viernes, 18 de febrero de 2022

Saint-Saëns, un sabio eclecticismo

Saint-Saëns

Saint-Saëns (París, 1835-1921) a quien a veces y durante décadas se ha considerado un músico menor, puede calificarse como un clásico. Y en tal sentido, un predecesor del llamado neoclasicismo del primer tercio del siglo XX, el de Stravinski y el Grupo de los Seis. Naturalmente con la distancia del tiempo y desde los presupuestos de un artista conservador, un heredero, por ejemplo, de Gounod (cuyo talento no se cansaba de elogiar) y una vía abierta hacia Fauré, a quien tuvo como discípulo y de cuyos planteamientos nada quería saber; y menos de los más avanzados de Debussy y Ravel. En todo caso, en Saint-Saëns se daban a partes iguales rigor, claridad arquitectónica, lógica en los desarrollos y economía de medios...

 El músico se constituyo, además, en un superador del italianismo rampante y en un liquidador en cierto modo del desaforado romanticismo de Berlioz, con el que, no obstante, mantenía puntos de contacto... Como apuntaba Romain Rolland, la sustancia del pensamiento musical de Saint-Saëns estaba formada con la médula de los grandes clásicos de fines del XVIII. Listz fue su protector y el responsable de que, por ejemplo, su ópera más conocida y exitosa, Sansón y Dalila, pudieran estrenarse. Siempre lo reconoció y lo admiraba por su claridad de pensamiento y su actitud abierta, libre de todo prejuicio. Es curioso que lo situara enfrente del "enfático" Brahms. Recordaba el compositor francés cómo el autor de Los preludios se había ofrecido "sin la menor vacilación" para representar en Weimar su ópera "sin querer oír ni una sola nota".

El catálogo del compositor es enorme (alrededor de 500 obras), con música de todos los géneros, tamaños, extensiones e instrumentaciones. Un artista que estaba a todo y que tenía una facilidad portentosa para adaptarse a cualquier estilo y a cualquier clima. En Canarias estuvo varias veces y allí fue festejado repetidamente. Correspondió  con varias composiciones. Enfrente del Teatro Pérez Galdós se levantó hace años una estatua conmemorativa.

Arturo Reverter. El Cultural 10-12-2021 

jueves, 17 de febrero de 2022

La dulce revolución del Siglo de las Luces

Entre finales del siglo XVII y principios del siglo XVIII, desde los últimos tiempos del Rey Sol, la cocina se transformó en Francia, la convirtieron en un arte los sabios y delicados chefs galos, los philosophes. Los banquetes se sacudieron la opulencia de las elaboraciones renacentistas y barrocas y se entregaron al lujo,  a la sencillez elegante y a la ligereza de los alimentos. Nació una nueva moda culinaria, con atracción por lo exótico, interesada casi más en el prodigio creativo, en ejecutar obras maestras de la ingeniería confitera que en el deleite del paladar. Comer pasó a formar parte de una nueva forma de relaciones sociales en sintonía con el ardor intelectual de la Ilustración y sus coloquios.

Este paisaje elitista, etéreo, frívolo, lo dibuja con erudición y originalidad el ensayista italiano Piero Camporesi (1926-1997) en El sabor del chocolate, que ahora edita Debate en español. El historiador narra el triunfo de los destilados, las gelatinas, los sorbetes, los consomés y bebidas como el té y el café, que no embotaban los sentidos sino que hacían que las personas fuesen más activas y combativas, frente a los a los sanguinolentos pedazos de animales que había que roer. "El gusto del siglo era más propenso a ver y a oír que a saborear y a comer", resume el autor. 

Sitúa Camporesi el embrión de la gran época de la alta cocina francesa durante la negociación del Tratado de Utrech, en las mesas de los embajadores plenipotenciarios, y su madurez  en los años de la regencia de Felipe de Orléans (1715-1723). Vincula, además, la hegemonía cultural y el internacionalismo culinario galo con el expansionismo militar y la política dinástica de los Borbones: Francia exportaba cañones, ideas y recetas.

"Más que una floración fue un estallido, una explosión imprevisible de refinamiento, combinada con la alegría de vivir y el sutil placer de la conversación chispeante", explica el historiador sobre el fenómeno de reforma gastronómica. "Esa ciencia de los sabores dio un brío inigualable a la cultura del siglo y constituyó un propelente inigualable de las ideas de los filósofos y de las damas intelectuales".

El producto estrella de la época fue el chocolate, el "caldo de las indias", esa "bienaventurada eternidad potable", un "gémino tesoro", según lo definieron entonces. Su origen conduce a México, al Nuevo Mundo, fábrica de otras novedades exóticas que fascinaron a los europeos del XVIII. Concretamente fueron los conquistadores españoles, liderados por Hernán Cortés, quienes tomaron su uso de los aztecas, transformando en una bebida agradable, dulcificada, el chocolat picante, especiado, que constituía el alimento de los dioses. 

Durante la Ilustración el chocolate se preparó mezclando sencillamente azúcar y cacao con un ligero toque de vainilla y canela. Fue una bebida especialmente reivindicada por los jesuitas, que conoció un "frenesí generalizado", "una marcha triunfal", destaca Camporesi, más arrolladora incluso que la del café. No podía faltar en las mesas coloridas de la aristocracia y en las veladas de debate de los salones literarios. Atrás quedó su función como ingrediente sólido e importantísimo de las raciones de los soldados, aunque pocos se imaginarían su nueva reputación del futuro, nuestro presente: la virtud de convertirse en comida erótica.

David Barreira. El Cultural, 14-2-2022

miércoles, 16 de febrero de 2022

Javier Gutiérrez, un peregrino en Asturias

Javier Gutiérrez
"Un paraíso en el Camino", muestra en seis etapas el camino hacia la búsqueda de su bienestar a través del Camino de Santiago a su paso por el Principado.

Javier Gutiérrez (Luanco,1971) se ha metido en la piel de tantos personajes durante el último año que necesita encontrar su bienestar. Misión: desconectar y reencontrarse consigo mismo. Para ello, el ganador de dos Goya elige volver a la tierra de sus raíces y hacer, de punta a punta, el camino de Santiago asturiano. Seis jornadas a pie para recorrer más de 150 kilómetros durante los que pretenderá dejar atrás lo que más le pesa: el estrés.

En un primer capítulo de Un paraíso en el Camino , el actor realizará la etapa que va de Busto a Llanes, una caminata  de 24,7 kilómetros que le deparará playas escondidas, manjares salados y dulces, palacios casi tan sorprendentes como los paisajes y, al caer el sol, un colchón en un hotel que exuda historia y cultura para recobrar fuerzas. ¿Será capaz de olvidar el teléfono móvil?

