , como el más pintoresco de todos sus colegas. Al cabo de su vida, cómo no verlo con simpatía. 

Muy en resumen: la gran paradoja de la carrera de Ricardo Bofill es que empezó en posiciones completamente transgresoras pero que, por el camino, se convirtió en un aliado fidelísimo de los poderes, en abstracto y en concreto, de los económicos y políticos. Como todos los arquitectos pero un poco más. Lo interesante es que ese viaje sirve para explicar parte de nuestro mundo.

Guapo, elitista y de educación cosmopolita, hijo perfecto de la burguesía barcelonesa, Ricardo Bofill nació en el momento y en el lugar justos (Barcelona,1939) para ser una especie de hermano mayor de la contracultura española. Era, entre otras cosas, un afrancesado que tenía la edad y la clase social de las estrellas del 68, que había sido expulsado de la universidad franquista y había terminado la carrera en el exilio dorado en Ginebra y que, además gozaba de una inteligencia nata para interpretar el espíritu del momento.

Y eso, para un arquitecto de su generación, significaba básicamente, refutar la arquitectura racionalista de la primera mitad del siglo XX. No estaba solo Bofill en esa causa. En Madrid, su colega Fernando Higueras, nueve años mayor que él, también trabajaba para derribar el legado de Le Corbusier y compañía, igual que lo hacía Oriol Bohigas en su ciudad. La diferencia es que la refutación de Higueras consistía en construir con un lenguaje brutal y escultórico y la de Bohigas en acercar a la escala de la persona las decisiones de la arquitectura, el enfoque de Bofill era festivo, pop, carnavalesco, quizá lisérgico...

En la década de los 70, el barcelonés pasó de ser un arquitecto hippie a ser un historicista de orden, a tomar un camino que el tiempo ha considerado conservador...A los políticos, desde luego, ese lenguaje historicista les encantaba. Sobre todo, a los franceses. Se han escrito muchas páginas sobre la relación con la arquitectura de François Mitterrand, el presidente de la República que se veía a sí mismo como un faraón. Para un sistema así, convencido de su grandeza y empeñado en transmitirlo a la posteridad, un arquitecto como Bofill era perfecto. En 1978, su taller abrió una oficina en París, Mitterrand ganó sus primeras presidenciales dos años después.

Les Temples du Lac

Les Temples du Lac, en Montigny-le-Bretonneux, Les Espaces d'Abraxas, en París o el Antigone de Montpellier, los grandes proyectos de Bofill en Francia de aquella épca, son todos una mezcla de Versalles y de banlieues de clase media. Edificios descomunales, órdenes clásicos, espacios que parecen cuadros de Piero della Francesca, imágenes al límite de lo kitsch, no se sabe si por error o por gusto... La arquitectura francesa de Bofill no tiene mucho que ver con la discusión de la arquitectura actual, pero sigue siendo fascinante...

Luis Alemany. Madrid. El Mundo, viernes 14 de enero de 2022

lunes, 17 de enero de 2022

La doble vida de una mujer bígama

Fotograma de Madelaine Collins
Un elegante prólogo filmado en plano secuencia, con un magnífico manejo del punto de vista y del fuera de campo -la acción principal se desarrolla fuera del ojo de la cámara, y por tanto, lejos del ojo del espectador- abre la película francesa Madeleine Collins. Hay desesperación en el personaje que mueve la acción principal y suspense en cada una de sus maniobras. Vértigo, mentira, dolor. Y no ocurre nada particularmente misterioso: solo es una mujer en una tienda de lujo probándose unos vestidos y teniendo un bajón de tensión. Hay estilo en la narración de Antoine Barraud, su director; también unas gotas de incertidumbre en las pocas frases que se dicen. De ahí en adelante la historia no te suelta. Y aunque el desenlace quizá tenga algo de desilusionante, la película se ve con el brío de lo enigmático.

En el año 1953, la actriz, guionista y directora estadounidense Ida Lupino, cineasta pionera, compuso la soberbia El bígamo, obra de singular atrevimiento desafiante con el código Hays de autocensura, en la que un hombre experimentaba dos vidas en paralelo con dos mujeres a las que quería de distinto modo, pero con igual verdad. Una película valiente y nada maniquea sobre los roles de género que deambulaba entre el drama social, el policiaco y la intriga, narrada en varios tiempos a partir de flashbacks de apoyo. Con semejantes elementos tonales y casi exacta situación, Baraud articula su obra a partir de la doble existencia de una mujer que, por trabajo -como el viajante Edmond O'Brien de la película de Lupino-, está obligada a desplazarse con continuidad, lo que le facilita su castillo de naipes sentimental.

La imponente Virginie Efira es una mujer instalada en la mentira, en principio con sorprendente naturalidad, conforme avanza el relato con acechante desequilibrio. Y a su lado, el español Qim Gutiérrez, estupendo en un papel  en el que pasa por la ternura, el desconsuelo y, finalmente, el agravio. Madeleine Collins tiene una gran virtud: la cadencia de la información ofrecida al espectador, sugestiva por las pistas mínimas y sutiles, que provocan que durante buena parte del relato el público esté tan perdido como interesado. Y, por desgracia, también un borrón final: un desenlace un tanto superficial, que quizá nos hable de un personaje que ha convertido su destino en una adicción, pero que también resulta decepcionante con respecto a la altura de miras desplegada hasta entonces.

Javier Ocaña. El País, viernes 14 de febrero de 2022

domingo, 16 de enero de 2022

El culto a Proust, más vivo que nunca un siglo después

Marcel Proust
Jen-Yves Tadié quedó fascinado con Marcel Proust a los 16 años, cuando su profesor de Filosofía leyó en clase un fragmento de El tiempo recobrado, séptimo y último volumen de En busca del tiempo perdido. "Fue como un flechazo" recuerda en el salón de su piso en el proustiano distrito XVI de París. "En cuanto volví a casa busqué en la biblioteca de mis padres En busca del tiempo perdido y lo leí entero". 

Desde entonces, Tadié (Boulogne-Billancourt, 85 años) ha leído como mínimo tres veces de inicio a fin el ciclo novelesco de Proust, una de las cumbres de la literatura del siglo XX, e incontables veces por separado los libros que lo componen y múltiples fragmentos. Ha dedicado a ello buena parte de su vida. Desde su tesis doctoral, Proust y la novela, hasta Proust y la sociedad, publicado en noviembre. En este ensayo analiza En busca del tiempo perdido como un fresco de la Francia de su tiempo comparable con la Comedia humana de Balzac, con los grandes debates y dramas políticos de la época -el caso Dreyfuss y la Primera Guerra Mundial- como telón de fondo. Entretanto, Tadié dirigió la edición crítica de la obra cumbre del autor francés en La Pléiade, la colección de clásicos de la editorial Gallimard. Escribió la biografía de Proust. Enseñó en ocho universidades de varios continentes y tuvo tiempo de dedicarse a otro de sus objetivos de estudio académico: la novela de aventuras.

