lunes, 9 de septiembre de 2024

La mujer del presidente

En España ha sido rebautizada como La mujer del presidente, pero el título original francés es simplemente Bernadette. En su país no hace falta más, pese a compartir nombre con la mítica pastora y religiosa de las apariciones marianas de Lourdes. Sus 13 años como primera dama al lado de su marido, el expresidente Jacques Chirac, la avalan . También el vuelco de su imagen, del que da cuenta la película de la novel Léa Domenach, una simpática sátira política que deja al mandatario y a algunos de sus ayudantes prácticamente por los suelos, mientras defiende la figura de una mujer con fama de añeja, hosca, gélida y con mal humor, que logró dar la vuelta a las encuestas no solo como cohabitante del Palacio del Elíseo, sino también como política local.

Otro símbolo francés, Catherine Deneuve, es la encargada de dar vida a Bernadette Chodron de Courcel, llamada Chirac tras su matrimonio, actual viuda del expresidente a sus 91 años, y, según detalla con sorna esta ficción "ligeramente inspirada" en la realidad, ninguneada por el círculo del poder ya desde el primoroso gag con que se inicia la película. Chirac que ya había sido primer ministro en dos mandatos y alcalde de París durante ocho años, es elegido presidente de la República a mediados de mayo de 1995. Con sus espigados 1,89 centímetros de estatura y subido a un pedestal saluda desde un balcón a sus seguidores, con la pequeña barandilla casi a la altura de sus rodillas. Su esposa, a la que nadie hace caso, se acerca a cámara lenta  hacia el griterío y los olores del triunfo. Domenach, con buen criterio, utiliza imágenes reales de la televisión de la época para ilustrar a la enfervorizada ciudadanía. Pero cuando llega al balcón, minimizada física, sentimental y políticamente, su marido con expresivos brazos abiertos, le incrusta una frase prapera:"¿Qué haces aquí, Bernadette? ¡Que te vas a caer!".

Desde ahí, la película cuenta sus iniciales deslices públicos (las improcedentes críticas por televisión a su primer ministro, Alain Juppé); la contratación de un asesor de comunicación como ayuda para salir de su reducto de mujer florero; las acertadas intuiciones sobre el ascenso de la ultraderecha en las sucesivas elecciones; y su propia carrera política como concejala y teniente de alcalde  del departamento de la Corrèze. Domenach no se guarda una y sobresale la atenta denuncia, siempre en tono jocoso, de las infidelidades de Chirac con variadas mujeres...

En este siglo XXI, y siguiendo el modelo estadounidense, al cine francés hay que agradecerle la mirada poliédrica a su más reciente historia del poder, con abundantes películas políticas que analizan las andanzas de algunos de sus grandes nombres (entre ellas, Presidente Mitterrand, dirigida por Robert Guédiguian en 2005). La mujer del presidente abarca más de una década, hasta las presidenciales de 2007, y en su recorrido, entre verdades y medias verdades, bromas y reflexiones, sin grandes aspavientos formales, pero manteniendo un nivel medio de comicidad más que digno, se toma la libertad de empequeñecer a algunos intocables. El más importante el propio Chirac, al que se dibuja como un hombre lelo de lo que su imagen parecía transmitir. Y también a Dominique Villepin, sempiterno asesor del presidente y primer ministro entre 2005 y 2007, al que se trata poco más que como un estirado y bobo galán que va de intelectual, pero que nada aporta a la política real.

Javier Ocaña. El País, miércoles 14 de agosto de 2024.

domingo, 8 de septiembre de 2024

Henri Grouès

Abbé Pierre. (Foto: Haley/Sipa)

Henri Grouès, nacido en Grenoble en 1907, más conocido por su sobrenombre de Abbé Pierre, fue  vicario de la diócesis de Grenoble hasta que 1939 fue movilizado durante la Segunda Guerra Mundial, donde pasó a la resistencia, ocultando niños judíos para evitar su deportación. En 1949 fundó el movimiento Emaús. Este movimiento es una organización laica que lucha contra la exclusión y la pobreza. La notoriedad del Abbé Pierre creció como la espuma a partir del invierno de 1954, que fue particularmente frío y mortal para las personas sin hogar. El 1 de febrero de 1954 lanzó un llamamiento memorable en las ondas de Radio Luxemburgo (futura RTL) 33 que se hizo famoso bajo el nombre de "llamamiento del Abbé Pierre".

Al día siguiente, los titulares de la prensa lo llamaron "la insurrección de la bondad". El llamamiento recaudó quinientos millones de francos (incluidos dos millones de Charlie Chaplin, quien dijo en esta ocasión: "Yo no los doy, los devuelvo pertenecen al vagabundo que encarné"). Fue el inicio de su leyenda como figura consagrada a la lucha contra la pobreza que ha perdurado hasta su muerte, 2012.

Se le han dedicado monumentos, libros, películas, documentales. La mera evocación de su figura provoca adoración y admiración sin límites. Hasta ahora.

En los últimos dos meses, doce años después de su muerte, ocho mujeres lo han acusado de abusos sexuales de distinta índole que han hecho aflorar  informaciones varias décadas atrás.

En 1955, el Abbé Pierre se fue al otro lado del Atlántico para, explicó, "hablar con hombres generosos sobre los problemas humanos". Participa en una gran gira de conferencias, es invitado a la televisión, habla en las Naciones Unidas sobre la necesidad de erradicar la pobreza del mundo. El viaje durará quince días. Pero muy rápidamente las primeras informaciones se centran en su comportamiento problemático, según se desprende de los diarios de Jacques Maritain, el filósofo católico que lo acompañó en el viaje y que informó inmediatamente a las altas autoridades eclesiásticas..

En Nueva York, varias mujeres se quejan de los requerimientos sexuales del Abbé y de los tocamientos continuos a los que las sometía. En sus notas personales, Jacques Maritain subraya la necesidad de enviarlo de vuelta a Francia lo más pronto posible para evitar el escándalo y enviarlo a algún tipo de terapia que cure "sus descontroladas pulsiones sexuales". Estas nuevas informaciones  podrían constituir un punto de inflexión, en el caso Abbé Pierre, al subrayar la gravedad de los hechos y el conocimiento que de ellos se tenía desde 1955.(...)

La revelación de estos hechos plantea profundas preguntas sobre la responsabilidad de las instituciones y la idealización de las figuras públicas, recordándonos que detrás de cada icono se puede esconder una realidad diametralmente opuesta a lo que conocemos. Emaús Internacional ha reaccionado creando una línea de ayuda para recoger otros testimonios intentando  verdad de la falsedad en la compleja vida de este personaje al que los franceses consideraban un héroe intocable (fue elegido durante muchos años como la personalidad preferida de toda Francia).

Resulta muy revelador que todas las víctimas hablen de su temor de que su testimonio debilite el compromiso de Emaús contra la pobreza. Por lo que ahora sabemos, a Henri se le pasó por la cabeza esa consideración.

Isabel Coixet. XL Semanal, 1 de septiembre de 2024.

sábado, 7 de septiembre de 2024

Grande Plage

Entre los rituales del veraneo que han desaparecido se encuentra el escribir postales. Yo quise hacerlo en Biarritz, porque me pareció que esta era la ciudad de postal por antonomasia, nacida para ser celebrada en posavasos, ceniceros, carteles turísticos de la belle époque y en las propias tarjetas postales. Encontré algunas. Inevitablemente, mostraban la ciudad no como es ahora, sino como era hace muchos años, cuando empezaba a perder su lustre y a convertirse en una vieja vedete de retirada. Lo que no encontré fueron sellos que nadie parecía saber ya dónde se vendían. Tampoco buzones. De modo que se siguen vendiendo las postales, pero no para enviarlas, sino para coleccionarlas. En eso se han quedado: en una relación epistolar con uno mismo en la que uno no escribe nada.

Con todo quiero escribir mi postal, aunque sea en mi imaginación. Sentado en la terraza del viejo Casino, tomando un café carísimo frente a la Grande Plage, pienso que podría escribir una postal como esas de las tiendas de recuerdos. Miro el mar, que es todavía como el de la vieja canción de Trenet, y pienso en las tumbonas y en las tiendas de tela para cambiarse, con las rayas características de Biarritz que hacen pensar en una película de Chaplin. Pienso en las fachadas de los edificios art déco, en el palacio de la emperatriz Eugenia convertido en hotel de lujo, en las avenidas con magnolios y farolas cursis, en las chocolaterías y las pâtisseries en las que sirven los macarons, en la pequeña iglesia rusa para la comunidad émigré escapada de la revolución, en las brasseries cubiertas con toldos en las que puede uno conjurar aquel mundo sostificado de los principes exiliados y los contrabandistas de armas y las guerras carlistas...