La ruta comienza en Bustio, pueblo marinero en la ribera de la ría de Tina Mayor, en la frontera con Cantabria. La tradición pesquera de la localidad se remonta a tiempos de la pesca ballenera, aunque su estampa porteña se consolida ya en el siglo XIX. Lugar ideal para degustar pixín o sargo, y también para disfrutar de la arquitectura indiana, el estilo que trajeron consigo los triunfadores de la emigración americana: casas con jardines, palmeras y buganvillas y color, mucho color.

Todo transcurre entre el Cantábrico y el curso del Cares-Deva, custodiado por montañas y que, en su desembocadura, sirve de apeadero para las aves que migran al sur de Europa en los meses fríos. Ese es el entorno de la ruta jacobea que sigue el peregrino, al que en Ribadedeva aguardan un monasterio asomado al mar, un mirador, el Pimiango y una cueva, la del Pindal, declarada Patrimonio de la Humanidad. Colombres alberga la sede del Archivo de Indianos  y Museo de la Emigración, sita en la Quinta de Guadalupe... Por fin sintiendo que ya hace un siglo que dejó la gran ciudad e imbuido por el espíritu del camino, su peregrinaje lleva a Javier a Llanes, referente turístico asturiano por sus playas, su cercanía con los Picos de Europa, su encanto marino...

El País, 14 de octubre de 2021

martes, 15 de febrero de 2022

El "Mata Mua" de Gauguin, de nuevo en el Thyssen

El Mata Mua, la legendaria tela de Paul Gauguin, sí colgará de nuevo de las paredes del Museo Thyssen cuando se ratifique en sus salas el contrato definitivo del alquiler de la colección Carmen Thyssen al Estado español. El lienzo tiene prevista su llegada hoy al palacio de Villahermosa. La joya de la colección de la aristócrata y del museo salió del Thyssen en junio de 2020. Desde entonces ha estado custodiada en una cámara acorazada de Andorra, donde Cervera tiene su residencia habitual. Con el cuadro de nuevo en casa, el ministro de Cultura, Miquel Iceta y Cervera culminarán una larga y compleja negociación que, según ambas partes, estaba pendiente "de algunos flecos". El contrato estipula que el Estado abonará 97,5 millones de euros a la coleccionista a lo largo de los próximos 15 años, a razón de 6,5 millones anuales. Una cantidad que se descontaría del precio final de la venta si, como se supone, el Estado acaba ejerciendo su derecho preferente de compra de la colección.

Pintado por el francés Paul Gauguin en 1892, y tasado en 40 millones de euros (aunque algunas estimaciones elevan su valor hasta 150 millones), el Mata Mua salió del Thyssen hace más de año y medio gracias al permiso concedido por Cultura para sacar la obra al extranjero. La tela llegará al Thyssen en un furgón escoltado por un segundo vehículo. Cuando se deposite en la pinacoteca se colgará "en un lugar preferente" reservado desde hace meses en la planta baja del Thyssen, que acogerá toda la colección de Carmen Cervera y de su hijo Borja Thyssen. Serán 179 obras seleccionadas por la propia Cervera y los responsables del museo de entre las 326 que componen el conjunto. 

Con el contrato firmado y el espacio oficialmente inaugurado, el público podrá contemplar de nuevo el mismo día 9 la mítica obra de Gauguin, que contará con una garantía del Estado de 1.700 millones de euros. Bien diferenciada de la colección del barón, adquirida por el Estado Español en 1993, la colección de Carmen Thyssen ocupará unos 1.000 metros cuadrados de la planta baja del museo Nada se ha precisado sobre el futuro de los otros tres cuadros de la colección que Tita Cervera también sacó del museo durante la pandemia y cuyo paradero se desconoce: Caballos de carreras en un paisaje (1894), de Egdar Degas; El Martha Mckeen de Wellfleet (1944), de Edward Hopper, y El puente de Charing Cross (1899), de Claude Monet.

M.l. Madrid/COLPISA. La Voz de Galicia, lunes 7 de febrero del 2022

lunes, 14 de febrero de 2022

Un amor intranquilo

Tres hijos, 10 películas y 27 kilos de más en cuatro años. Leïla Bekhti (Issy-les Moulineaux. Francia, 37 años ) resume su vida reciente rápidamente y riéndose. Sentada en el Hotel María Cristina, en el pasado Festival de San Sebastián, recapitulaba así su presente en una escapada de menos de 24 horas para volver pronto a París, a esa familia numerosa que ha formado con el también actor Tahar Rahim. La power couple del cine francés apenas se muestra en público, pero en esta entrevista la actriz le dedica una sentida declaración  de amor a su pareja. Se conocieron rodando Un profeta (Jacques Audiar. 2009), y esa película disparó la carrera de los dos. Un par de años después, Bekhti ganó el premio César (el Goya Francés) por Todo brilla  y en esta última década ha encadenado un trabajo con otro, de la comedia taquillera al drama íntimo. Vincent Cassel la llama "Robert de Nira" por su versatilidad.

Hija de un taxista y una trabajadora del SEPE francés, inmigrantes argelinos, se crio en la banlieue parisina viendo muy lejos el sueño de ser actriz. Su abuela le enseñó árabe para que se sintiera siempre cerca de sus raíces. "Si sabes de donde vienes, sabes a donde vas", resume Bekhti. Imagen de L'Oréal Paris desde hace una década, en la prensa gala escriben tanto sobre su trabajo y matrimonio como sobre su estrecha amistad con la actriz Adèle Exarchopoulos, a la que llama "mi hermana". Ahora estrena en España Un amor intranquilo (18 de febrero en cines), la historia de una pareja, Leila (Bekhti) y Damien (Bonnard), él es bipolar, ella le cuida. Es la historia de los padres de su director, Joachim Lafosse. Es el retrato de la enfermedad mental y del amor. Del compromiso. Y del sacrificio...

-Creo que le apasionaba el personaje que interpreta en esta película, ¿por qué cree que resonaba tanto con usted?

-Cuando leí el guion lo primero que le dije a Joachim fue que me parecía una gran historia de amor y que necesitaba hablar de esta mujer con coraje, porque me parecía muy feminista querer ocuparse de su marido. Me gustaba la idea de que era una mujer libre e independiente, pero que también quería ocuparse de su familia. Caemos fácilmente en criticar a las mujeres que deciden hacerlo. Una mujer que puede escoger es una mujer libre. Si yo decido mañana dejar de trabajar porque quiero ocuparme de mi marido enfermo es mi elección. La pareja es lo más difícil del mundo, porque es irracional, no hay reglas. Cuando hay momentos de gracia, el amor te da alas. Y yo me siento feliz, da igual comer caviar o patatas pero siempre nos sentamos juntos en la misma mesa. Y eso me enorgullece, mi vida personal me enorgullece mucho, la verdad...