Tadié es hoy el primero de los proustianos o proustólogos, en Francia y en el mundo, y de ahí que tenga un papel destacado en una de esas conmemoraciones que no parecen terminar nunca. En 2019 se cumplió un siglo del premio Goncourt para A la sombra de las muchachas en flor, segundo volumen de En busca del tiempo perdido; en 2021 se conmemoran los 150 años del nacimiento del escritor, 2022 será el centenario de su muerte.

En estos años no han dejado de publicarse inéditos  ni nuevos ensayos sobre el autor. Además, se reeditará la biografía actualizada. El Museo Carnavalet de París inauguró en diciembre una exhaustiva exposición, titulada Marcel Proust, una novela parisina, abierta hasta el 10 de abril. En vísperas de Navidad había colas para entrar. Puede parecer un misterio la capacidad de convocatoria y la vigencia de un autor con reputación de difícil, y con una obra de miles de páginas, que requiere un tiempo y una concentración raros en la era de la dispersión y la brevedad.

"Se ha convertido en una leyenda", constata Tadié. "Le ha ocurrido lo mismo que a Cervantes o Shakespeare. Escapa a su país y a su lengua. Su contenido es universal. Los chinos o los japoneses le aprecian tanto como los americanos o los españoles. Ya ni siquiera es un escritor francés". Proust, para Tadié, es uno de esos escritores que no hace falta haber leído para conocerlos, o para creer que se conocen. Dante o Kafka también pertenecen a esta categoría, como los citados Cervantes o Shakespeare. En el caso de Proust la famosa magdalena que despierta un mundo de recuerdos cuando el narrador de En busca de un mundo perdido la moja en el té, es hoy un lugar común, casi como los adjetivos dantesco o kafkiano. 

"Es como un culto incluso para quienes no creen; la gente respeta las iglesias sin entrar en ellas", dice el estudioso . "Proust plantea todas las grandes cuestiones de la vida y de la sociedad de una manera que supera su tiempo y su vida. Además inventó un estilo tan diferente que nunca ha pasado de moda. Proust nunca estuvo de moda y su estilo perdura en todas las lenguas"...

Marc Bassets, martes 28 de diciembre de 2021

sábado, 15 de enero de 2022

La ruta migratoria a Francia vía Irún

La historia de Yos Khartoum está marcada por la desesperación y la mala suerte. La fatalidad ha vuelto a cebarse con él esta semana pasada. Yos se encuentra ingresado en el Hospital del Bidasoa, en Irún (Gipuzkoa) tras ser operado de una fractura en el fémur. Este sudanés de 20 años lleva recorrido más de 6.000 kilómetros desde que decidió abandonar su país y se propuso llegar al Reino Unido. No lo ha conseguido. El pasado viernes se rompió la pierna cuando escapaba de la Policía francesa. La afluencia de migrantes, la gran mayoría subsaharianos, no para de crecer en este paso. Las desgracias humanas también: el año pasado murieron aquí siete personas en tránsito. Esto no parece asustar a Ousmane, maliense de 21 años: "Tengo que pasar a Francia. No sé cómo voy a hacerlo, pero allá voy. Quizás de noche".

Ousmane, Adou, este de Guinea Conakry, y otros siete jóvenes africanos han pasado la última noche en el centro Hilanderas de Irún, un centro temporal de atención humanitaria que gestiona la Cruz Rja. En este alojamiento pernoctaron el año pasado, 8.115 migrantes, la cifra más alta de estos últimos años. En 2020 fueron menos (3.493 por el confinamiento general) y un año antes 4.244. Josune Mendigutxia, voluntaria de la red de acogida de Irún (Irungo Harrera Sarea), asegura que la situación en que viven estas personas es cada vez más precaria y peligrosa: "Llegan aquí con mucha ansiedad porque ven que Francia está ahí, muy cerca, y quieren llegar a toda costa, pero no encuentran una forma segura de pasar. Lo peor es que no son conscientes del riesgo al que se exponen".

Este es el caso de Yos Khartoum, el herido. Corría desconsolado por las vías del tren para evitar ser atrapado por los gendarmes y se rompió la pierna en una aparatosa caída. Al joven ya le habían dado el alto en otras tres ocasiones cuando trataba de cruzar el puente  que hace de frontera y da acceso a la localidad francesa de Hendaya. Su periplo comenzó cuando salió de su país y atravesó medio continente hasta llegar a Melilla. Allí saltó la valla y pudo reanudar una travesía que le llevó al puerto de Calais (Francia), a las puertas de su destino. "En Calais fue detenido". cuenta Mendigutxia,  y devuelto a las autoridades españolas. Desde Madrid tuvo que volver hasta aquí y ahora está hospitalizado, asustado, con un pronóstico de unos tres meses de recuperación por delante".

Este pasado domingo llego otro joven de origen africano en un estado "muy perjudicado", cuenta la voluntaria. Lo trajeron en brazos entre varios porque él no podía sostenerse de pie. Necesitó una transfusión de sangre y está ingresado en la planta covid del mismo centro. Dramas como este se suceden casi todos los días. Iker Barbero, profesor de Derecho de la Universidad del País Vasco (UPV) e investigador principal del proyecto Transiteus  sobre acogida de migrantes en tránsito en Euskadi, achaca esta situación a "los controles cada vez más férreos que está aplicando Francia en la frontera". "Lejos de estar justificados por motivos de la pandemia o por la amenaza terrorista", añade, "la actuación  policial tiene un marcado perfil racista porque solo se practica con los negros y los árabes"...

Mikel Ormazabal. Irún. El País, miércoles 12 de enero.

viernes, 14 de enero de 2022

Primeros síntomas del Año Molière

El enfermo imaginario en el Teatro Fernán Gómez
Molière, le patron (a decir de la Comédie Française) ha sido para Morboria (compañía creada por Eva del Palacio y Fernando Aguado hace 30 años) un talismán del que no se ha querido desprender desde que en 1994 estrenara El burgués gentilhombre en el Festival de Otoño de Madrid.

A las puertas de su 400 aniversario, la compañía retoma el pulso crítico y grotesco del genio galo para representar en el Teatro Fernán Gómez la comedia ballet El enfermo imaginario. Volveremos a reencontrarnos con el miedo a la muerte y al dolor del viejo Argan, personaje universal víctima y verdugo de sí mismo rodeado de seres indeseables y aprovechados pero también de otros cargados de vida, amor, sentido común y cordura.

"Sus retratos siguen vigentes -explica Del Palacio-. No importa la distancia en el tiempo ni la parte de historia que nos ha tocado vivir. Es una comedia llena de tragedia, un fabuloso y divertido retrato del hipocondríaco que sigue estando vigente en nuestra sociedad. La risa, la carcajada y la reflexión están aseguradas en Molière. Son sus armas para denunciar las malas prácticas, los defectos y los vicios humanos. A través del humor y el divertimento la verdad impacta como un clavo en nuestra razón". 