Entonces pasa una nube, una de esas nubes densas que proyectan en el suelo una sombra que parece un fundido de película, y la estampa cambia por completo. Ahora veo familias francesas y algunas españolas o italianas. La playa casi completamente alfombrada de toallas y de gente, una masa de cuerpos que brillan al sol y sobre los que flota el aroma a crema solar. La gente se hace selfis con los surfistas  embutidos en trajes de neopreno cargados con sus tablas. La bandera siempre amarilla, agitada por el viento fuerte de Aquitania , y al fondo las olas gigantescas que se empeñan en cavar un escalón en las Landas. Sí son las ciudades balnearios como Biarritz: un palimpsesto en el que, como la arena de la playa, se ha ido acumulando toda la historia del turismo, desde los tiempos en que era una solución  terapéutica para el reuma hasta el narcisismo de las redes sociales y su culto por la experiencia fugaz. Por la noche, en el hotel, en el silencio, no se oye más que el mar, un mar que recomienza como en el poema de Valéry. Al principio era lo único que había aquí. Lo atravesaban las ballenas, camino de los Trópicos. Luego surgió un pueblo de pescadores vascos, que las cazaron hasta teñir de rojo el Cantábrico y extinguirlas, dejando solo la que figura en el escudo municipal. Más tarde, los médicos empezaron a decir que estas playas eran buenas para curar las afecciones nerviosas ( a la Grande Plage, los locales la llaman todavía "la playa de los locos") y después vino todo lo demás. En la oscuridad, si uno aguza el oído, puede distinguir en los sonidos de la noche el lamento de los ahogados, el susurro de la galerna que comienza y la voz lejana y profunda de los cachalotes. Porque el mar es lo único que no cambia ni envejece.

Miguel-Anxo Murado. La Voz de Galicia, domingo 1 de septiembre de 2024.

viernes, 6 de septiembre de 2024

El vuelo ciego de "La gaviota" de Chéjov

La gaviota de Chela de Ferrari. (Foto: Christophe Raynaud de Lage//
Festival de Avignon)
El Centro Dramático Nacional se estrena en el festival de teatro de Aviñón con una pieza de Chela de Ferrari en la participan intérpretes invidentes. Qué mejor texto que La gaviota de Antón Chéjov de unos personajes insatisfechos y cegados ante una realidad que habitan y caminan a tientas buscando un paraíso perdido, para subir al escenario a unos intérpretes invidentes  y salir al rescate  de la penumbra de los olvidados. Con dirección de la dramaturga peruana Chela de Ferrari, el Centro Dramático Nacional (CDN) se ha estrenado en el Festival de Teatro de Aviñón con la representación de esta versión libre y altamente poética de la obra que el dramaturgo ruso escribió a finales del siglo XIX, con 11 actores sobre el escenario, 8 de ellos ciegos totales o con altas discapacidades visuales. Esta 78ª edición está dedicada al español.

El centro L'autre scène du Grand Avignon, fue el escenario de esta función, seguida con absoluta concentración por parte del público que llenó el teatro y aplaudió durante dos minutos. La gaviota, que se representará en Aviñón otros cinco días forma parte de la programación oficial del CDN para la próxima temporada  y se podrá ver en el Teatro Valle Inclán de Madrid, del 9 de octubre al 10 de noviembre.

El entusiasmo era total. Para la mayoría de los actores con discapacidades visuales, pero también para los tres intérpretes profesionales, Macarena Sanz, Agus Ruíz y el músico Nacho Bilbao, que se estrenaban en una función inclusiva. Era la primera vez que la actriz Belén González del Amo, madrileña de 25 años y ciega de nacimiento, se subía al escenario de un teatro grande. "Yo he hecho mucho teatro pero es la primera vez que me pagan. Todavía no me creo que podamos estar aquí, en este festival", aseguraba feliz la intérprete de Nina ante un grupo de periodistas que han visitado Aviñón en un viaje organizado por el Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música (INAEM).

Tras esta experiencia, la intérprete, que confesaba su agobio al tener que moverse por el escenario, tiene toda la intención de formarse más y de trabajar en el futuro como actriz profesional.  "Los protagonistas de la obra no ven en absoluto la realidad que los rodea y por eso es tan bonito unir la ceguera de todos estos personajes con la ceguera de verdad. Le da un poder diferente y lo hace más real", añade.

El proyecto de La gaviota, que ha necesitado la labor de 16 personas del equipo técnico del CDN para su estreno en Aviñón, parte de la anterior obra de Chela de Ferrari que estrenó en el Centro Dramático Nacional, un Hamlet interpretado por ocho actores con síndrome de Down y que, tras su estreno en Madrid, se ha embarcado en una larga gira por distintas ciudades europeas. Ferrari resalta la importancia de que instituciones públicas como el CDN o el INAEM se embarquen en proyectos que cuenten con la participación de personas con distintas discapacidades. "Es poco común que se armen montajes así en el mundo", asegura la directora, autora también de esta versión de la obra. "Es también una manera de que los textos se renueven  gracias a otras corporalidades y otras formas de concebir el mundo", añade la dramaturga, que participa por primera vez en Aviñón...

Rocío García. Aviñón. El Pais, martes 16 de julio de 2024.

jueves, 5 de septiembre de 2024

Laurent Mauvignier: "Historias de la noche"

El escritor Laurent Mauvignier (Tours, 1967) no esperó a que la ultraderecha francesa estuviera a las puertas del poder para indagar en el resentimiento social que ha llevado al Reagrupamiento Nacional (RN) de Marine Le Pen y Jordan Bardella a ser favorito en las pasadas legislativas. Su última novela, Historias de la noche (Anagrama), es un thriller ambientado en la Francia profunda, en uno de esos lugares en los que surgió la revuelta de los chalecos amarillos, antecámara de los últimos acontecimientos. Todo empieza en una granja en medio de ninguna parte, durante una fiesta de cumpleaños organizada por Bergogne, un joven agricultor, para su mujer, Marion. La pareja, sumada a su hija y a una vecina, verá irrumpir a tres hombres armados conectados con el pasado de esa esposa.

El libro es la historia de un crimen, uno de esos sucesos que colman los telediarios, pero también un sutil relato sociológico de una clase social que no abunda en la ficción literaria de su país. Figura en las míticas Éditions du Minuit, menos conocido en España de lo que merecería, Mauvignier firma una novela llena de frases largas y cargada de circunloquios, de esas que cortan la respiración, como escritas con apnea. La suya es una escritura de la violencia que, sin justificar nada, sí procura entender  de donde surge toda esa ira.

P.- Sus libros hablan de una Francia poco o mal representada en la literatura.

R.- En mi país existe una expresión que me exaspera: "la Francia invisible", "la Francia anónima". En realidad, esas personas tienen nombres, aunque no los conozcamos. Que no aparezcan en los medios no significa que no existan. No tengo la impresión de hablar de extraterrestres, sino de gente que uno se puede encontrar en cualquier parte. No sé cuántas personas viven en esas zonas rurales, pero está claro que no son minoría.

P.- Al revés, es posible que sean mayoría.

R.- Sí y los mismos que se sorprenden por el ascenso de la extrema derecha llevan años negando la identidad y la existencia de esa población. Los chalecos amarillos dieron voz a protestas y reclamaciones que llevo escuchando en mi región desde hace 30 años. Al leer ciertos artículos en la prensa, me sorprendió que descubrieran ese mundo de golpe. Hay gente que parece que nunca salió de casa. Me parece que muchos no saben lo que es el campo o, por lo menos, el campo donde yo crecí.

P.- No es un fenómeno únicamente francés.

R.- No, está pasando en toda Europa y en todo el mundo. Sucede también en Estados Unidos con Donald Trump. Los medios de Nueva York están totalmente desconectados de las zonas más remotas del país, no saben lo que son. No debería sorprendernos la reacción violenta de esa parte de la población. Por lo menos, a mí no me sorprende nada. Lo que me asombra es que no haya ocurrido antes.

P.- ¿Cómo se ha convertido esa población rural o periurbana, que se siente ignorada y menospreciada, en una fuerza política decisiva en su país?

R.- No es un proceso reciente. Hace décadas que germina ese resentimiento. En el campo francés siempre ha existido el racismo, pero en los últimos años se ha desinhibido. Además, las fábricas han cerrado y los jóvenes no tienen nada que hacer, Cerca de mi casa había una fábrica llena de amianto. Todos los hombres que trabajaban allí murieron. Fue uno de los primeros escándalos provocados por el amianto, pero las familias nunca fueron indemnizadas. La gente de mi edad que se quedó allí no consiguió trabajo. Todo eso crea un caldo de cultivo.

P.- El éxito del RN en esas zonas responde más a ese contexto que a una cuestión de racismo?

R.- Es un conjunto de cosas, pero es cierto que existe una pobreza de la que raras veces se habla. En Touraine, la provincia de donde vengo, muchos de mis amigos de escuela tenían padres campesinos. Ahora todos trabajan  para Monsanto, la empresa agroquímica de transgénicos. Pero el problema no son tanto los pesticidas como la pérdida de un vínculo social. Antes había una pequeña granja cada tres o cuatro kilómetros, lo que creaba un tejido social. Ahora eso ya no existe. Veo un  desarraigo derivado de un borrado de la cultura y de la historia campesina en nombre de la modernidad. No hay fábricas, médicos, escuelas ni iglesias; todo lo que garantizaba  ese vínculo ha desaparecido...

Álex Vicente. Babelia, El País, sábado 6 de julio de 2024.

miércoles, 4 de septiembre de 2024

Es la Nueva Greta... y va "armada"

Léna Lazare.  (Foto: NnoMan/ Reporterre)
Léna Lazare no oculta su identidad... Ni su rostro, que se ha convertido en un referente mediático, con exquisitos posados en Vanity Fair, Wired o Le Monde. Tampoco se ampara en la oscuridad. Su legión de seguidores perpetra acciones a plena luz del día, casi siempre en un ambiente festivo. "Nos negamos a que nos etiqueten como delincuentes", explica con una tímida sonrisa. "Actuamos contra infraestructuras que tienen un impacto grave sobre el medioambiente y los seres vivos, pero limitando los daños materiales y procurando que no haya riesgos para las personas". 