Irene Crespo. Smoda. El País

domingo, 13 de febrero de 2022

Louise Labé entra en la Pléiade

Louise Labé es una leyenda de la poesía y del feminismo renacentista: una mujer nacida en una familia humilde de Lyon, conocida en su tiempo como cortesana y autora de algunos de los versos eróticos más deslumbrantes de la tradición occidental. Acaba de entrar, por fin, en la Pléiade, la colección de clásicos de la editorial Gallimard que es  un verdadero canon de las letras francesas. Pero la edición crítica de sus Obras completas, a cargo de la prestigiosa especialista en el siglo XVI francés Mireille Huchon, consagra la tesis según la cual Louise Labé era en realidad un seudónimo, un nombre de pluma tras él que se escondía un colectivo integrado por algunos de los poetas varones más insignes de la época...

En el caso de Louise Labé ha sido la profesora Huchon quien, tras un minucioso trabajo de detective textual y archivístico ha concluido que Louise Labé es la construcción literaria de un grupo de notables poetas lioneses como Maurice Scève o Pontus de Tyard. Su tesis anticipada en un ensayo de 2006, ha desatado los ataques de algunos seizièmistes -especialistas en el siglo XVI francés- que defiende que La Bella Cordelera o La Safo de Lyon, como se la conocía, existió de verdad o que, como mínimo, no hay pruebas suficientes para concluir que fue una Carmen Mola del Renacimiento.

La profesora Mireille Huchon, nada más descolgar el teléfono para conversar con el País, menciona espontáneamente a Carmen Mola. Había leído en la prensa francesa las informaciones sobre el caso y enseguida cayó en el paralelismo con Louise Labé. "A fin de cuentas se trata en ambos casos de una especie de seudónimo", observa. Y en ambos casos, varios hombres se escondían tras una identidad femenina. 

Pero aquí terminan los paralelismo. Porque Carmen Mola era una identidad totalmente inventada. En cambio, en el Lyon del siglo XVI existió no exactamente una Louise Labé, pero sí una persona llamada Loyse Labbé, cuya existencia Huchon documenta con detalle (e incluye en La Pléiade un documento de un juicio de la Inquisición  en Salamanca en 1570 que la describe como "una bellaca" y "una mala mujer de león"). Esta Labbé, según Huchon, es distinta de la Labé que figura como autora de una breve obra compuesta por la prosa de Debate de Locura y de Amor, tres elegías y 24 sonetos.

Sostiene Huchon:"El libro, si miramos lo que se escribió bajo el nombre de Louise Labé, supone conocer el latín y el griego y tener a su disposición una biblioteca excepcional". Y argumenta: "Es imposible que Loyse Labbé tuviese esa cultura. Era hija de un cordelero iletrado: hay documentos notariales que muestran que su padre no sabe firmar. Su madre murió muy joven y tampoco sabía firmar. Creció en un ambiente iletrado. ¿Cómo habría podido adquirir tal cultura? Además, después se casó con un cordelero que también era iletrado".

La idea es que todo, en Louise Labé y en su único libro publicado en 1555, es artificio. Lo es el nombre, que evoca los "labios", la "loa", y la "Laura" de Petrarca, modelo para todos los poetas del momento. Y lo es el contenido, que no se refiere a los amores y desamores de la Bella Cordelera real, sino que es un ejercicio literario plagado de alusiones a poetas antiguos y clásicos -Safo Catulo y Ovidio- y otros contemporáneos, y basado en los modelos poéticos en boga en el Renacimiento...

Marc Bassets. París. El País, martes 18 de enero de 2022

sábado, 12 de febrero de 2022

LaTorre Eiffel se acicala para los Juegos

La torre Eiffel está recibiendo una capa de pintura para estar reluciente de cara a los Juegos Olímpicos de París del 2024, pero la operación está siendo más difícil de lo previsto debido a la pandemia del covid-19 y a varios imprevistos técnicos. 

Todo momento es bueno para recuperar el tiempo perdido: de noche, en horarios de poca afluencia turística, los domingos o días de fiesta, la treintena de pintores verticales que trabajan en la obra se afanan para aplicar las sesenta toneladas de pintura para tener  la Dama de Hierro a punto.

Es una operación que se lleva a cabo cada siete años y para esta vigésima ocasión  los expertos de Monumentos Históricos de París y el Ministerio de Cultura han decidido recuperar el color que lucía en 1907, el marrón amarillento.

En realidad, su color original fue el rojo veneciano. La 18.000 piezas unidas por 2,5 millones de remaches fueron pintadas en el taller antes de ser montadas, pero, dos años más tarde su creador, Gustave Eiffel, debió de pensar que resultaba demasiado alegre y decidió cambiarla de aspecto cubriéndola con una capa de marrón rojizo que en 1982 cedió el paso a un marrón ocre.

Con ocasión de la Exposición Universal de 1900, la torre Eiffel fue pintada de nuevo con un amarillo degradado. En 1907 fue cubierta con un marrón amarillento que conservó durante casi medio siglo, hasta que en 1954 se optó por un marrón rojizo. Finalmente, catorce años más tarde, se pintó de marrón "torre Eiffel", un color concebido especialmente para la estructura y que ha conservado hasta hoy. En total, el monumento ha lucido siete tonos distintos desde su construcción.

Aunque parezca lo contrario, la torre no está pintada de forma homogénea. Se trata de un efecto óptico. Cuando uno la mira desde la base da la sensación de que el color es uniforme, pero el ingeniero Alexandre Gustave Eiffel quiso que se utilizaran tres tonos, el más oscuro en la base y el más claro en la cima, para dar la sensación de que los 324 metros de la estructura (incluidas las antenas colocadas en la cúspide) se elevan hasta el cielo. 

La torre Eiffel es delicada, sensible a las variaciones de temperatura. Se encoge entre cuatro y ocho centímetros durante el invierno; cuando llega el calor recupera su tamaño original y sufre ligeras inclinaciones cuando le pega fuerte el sol (18 centímetros en 1976). Estos vaivenes, junto a la erosión de la lluvia, el viento y la polución exigen que se pinte regularmente cada siete años para proteger el hierro pudelado (un proceso de refinado del metal utilizado en el siglo XIX)...