La peripecia de Argán, su impulso y obsesión irrefrenables, llega con la pandemia condicionando nuestras vidas. El más reciente en experimentarlo fue Josep María Flotats, que debía haber llevado a su "enfermo" al Teatro de la Comedia en el convulso mes de marzo de 2020. Ahora, algo más sabios sobre los efectos de la Covid-19 como nos hemos hecho, Del Palacio dedica su montaje "a todos los médicos y personal sanitario que, pese a las condiciones tan difíciles, realizan su trabajo de forma ejemplar". Fernando y Luna Aguado, Malena Gutiérrez, Virginia Sánchez, Eduardo Tovar y Daniel Migueláñez, entre otros, protagonizan un montaje en el que Miguel Barón firma la música original y al clavecín la interpretación de Miguel Brayda Charpentier...

Javier López Rejas. El Cultural, 17-12-2021.

jueves, 13 de enero de 2022

La intemporalidad perdida

Anaïs Nin

Cuando Anaïs Nin terminó de escribir los 16 relatos de La intemporalidad perdida, que Lumen acaba de publicar por primera vez en español, tenía 26 años y aún no había conocido al bohemio escritor estadounidense con quien estaría una década enredada. Compañera de cama y mecenas de Henry Miller, gracias a la fortuna de su marido, Hugh Guiler, la francesa de origen cubano, criada entre París y Nueva York, fue fundamental en la creación de Trópico de Cáncer y Trópico de Capricornio. Tanto es así que, como ha quedado probado, sus notas sobre la mujer de Miller, June-con quien la escritora también tuvo un affaire-, acabaron incorporadas a la novela de él.

Aquel legendario idilio que arrancó en París en 1931 pasó a la historia de la literatura e hizo de Nin un estandarte de mujer liberada, adúltera y bígama. Esto último se supo cuando los obituarios en Los Angeles Times  y The New York Times, al hacer referencia a su viudo, daban nombres distintos, y los dos resultaron correctos. Corría 1977 cuando Nin murió a los 73 años, reivindicada como icono por las feministas de la Segunda Ola y convertida, al fin, en una estrella literaria tras 40 años en los márgenes.

La intensa vida de Anaïs y su obra están inextricablemente unidas. De los nueve libros que imprimió en vida, cuatro fueron autoeditados y la crítica, con Edmund Wilson a la cabeza, solo alabó el puñado de relatos reunidos en Una campana de cristal a finales de la década de 1940. La fama le llegó en los últimos años de los sesenta con una edición purgada de sus diarios, que Nin empezó a escribir de niña  en el viaje de París a Nueva York, tras abandonar su padre a la familia...

Para quienes ya han leído las obras de Nin, los cuentos de La intemporalidad perdida descubren una faceta poco conocida de la autora. Con un cierto aire onírico y psicoanalítico y un inconfundible ambiente de los locos años veinte y de la sensibilidad surrealista, los nuevos relatos no contienen el marcado tono sexual que Nin desarrollaría más adelante. Hay pulsiones artísticas, atracción, bailarinas flamencas y escritores, mujeres jóvenes seductoras que aún no son del todo conscientes de su poder. Estos cuentos fueron escritos entre 1928 y 1931, cuando la autora vivía en París con su marido, el poeta banquero Hugh Guiler, y fueron rechazados por todas las publicaciones y editoriales.

En los años setenta Nin publicó La intemporalidad perdida en una tirada corta que no comercializó y con un prólogo en el que reconocía que, aunque los cuentos no mostraban su estilo plenamente desarrollado, ayudaban a entender su evolución como escritora, y eso podía ser valioso e inspirador. El ya desaparecido Gunther Stuhlmann, amigo, agente, editor y estudioso de la obra de la autora, destaca en sus notas a la primera edición comercial estadounidense de 1993 (incluidas en la edición en español) la "ironía  y los tempranos indicios de feminismo que asoman en esos textos...

Andrea Aguilar. Madrid El País, miércoles 22 de diciembre de 2021.

miércoles, 12 de enero de 2022

El Camino se abre al mar

El camino de Santiago por mar. Foto: Carmen Romero

El Camino de Santiago ha estado ligado al mar desde sus orígenes. Los restos mortales del apóstol, decapitado en Jerusalen en torno al año 44 por orden de Herodes, fueron trasladados por sus discípulos en barco hasta Hispania, donde según la tradición había predicado Santiago. La larga travesía partió del puerto israelí de Jaffa hasta el puerto romano de Iria Flavia, la actual localidad de Padrón. Aquel viaje de siete días es conocido como Translatio y fue recogido en el célebre Códice Calixtino, redactado en el siglo XII.

Muchos años después, los cruzados acudieron también a pedir su favor al santo por mar. En 1147 tuvo lugar la primera gran peregrinación a Santiago por la ría de Muros y Noia. Unas 200 naves pertenecientes a la Segunda Cruzada que habían zarpado del puerto inglés de Dartmouth con destino a la Tierra Santa, fondearon en este estuario del río Tambre. Un buen número de aquellos cruzados caminaría hasta Santiago para implorar la protección del apóstol antes de partir a su campaña militar. Fue esa peregrinación antes de viajar a Tierra Santa el acto fundacional de este bellísimo Camino de Muros y Noia que hoy, siglos después, con a Ruta Xacobea Ría de Muros-Noia vuelve a tomar vida.

Aquel trayecto de peregrinación había caído en el olvido y se había quedado fuera de las rutas xacobeas iniciales. Hasta ahora. Después de un trabajo de tres años de estudio y documentación, el pasado mes de diciembre el decano del Consello da Catedral y jefe de la Oficina de Atención al Peregrino, Segundo Pérez, estampaba su firma en el documento que reconoce oficialmente esta ruta que tiene el mar como protagonista: cerca de 60 kilómetros de camiño se realizan por la costa con impresionantes vistas a la ría. El resto cruza el valle de A Maía hasta llegar a Santiago. Puede consultarse el trazado en la web ríademurosnoia.com...