Mesías concienciada para unos y ecoterrorista con cara de ángel para otros, Léna Lazare (Calais,1998) es cofundadora y portavoz de Les Soulèvements de la Terre ( Sublevaciones de la Tierra), el más multitudinario (110.000 militantes) de una nueva hornada de grupos climáticos europeos Pero antes de radicalizarse, Lazare siguió la estela de Greta Thunberg, la activista sueca, a la que primero admiró y luego consideró demasiado blanda. "No se avanza lo bastante rápido. Debemos reinventarnos, guiar a la gente a la desobediencia civil", argumenta.

Sus caminos se cruzaron antes la pandemia. Greta había iniciado en 2018 la huelga escolar que la hizo famosa en todo el mundo. Tenía 16 años (hoy tiene 21). Lazare, que en la actualidad tiene 26 años, estudiaba entonces Matemáticas y Físicas en La Sorbona (carreras que ha dejado para hacer horticultura) y ya había lanzado su propio grupúsculo en París, en el se discutía, sin pasar a mayores, la conveniencia de la acción directa. Lazare se unió entonces a los Viernes por el Futuro, el movimiento pacífico impulsado por Greta, al igual que millones de escolares y universitarios fascinados por su personalidad y su mensaje.

La historia de Lazare como activista es curiosa. Sus padres son cineastas. Desde niña viajaba mucho y tenía amigos por todo el mundo, en especial japoneses, cuyo idioma incluso aprendió. En 2011, a sus 12 años, un tsunami provocó la catástrofe en la central nuclear de Fukushima y las fugas radioactivas obligaron a evacuar a 15.000 personas. Lazare pasó semanas leyendo compulsivamente sobre el tema, horrorizada. Aquel desastre la marcó para siempre. La inspiración de Greta la animó durante un tiempo, hasta que una combinación de desencanto y urgencia, compartida con muchos jóvenes ante lo que consideran la falta de acciones efectivas por parte de los gobiernos la empujó a adoptar tácticas más extremas a partir de 2021, con la fundación de las Sublevaciones.

La novedad que introduce Lazare se puede resumir así con unas pocas pinceladas. Fuera el pasamontañas; hay que dar la cara. Envolver las acciones en un ambiente festivo y familiar, incluso amenizarlas con música. Nunca falta un DJ o una batucada. Pero que nadie se confunda: a Lazare no le tiembla el pulso cuando empuña el pico y golpea la tierra hasta dar con las tuberías que alimentan una megabalsa en la campiña gala, cerca de cualquier pueblo de la Francia vaciada.Tubería que será arrancada mientras los drones de la policía sobrevuelan el terreno y los gendarmes desplegados esperan órdenes para actuar.

Las Sublevaciones se han convertido en la vanguardia del movimiento climático en Francia, enfocando su lucha en las megabalsas, convertidas en símbolo de una política contra la sequía que consideran catastrófica porque vacía los acuíferos. Estos almacenamientos de agua, capaces de contener hasta 300 piscinas olímpicas, son criticados por acaparar recursos híricos  para beneficio de grandes explotaciones agrícolas. Se calcula que solo el 4 por ciento de los agricultores tiene acceso a estas balsas, mientra el resto se enfrenta a restricciones cada vez más severas. El conflicto fue in crescendo hasta que estalló en Saint-Soline, oeste de Francia, degeneró en una violenta confrontación entre 6000 manifestantes y 3000 antidisturbios. Hubo decenas de heridos de ambos bandos (...)

El futuro del debate climático parece dirigirse hacia una creciente polarización, con enfrentamientos cada vez más enconados entre radicales y negacionistas. Una dinámica que amenaza con marginar las voces moderadas y el sentido común... cuando más falta hacen.

Carlos Manuel Sánchez. XL Semanal, 1 de septiembre de 2024.

martes, 3 de septiembre de 2024

El surrealismo cumple 100 años pero se soñó antes en Barcelona

André Breton, autor del Manifiesto del surrealismo. //ABC

El 15 de octubre de 1924, hace 100 años, André Breton publicó el Manifiesto del surrealismo, origen oficial de un movimiento revolucionario que liberó de los grilletes de la razón el poder perturbador de los sueños, el inconsciente y el erotismo. El surrealismo nació en París, pero tuvo un adelanto dos años antes en Barcelona, como prueban documentos del viaje que hizo Breton en 1922 a la ciudad catalana, donde dio a conocer un anticipo del texto fundacional. 

La elección de un eje surrealista Nueva York-París-Barcelona no era casual. Breton necesitaba un aliado de peso para dejar atrás lo que consideraba el nihilismo estéril de Dada y de su líder, Tristan Tzara. Y su cómplice fue Francis Picabia. El escandaloso pintor francés con raíces españolas, que había vivido entre Nueva York y París, no había dejado de visitar Barcelona desde que la eligiera para huir de la I Guerra Mundial. Allí había publicado con el galerista Josep Dalmau la célebre revista dadaísta 391, relevo de la neoyorquina 291. En 1922, lo contrató para una exposición que presentaría Breton. "¿Ira Breton a España?", preguntó el propio Breton en septiembre a Robert Desnos durante una de las sesiones hipnóticas del futuro poeta surrealista, y este, supuestamente en trance, contestó: "Se lo está pensando... Sí, ira y encontrará en Barcelona a un hombre que se interesará por lo que hace y lo encontrará en casa de un amigo de Picabia".

El 30 de octubre de 1922, a las once y cuarto de la noche, en el Café de la Paix de París, Desnos dibuja un coche de carreras, matrícula 391, que parte de la Torre Eiffel. El destino aparece escrito en un billete: Francia, España, Rrose. Rrose es Rrose Sélavy, el alter ego de Marcel Duchamp, otro pionero disidente del dadaísmo que vivía en Nueva York y con el que Desnos aseguraba estar conectado telepáticamente. Los cuatro pasajeros eran Picabia con su pareja, Germaine Everling, y el matrimonio formado por André Breton y Simone Kahn.

Picabia tenía 44 años, tres más que Picasso, y sostenía que cualquiera podía fotografiar un paisaje, pero nadie lo que sucedía en su mente. Le encantaba provocar a los académicos, retándolos a que vetaran sus cuadros en las exposiciones oficiales. Un diario francés Le Merle Blanc, aludiendo a sus raíces españolas, exigió que fuera conducido a la frontera y expulsado de Francia. "Mi corazón ladra y palpita, mi sangre es un ferrocarril sin estación que conduce a Barcelona", escribió Picabia en 1922. "Estoy trabajando aquí (Barcelona) en un gran cuadro que pretendo terminar en París. (...)Todo lo que he hecho en los últimos tres años ha sido para acabar este cuadro, La nuit espagnole. Estará cubierto de azúcar y pimienta, todos podran venir a lamerlo, el veneno de su interior solo me envenenará a mí", confió a Breton en abril.

Breton, a sus 26 años, los mismos que su rival Tzara, ya se había hecho con el liderazgo de la nueva generación de poetas. Hartos de un mar de ismos que duraban un suspiro (impresionismo, cubismo, futurismo, vibracionismo, instantaneísmo, ultraísmo, dadaísmo...), buscaban uno que definiera una nueva época. Guillaume Apollinaire había propuesto el término surrealismo el 18 de mayo de 1917, comentando el ballet Parade, de Satie, Picasso y Cocteau. Pocos meses después, el 10 de noviembre, los barceloneses pudieron leer por primera vez la nueva palabra, traducida como "súper-realismo", en el programa de mano del ballet en el Liceu.

Apollinaire había dado el nombre, pero no su contenido (solo una frase: "Cuando el hombre quiso imitar el caminar, creó la rueda, que no se parece a una pierna; creó así el surrealismo sin saberlo"). Breton, junto a Louis Aragon y Paul Éluard, fue quien impuso lo que debía entenderse por surrealismo. Cuando Picabia le pidió que le acompañara a Barcelona en 1922, ya estaba listo para sistematizar un primer compendio que desarrollaría  en el manifiesto de 1924: de la escritura automática al relato onírico y al soñar despierto, dinamita para la moral cristiana. Lo hizo en una conferencia en el Ateneo de Barcelona el 17 de noviembre, con lo que se ha considerado uno de los textos fundacionales del surrealismo, Caractères de l'evolution moderne et ce qui en participe. 

"Quizás", dijo Breton en el Ateneo,"haya entre ustedes un gran artista que a través del ruido de mis palabras distinga una corriente de ideas y sensaciones no muy distintas de las suyas".  Cuando Joan Miró volvió a París en 1923 y preguntó al pintor André Masson a quien había que seguir, si a Picabia o a Breton, Msson no dudó: "A Breton, es el futuro". 

Aquel año, Joan Miró pintó sus primeros cuadros surrealistas. En 1929, Salvador Dalí y Luis Buñuel aplicarían al cine la versión más irreverente del surrealismo. Federico García Lorca llevó su poesía a la cumbre y en 1935 nació una rama canaria. La Guerra Civil impidió en 1936 una exposición intternacional en Barcelona. En el franquismo , se confundió con el realismo mágico, despojado de elementos subversivos.