Asunción Serna. París. La Voz de Galicia, lunes 27 de septiembre de 2022

viernes, 11 de febrero de 2022

"Cantar junto a una guitarra te desnuda el alma"

Aún cantando como contratenor toda su trayectoria, Philippe Jarousky (Maisons-Lafitte, Francia,1977) siempre ha estado obsesionado con proyectar naturalidad con su voz. Es una paradoja porque este alambicado registro que intenta emular el canto perennemente aniñado de los castrati, solo se obtiene mediante el dominio de complejas técnicas. Él intenta conciliar la antítesis con su carisma y honestidad en escena. Pero en su último disco À sa guitare (Erato), confeccionado con el prometedor guitarrista francés Thibaut García, ha dado un paso al frente por aventurarse por territorios y épocas que trascienden el Barroco y sus piruetas vocales. El álbum incluye, por ejemplo, canciones popularizadas por Barbara y Mercedes Sosa. Es decir, llega casi hasta nuestros días, una época actual que conecta, con el mástil de la guitarra de García como puente intersecular, con Purcell, Dowland, Mozart...Cuatro siglos de música, cantada en seis idiomas, que -confiensa-radiografían su personalidad más que nunca.

-Dice que es su primer álbum acústico. ¿Hasta que punto lo dice en serio?

-Bueno, lo digo un poco provocativamente. Pero es cierto que, por ejemplo, el concepto de los conciertos es muy relajado. Introducimos las piezas, hacemos bromas, contamos anécdotas...Llevo veinte años grabando discos, centrado en el repertorio del Barroco, los castrati y todo eso, y ahora me apetece hacer proyectos más originales. La pandemia me dio el tiempo necesario para elegir las obras meditándolo todo muy bien. Hemos ido mucho más allá del repertorio clásico para voz y guitarra, incorporando muchas transcripciones.

-Y tanto. Para el público hispanohablante, por ejemplo, este disco es un regalo, con El mirar de la maja de Granados, Anda, jaleo, de Lorca, Alfonsina y el mar de Mercedes Sosa.

-Sí, sí. Alfonsina fue un gran reto, porque me obligaba a trabajar con la pronunciación argentina. Para mí es una de las canciones más bonitas de la historia y Mercedes Sosa es una leyenda. Al principio no me sentía capaz de grabarla. Estaba intimidado. Thibaut me convenció. También consideramos las 7 canciones populares de Falla, pero las descartamos porque querías cosas menos trilladas.

-Thibaut García tendrá raíces españolas, ¿no? Con ese apellido...

-Sí, su padre es español por eso la tradición musical española la tiene muy interiorizada. Yo lo conocí en los premios Victoires de 2019, cuando ganó en la categoría de artista revelación. Tiene una manera muy natural de acompañar la voz y una energía que es muy serena. Eso me encanta. Ya colaboramos en Pasión Jarousky. Grabamos juntos Les feuilles mortes de Prévert y Flow my Tears de Dowland. Ahi ya estaba este disco en potencia...

Alberto Ojeda. El Cultural, 17-12-2021

jueves, 10 de febrero de 2022

Valéry

Plagado como ha estado, el año 2021, de efemérides de grandes escritores (centenarios de Baudelaire, de Flaubert, de Dostoievski, etc.), parece razonable que no se haya prestado atención al 150 aniversario del nacimiento de Paul Valéry, el pasado 30 de octubre. Para celebrarlo con todos los honores, sin embargo, basta la lectura, altamente recomendable, de la  biografía de Benoît Peeters recién publicada por ediciones del Contrabando, Valéry, tratar de vivir, se titula y está muy bien traducida por Mateo Pierre Avit.

De Valéry se publicó en Francia, no hace mucho, una monumental biografía que pasa por "definitiva": la que en 2008 le consagró Michel Jarrety (Fayard). La de Peeters, mucho más breve, no pretende competir con ella. Propone un acercamiento más abofeteado, más ensayístico también, más divulgativo... Peeters, quien ya mucho atrás le dedico una: Paul Valéry, une vie d'écrivain? (1989), de la que ésta nueva viene a ser una refactura.

Durante mucho tiempo, Valéry encarnó el mito del "escritor sin obra", pues apenas publicó en vida un par de poemarios y un puñado de ensayos, prólogos y discursos, aparte de entregas escogidas de sus míticos Cuadernos. Hoy cuesta explicar como demonios logró, con tan poco, labrarse un prestigio tan grande entre sus contemporáneos. Al morir, en 1945, el general De Gaulle, gran admirador suyo, decretó funerales de Estado, y su ataúd fue llevado al Trocadero y aupado a un catafalco en una solemne ceremonia. Sólo Victor Hugo había merecido antes tales honores. Pero cómo comparar la obra amazónica de Hugo con el gotero de la obra de Valéry.

Valéry, por lo demás no sólo encarna el mito del escritor sin obra , sino también -como, a su modo, Borges, que tantas cosas comparte con él- él del escritor sin biografía. Sólo póstumamente salieron a relucir sus amores tardíos con tres amantes sucesivas, las tres mucho más jóvenes que él: René Vautier, Émilie Nouler y Jeanne Loviton...

Pero la vida de cualquiera no sólo la integran sus "hechos". Su intensidad, su tumulto incluso, pueden venir determinados por la abundancia y el dramatismo de sus pensamientos y de sus sentimientos. La biografía de Peeters contribuye a hacerse cargo de esto... Despertaba tempranísimo, a las cinco de la madrugada, para encontrar las horas en que vagabundear por su mente y destilar los millares de anotaciones que llenan sus cuadernos que terminaron siendo la gran obra de su vida. Le gustaban el sol y el Mediterráneo. Le gustaba nadar.

Peeters acierta a contarlo con humor, inteligencia y sensibilidad. Su libro es antes que nada una apasionada invitación a leer, a releer a Valéry, de cuya vida y obra propone un medido balance y una experta guía.

Ignacio Echevarría. El Cultural, 17-12-2021 

miércoles, 9 de febrero de 2022

El diario de una peregrinación convertido en novela gráfica

Los apuntes del diario que Helder Rodrigues tomó cuando peregrinó por el Camino del Norte y el Primitivo en el año 2006 se han convertido ahora en la novela gráfica Destino Santiago (Demo). Una narración llena de sinceridad y con muchas dosis de humor. "Quise hacer la novela gráfica de la manera más honesta posible y me costó plasmar algunas cosas porque son muy personales. Yo quería hacer una obra que se parezca a la realidad y también contar la historia con humor", aseguró el autor que presentó la novela en Kornic. 