Daniel Méndez. XL Semanal, 27 de junio de 2021

martes, 11 de enero de 2022

Pasear, mirar y hacer clic

Le petit Parisien, 1952. Willy Ronis

"Soy uno de esos fotógrafos que trabaja mucho a partir del azar", escribe Willy Ronis (París 1910-2009) junto al retrato de una pequeña campesina que tomó en la campiña alsaciana. Su totografía tenía mucho de esta casualidad, de la magia que surge al dar con el momento preciso. No solía intervenir en las escenas y esperaba, atento a que algo ocurriera. "Cuando encuentro el tema lo percibo de inmediato", continúa en Aquel día, que publica por primera vez en España la Editorial Perférica&Errata Naturae, un lujo de imágenes comentadas en primera persona por su autor. Trabajó en periódicos, en la revista Life y fue uno de los cinco autores, junto a Henri Carier-Bresson o Brassaï, a los que el MoMA dedicó su icónica Five French Photographers. Alejado de clichés, posaba su cámara en escenas de fiesta o en una madre y sus hijas mirando un escaparate en navidad, bajo una luz que le recordaba a Rembrandt. Reparó también en escenas de trabajo, de mineros, de una fábrica textil y en un vagón de metro en el que los viajeros le dan la espalda: "Me gusta mirar esta imagen cada cierto tiempo, me vienen a la cabeza esos dibujos robados al barullo". Llega con esas poéticas estampas al blanco y negro hasta los noventa, a una esquina del Centro Pompidou.

De la colección Bernard Plossu, 1974

Fotógrafo tambien de lo encontrado, la obra de Bernard Plossu (Vietnam, 1945) se sustenta en sus continuos viajes. Desde su primera visita a Barcelona en 1974, cuando la revista Nueva Lente publicó sus fotografías, ha vuelto a nuestro país en numerosas ocasiones acompañado siempre de su vieja Nikkormat de 50 mm. Cautivado por las personas, además de por los paisajes, encontramos en estas páginas retratos  de amigos como Pérez Siquier, Javier Campano, Alberto García Alix o a un jovencísimo Chema Madoz, fumando en un bar en 1996. El profesor de la Sorbonne Jacques Terrasa recorre en este volumen los "vagabundeos urbanos" y "las caminatas por la natura" de este autor nómada y discreto. Una publicación de SD Edicions de corte académico que, organizado en seis capítulos, recorre el conjunto de su obra: Barcelona, Andalucía (con especial atención al desierto de Almería, donde vivió varios años), Valencia... y su gusto por captar los paisajes en movimiento desde el tren...

L. Espino. El Cultural, 7-1-2022.

lunes, 10 de enero de 2022

Vuelta a casa de mi hija

Vuelta a casa de mi hija es una secuela de la exitosa Vuelta a casa de mi madre (Eric Lavaine, 2016),  una comedia que en su momento tuvo su-gran- relevancia en la taquilla francesa, aunque fuera de las fronteras de su país pasase más desapercibida. La fórmula de aquella (cuarentañera que se ve obligada a volver a vivir en la casa materna con el consiguiente choque madre-hija) se invierte ahora, pues es la madre la que irá a parar a casa de una de sus hijas ante las obras interminables de su piso. Josiane Balasko, actriz ( así como directora y guionista) y referente del cine galo, es quién, ciñéndose aquí solo a la interpretación -, se pone en la piel nuevamente de esta madre que no consigue entender el mando de la tele ni los términos técnicos actuales, mientras se entromete y reorganiza hasta la extenuación la vida de su primogénita.

En este papel hecho a medida, Balasko evita caer (aunque a veces por muy poco) en el exceso y la caricaturización, brindándonos sus mejores momentos junto a su yerno (Jerôme Commanduer que aquí conocemos por otra comedia francesa con mayor repercusión por estos lares, Bienvenidos al Norte ). Y aunque los malentendidos entre ellos no dejan de ser lugares comunes y chistes fáciles, terminan por ser efectivos.

Eric Lavaine también director de la original, se limita a tomar el esquema que tan bien le funcionó anteriormente, evitando cualquier innovación al margen. Es por ello que Vuelta a casa de mi hija es una comedia amable y muy francesa, una película resultona, de tono intencionadamente ligero, no por vista menos disfrutable, que busca agradar a todos los públicos sin más complicaciones. 

Sabela Pillado. La Voz de Galicia, viernes 31 de diciembre de 2021

domingo, 9 de enero de 2022

La diagonal de los "olvidados"

La diagonal de los "olvidados" es una  variante de la apelación "La diagonal del vacío", término  con el que el geógrafo Roger Brunet, en los años 80,  denominó  esa  franja del territorio francés que va del noreste al suroeste, de las Ardenas hasta los Pirineos, llamada también la diagonal de las bajas densidades de población. Mientras la media nacional es de 110 habitantes por kilómetro cuadrado, es al menos dos veces inferior en provincias como la Lozère, La Creuse, Las Landes. Al margen de las grandes ciudades, estos territorios rurales cuentan con la mitad de los parques naturales regionales y algunos macizos montañosos: El Macizo Central, el Morvan, los Pirineos. Grandes espacios, casi desiertos de hombres, propicios para el turismo verde. Uno de esos viajeros nos propone una primera mirada a esa Francia desconocida.

Mathieu Mouillet

La diagonale du vide es el título del conjunto de recuerdos con sus correspondientes fotos, acompañado de un mapa, publicado en 2019, en el que Mathieu Mouillet ha recogido las experiencias de su viaje, subtitulado, Un viaje exótico en Francia. A pie, a 4 kms por hora, durante año y medio, pasando por 18 provincias, explorando esos lugares donde no hay nada que ver. Y su sorpresa fue que descubrió una Francia inesperada, ligada fuertemente al territorio que sabe enfrentarse a los problemas sin dejarse abandonar. Para este fotógrafo y experto viajero que ha recorrido el mundo entero, ha sido su viaje más bello y más lleno de energía positiva.

Sobre ese mapa  de M. Mouillet  los equipos de "Grands Reportages de la TVF (octubre de 2020)  nos ofrecen otra mirada. En un viaje de 6 meses, esta vez en tren, en autocares, visitaron esas ciudades pequeñas y pueblos perdidos víctimas del éxodo rural. Menos transportes, menos servicios públicos, menos empleo. Hablaron con esos franceses que luchan por sobrevivir y que a veces encuentran soluciones sorprendentes. Un alcalde y unos padres de alumnos en el corazón de Los Vosgos luchando por salvar una pequeña clase de infantil y de Curso Preparatorio. A propósito de esta iniciativa no puedo dejar de recordar aquí, Etre et Avoir, una conmovedora película del año 2002, sobre una escuela rural en Auvergne. En Nevers, la ciudad donde los chalecos amarillos han sido más activos, el Ayuntamiento, tratando de revivir el centro ciudad, ha impulsado un puesto de trabajo para ayudar al pequeño comercio. Los hipermercados de la periferia se llevaron a todos los clientes en los últimos años. El viaje se termina en Agen visitando una empresa de farolas solares que ha logrado crear empleo convirtiéndose en líder mundial. Su patrón, no abandonaría su región por nada del mundo. Él se siente en esta pequeña ciudad del Lot y Garonne más que en la diagonal del "vacío" en la diagonal de la "felicidad". 