Josep Massot. El País, jueves 29 de agosto de 2024.

lunes, 2 de septiembre de 2024

"Niégalo siempre"

Desde la crítica exigimos demasiado a las películas y olvidamos con frecuencia que muchas veces solo pretenden relucir en la pantalla pequeños trozos de vida. Artefactos servidos con eficacia narrativa y sin más pretensiones que hacer feliz al patio de butacas, que no es poco. El escritor, guionista y director  Ivan Calbérac lo tiene muy claro desde que en 2002 se estrenó con Irene. Y ya van ocho, la más reciente Cata de vinos (2022), una de amores y copas, y ahora Niégalo siempre, en la que insiste en su línea, centrándose en una pareja, que, después de cuarenta años de casados, el marido, militar jubilado y militante gaullista, descubre un desliz de su señora durante sus ausencias por gajes del oficio. Despechado, el hombre, que había consolidado su zona de confort siguiendo sus convicciones castrenses, opta por ir en busca de aquel que había osado beneficiarse de su entonces joven esposa.

Sin renunciar al tono costumbrista, Calbérac nos relata una suerte de viaje en busca de sí mismo, que lo llevará a descubrir no solo la realidad más allá de las paredes de su enorme caserío, sino, además a sus propios hijos -el que optó por la milicia es su preferido, pero ignoraba que su hija fuera lesbiana, y el menor un teatreiro, creador de marionetas-, y cómo no, a su propia mujer, ambos bien ajustados por los veteranos André Dussollier y Sabine Azéma, por momentos coqueteando con la farsa, pero al tiempo plegándose bien al drama. La conclusión es que es mejor negarlo siempre, en particular cuando se revuelve en las turbulentas aguas del sexo ocasional. Mientras la vida sigue...

Miguel Anxo Fernández. La voz de Galicia, sábado 10 de agosto de 2024.

domingo, 1 de septiembre de 2024

Olivier Roy. El filósofo que diseccionó las guerras culturales

Olivier Roy

Olivier Roy, un filósofo francés especializado en el islam, ha escrito el mejor libro  sobre las guerras culturales y la política de la identidad. Elogiado por autores como Ivan Krastev o Tyler Cowen, L'aplatissement du monde (El aplanamiento del mundo) -publicado en francés en 2022 y traducido al inglés este año- describe la crisis de la cultura y el imperio de las normas". Según Roy, a diferencia de lo que ha ocurrido en otros momentos vivimos un proceso de desculturización sin que haya una nueva cultura  que venga a sustituir la que desaparece. La cultura se erosiona como realidad antropológica y como estándar normativo. El resultado son identidades y culturas reducidas a códigos de comunicación permanente performativos. En palabras de Krastev, "si el hogar es un lugar donde sientes que te entienden, ahora vivimos en un mundo sin hogar. La utopía cosmopolita donde todo el mundo se siente en casa se ha visto suplantada por el miedo a que nadie está en su casa en su propio país".

El fenómeno, según Roy, obedece a varios factores: la mutación de valores provocada por la revolución individualista y hedonista de 1968, la aparición de internet, la globalización financiera neoliberal y la globalización del espacio y circulación de los seres humanos que llama "desterritorización". La cultura se compone de implícitos: ahora se sustituye por un código, y nuestra convivencia se puebla de normas que deben ser explícitas. No ocurre solo en las culturas minoritarias: también se ve en las teóricamente dominantes, que temen ser sustituidas. Los conservadores occidentales no apelan  a valores universales sino identitarios, que es justo lo que reprochan a los progresistas. Ambos, a izquierda y a derecha, se ven tentados por una "pedagogía identitaria" que reglamenta la laicidad, el sexo o las costumbres.

Nacido en una familia protestante en la Rochelle en 1949 y profesor en el Instituto Universitario de Florencia, Olivier Roy lleva décadas estudiando la relación entre cultura y religión. Ha escrito sobre el legado del cristianismo en Europa, pero es conocido sobre todo por sus trabajos sobre el islam. Es un académico atípico y a la vez un hombre del 68. Estudió en el prestigioso Lycée Louis -le-Grand, formó parte de la maoísta Gauche prolétarienne, y se marchó a Afganistán en 1969. Frecuentó el país, aprendió persa, y el contacto con las personas y el terreno lo apartó de sus apriorismos y de teorías más rígidas y culturalistas. (...)

Roy, un hombre de izquierdas, prefiere hablar de choque de valores en vez de guerra cultural. Presenta diferencias a ambos lados del Atlántico. En Estados Unidos, las discrepancias no tienen que ver primordialmente con cuestiones económicas o geoestratégicas, sino con valores (el aborto, por ejemplo). La situación en Europa es algo distinta porque los valores de la libertad sexual son más firmes (con excepciones, dice, como Vox y Zemmour). "La paradoja europea es que algunos populistas presentan valores como el feminismo como una identidad frente al islam". (...)

El punto en común de los sistemas normativos, herederos paradójicos del optimismo del 68, sostiene Roy, es su profunda desconfianza en el encuentro con los demás: la crisis de la cultura es una crisis del humanismo.

Daniel Gascón. Ideas. El País, domingo 28 de Julio de 2024.

sábado, 31 de agosto de 2024

Touraine, la joya del Valle del Loira

Casas con entramado de madera en la plaza
Plumereau de Tours.

Estos días de un junio que se acaba, el viaje por carretera desde Nantes hacia el departamento de Indre y Loira, en la región Centro-Valle del Loira, parece una sucesión de cuadros: enormes campos de cereal, sobre todo, trigo y cebada; bosques casi a escuadra, árboles que delimitan paralelamente carreteras secundarias y amapolas. Una campiña que invita a la tranquilidad, a paseos tranquilos en un amplio territorio sembrado de historia. Es la antesala de una parte del Valle del Loira, la Touraine y cuyo territorio es prácticamente coincidente con Indre y Loire. Tanto que a menudo se prefiere su denominación histórica en este gran espacio situado más o menos a medio camino entre París y Nantes. Loira es sinónimo de grandes castillos y desde luego aquí los hay, lo mismo que viñedos y alta gastronomía, múltiples opciones vacacionales para darse caprichos que podrían considerarse históricos.

¿Por donde empezar? La ciudadela medieval y renacentista de Loches es un buen punto de arranque. Su almendra interior es para algunos una pequeña Carcasona. Tuvo un papel muy importante en la ruta que unía a París con el norte de España, y se percibe un pasado glorioso en un lugar que ahora tiene 7.500 habitantes que cuidan muy de su patrimonio. El castillo y la torre del homenaje (siglo XI) son las grandes joyas en una colina ya ocupada hace al menos cuatro mil años... A 17 kms se encuentra Montrésor (300 habitantes) Uno de los pueblos más bonitos de Francia, por supuesto con castillo medieval y una curiosa unión con Polonia gracias a la restauración afrontada por un conde de este país.Ojo a las casas trogloditas.

A unos 20 kms., siguiendo una carretera muy cómoda, hay que parar en Chédigny (560 vecinos). Hace un cuarto de siglo, el alcalde decidió inundar el pueblo con flores, y hay más de mil rosales de variedades, y más de cinco mil plantas perennes.. Curiosa es la huerta del cura con tilo centenario. Langeais, por proximidad debe ser la siguiente parada. Por supuesto, con un  castillo impresionante. Fue residencia real y tiene una colección de muebles y tapices que permiten entender  cómo vivían los que mejor vivían. Aquí se casaron en secreto Carlos VIII y Ana de Bretaña, y este ducado entró en la corona francesa.

De camino a Tours, si es por la tarde y el cielo está claro, nada como un paseo en barco por el Loira, por ejemplo, hasta la antigua abadía de Marmoutier. El río impresiona y en algunos tramos se aprecia su fuerza, y en otros se intuye que una buena parte de la historia de Francia se desarrolló por estas aguas. Tours requiere visita con calma y si es posible algo de tiempo. Entre otros títulos, tiene los de la Ciudad de Arte e Historia y Ciudad Capital de la Gastronomía. Por tener, posee incluso dos zonas viejas, separadas ahora por una enorme línea de tranvía. A un lado la catedral de Saint-Gatien, con la egregia figura de San Martín en el pórtico. Pero el santo Martín, que era húngaro y que terminó sus días en esta ciudad, está enterrado en la otra zona antigua, en una basílica reconstruida y muy visitada. Este santo del siglo IV está muy presente en toda Francia, como también lo está en Galicia. Tours es una ciudad universitaria, llena de vida. De edificios medievales, casas con entramados. Meta del Camino de San Martín y una vía de salida al de Santiago. En la bulliciosa plaza Plumereau, llena de terrazas y turistas, viene a la cabeza la cantante Zaz, que empezó a cantar en estas calles, pero también puede venir el escritor local  Balzac. O Carlomagno: su esposa está enterrada aquí a unos metros de donde está San Martín.

A 16 kms de Tours se encuentra el magnífico castillo de Villandry, en este caso el último de los grandes edificados en el Renacimiento en el valle del Loira. Sus inmensos jardines y no solo flores, porque la huerta forma parte del conjunto. Lo mismo que la historia del extremeño Joaquín Carballo. el responsable de devolverle la vida.

S. G. Rial. La voz de Galicia, sábado 29 de junio de 2024.

viernes, 30 de agosto de 2024

Angélica Liddell desata la furia de la prensa francesa en Aviñón

Angélica Liddell

La creadora teatral española, Angélica Liddell ha sulfurado a la crítica nacional en la inauguración de su espectáculo durante el festival de Aviñón. Fue durante la presentación de Dämon. El funeral de Bergman, en el Palacio de los Papas de la ciudad gala. En un momento de la obra la artista arremete contra los periodistas especializados que la critican. Uno de ellos la ha denunciado por injurias y el resto, en sus textos han calificado de grosero y vengativo su acto, entre algunos calificativos.