Para Helder Rodrigues supone un sueño ver publicada la novela gráfica. El ilustrador nació en Alemania, donde estudió diseño gráfico y animación tradicional. Allí autopublicó un cómic y también trabaja para revistas de música haciendo tiras cómicas. En el 2004 comenzó a vivir en España, y al ver que no encontraba empleo en el ámbito de la animación, empezó a trabajar en una compañía de elaboración de pizzas. "Pero no me gustó y, en un momento de crisis, decidí hacer el Camino", explica apuntando que es la mejor opción para conocerse a sí mismo y a él le sirvió como terapia. Recorrió la ruta del Norte mezclándola con la Primitiva en 2006, sin embargo, tardaría seis años en tomar papel, lápiz y rotulador para plasmar esa experiencia. Fue en el 2012, coincidiendo con el nacimiento de su hijo y cuando llevaba dos años viviendo en Santiago. "Tardé cuatro años en acabarla porque tampoco había prisa", detalla. Después la guardó en un cajón hasta que el año pasado se la mostró a Manuel Cráneo, de Demo.

Helder Rodrigues, que combina sus trabajos en el ámbito del diseño, la animación y la ilustración con el de guía en el Camino, concibe Destino Santiago como la primera obra de una trilogía, pero por ahora no se fijó plazos.

La Voz de Galicia, sábado 5 de febrero de 2022

martes, 8 de febrero de 2022

El Marcel Duchamp más fetichista

Marcel Duchamp

Autor total, revolucionario y padre de los ready-made, una exposición en la galería Thaddaeus Opac de París despliega un punto de vista muy concreto sobre la  obra, compleja y llena de densidad de Marcel Duchamp (1887-1968). El título en francés Prière de toucher/Se ruega tocar, utilizado en una de sus piezas por el propio artista, expresa una inversión que alude y cuestiona la indicación que se emplea en los museos para que los públicos no toquen las obras: Se ruega no tocar.

El fetichismo, en todas sus variedades, algunas de ellas no expresamente físicas, implica siempre un contacto. Y al situarnos en este ámbito, lo que Paul B, Franklin, comisario de la muestra, pretende subrayar es la importancia central del fetichismo en la vida y en la obra de Marcel Duchamp, quien siempre había buscado que los públicos diversos no se quedaran "fuera" de sus piezas, sino en un contacto, intenso y libre con sus piezas.

En el texto de la presentación de la muestra el comisario dice que "es la primera vez que se examina la importancia del fetichismo y del fetiche en la obra de Marcel Duchamp". Esto requiere una pequeña matización, ya que en 2016 el Museo Tingueley de Basilea presentó una exposición con el mismo título: Se ruega tocar; y el subtítulo El toque del arte, comisariada por Roland Wetzel. Eso sí, aunque en esa ocasión el punto de partida era Duchamp, la muestra no estaba concebida  de un modo tan específico en torno al fetichismo y además se desplegaba con un enfoque abierto a la presencia de otros artistas.

Esta versión de Se ruega tocar de la galería Thaddeus Ropac de París, se presentó primero en su espacio en Londres. Es sin duda una muestra de gran interés que a través de 34 objetos, obras gráficas, fotografías y reproducciones en pequeño formato, profundiza algunas de las  cuestiones que hicieron de Duchamp uno de los artistas más importantes de su tiempo. La irradiación del fetichismo se articula en cinco secciones: la consideración del ready-made como objeto fetiche; su presencia en las réplicas en miniaturas y reproducciones ; su papel en el juego del género; la utilización de materiales fetiches como el cuero, el vinilo, el caucho y el papel metalizado, y el desdoblamiento de su identidad artística (en Marcel y en Rrose Sélavy)...

José Jiménez. El Cultural 14-1-2022

lunes, 7 de febrero de 2022

"El brindis". Monólogo de neurótico

Con 35 años a nuestro protagonista le deja su novia (ese famoso descanso que asemeja una tierra de nadie entre la esperanza y una ruptura real), tiene que tragarse una aburrida y repetitiva cena familiar mientras espera un mensaje de ella que parece no llegar nunca, y para colmo debe afrontar que su futuro cuñado le pida que dé un discurso en la cercana boda de su hermana. Problemas que implican un mayor o menor grado de estrés dependiendo de cada cual, pero que en el mundo interior de un neurótico se convierten en una debacle de proporciones catastróficas.

Tomando como base una novela de difícil adaptación (obra homónima del dibujante y actor francés Fabcaro) que a priori tendría -y ha tenido- más salida en formato teatral que cinematográfico, El brindis nos sumerge en la mente de un personaje neurótico e hipocondríaco por medio de la continua ruptura de la cuarta pared. Apelando directamente al espectador, la acción se vehicula por medio de un diálogo interior que muta en desquiciado monólogo a cámara, como un intento de conversación personaje-espectador donde el primero no deja de meter baza al segundo, sin otorgarle un segundo de respiro.

La ansiedad del discurso se traduce en una acción que avanza a buen ritmo, siempre entre el sarcasmo, lo absurdo y lo salvaje, consiguiendo gracias a esta rapidez y fluidez que el filme no se quede en una pieza teatral sustentada por una sucesión de monólogos sobre la familia, el amor y los traumas varios de quien los relata. Esta comedia excéntrica gana puntos en sus momentos más surrealistas, donde los flashbacks, la realidad y la mente del protagonista se juntan y superponen en un mismo plano (esa secuencia con los intérpretes de la ONU en el comedor), consiguiendo que la fórmula no se agote antes de llegar al final, y que su discurso alocado tenga una base a la que acogerse.

Sabela Pillado. La Voz de Galicia, viernes 4 de febrero de 2022

domingo, 6 de febrero de 2022

Francia no ha dicho todavía la última palabra

Francia no ha dicho todavía la última palabra es el titulo del reciente libro de Éric Zemmour, la nueva voz de la extrema derecha francesa. Sus declaraciones contra los inmigrantes y el discurso de género le han valido seguidores y detractores. Pero sobre todo popularidad. Aspira a la presidencia. Hablamos con él. 

Zemmour es un tipo bajito, con cierto parecido con Charles Aznavour. Sin embargo, piensa a lo grande. Sus héroes son Napoleón y Charles de Gaulle, y las encuestas sugieren que muchos franceses -burgueses y sans-culottes por igual- consideran que podría ser el próximo gran hombre francés. En paralelo, los bien pensants opinan que se trata de un individuo hambriento de publicidad personal, y eso en el mejor de los casos. En el peor, le acusan de ser un fascista salido de la televisión que utiliza las legítimas preocupaciones sobre la inmigración para generar un odio visceral a los musulmanes franceses nativos, pues Zemmour asegura que su cultura y su religión ponen en peligro la misma existencia de Francia. En lo que están de acuerdo los unos y los otros es que Zemmour tiene las mismas posibilidades que Le Pen de enfrentarse al presidente Macron en la segunda vuelta electoral. (Recordemos que Le Pen ya se estrelló en dos elecciones presidenciales anteriores). 