He reservado una pequeña joya para esta segunda parte: un libro, Los países (Minúscula, 2018), de Marie Hélène Lafon.  Una novela en la que no solo están los datos y las impresiones de los párrafos anteriores sino que, gracias a la literatura, la escritora va más allá, ilumina esos Países contrastados: la granja del Cantal y la Sorbona en París a donde Claire, la protagonista, ha ido a estudiar  griego, latín y francés. Porque es una buena estudiante y ha conseguido una beca. Ha dejado atrás aquel rincón del mundo desgastado, aquella grieta hundida en el viejo país, plisado, alisado. Ahora otro país empieza a conformarse para ella: los anfiteatros de la Sorbona, los pasillos del Instituto de Griego o la casa de su profesor Monsieur Joffre  que tenía la costumbre de invitar a sus alumnos a un aperitivo servido en una mesa griega bajo el cerezo del jardín, una casa que se sostenía por los libros, por el cerezo, por la música, una casa que olía a alegría. Una vida así era posible.

Había aprobado. Se había esforzado, sin salidas, ni cafés, ni diversiones. Cruza por primera vez el parque de Luxemburgo, a los diez meses de su llegada. El lunes siguiente, en dos días, empezaría su trabajo en una sucursal del Crédit Lyonnais hasta el 31 de agosto. Mientras que allá arriba, en su otro país, estarían segando ya. En el parque de Luxemburgo pensó en eso, en el arce del patio, el río, la hierba, la que se convierte en heno y que nos se parece en nada al césped impecable del jardín de Luxemburgo. Ella se quedaría en París. En el banco, ganaría un dinero que no gastaría y añadiría a su beca para el curso siguiente. No echaría de menos aquellos veranos del heno almacenado. Aquel primer año en París forma un bloque detrás de ella.

Hélène Lafon

El curso siguiente, en la biblioteca de la Sorbona, uno de los empleados que facilitaban los libros a los estudiantes la reconoció como paisana. Un chico de un pueblo próximo al  suyo en aquel rincón del Cantal que suspira por conseguir un traslado, que al fin obtiene, un puesto en Clermont-Ferrand. Pero para Claire su lugar, "al otro lado del mundo, donde había empezado a ser y ya no estaba, no estaría nunca más". "De las infancias nos escapamos; esas impresiones fuertes que tenemos dentro había que ampliarlas, ampliar la vida, ganarla y ampliarla gracias a la mediación única y muda de los libros".

París y la Sorbona,  territorio nuevo y salvaje se van abriendo a ella,  algunos de sus compañeros se le aproximan. Tienen una cultura muy superior a la suya. Saben lenguas extranjeras, leen Le Monde, releen a Proust, conocen a Sthendal. Lucie Jaladis la invita a su casa en La Isla de Saint-Louis. Allí descubre a Bach y poco después, un fin de semana al mes, acompaña a la familia Jaladis a Coutances, un nuevo país para Claire, esa casa familiar en Normandía, donde tiene lugar la revelación de Flaubert. Un corazón sencillo será a partir de entonces su breviario, como para Monsieur Jaladis, el padre de Lucie...

Cuarenta años después, Claire, su proyecto de vida cumplido,  es profesora, vive en París,  recibe la visita anual de su padre acompañado de uno de sus nietos durante tres días de las vacaciones de Navidad. No quiero contarles más. Ya me he extendido más de lo previsto porque este libro, calificado como pequeña joya, es pequeño en su forma (143 páginas, E, Minúscula),  joya es, en verdad, un pequeño diamante de los que brillan en la noches de insomnio ofreciéndonos compañía. "Diamants que brillent dans la nuit ".

Carmen Glez.Teixeira

sábado, 8 de enero de 2022

Un paseo por la Normandía que inspiró "Madame Bovary" en el bicentenario de Flaubert

Rouen.- Es la ciudad  que le vio nacer el 2 de diciembre de 1821. De niño vivió en el Hôtel-Dieu, un edificio que hoy  alberga el Museo Flaubert, dedicado al autor y a la historia de la medicina. Hay que visitar la deslumbrante catedral que fue una fuente de inspiración para el escritor.

El paseo por Rouen, con sus características casas de color pastel y entramado de madera, también debe incluir el Hòtel Littéraire Gustave Flaubert, justo al lado de la antigua plaza  del mercado. No hay que olvidar tampoco el lujoso Hôtel de Bourgtheroulde, que se cree que fue la inspiración para el Hôtel de Boulogne, donde Emma se reunía con su amante en Madame Bovary. 

Croisset.- A las afueras de Rouen, la aldea del río Sena es donde Flaubert vivió durante 35 años y escribió la mayoría de sus historias. Hoy se puede visitar el Pavillon Flaubert, todo lo que queda de la casa familiar. Se ha convertido en un pequeño museo con una colección de objetos que pertenecieron al autor, como material de escritura, retratos y grabados.

Ry.-Decía Flaubert que Madame Bovary era pura invención pero en Ry se dan demasiadas coincidencias con la obra maestra francesa: fue en este pueblo en 1851, cuando la esposa de un tal Dr. Delamare se suicidó a los 26 años después de acumular deudas y amantes, dejando huérfana a su hija de seis años. En Ry se puede visitar el museo de Madame Bovary y una Galería Bovary que exhibe escenas del libro. Incluso se puede visitar la tumba de Charles Bovary en la vida real, el Dr. Delamare, en la iglesia local.

Lyons-la-Forêt.-Este pintoresco pueblo a unos 30 kilómetros de Ry fue elegido como el escenario donde Jean Renoir y Claude Chabrol filmaron sus adaptaciones de la novela. En 2013, la película Gemma Bovary, con muchos paralelismos con la novela de Flaubert se rodó también en Lyons-la-Forêt .

Trouville-sur-mer .- Flaubert y su familia veranearon en este bonito pueblo costero en 1836, donde el escritor se enamoró de una mujer casada y mayor llamada Elise Schlesinger, quien se convertiría en la inspiración de Madame Arnaux, la protagonista de La educación sentimental. Los visitantes encontrarán en Trouville el Hôtel Flaubert en el paseo marítimo, así como una estatua del autor junto al casino Barrière.

Pont-L'Eveque.- No lejos de la anterior, este es el escenario del cuento Un corazón sencillo que narra la historia de una sirvienta de un pequeño pueblo, Félicité, y de su querido loro Loulou. Se cree que los coloridos edificios con entramado de madera y la florida plaza Jean Bureau no han cambiado mucho desde los días en que Flaubert escribió este cuento.

Château-Gaillard.-  Quien visite las impresionantes ruinas del castillo medieval de Les Andelys estará también siguiendo los pasos de Flaubert. Aquí vivió el amigo más cercano del escritor, Ernest Chevalier. Juntos explorarían en mil ocasiones esta fortaleza construida por Ricardo Corazón de León que domina el valle del Sena.

Deauville.- Flaubert heredó una gran extensión de tierra de cultivo en esta elegante villa que luego vendería para ayudar a pagar las deudas del marido de su sobrina. La Villa Strassburger y el hipódromo de Deauville-Les Toques, ambas atracciones turísticas populares por sí solas, ocupan hoy en día el terreno donde se encontraba la antigua granja Flaubert.