El momento polémico sucede durante una de las escenas, llamada Humillación, en la que Liddell empieza a recitar algunos extractos de las críticas que los profesionales, la mayoría de prensa escrita, han vertido sobre ella. Va mencionando uno a uno y en voz alta, los nombres de los responsables de las citas y les interpela. Aparecen medios importantes como Le Figaro, Le Monde o Libération.

En un momento de la escena, se levanta la falda y muestra el trasero al público. Las críticas de los aludidos no han tardado en llegar. El crítico François Capron, de France Inter, a quien Liddell llama cabrón (por el juego de palabras  con su apellido) ha presentado una demanda contra la española por insultarle, en concreto por "injurias públicas".

El mundo, 2-7-2024

jueves, 29 de agosto de 2024

Lisette Lombé, Poeta Nacional de Bélgica

Lisette Lombé

Durante la pandemia, cuando se celebraban muchos funerales y con muchas limitaciones, cuando algunos tenían lugar en soledad por las restricciones en el contacto social, Carl Norac, Poeta Nacional de Bélgica, ideó lo que llamó flores de funeral: las personas que perdían a un ser querido podían solicitar por correo electrónico un poema en memoria de los que se iban. Poetas de todo el país se pusieron al servicio de la ciudadanía para honrar a sus muertos.

Para eso sirve el Poeta Nacional en Bélgica: un cargo de dos años de duración  que entiende al poeta como un servidor público. Desde el 28 de marzo hay una nueva Poeta Nacional: Lisette Lombé (Namur, Bélgica, 46 años), belga de origen congoleño, estrella de la escena del slam (una disciplina de la poesía escénica) que visitó Madrid en la Feria del Libro invitada por la Delegación General Valonia-Bruselas en España para presentar su novela Eunice (Demipage). Eunice, como se llaman otras poderosas mujeres negras, como la atleta nacida en Sierra Leona Eunice Barber y como la cantante Eunice Kathleen Waymon, también conocida como Nina Simone.

"Creo en la poesía en 360 grados", dice la escritora, "puede ser danza , collage, libros, también libros para niños, talleres de escritura, artículos... Trato de poner poesía en todo lo que hago: la poesía es un aliento". Y su novela, más que una prosa convencional. es un largo texto de slam cortado en capítulos. Narra la historia de Eunice, una joven de 19 años cuya madre, de 45, muere ahogada durante una juerga, lo que iniciará una investigación sobre los secretos familiares y desencadenará un arquetípico proceso de iniciación en la sexualidad, el activismo o el consumo de sustancias en las raves.

No es una novela autobiográfica, pero sí inspirada por su biografía. Lombé se cayó por las escaleras de su casa cuando bajaba, de noche, a comprobar un sonido extraño. Fue un accidente doméstico, pero la caída fue muy grave. "Casi me mato: eso me hizo reflexionar sobre cómo sería para mis tres hijos perder a su madre", asegura. ¿Qué era aquel amenazante sonido misterioso que le hizo bajar las escaleras en la oscuridad. La lavadora del vecino. Nunca se sabe dónde se encuentran las más absurdas formas de morir.

Los problemas de la madre de Eunice para afrontar la mediana edad podrían asimilarse a la propia Lombé, que se encuentra en esa fase vital. ¿Es así? "Si envejecer nos puede parecer injusto, es doblemente injusto para una mujer", responde. Lombé empezó tarde a escribir y tarde en el slam. "Soy tardía empecé con 36 años, y estoy rodeada de gente muy joven. De niña tenía una máquina de escribir y el hecho de escribir ahora me da nostalgia de aquellos tiempos en los que podía haber empezado y no empecé", afirma.

La mediana edad también es la sensación de estar llegando tarde a las cosas, de ir mal de tiempo, de urgencia por vivir todo lo que hay que vivir. "Me llama la tención  que esta gente que me rodea se haya decidido tan pronto, que haya iniciado su carrera artística  con 17 años, muchas veces sin seguir el camino prefijado de estudiar, emparejarse, formar una familia...", explica. "Me dan envidia los que lo tienen tan claro desde el principio". 

Sus comienzos en la poesía se dieron por la confluencia de una crisis de bournout (el síndrome de desgaste laboral que produce el estrés sostenido) y una agresión racista en un tren. Regresando de una manifestación  contra las políticas de austeridad se topó con un hombre que decía que los extranjeros tenían que ser esterilizados, que no debían reproducirse.

"Mi padre me había educado en callarme y aguantar, pero aquel día yo me levanté y planté cara. Él me dijo que yo no sabía leer. Yo le dije que era profesora de lengua. Él me dijo que me fuera a mi país. Yo le dije que era belga y le enseñé mi documento de identidad. En realidad era como una sesión de slam, recuerda. Así lo descubrió cuando una directora de teatro le animó a contar su experiencia de forma poética. Y tuvo éxito. "Me encontraba mal, en busca de sentido. y la escritura logró conectarme", explica...

Sergio Fanjul. Madrid. El  País, martes 25 de junio de 2024.

miércoles, 28 de agosto de 2024

Una conversación con Léa Seydoux

Lèa Seydoux

Una conversación con Léa Seydoux (París,1985) es una larga sucesión de silencios, dudas y tropiezos. "Hoy no acabo de encontrar las palabras", se disculpa tras una sesión de fotos en un estudio pegado a la Torre Eiffel, mientras observa por la ventana un cielo parisiense por el que desfilan nubes y claros. A Séydoux le interesa más hablar de cine que de sí misma. Su equipo ha puesto como condición que el periodista que acudiera a entrevistarla hubiera visto sus dos últimos estrenos: Dune 2, donde interpreta un breve y memorable papel -Lady Margot, miembro del orden matriarcal de Bene Gesserit-, y La bestia, adaptación libérrima de la novela de Henry James donde interpreta a una mujer sometida a la hecatombe del amor en tres momentos difíciles de su historia: 1910, 2014 y 2044. Son los últimos frutos de una trayectoria meteórica que la llevó, en tiempo récord, de mostrar sus pechos en un anuncio de American Apparel -uno de sus primeros trabajos como modelo- a ganar una Palma de Oro con La vida de Adèle y convertirse en la chica Bond junto a Daniel Craig en dos ocasiones distintas. Y, de ahí, al estrellato...

En las distancias cortas, a la actriz francesa parece gustarle más preguntar que responder. "¿Es más bonito Madrid o Barcelona?", indaga Seydoux. La pregunta no es casual: a finales de mayo asistirá a la presentación de la nueva colección crucero de Louis Vuitton, marca de la que es imagen desde 2016, en el Park Güell de la capital catalana. No es su única actualidad. Tras rodar con cineastas como Quentin Tarantino, Woody Allen, Wes Anderson, David Cronenberg o Yorgos Lanthimos, la actriz ha inaugurado el Festival de Cannes con Le deuxième acte, la nueva comedia absurda de Quentin Dupieux, y se prepara para rodar Separate Rooms a las órdenes de Luca Guadagnino y con Josh O'Connor, el actor de moda, como protagonista.

Antes de empezar, le enseñamos la portada de S Moda que protagonizó hace casi 12 años. Seydoux observa fascinada su rostro en la cubierta. Entonces llevaba el pelo corto y azul porque estaba rodando La vida de Adèle. Esa película, drama lésbico que narraba sin concesiones los desgarros del paso a la vida adulta, lo cambió todo para la actriz. Por una parte, le confirió la fama internacional, lo que la propulsó hasta Hollywood. Por la otra, fue una experiencia dolorosa de la que no le apetece seguir hablando una década después, por el "acoso moral al que la sometió el director Abdellatif Kechiche y por las duras condiciones de rodaje de las escenas de sexo, en las que no sintió respetada su integridad. Tanto ella como la otra protagonista, Adéle Exarchopoulos, lo denunciaron en público. Entonces tenían 27 y 19 años, respectivamente. Sucedió tres años antes del Metoo.

P.- ¿La vida de Adèle es una especie de trauma?

R.- Durante años soñé con Kechiche. Fue una situación increíblemente difícil, de acoso moral. pero no sé si fue un trauma. De niña, viví ciertas cosas que hicieron que estuviera bien armada para la vida adulta. Este trabajo es maravilloso, pero también es muy duro, sobre todo si quieres perdurar. Es un oficio que te fragiliza y para el que tienes que estar psicológicamente preparado.

P.- ¿Fue esa película un antes y un después?

R.- Sí, lo cambió todo. Y, a la vez, lo recuerdo como una progresión lenta, más que como un ascenso que llegó de golpe. Siento que sigo siendo la misma que en esos tiempos. Si hoy me volviera a hacer las preguntas que me hizo hace 12 años, mis respuestas serían casi idénticas. Soy la misma, solo que con un poco más de experiencia

p.- ¿Por que cree que le ha ido tan bien desde entonces? Otras actrices europeas lo intentaron en Hollywood y no acabó de funcionar.

R.- Me gusta que me llamen actriz europea. Me siento una actriz europea... Hay personas que ven Hollywood como el único objetivo posible para un autor. No es mi caso. Soy bastante inconformista. No quiero doblegarme ni formatearme. No quiero someterme totalmente al sistema. Aunque les siga el juego y acepte hacer promoción y fotos, hay un lugar de resistencia en mí. No quiero que el éxito sea algo alienante. Quiero mantener el control.