Este político que habla sin pelos en la lengua en su día fue periodista de la sección de política de Le Figaro y más tarde se hizo famoso como tertuliano televisivo.

-¿Le resulta extraño que los periodistas ahora escriban sobre usted?

-Sí que es un poco raro estar al otro lado del espejo. Pero hace tiempo que dejé de ser un periodista a uso. Llevo años defendiendo determinadas ideas y convicciones, y me he convertido en lo que llamamos un intelectual. El problema es que en Francia, si no eres de izquierdas no te consideran un intelectual. Te etiquetan como un tertuliano de tres al cuarto... y punto.

-¿Usted es un intelectual?

-Yo creo que sí. Por lo menos hago el esfuerzo de tratar de entender nuestra historia y la situación en que nos hallamos. De hacer un diagnóstico y de ofrecer soluciones válidas a la situación en que estamos.

-La gente suele verlo más bien como un Donald Trump a la francesa.

-Es verdad que llevan meses comparándome con Donald Trump, pero si acaso tengo más que ver con Boris Johnson. Piénselo un momento. Los dos somos antiguos periodistas. Ambos hemos escrito libros de historia, sobre Churchill en el caso de Johnson, sobre la historia de Francia en el mío, sobre Napoleón y De Gaulle. Tenemos muchos puntos en común, y lo más interesante es que Johnson ha logrado poner en práctica una estrategia electoral precisa, que me propongo emular: la alianza entre la clase trabajadora y el segmento de burguesía patriótica que aspira a restaurar la soberanía nacional que, por desgracia, ahora mismo se encuentra en peligro.

-El problema con los populistas es que no tardan en volverse impopulares

-Yo no lo veo así. En primer lugar, ¿qué significa esto del "populismo"? Hay que definir lo que queremos decir  con "populismo". Suele pasar que las élites nos acusan de populistas cuando la gente deja de hacerles caso. Llevo largo tiempo diciendo que a los que ellos acusan de populistas son personas que no están dispuestas a morir ni a dejar que las instituciones mueran. Y creo que los pueblos de Europa, en Francia, sobre todo, están en peligro de extinción por causa de la inmigración masiva, de la demografía y de la presión cultural ejercida sobre estos países. ¿Que los populistas pierden la batalla de la opinión pública con gran rapidez? Es posible. Pero con menor rapidez que los no populistas... 

Andrew Billen. XLSemanal, 9 de enero de 2022

sábado, 5 de febrero de 2022

Burdeos, el Wall Street del vino

Jean-Guillaume Prats, de pie, junto al viticultor Telmo Rodríguez
Cuatro candelabros de plata y cristal en el centro de la mesa proyectan una luz tenue, casi fantasmal, sobre el delicado mantel de hilo. La vajilla está grabada con el escudo de la familia, y la cubertería bruñida como un espejo. Ante cada comensal tres copas de vino: añadas de 1955, 1962 y 2019 de Château Lafite, quizá la bodega más icónica del planeta. El comedor privado del barón Éric de Rothschild está entelado en tonos pastel, decorado con retratos de antepasados y carece de electricidad, como cuando la adquirió la estirpe de banqueros en 1868. Hachones sobre los muebles y las estanterías segundo imperio aportan la única iluminación. Cae la noche. En una repisa reposa un mágnum (vacío) de la cosecha de 1975 rubricado por Juan Carlos I. El menú es ligero y muy francés.

El anfitrión es Jean-Guillaume Prats, de 50 años, presidente de Château Lafite Rothschild, en Paulliac, a una hora de Burdeos. Estamos en la milla de oro del vino, en la margen izquierda del río Garona, la más conservadora y elitista. La derecha con capital en Saint-Émilion, es más minimalista y rompedora: la cuna de los "vinos de garaje". E igual de cara. Su último récord, 12 millones de euros por hectárea del Cháteau Beauséjour desembolsados por la multinacional Clarins. En ambas márgenes nacen las marcas más cotizadas e imitadas, donde la demanda siempre supera a la oferta. Bodegas sin precio. El capricho de los milmillonarios y los holdings del lujo, y la apuesta de los grupos bancarios, de seguros y cosmética. Algo que "ha deshumanizado la propiedad y provocado problemas sociales", critica un alcalde socialista, Joyas de una tierra, clima e historia irrepetibles, y también de la especulación y el marketing. En especial, los únicos cinco châteaux clasificados en 1855, y 1973 como Premier Cru: Latour, Lafite, Margaux, Haut-Brion y Mouton Rothschild, que producen entre 100.000 y 200.000 botellas según la añada. Son los más codiciados. Estamos en Lafite, uno de los pocos que aún pertenecen a una familia.

La corbata es de rigor. Prats, elegante traje gris muy V República, abrigo de Loro Piana y zapatos de Berluti, forma parte de la más vetusta aristocracia del vino bordelés. La familia materna de su padre, los Ginestest, fueron poderosos comerciantes y propietarios del Château Margaux (hoy pertenece a una familia enriquecida con los supermercados de bajo coste); él trabajó en la iconoclasta bodega familiar de los Prats, Cosd'Estournel (desde el año 2000, propiedad del imperio hotelero de Michel Reybier), antes de ser uno de los primeros en abrir mercado en China, a finales de los noventa, y a continuación, durante cinco años, responsable de la veintena de viñedos globales  de LVMH (Moët Hennessy Louis Vuitton), el mayor conglomerado de lujo mundial. Prats aterrizó de nuevo en la rive gsuche la orilla izquierda en 2017, fichado por esta rama de los Rothschild,  (una de las tres que hace vino). Y está apunto de abandonar Lafite, cuyas riendas tomará Saskia de Rothschild, de 34 años, la única hija del barón, periodista de formación, que tiene la misión de poner al día esta propiedad (unas 100 hectáreas de viñedo) originario de 1234 y enfrentarse al reto del cultivo orgánico y el cambio climático sin que se resientan las esencias de la casa. Un equilibrio complicado. Una botella de la última cosecha de Lafite (la de 2019) cotiza en el mercado internacional teledirigido desde el Wall Street bordelés por encima de los 1000 euros.