Marie Anaïs Thierry. El Mundo. Viajes, 6-1-2022

viernes, 7 de enero de 2022

Arpas y estrellas

Gustave Dudamel

Gustavo Dudamel  (Barquisimeto, 40 años) sonríe. Lo hace siempre y de varias maneras distintas. En su boca todo es "maravilloso" y "hermoso". O, en el peor de los casos "feliz" y "emocionante". El venezolano describe su llegada a Francia, pocas semanas antes de nuestro encuentro, como "un bellísimo comienzo". ¿El gris imperfecto en el cielo, las batallas cotidianas como el funcionariado, la petulancia como deporte nacional? No sabe o, en cualquier caso, no contesta. "Me siento el ser más privilegiado del mundo. No sé qué más podría pedir", asegura él, todo hoyuelos. 

Empieza el otoño y Dudamel acaba de asumir su nuevo cargo de director musical de la Ópera de París, una consagración definitiva, a sus 40 años, con la que deja atrás su etapa de niño prodigio de la música clásica  y empieza a lucir un perfil más maduro y sereno, a juego con los reflejos plateados de su cabellera. Por la acumulación de trabajo en el inicio de temporada operística , el director de orquesta más brillante de su generación  lleva días durmiendo en un sofá cama de su despacho, una estancia de geometría inquietante y una decoración tirando a desangelada que heredó de su predecesor-"todavía no me ha dado tiempo de cambiar nada", dice- en el majestuoso edificio de la Ópera Garnier, la sede histórica de esta institución  fundada en 1669 por Luis XIV, con una orquesta de 170 músicos, un ballet de 150 bailarines y un coro de un centenar de voces. Cuenta con otra oficina de contornos más diáfanos, en el segundo edificio de la Ópera de Paris, una fortaleza ochentera de arquitectura posmoderna pegada a la Bastilla: en sus estancias de aspecto retrofuturista el venezolano posó para este reportaje.

Dudamel dirigirá por contrato un mínimo de tres producciones por temporada y compaginará su nuevo cargo con la dirección de la Filarmónica de Los Ángeles, que encabeza desde 2009. Es decir, que dividirá, durante los próximos seis años, su tiempo entre dos continentes. Pero no ve ninguna esquizofrenia en el hecho de dirigir, a la vez, un templo europeo del arte lírico y una ópera joven en el downtown angelino. "Si estuviera haciendo dos cosas totalmente distintas sería diferente, pero no deja de ser música. Hay un hilo indestructible", rebate él. Pero todavía hay más: también está a cargo de la banda sonora de la adaptación de Wes Side Story, de Steven Spielberg, que se estrenará en cines el 22 de diciembre, y de la que, en el momento de la entrevista, sigue teniendo prohibido hablar.

Dudamel hace justicia a la leyenda sobre su estajanovismo. "En realidad, no lo veo como una hiperactividad. Mi vida ha sido así desde jovencito. Al contrario, ahora vamos a tener un ritmo más calmado. Viajaremos, pero menos... Dirigir dos óperas en dos ciudades distintas es menos estresante  que empalmar conciertos en puntos diferentes del planeta. Llevábamos años buscando esta estabilidad", responde . Habla en plural no mayestático: incluye en él a su esposa, la actriz española María Valverde, con quien se casó en 2017 en Las Vegas, y al hijo de su anterior esposa, Martín...

Álex Vicente. ICON. El País, 3 de diciembre de 2021.

jueves, 6 de enero de 2022

"Anéantir", la nueva novela de Houellebecq

Michel Houellebecq

La nueva novela de Houellebecq despista. No es lo que aparenta. Parece por momentos ser un thriller geopolítico con atentados espías y un trasfondo esotérico. Al mismo tiempo es un melodrama familiar con un patriarca ingresado en una residencia en el corazón de la campiña francesa. Y en paralelo se presenta como un relato de una campaña electoral para la presidencia de Francia visto desde la maquinaria del poder. 

Anéantir/Aniquilar que la editorial Flammarion publica en francés el 7 de enero y que Anagrama tiene previsto publicar en castellano y catalán a finales de agosto, no es exactamente eso. O es mucho más. Es una novela sobra la fragilidad de la existencia y la soledad del hombre contemporáneo en un mundo sin dios. Trata del amor y la devoción matrimonial. Houellebecq (La Reunión, 65 años) ha escrito una balada desesperada sobre la vida y las razones para vivirla o renunciar a ella, un libro sobre la enfermedad y la entropía y la destrucción con un giro que deja en el aire todo lo anterior antes del conmovedor climáx que remata.

"Algunos lunes del final de noviembre o principios de diciembre, sobre todo si uno es soltero, tiene la sensación de estar en el corredor de la muerte", arranca Anéantir y así atrapa al lector, con una frase que parece una parodia del estilo y los temas del propio Houellebecq. El libro se cierra con un capítulo de agradecimientos en el que el autor, tras explicar lo útil que le ha resultado documentarse con médicos y jugando con la fama de pesimista sin remedio, concluye con ironía. "Acabo de llegar por casualidad a una conclusión positiva; es hora de parar".

En medio de las 734 páginas más esperadas de la temporada literaria: la octava novela, tres años después de Serotonina, de un escritor con un status de icono pop (incluso figura como personaje en el último álbum de Asterix) y elogiado por la capacidad de diseccionar las angustias inconfesas de nuestra civilización, y de ser el oráculo de su ocaso.

Todos los manierismos del autor de Las partículas elementales se encuentran en Anéantir. El estilo rápido y eficaz, pero con altibajos, a veces deslavazado. Las sentencias de barra de bar  mezcladas con otras de claridad dolorosa. La mirada sociológica sobre el mundo actual, lo más parecido en el siglo XXI a los naturalistas del XIX. El sexo. La ácida burla de los progres y sus hipocresías. También, en las opiniones de algunos personajes sobre los musulmanes o las mujeres, una versión literaria de lo que en política sería Éric Zemmour, candidato ultra a las presidenciales del 2022. "Había árabes, muchos árabes en las calles", se observa, "y esto ciertamente era una innovación repecto al ambiente general del Beaujolais y de Francia entera"...

Marc Bassets. París. El País, 30 de diciembre de 2021

miércoles, 5 de enero de 2022

El legado del Camino de Santiago en Europa

 El presidente de la Academia Xacobea, Xesús Palmou, aprovechó su participación en el Congreso Bienal Mundial de la World Jurist Association celebrada en Colombia para reivindicar el legado del Camino de Santiago en el proceso de la construcción europea y hacer un llamamiento a apostar "por aquello que nos une, frente alo que nos separa" superando así el bloqueo parcial que atraviesa en la actualidad la Unión Europea.