P.- Es imagen de Louis Vuitton desde hace ocho años. ¿Por qué escogió ser el rostro de sa marca y no de otra?

R.- Nicolas Ghesquière, su director artístico, ha reinventado la imagen de la mujer actual. Es una mujer que no es un objeto, que no está sujeta a las fantasías del hombre. Lo que diseña Ghesquière refleja una mezcla de vanguardia y romanticismo. El pasado y el futuro que se unen. Me reconozco en ese espíritu...

Álex Vicente. Smoda. El País, 17 de mayo de 2024

martes, 27 de agosto de 2024

Mentiras verdaderas en los Encuentros de Arlés

Encuentros de fotografía de Arlés (Foto  Anne Fourès)

En los Encuentros de Arlés, la realidad supera a la ficción. ¿O es al revés? El festival de fotografía más prestigioso de Europa, fundado en 1970 en la localidad del sur de Francia donde Van Gogh se cortó una oreja, celebra hasta el 29 de septiembre una de las ediciones  más impactantes de los últimos años, que inspecciona un mundo cada vez más irracional y violento a través del poderoso  reflejo que ofrece la cultura de la imagen. A través de 40 exposiciones, el certamen desafía los límites de la verdad en la sociedad contemporánea donde se entrelaza cada vez más con lo imaginario. "Fotógrafos, artistas y comisarios revelan sus visiones y relatos, incluido el de nuestra humanidad en constante redefinición, resiliente y también visionaria", afirma el director de los Encuentros de Arlés, Christoph Wiesner.

Los fotógrafos seleccionados por el festival prestan una atención especial a los procesos migratorios, la crisis climática y los conflictos militares. El trabajo de la española Cristina Middel, actual directora de la agencia Magnum, es de los más contundentes en esta edición. Journey to the Center, inspirada en el Viaje al centro de la Tierra de Julio Verne, narra la peligrosa travesía de los emigrantes que cruzan la frontera entre México y EE UU. solo que, en lugar de limitarse a un enfoque documental, De Middel transforma su viaje en una odisea que se adentra en el terreno de la ficción, como ya hizo en su celebrada serie Los afronautas.

El resultado es una fusión de poesía onírica y pesadilla malsana en la iglesia gótica de los Padres Predicadores, en el centro de Arlés, separada por un muro simbólico que divide la muestra en dos. La fotógrafa nos descubre Felicity, una pequeña ciudad fronteriza, en el sur de California, donde se encuentra un monumento al Centro del Mundo. De nuevo, la realidad roza la ficción distópica. De Middel trata  a los migrantes como héroes de una épica contemporánea y rebaja el sueño americano a la categoría de delirio colectivo. 

La estadounidense Debi Cornwall, abogada especializada en derechos civiles reconvertida en fotógrafa, trabaja sobre otra ficción: la que transmite la propaganda  militar y patriótica... El nuevo trabajo de Cornwall, Model Citizens, se centra en los mítines de Donald Trump, donde la expresión de un patriotismo de aspecto espontáneo también se revela guionizada con una profesión de banderas, cánticos  y atuendos  que remite  a la misma escenografía militar. Se trata, en palabras de la responsable de la muestra, de observar "cómo se ejerce, se consume y se normaliza el poder del Estado".

El francés Mathieu Nicol también habla de militarismo. Sus imágenes,  extraídas de los archivos del Natick Soldier Systems Center, un centro de investigación del ejército estadounidense en Massachusetts, muestran a soldados ataviados con ropa interior antibalas, gafas diseñadas para el campo de batalla y otros atuendos experimentales. Estas prendas concebidas para situaciones extremas, se presentan a través de una estética propia de las revistas de moda de mitad del siglo pasado. Una vez más la guerra es una ficción.

En la torre de Frank Gehry que domina la Fundación Luma, una retrospectiva dedicada a una leyenda de la disciplina. Lee Friedlander, inscribe el paisaje urbano estadounidense en una sutil retícula de líneas verticales y horizontales, como si tratase de insertar la realidad  en un mundo de ficción. Por último, la obra de Mary Ellen Mark, fallecida en 2015, desafía la opresiva idea de la normalidad, tal vez la peor de las ficciones que nos gobiernan.

Álex Vicente. Arlés. El País, miércoles 21 de agosto de 2024.

lunes, 26 de agosto de 2024

El dolor de la música:"El concurso de piano"

El flamenco Deruddere, con una decena de filmes desde su debut con la notable Crazy Love (1987), apuesta por un cine muy cuidado en su forma. En El concurso del piano el compositor namibio George Van Dam lo potencia con la música clásica que los jóvenes intérpretes deben tocar, alternando con supuestas creaciones propias para completar una atmósfera muy lograda como marco perfecto al denso drama  que vive una joven que viaja desde Nueva York a Bélgica para participar como pianista en el prestigioso Queen Elisabeth Competition. La encarna de manera muy convincente la casi novel actriz Tacke Nicolaï en su segundo largo. El guion del propio director nos irá desgranando con el recurso al flashback, que para llegar a estar entre los finalistas, pasó por una traumática infancia con su madre convencida del don musical de su hija y obsesionada con colocarla en o más alto. Quizá su padre no compartía el método, pero evitemos el spoiler.

Lo que en la protagonista pudiera aparentar una obsesión por ganar , puede que responda a otras motivaciones que irán aflorando mientras la información avanza en la casona histórica a la que son conducidos los aspirantes al premio, antes de las finales. Deberán aislarse del mundo para prepararse -nada de móviles y ordenadores- y en ese contexto interactúan como un grupo diverso cuyos miembros saben que solamente uno tocará el cielo. Como era previsible, el encierro relucirá emociones varias en los candidatos que encontramos lógicas en los competidores, pero que en ella adquieren una dimensión especial a ojos de los espectadores, que asistimos a una reconstrucción de su pasado desde que comienza a relucir sus aptitudes ante el piano. Ahí radica la clave de su peculiar hermetismo para relacionarse con sus compañeros cuando toca compartir espacios comunes  con ellos. Sabemos que su progenitora insistía en acompañarla al viaje para estar cerca de ella, pero su rechazo era elocuente.

Conoceremos la causa cuando se aproxima el desenlace de la trama en una secuencia de gran dureza. Puede que se haya quitado un peso de encima.

Miguel Anxo Fernández. La Voz de Galicia. Miércoles 31 de julio de 2024.

domingo, 25 de agosto de 2024

Jack Lang:"Los países árabes han abandonado a Palestina"

Jack Lang. Foto: Sipa/J.E.E

A paso lento. A bordo de un gabán negro, una bufanda fucsia y una melena al viento, atraviesa uno de los viejos puentes sobre el Sena Jack Lang (Mirecourt, 84 años). Se dirige a su despacho en la última planta del Instituto del Mundo árabe (IMA), institución que él mismo inauguró en 1987 como ministro de Cultura junto a su entonces jefe, el presidente de la República Francesa, el socialista François Mitterrand. Nadie si exceptuamos a Luis XIV y André Malraux, tuvo nunca más peso en la política cultural de Francia y muy probablemente en la de ningún país. Este doctor en Derecho Internacional y licenciado en Ciencias Políticas, consejero municipal, alcalde , diputado, portavoz gubernamental, ministro de Cultura y Educación, exmilitante socialista, hombre de teatro y personaje barroco donde los haya, amante de las cámaras de televisión , los trajes caros y las agendas privilegiadas, y vieja estrella mediática de la gauche caviar, todo un Rey Sol tres siglos y medio después del monarca absolutista, impulsó a las órdenes de Mitterrand controvertidas aunque decisivas conquistas en política cultural: el precio único del libro, la atribución del 1% del presupuesto del Estado a la cultura, la imposición de cuotas de producción audiovisual europea en las pequeñas y grandes pantallas, el combate por la excepción cultural frente a las visiones más comerciales y liberales, la creación de una ambiciosa red nacional de centros de arte ... y sobre todo la puesta en pie  de faraónicas e icónicas infraestructuras culturales en París -las Grandes Obras-, como el Gran Louvre y su célebre pirámide, la ópera de la Bastilla, la Biblioteca Nacional de Francia, la Ciudad de las Ciencias, el Gran Arco de la Defense... y el propio Instituto Árabe, donde recientemente renovó su cuarto mandato como presidente. Charlamos en el despacho desde el que, el 15 de abril de 2019, vio arder la catedral de Notre Dame.

P.- Un cuarto mandato al frente de una institución que usted mismo creó junto con François Mitterrand. ¿El círculo se cierra?

R.- Es una rareza, en efecto. Las malas lenguas hasta podrían decir: "Este tal Jack Lang, desde el principio, solo ha pensado en su futuro, se inventó una casa de la cultura árabe para acabar presidiéndola para ser otra vez una especie de ministro de Cultura" (se ríe). Pues no, esa no es la verdad.

P.-¿Cuál es la verdad?

R.- Pues que cuando François Mitterrand se convirtió en presidente de la República y me nombró ministro, me pidió que reflexionara sobre mil y un proyectos, algunos de los cuales yo le había sugerido. Entre ellos estaba dotar de una sede al Instituto del Mundo Árabe, que ya existía como tal pero que no era más que unas oficinas. Me dijo que adelante, y muy rápidamente  encontramos el lugar ideal y pusimos en marcha un concurso de arquitectos, solo para arquitectos jóvenes.