Jean-Guillaume ha invitado a cenar en la intimidad de este palacete al viticultor español Telmo Rodríguez, su amigo de la infancia y correrías por la propiedad riojana de Remelluri, y a los dos periodistas. El motivo es celebrar el ingreso de Telmo y su último vino, el tinto Yjar, en La Place de Burdeos, lo que para un bodeguero supone ascender a las grandes ligas del vino mundial. Es el primer español que accede al sofisticado sistema de comercialización global ideado en Burdeos hace cuatro siglos  y que alcanza de forma capilar y segmentada a 186 países. Y utilizan sin excepción todos los grandes châteaux de la región (no más de 200 entre las 8.000 marcas existentes, que solo aportan el 4% del volumen, pero suponen el 20% del negocio). Y al que también se han ido incorporando con cuentagotas desde 1998 algunas de las más renombradas bodegas mundiales de fuera de Burdeos...

Jesús Rodríguez. El País Semanal, 31 de diciembre de 2021

viernes, 4 de febrero de 2022

El Festival de Nimes pisa nuevos territorios

El Festival de Nimes se sumerge en el juego de los contrastes y para mantener una práctica que se ha convertido en seña de identidad, se dispone a descubrir territorios que en ediciones anteriores no había pisado. Con el fin de otorgarle protagonismo a las propuestas de artistas jóvenes a los que también se les está ofreciendo la oportunidad de participar en el acontecimiento flamenco más prestigioso fuera de nuestro país, el certamen celebra su trigésima segunda edición, un dato que avala su madurez organizativa y también su consistencia como manifestación artística de primer nivel. 

Y en el terreno de los contrastes, el festival ofrece una rica gama de actitudes musicales y dancísticas. Si por un lado tenemos el cante clásico, pero siempre renovado en cada actuación, de Pedro el Granadino, o el de Inés Bacán, con el peso de una tradición familiar de músicos gitanos, que tienen el flamenco a modo de ceremonial íntimo y sagrado, por otro nos encontramos con los sonidos que Antonio Moreno crea para En talleres, el espectáculo de la bailaora Leonor Leal: "Se trata de hacer vivir lo inanimado, inyectándole energía y carácter musical y escenográfico, descubrir la utilidad sonora de una serie de materiales que en cualquier otro contexto no servirían para nada, cacharros impensables que se transforman en instrumentos para acompañar mi baile adquieren otro significado y los coloca en una escala metafórica".

Yinka Esi Graves, bailarina y bailaora nacida en Londres de padres ghaneses y jamaicanos, alumna de grandes maestras de la danza flamenca, como Merche Esmeralda, Carmen Ledesma o Juana Amaya, cada vez que atravesaba el Guadalquivir por el puente de San Telmo, camino de la academia de baile "sentía algo muy fuerte, como una llamada ancestral del agua. Después supe que en esa zona de Sevilla fondeaban los barcos venidos de las Indias, es decir, de América, y también del continente africano. Y eso estaba latente en el espacio y mi cuerpo lo podía percibir". De manera que para hacer su espectáculo Disappearing Act (El acto de desaparecer), no quiso encerrarse en su estudio, sino buscar ingredientes en el exterior...Se trata de construir el flamenco y llevarlo al mundo de las sensaciones, las mismas que observé cuando llegué a Andalucía. Ha existido una trata de esclavos y un comercio, pero también un intercambio de músicas y ritmos. El flamenco tiene raíces plurales"...

José María Velázquez-Gaztelu. El Cultural, 7-1-2022

jueves, 3 de febrero de 2022

El hombre de la bata roja

El problema de Picasso, escribía Julian Barnes (Leicester, 1946) con tono reprobador en su colección de ensayos Con los ojos bien abiertos, era que no pintaba cuadros ; pintaba picassos. Tal vez haya sido la aversión a la autoparodia -a producir un barnes-lo que le haya impulsado su frenéticamente variada trayectoria. Ha escrito un biografía cubista de Flaubert; una historia del mundo "en 10 capítulos y medio" (narrada en parte por una termita); historias de amor y de ficción policíaca (publicadas con seudónimo); colecciones de ensayos sobre cocina; un ajuste de cuentas con su propia mortalidad; novelas en lazadas narradas desde puntos de vista rotatorios, y una memoria de la muerte de su mujer a través de una historia de la fotografía aérea. 

No obstante, en el centro de casi toda esta obra se sitúa, un poco tímidamente, un personaje reconocible al instante. Recesivo, algo irónico y evasivo ("Creo que escribo sobre lo que significa ser inglés", dijo en una ocasión ), que da vueltas sin parar a su vida y, con mucha frecuencia a su apego a una mujer carismática e infiel por naturaleza. Ahora se une al reparto el exuberante Samuel Jean Pozzi, protagonista de El hombre de la bata roja, el nuevo libro de no ficción de Barnes y el tema de uno de los retratos más famosos de John Singer Sargent.

En el cuadro de Sargent, pintado en 1881, Pozzi posa vestido con una bata de color rojo sangre; lleva barba pero es sutil y sugestivamente andrógino. Tiene una mano apoyada en la cadera, mientras que  la otra cierra apenas el cuello de la prenda ... "Podíamos pensar que lo importante es la bata, no es así. Más bien son las manos", escribe el autor.

Pozzi era un cirujano, además de un ginecólogo bastante célebre que transformó su especialidad, escribió un influyente tratado y diseñó un innovador hospital. "Repugnantemente guapo", en palabras de la princesa de Mónaco, fue un libertino de cierto renombre, amante de Sara Bernhardt. Esteta y cosmopolita, era "una especie de héroe", un hombre de acción y apetito, querido por su energía, su curiosidad y su radiante alegría...

En El loro de Flaubert , el narrador de Barnes establece dos clases de personas: "las que quieren saberlo todo y las que no. Esta búsqueda es señal de amor, sostengo". En El hombre de la bata roja, esta taxonomía se perfecciona y se introduce en ella una tercera clase: los que saben que no se puede saber todo, especialmente cuando se trata de personajes del pasado.

Cuando Barnes recibió el Premio Booker en 2011 por El sentido de un final, un miembro del jurado lo calificó  de "inigualable mago del corazón". El deseo, la obsesión destructiva, la terrible excitación de los celos sexuales- centra gran parte de su obra, no solo como motor dramático, sino también como acicate para la reflexión moral...

Parul Sehgal. El Cultural, 12-11-2021

miércoles, 2 de febrero de 2022

Arranca el segundo Año Santo

La plaza de la Quintana y la Puerta Santa fueron protagonistas el pasado 31 de enero durante el acto Camiña a Galicia. Feliz Xacobeo 2022, un espectáculo de luz, color y música conducido por Carlos Núñez para dar la bienvenida a la segunda parte del bienio jacobeo. También contó con la presencia del trío Tanxugueiras, que acompañaron al gaiteiro gallego en este evento, mientras se convierten en uno de los grupos del momento a nivel nacional tras presentarse como firmes candidatas para representar a España en el próximo festival de Eurovisión...