Esta fue una de las principales ideas que Palmou expresó durante una intervención que llevó por título El Camino de Santiago en las fuentes del Derecho y creación de espacios regionales y que realizó durante el panel dedicado al Derecho comunitario y la integración regional, moderado por Jorge Hernández Pedraza, secretario general de la Comunidad Andina, y Verónica Gómez, directora de Integración Regional del Ministerio de Asuntos Exteriores de Ecuador.

Xesús Palmou detalló como a lo largo de los siglos la peregrinación a la tumba del Apóstol Santiago pasó de ser algo eminentemente religioso a convertirse en un fenómeno "que se ramifica en una compleja red de casualidades e influencias que se extienden al derecho, la literatura, el arte, el comercio, las relaciones jurídicas y políticas y la casi totalidad de las actividades sociales de la época en Europa".

La ruta Compostelana y el Derecho que inspiró se fueron transformando en "una vía de articulación fisica, espiritual, artística y jurídica de Europa. Uno de los elementos esenciales de la creación del espacio regional europeo y su vertebración jurídico-política, como así lo refleja el vigente Tratado de la Unión Europea, al mencionar, "la herencia cultural, religiosa y humanista de Europa como fuente de inspiración del propio Tratado".

Sin embargo, el presidente de la Academia Xacobea señaló que ese proceso de construcción europea se encuentra parcialmente bloqueado por cuestiones como el "déficit de gobernanza económica, la falta de una mayor armonización fiscal y financiera, y una escasa calidad democrática en el funcionamiento de sus instituciones". Frente a esta situación, agravada por los populismos, el euroescepticismo y la apresurada ampliación de la UE, Palmou abogó por recuperar los vínculos sobre los que se cimentó originariamente: "Si la cultura clásica, el derecho romano y el cristiniasmo son base de nuestra civilización, la ilustración alumbró derechos universales, como la libertad y la igualdad, pero también la fe en la solidaridad, el progreso, la ciencia y la innovación, ideas estas de progreso y esperanza que han de estar presentes en la construcción de espacios regionales, como antes lo han estado en el Camino de Santiago"...

Redacción. El Correo Gallego. Santiago. Domingo 5 de diciembre de 2021

martes, 4 de enero de 2022

Sophie Calle en el Pompidou Málaga

Sophie Calle en el Centre Pompidou de Malaga
Sophie Calle, la creadora francesa, es protagonista de una gran retrospectiva en el Centre Pompidou Málaga.  Artista conceptual, exhibicionista, voyeur, trotamundos, precursora de las redes sociales que abrió una ventana a su intimidad para hablar de sentimientos universales... Se podría pensar que Sophie Calle (París, 68 años) se desnuda ante el espectador, pero en realidad ella solo utiliza su propia vida como punto de partida para sus creaciones. "Todo mi trabajo gira en torno a la ausencia. Lo que ya no está. Un hombre que se va, un cuadro robado que deja un hueco, los ciegos, la muerte de mi madre... La muerte es parte del tema por el vacío que dejan los que se van, pero no es el centro", comenta la artista por teléfono desde París, en un casi perfecto castellano que aprendió en México. Ese fue uno de los países en que recaló en un gran viaje que comenzó en 1971 (con 18 años) y que la llevó por buena parte de Europa hasta 1978. Fue después de esta gran experiencia de trotamundos, que realizó gracias a los pequeños trabajos que conseguía en cada destino, cuando Calle comenzó su carrera artística.

Calle, figura imprescindible en el arte europeo del último tercio del siglo XX, supo adelantarse a los tiempos y anticipó esa necesidad de compartir la intimidad que hoy inunda las redes sociales. Lo hizo cuando internet no era ni siquiera un sueño. Supo construir una Sophie Calle pública a través de retazos de su propia vida y de momentos robados a sujetos que colocaba en su objetivo, casi siempre, desconocidos que le brindaba el azar..

Aunque en un primer acercamiento a su trabajo el espectador pueda pensar que lo sabe todo sobre Calle, la realidad es otra. Así ocurre con las seis series realizadas en las últimas cuatro décadas que reúne la retrospectiva de su obra del Centre Pompidou Málaga, que estará en cartel hasta el 22 de abril de 2022. Por ejemplo, El marido, diario fotográfico que narra la historia con su exesposo Greg Shephard; Dolor exquisito, en el que tras la ruptura con una pareja , pregunta a desconocidos: "¿Cuál fue tu mayor dolor?". O Souris Calle, una grabación homenaje a su gato muerto con composiciones de 40 amigos, entre ellos Bono, Jean-Michel Jarre o Laurie Anderson.

Calle ha repetido en multitud de ocasiones: "Mi trabajo surge de mi intimidad, pero nunca la revela".

"Ella es tan artista como estrella. Su obra habla de experiencias personales, pero no revela mucho de su vida privada. Es única, en ella hay mucho de misterio", dice Christine Macel, jefa del departamento de creación contemporánea del Centre Pompidou París y comisaria de la muestra. Conoce a la artista desde hace 20 años y destaca su capcidad  para empatizar con el público a través de las emociones.

Sophie Calle vive para trabajar y su vida es su trabajo. Maestra en el arte de un aparente exhibicionismo que no hace sino plantear situaciones que afectan a todos los seres humanos desde su propia experiencia, es una "curiosa obsesuva capaz de desnudarte con una mirada", como la define el galerista Pepe Cobo, quien en 1990 mostró su serie Les Tombes Las tumbas, en SevillaAtravés de la fotografía, las palabras, el cine, la performance, Calle cuenta historias sobre el dolor por la pérdida, historias que se centran en la ausencia más que en la presencia y que forman parte de las colecciones de grandes museos como el Metropolitan y el el Guggenheim , ambos en Nueva York; la Tate de Londres o el Pompidou de París. Este último le dedico en 2003 una gran retrospectiva titulada M'as-tu vue?/ ¿Me has visto?...

Margot Molina. El País, domingo 26 de diciembre de 2022

lunes, 3 de enero de 2022

Una librería en París

Se abre el telón. Librero italiano que ejerce su oficio en un barrio parisino y cuida a su hija inválida mientras ve la vida pasar, se topa con una actriz alocada e impulsiva. Saltan chispas, surge el amor y la vida de todos cambia. Se cierra el telón.

Así es el nuevo filme de Sergio Castellitto, director, protagonista y coguionista, que con estos movimientos de telón (literales, pues la cinta abre y cierra con dicho acting ) no oculta el origen y vocación teatral de su propuesta. Partiendo de una obra de Ettore Scola, desarrolla una película amable y colorista, una elegía de un tiempo no digital plagada de hermosas citas literarias, donde el amor por los libros y los pequeños detalles lo son todo, mientras el amor entre dos seres antagónicos dinamita vidas apacibles que pedían a gritos (callados) una (r)evolución. 