P.- Y ganó Jean Nouvel. ¿Qué es el Instituto del Mundo Árabe? Más allá de lo meramente cultural... ¿no es una especie de ministerio de Asuntos Exteriores en pequeño?

R.- Bueno, sí, técnicamente trabajamos bajo la tutela del Quai d'Orsay. Pero no somos en absoluto un ministerio en miniatura. Esto no es el Gobierno, yo no soy ministro. Pero la cultura en todas sus formas, no sólo en el ámbito artístico, sino también en el científico, en el diplomático, en el económico y en todos los ámbitos que forman parte de la vida de los países árabes, es puesta en valor aquí. Es cierto, puede que eso tenga a veces una amplia influencia política.

P.- Algunos de los países que se sientan en el consejo de administración del IMA, como Arabia Saudí, no acaban de proyectar una imagen demasiado positiva en Europa en cuanto a derechos humanos, respeto a la mujer, etcétera. ¿Cree de verdad que ha habido una evolución y que esa evolución va a continuar? Los problemas de los derechos humanos subsisten.

R.- Desde luego, eso está claro. Yo no hablo del régimen político, que es lo que es. No es un régimen democrático. No tienen los mismos valores que nosotros. Pero su estrategia es inteligente. Se basa en el desarrollo de los jóvenes, de las mujeres, del empresariado, con el fin de liberarlos de la tutela de los extremistas religiosos que bloquean la evolución del país...

P.- Otro de los miembros del consejo del IMA es Palestina. ¿Qué relación mantiene Palestina con el IMA en un contexto de guerra como el actual?

R.- Lo que está ocurriendo es terrible. La situación es catastrófica. Catastrófica para Palestina y para los ciudadanos palestinos. Pero también Israel vive también momentos muy duros actualmente. La situación en la región es de verdad de inmensa gravedad.

P.-¿Cree, como muchos, que lo que está haciendo Israel es un genocidio como respuesta a actos terroristas?

R.- Yo soy jurista y he sido durante muchos años profesor de Derecho Internacional. Y hay que tener cuidado cuando se utilizan conceptos como ese. El Tribunal Internacional de Justicia ha sido requerido y creo que ha dicho que podría haber un inicio de acciones genocidas. Pero no ha calificado de "genocidio" los ataques israelíes en su conjunto. Lo que ha hecho  y está haciendo el ejército israelí es grave. La guerra tiene que parar y los países tienen que participar en la reconstrucción de Palestina...

Borja Hermoso. El País, 2 de mayo de 2024.

sábado, 24 de agosto de 2024

La intimidad desbordada de las playas

La palya de Trouville por Claude Monet, 1870.
(Foto: Wikimedia commons,dominio público)  

Pocos lugares despiertan la atención de los sentidos, el deseo, el erotismo y la evasión como las playas: idílicas, poéticas, carne de postal o símbolo de turismo de masas. 

En su ensayo Le territoire du vide, Alain Corbin sostiene que fue entre 1750 y 1840 cuando la playa pasó a formar parte de la fantasmagoría de la periferia oponiéndose a la patología urbana. Basta observar cuadros de Boudin en Museo de Orsay para hacernos una idea de cómo ha cambiado la manera de considerarla. En aquellas escenas costumbristas sus habitantes aparecen vestidos, charlando bajo un cielo gris más presente que el mar. Boudin fue uno de los primeros paisajistas  en captar ese ocio  que ocupaba la arena en los bordes De Honleur o Deauville. Si hoy nos acercamos a cualquier playa de Normandía, veremos que las conversaciones de aquella burguesía han dado paso  a una arena punteada de toallas desde las que apenas llega el eco alegre del bebé que goza cuando la espuma le atrapa los pies. Bañarse, jugar a vóley, hacer volar cometas, saltar olas o broncearse...Pintores contemporáneos como Alex Katz o David Hockney han dado cuenta como pocos del élan playero.

El escritor Grégory Le Floch, en su fascinante ensayo Éloge de la plage (Rivages), incide en cómo hemos pasado de mantener una relación vertical (en el XIX) a una relación horizontal (en el XX), cómo las playas han dejado de ser como salones de té a erigirse como habitaciones contemplativas con vistas generosas.

Fue en Brighton, dice, donde a mitad del siglo XVIII  abrió la primera maison de santé balnearia cerca de la playa bajo la revolucionaria idea de que los baños resultaban terapéuticos. Antes, las costas resultaban repulsivas, arriesgadas, territorio donde los pescadores se jugaban la vida, reductos de peligrosidad y enfermedades. O simples encrucijadas de significados donde brillaban  de vez en cuando las luces de los faros. Después, en cuanto la playa se volvió una moda, los ayuntamientos (sobre todo en Normandía) añadieron a la nomenclatura el hoy tan reputado apelativo "sur Mer" para que quedara claro que estaban al lado del mar.

La literatura, desde Homero hasta nuestro José Carlos Llop (que acaba de publicar el maravilloso Si una mañana de verano, un viajero, en Alfaguara), pasando por los románticos como Byron y Chateaubriand, ha estado siempre fascinada por el mar. Le Floch pone el foco en Paul Morand como un autor pionero en elevar el amor por la playa hasta convertirla en el decorado de sus novelas. Desde distintas playas de Francia y de Sicilia recuerda a autoras (Agnès Derail-Imbert) y autores (Cesare Pavese, Henri David Thoreau) que han evocado sus misterios. Le Floch propone que dejemos de asociar a Proust con las magdalenas y lo hagamos con las playas porque estas lo representan mejor, sobre todo Cabour, convertida en Balbec, decorado crucial en novelas como A la sombra de las muchachas en flor y Del lado de Guermantes. Es ahí donde el narrador comienza a amar a un grupo de chicas que pasean por la arena con aire provocador. Visten con polos, sujetan bicicletas, pero la playa no es solo un teatro, es el agente perturbador que modifica cada uno de sus encuentros, la playa las dota de un poder de metamorfosis que actúa  como catalizador del amor en el narrador. (...)

Las playas son un estado de ánimo. Las películas de Rhomer, la Sexual Freedom Leage que fundaron Jefferson Poland y Leo K o el erotismo de Brigitte Bardot lo revelan.  (...)

Las playas en definitiva, invitan hoy a estirarse más que a quedarse de pie. Lo que es el borde del mundo durante el año, se convierte ahora en el corazón del paraíso estival.

Use Lahoz. Babelia. El País, sábado 13 de julio de 2024.

viernes, 23 de agosto de 2024

La artista que sube la crueldad a los escenarios

Ángelica Liddell en una escena de Dämon- El funeral de Bergman.
(Foto: Festival de Aviñón/Christophe Reynaud de Lage)

Ángelica Liddell (Figueras, 58 años) es la única artista en la historia del Festival de Aviñón, el más prestigioso de artes escénicas del mundo, que ha sido invitada por más de tres directores diferentes: Vincent Braudiller, Oliver Py y, ahora, Tiago Rodrigues, quien la ha elegido para inaugurar la edición de 2024 con Dämon-El funeral de Bergman, el segundo funeral escénico de una trilogía sobre la muerte. Liddell la representará en la Cour d'Honneur del Palacio de los Papas, patrimonio mundial de la Unesco. Ahí culminará 33 años como directora, dramaturga y actriz, creando un teatro que, en sus propias palabras, no busca lo contemporáneo, sino lo eterno."Es una de las grandes inventoras del teatro de nuestro tiempo. Su historia duradera y pasional con el Festival de Aviñón llega a su clímax con esta creación. Nos ilusiona compartir con el público la poesía transgresora de Liddell alimentada por el genio de Bergman, presentarla en el escenario histórico y fundador del festival es un gesto simbólico de defensa de la libertad artística", remarcó Tiago Rodrigues por e-mail al preguntarle por ella. (...)

El suyo es un teatro políticamente incorrecto, desagradable e incómodo hasta el punto que muchos espectadores han acabado vomitando, desmayándose o abandonando la sala antes de que el espectáculo termine. Refleja odio, impotencia, una decepción profunda. Combina la belleza de las mejores composiciones de música clásica con la violencia textual. Y sus obras duran lo que tienen que durar.. Por ejemplo, seis horas. Sobre el escenario, una vaca abierta en canal. Su propia sangre. Angélica Liddell expone sin límites la parte más miserable de la condición humana sin tener por objetivo provocar, sino hacer que la realidad sea insoportable para el espectador. Según ella, la crueldad educa más que la moral, por eso le preocupa la censura soterrada de países supuestamente libres.

 Liddell no es una persona accesible. Se identifica con los inadaptados, los enfermos, los rechazados. Conecta con Artaud, Pasolini, Bernhard, Genet, Rimbaud, Sade, Fassbinder, Bataille, Bergman, Nietzsche y utiliza el teatro para abordar problemas existenciales, como el sufrimiento o la muerte. También sociales como el feminicidio, el abuso sexual o la opresión.