La acción transcurre en el pequeño ámbito de esa calle parisina, donde la librería comparte espacio con una floristería, un café... y un teatro. Todo ello a modo postal, con la silueta de la torre Eiffel de fondo. Una ambientación cuidada con esmero para un barrio de ecos amelinianos plagado de gente amable (secundarios a veces no del todo aprovechados) que no elude esa vena fantasiosa de un París irreal e ideal, donde no extrañaría que los personajes se lanzasen a cantar y bailar. Un musical sin canciones donde, al lado de su librero, destacan dos personajes fuertes y definidos; la adolescente paralítica y muda por un trauma autoconfinada en su buhardilla cual torre de cuento, y la actriz impulsiva y un tanto autodestructiva.

Castellitto sale de su zona de confort habitual y experimenta fórmulas que no le salen del todo mal, brindándonos una película sobre las segundas oportunidades, ligera, emotiva y conmovedora, una tragicomedia un tanto ingenua de final abierto a interpretaciones. Para consumir con una sonrisa sin más pretensiones.

Sabela Pillado. La Voz de Galicia, viernes 17 de diciembre de 2021. 

domingo, 2 de enero de 2022

Un viaje inolvidable

El año 2021 se va acabando y nos toca hacer el balance de cuanto nos aportó, sea de manera positiva o negativa. Al someterme a este ejercicio, algunos recuerdos negativos se me ocurren. No obstante, uno positivo barre a todos como una avalancha tapa toda la llanura con su manto blanco.
Este recuerdo es sin duda el viaje que hicimos mi pareja y yo este verano.
En febrero, en plena crisis sanitaria, buscábamos una manera de sentirnos libres, de olvidar un poco, el tiempo de un verano, las cifras horribles de muertes y  contagios.
Por supuesto se nos ocurrió quedarnos en Francia y descubrir (de nuevo) algunos rincones de este país tan maravilloso.
Pero cómo dejar atrás esa crisis sanitaria si no nos fuéramos a otro país.
Así es como se nos ocurrió viajar a España. No nos quedaba muy lejos y podíamos sentirnos un poco más de vacaciones. Como profesor de español, tuve muchas ocasiones para visitar este país tan bonito. Sin embargo, quedaban lugares y regiones que me resultaban totalmente desconocidas. Necesitábamos descubrimientos, libertad y aventura. Ya había vivido en Galicia y hubiera sido el lugar perfecto. No obstante, visitar esta comunidad autónoma en solamente dos semanas nos parecía imposible para disfrutar plenamente de su belleza. Por lo tanto, pensamos en la parte norte de España que nos podía ofrecer una gran diversidad de paisajes. Entre el mar y los pueblos de pescadores del país Vasco, las montañas de los Picos de Europa o los Pirineos, las viñas de Navarra, los paisajes salvajes de la provincia de Huesca entre muchísimas otras cosas, teníamos mucho que descubrir.
Teníamos nuestro destino. Ahora, nos tocaba pensar en cómo movernos por todas estas regiones. La pandemia nos afectó  y aún más a nuestra libertad. Y qué mejor cosa para sentirnos libres y autónomos que un viaje en furgoneta. Llevábamos mucho tiempo pensándolo y ya lo queríamos probar en primavera por Francia pero la pandemia lo paró todo. Casi fue una evidencia. Este viaje en furgoneta sería nuestro pasaporte para la exploración, la libertad y olvidarnos de esa crisis sanitaria. Era para nosotros la mejor manera de ir adaptando nuestro viaje según el
tiempo atmosférico, nuestra motivación o estado de ánimo.

Estábamos en marzo cuando alquilamos nuestra compañera de viaje a quien decidimos llamar La Poderosa con referencia a la Norton 500 cm3 de Ernesto Guevara y Alberto Granado. Obviamente, nuestro viaje no tendría nada que ver con el de aquellos dos jóvenes llenos de esperanza deseosos de cambiar el mundo. Sin embargo nuestro afán de libertad era tan grande.

Por tanto, empezó la parte que más me gusta: la preparación del viaje. Comenzamos por establecer un presupuesto detallado para cada gasto. Luego, tuvimos que inventariar todos los lugares que  queríamos visitar mediante lecturas de guías de viaje, de algunos blogs en internet, de las páginas webs de las oficinas de turismo y de Los Pueblos Más Bonitos de España. Decidimos anotarlo todo en un diario de viaje y en un mapa de España. Así, cuando estuviéramos en un rincón perdido de los Picos de Europa, podríamos salir de apuros sin cobertura. Y la verdad es que nos fue muy útil.

A continuación, debíamos escoger las rutas y carreteras que tomaríamos entre cada punto de nuestro viaje. Por supuesto, el objetivo era escoger caminos lejos de la agitación de los turistas o de algunas ciudades a riesgo de « perder » tiempo. Uso las comillas ya que nuestra filosofía durante este viaje era justamente tomarnos nuestro tiempo para descubrir, perdernos, conocer a gente que valiera la pena y ver paisajes inolvidables únicos en el mundo.

Enseguida, nos tocó calcular todos estos kilómetros con el propósito de comprobar si nos daría tiempo para visitar todo lo que habíamos previsto. Resultó que no. Así que tuvimos que hacer algunas elecciones, lo que fue lo más difícil durante la preparación de este viaje. Mi lado “psicorrígido”  debería conformarse con lo que no quedaba por ver.

Una vez establecido definitivamente nuestro periplo, ya pudimos informarnos sobre los detalles de nuestros destinos: por  donde llegar al sitio, las horas de apertura,  como reservar, donde pernoctar, donde parar para vaciar las aguas negras y grises y llenar el depósito de agua, y por supuesto las medidas sanitarias en vigor.   

En junio nuestro viaje de 19 días en furgoneta estaba listo. A mi pareja, solo le quedaba esperar hasta el veintidós de julio, fecha de salida. Yo tenía otros planes ya que estaba organizando una propuesta de matrimonio que tendría que tener lugar durante la primera semana de nuestro periplo.

Con esta perspectiva, llegó rápido el momento de hacer la maleta.

¡Ya estaba! Estábamos a veintidós de julio que marcaba el principio de nuestro viaje. Entusiasmados por cuanto nos esperaba, cogimos el tren hasta Bayona. Pasamos el día allí y fuimos a recuperar La Poderosa el veintitrés por la mañana. Después de algunas compras para dos semanas, cruzamos la frontera entre Francia y España a las once de la mañana. Luego visitamos tranquilamente Hondarribia antes de dirigirnos al lugar donde pasaríamos la noche.

Esta primera noche resultó inolvidable. Después de unos treinta minutos de serpenteos, llegamos a un lugar que pudiera ofrecernos una vista increíble sobre las colinas del País Vasco y el océano Atlántico. No obstante no habíamos contado con una niebla muy espesa que nos impedía ver a más de tres metros. Cuán grande fue nuestra sorpresa cuando nos despertamos y fuimos descubriendo el paisaje al bajar de nuestra colina. ¡Qué bien empezaba este viaje!