Vincent Baudriller, el primer director que la invitó a Aviñón, fue quien salvó su carrera al invitarla, en 2010 a presentar sus dos últimas obras, El año de Ricardo y La casa de la fuerza, que paradójicamente habían supuesto un estruendoso fracaso económico porque apenas habían sido programadas en España. El éxito en Aviñón fue rotundo; los aplausos emocionantes, las entradas se agotaron tras la primera función. "Pocos artistas tienen el coraje de adentrarse tan profundamente  en la complejidad del ser humano. Angélica es muy generosa porque deja mucho de su vida en esta investigación artística. Como público nos enfrentamos a una obra de Liddell, pero no hay que olvidar que ella está físicamente en escena. Nos pide ir lejos, pero ella también viene", puntualiza Baudriller, que programó cinco de sus obras en Aviñón y otras dos en el Théâtre Vidy-Lausanne de Suiza, que actualmente dirige.

"Gracias a todos los teatros franceses que le abrieron sus puertas a una sombra (...) Ha sido aquí donde he podido gozar de los momentos más hermosos de mi vida, no solo de mi profesión sino de mi vida", dijo la creadora teatral al recoger las insignias de caballero de las Artes y las Letras de Francia en 2017.

En 2018, Liddell volvió a los escenarios españoles motivada por el cambio de dirección de los Teatros del Canal, liderados por Natalia Álvarez y Álex Rigola, destacando que las entradas para sus obras se agotan en menos de dos horas desde que salen a la venta. Aplausos de una audiencia que parece estar dándole las gracias, felicitándola, pidiéndole que no lo abandone. Confiando en que las instituciones españolas reaccionen, aunque sea por dignidad, aunque sea por vergüenza.

Ana Vidal Egea. El País, domingo 23 de Junio de 2024.

jueves, 22 de agosto de 2024

Profeta Houellebecq

Michel Houellebecq dice haberse retirado de la literatura, pero la última novela de su carrera termina con unas elecciones presidenciales francesas que celebran en 2027. Aunque aparecen Éric Zemmour y Marine Le Pen, el ganador es un personaje de ficción que continúa las políticas del centro liberal con la bandera de la startup nation de su predecesor, una referencia obvia a Emmanuel Macron. En la vida real, Macron es fan de Houellebecq y en 2019 le entregó personalmente la Legión de Honor, enmendando un sistema literario que nunca ha podido digerir que su enfant terrible sea el autor francés contemporáneo más leído en el mundo. Naturalmente, dentro de la novela, la victoria del macronismo no es una buena noticia, sino el último capítulo de en la lenta decadencia de Francia en particular y de Occidente en general. La idea es que la división ideológica es una comedia fútil de la que ni siquiera se escapan los extremos, porque el problema de la política moderna es la modernidad misma. Entre el nihilismo y la ternura, el thriller político se va deshinchando y las últimas páginas se llenan de meditaciones metafísicas tristes.

Las legislativas de 2024 no llegan en un buen momento para Houellebecq. Aniquilación no fue un hit. El último libro publicado desde entonces, Unos meses de mi vida, octubre 2022-marzo 2023, quería autojustificar una serie de desastres en las relaciones públicas del escritor: la participación en una película pornográfica-artística que, pese a la cruzada legal de nuestro antihéroe, acabará viendo la luz, y una entrevista con Michel Onfray que le costó las ya clásicas denuncias por incitar al odio contra el islam. Houellebecq ha intentado recuperar el control de la narrativa, pero ha acabado retratándose como alguien surrealistamente errático y perdido, siempre medio borracho, despreocupado y fácil de manipular. A raíz de la entrevista con Onfray, Joan Bardella salió a decir que las palabras de Houellebecq sobre los musulmanes  son "excesivas".

La caída en desgracia de Houellebecq hace justicia poética a la misma lucidez profética que lo ha llevado a la cima. Plataforma, publicada en 2001, culminaba con un atentado terrorista en la isla de Bali, y en 2002 dos bombas mataron a 200 personas en el mismo lugar. Sumisión imagina la rendición de Francia a través de una alianza entre islamistas y progresistas, y el mismo día en que el libro salía al mercado tenían lugar los hechos de Charlie Hebdo. Serotonina describía una revuelta campesina antes del episodio de los chalecos amarillos. Ampliación del campo de batalla, publicada en 1991, estaba protagonizada por un informático misógino antisocial muchas décadas antes de que dispusiéramos de la palabra incel. (...)

La Francia que vota estos días, cuna de un hilo cultural que va de la Ilustración a la deconstrucción, intenta encontrar una salida secular al problema de la modernidad. Los extremos instrumentalizan a Houellebecq porque es un escritor brillante y la lucidez de su crítica no tiene parangón. Pero quizás la clave es que sus lectores comparten el convencimiento íntimo de que no hay solución. En el último intercambio de Aniquilación, el protagonista, un enarca llamado Paul Raison (mitad fe paulina, mitad razón científica) agoniza a causa de una enfermedad terminal y habla con su mujer: "No creo que estuviera a nuestro alcance cambiar las cosas". Ella responde: "No, querido mío. -Le miró a los ojos, sonriendo a medias, pero en la cara brillaban unas lágrimas-. Habríamos necesitado mentiras maravillosas".

Joan Burdeus. Babelia. El País, sábado 6 de julio de 2024.

miércoles, 21 de agosto de 2024

Décadas de amor por Agnès Varda

                           Agnès Varda (Foto: Canal TCM)
Para entender el carisma sin pose de la artista y cineasta Agnès Varda, basta con escucharla rememorar lo que Georges de Beauregard le dijo cuando se ofreció a producir Cleo de a siete, su segundo largo metraje. estrenado en 1962: "Quiero una película como la de Godard, pero la tuya tiene que ser más barata". Varda siempre se apoyaba en esa anécdota para aclarar la magia de una película de referencia en las escuelas de cine como la primera en contraponer las miradas masculina y femenina, exponer la disyuntiva entre el tiempo objetivo o captar el terror social al cáncer y al fantasma de la guerra entre los franceses de la época.

Siempre repetía lo mismo: si salió así de bien fue porque no había dinero. Sin apenas presupuesto, rodó en París para ahorrarse hoteles y traslados de equipo; la trama ocurría en dos horas; y llevó su cámara donde la ciudad bullía de vida sin necesidad de extras. Visibilizar sin complejos las barreras que lo material impone en la creación artística, hablar de dinero sin tapujos, fue otra de sus maravillosas formas de romper con el canon.

Murió en 2019 de un cáncer de mama a los 90 años en su casa de París, pero Agnès Varda, precursora de la Nouvelle Vague y una de las más influyentes por su visión inquieta y su capacidad de combinar ficción y documental, aún fascina. Se nota en las miradas de directoras multipremiadas como Carla Simón, Greta Gerwig o Alice Rohrwacher,  también el educación sentimental de las nuevas generaciones que la han abrazado como icono  político y que idolatran la estética y el mensaje de sus fotogramas, sus posados con su gato para el fotógrafo Juergen Teller o sus frases virales cíclicas en la conversación digital.

"Mi madre sigue muy viva entre la juventud. Es algo que siempre me sorprende cuando voy a pases de sus películas y veo tantos chavales listos para verla por primera vez", contaba el martes Rosalie Varda, hija de la cineasta y directora artística de la exposición Agnès Varda. Fotografiar, filmar, reciclar que se presenta en el Centre de Cultura Contemporànea de Barcelona CCCB hasta el 8 de diciembre. La muestra barcelonesa se erige como epicentro de la conquista cultural veraniega de la creadora. En colaboración con el CCCB, la Filmoteca de Catalunya ha programado hasta el 29 de septiembre  Agnès Varda esencial, un ciclo donde se proyectarán todos sus filmes. No todo quedará en Barcelona. Desde el 16 de julio está disponible Universo Agnès Varda, una edición en Blue-Ray a cargo de Avalon: 15 largo metrajes y 15 cortos con un libreto.

"Con Varda no se trataba de adoctrinar , sino despertar el deseo de ver", defendió la directora del CCCB, Judit Carrera, al presentar la ambiciosa retrospectiva que amplía y adapta la muestra Viva Varda!, de La Cinémathèque Française. Hay que ir con tiempo a esta exposición que pide varias visitas para poder asimilarla. No solo traza un minucioso recorrido por su creación artística a través de sus fotografías, películas y documentales, también incluye un apabullante archivo fotográfico y de objetos personales, así como adaptaciones  de algunas de sus instalaciones tardías. Esa es la dimensión de una artista que siempre quiso comprender a los demás y no permanecer aislada del mundo, como se puede contemplar en una emotiva zona dedicada a Los espigadores y la espigadora (2000), el documental con el que enseñó que el corazón  tiene forma de patata y con el que inició su vertiente de artista visual.

En Cinescritura, el apartado dedicado a ese neologismo que se inventó (cinécriture) para defender cómo un cineasta autor participa en todo el proceso de creación de una película, está el grueso de sus filmes más populares: la crisis de una pareja en La pointe courte (1954), las angustiosas dos horas de una cantante que espera unos resultados médicos en Cléo de 5 a 7 (1962) y los travellings de Sin techo ni ley (1985), en la que Sandrine Bonaire encarnó a una buscavidas radical rechaza los dictámenes sociales.

La muestra no olvida la intimidad de la creadora: desde sus relaciones sentimentales (la escultora Valentine Schlegel o Jean Vilar, y su marido y gran cómplice Jacques Demy), a la participación de sus hijos en sus películas. Incluso un acercamiento a su historia familiar y a cómo a ser hija de una mujer que ocultó sus orígenes griegos (Christiane Pasquet) le hizo llevar a imaginarse un alter ego. La llamó Nausica en busca de su identidad, Nausica, censurada y extraviada durante mucho tiempo...

Noelia Ramírez. El País, jueves 18 de Julio de 2024.