El acto comenzó con la proyección de un fragmento del vídeo Comienza el Xacobeo 2021-2022  para invitar a los peregrinos de todo el mundo a caminar a Galicia en este 2022, mostrando diferentes lugares del planeta, como Japón, Australia, Miami, Venezuela, Argentina o Alaska. Carlos Núñez ejerció como maestro de ceremonias, acompañado de las integrantes de Tanxugueiras, Aida Tarrío y las gemelas Sabela y Olaia Maneiro.

El gaitero ya actuó el año pasado en la apertura de la Puerta Santa, y en esta ocasión lo volvió a hacer con tres piezas musicales, una de ellas acompañado del reconocido músico gallego Xabier Díaz. La pieza elegida para que ambos compartiesen fue Anonovo e a Costa de Galicia...

Además se proyectaron sobre las fachadas de la plaza de la Quintana, como apoyo audiovisual, vídeos de conciertos de The Chieftains conla Orquesta Sinfónica de Galicia en el Obradoiro, que se habían producido durante el Xacobeo de 2010  y en Castrelos en el año 2004.

Estas imágenes  sirvieron de antesala al espectáculo de vídeo-mapping en la fachada de la Puerta Santa, basado en una historia sobre un peregrino y su recorrido en el Camino, que contó con efectos sonoros y de animación en 3D, simulando, entre otras cosas, como símbolo de transición a la segunda parte de este Año Santo. El acto finalizó con la actuación  musical a cargo de la Banda de Gaitas de Pontevedra.

Valentín Álvarez. Santiago. El Correo Gallego, domingo 2 de enero de 2022. 

martes, 1 de febrero de 2022

El Museo Van Gogh se rinde al talento de Mary Cassat

Mary Cassat, Berthe Morissot y Marie Bracquemond son tres pintoras impresionistas que trabajaron en el París del siglo XIX al mismo tiempo que sus famosos colegas masculinos. Agrupadas en torno al apelativo de Las tres grandes damas del impresionismo, forman una liga de artistas cuyo talento superó la barrera del arte entendido en su caso, como un pasatiempo decorativo. Originaria de Estados Unidos, Cassat (1844-1926) fue además la introductora del movimiento pictórico en su país natal. Tras una década de búsqueda el Museo Van Gogh de Amsterdam, ha adquirido tres de sus grabados en color, y una litografía en blanco y negro. El conjunto ha costado casi 1,5 millones de euros, financiados con fondos privados. Un sueño hecho realidad para la pinacoteca, que posee una de las mejores colecciones del mundo de grabados Fin de siècle. Junto con el Rijksmuseum, son las dos únicas salas que tienen obras de pintoras impresionistas en Países Bajos.

Mary Cassat nació en Pittsburg (Pensilvania) de una familia de clase media alta. Después de estudiar arte en París y en Europa, se asentó en París en 1875. Adelantada a su tiempo en el uso del color en el grabado, en 1879 puso su empeño en una técnica difícil de dominar pero con la que logró unos efectos admirados por sus colegas Edgar Degas y Camille Pissarro.

Fechados entre 1890 y 1891, los tres grabados comprados por el Van Gogh retratan momentos íntimos: una joven lavándose frente al espejo, otra de pie mientras la modista le arregla el bajo de un vestido, y una más cerrando una carta. "Como varios de sus contemporáneos, Cassat se inspiró en las series de estampas japonesas exhibidas en París en 1890. Aplica los colores con tal maestría que semeja una pintura", dice, en conversación telefónica, Fleur Roos Rosa de Carvalho, conservadora senior del museo. En su opinión, la calidad de la compleja técnica de planchas metálicas utilizadas y la sutileza con que trata sus motivos "añaden valor a unas obras de gran calidad y muy difíciles de encontrar"...

Isabel Ferrer. La Haya. El País, sábado 15 de enero de 2022.

lunes, 31 de enero de 2022

"Delicioso". Linda y estimulante

Se aprecia que Éric Besnard (1964) consideró filmarla al modo canónico en su estructura, diáfana, sin estridencias, con la complicidad del fotógrafo Jean-Marie Dreujou en cuanto a cuadro y luz, y en la elección de interiores y exteriores. Con el añadido de un atinado equipo de arte que nos mete en la Francia de 1789, en los estertores del Ancien Régime y la Revolución a las puertas. Con esos mimbres y el guión compartido con el también director Nicolas Boukhrief, Besnard nos propone una película de las que el tópico dice lindas, pero sin connotaciones cursis. Lo es por su belleza integral, y porque utiliza  la cocina como un recurso dramático a los que suma matices emocionales e incluso políticos, que redondean su resultado. El cine es también eso, y cuando asoman los créditos finales, a uno le queda la sensación de gozo. Son varias las que en el pasado nos metieron entre fogones, pero esta se antoja singular.

¿Y los personajes? Bien, gracias. Grégory Gadebois como el panadero que evoluciona a cocinero de prestigio para un marqués sibarita y acaba despedido, e Isabelle Carré como la misteriosa mujer madura, que un día llama a su puerta para convertirse en su aprendiz, brindan dos recreaciones a las que vemos evolucionar hacia un desenlace, no por intuido, sorprendente. Aclaremos que la trama también recrea el origen del primer restaurante de la historia, ese viejo horno al que regresa el protagonista para convertirlo en parada de postas, que acabará siendo lugar de comidas. Si el ideario de los nuevos tiempos lo representa el hijo del primero, la trama nos irá acercando con trazos concisos a cómo el pueblo se hará con el poder. Un cambio que fue brutal y violento. pero no así en la película, que ese es otro de sus méritos. No pretende estimular los jugos gástricos -que también-, pero a su manera es también un bonito cuento de amores.

Miguel A. Fernández. La Voz de Galicia, viernes 14 de enero de 2022

domingo, 30 de enero de 2022

Recordando a Moliére en su 400 aniversario

Molière ha sido uno de los primeros autores franceses que leí. Ya en el colegio, en aquel curso de 5º de Bachillerato, en el que estudiábamos la literatura francesa con un  manual ¡en francés!  aunque nuestro conocimiento de la lengua francesa en aquella clase era de lo más rudimentario. Unos años después en la Facultad de Filología de la Universidad de Salamanca,  tuve la suerte de ser alumna  de dos célebres profesores, Monsieur Cortés y su esposa a la que conocíamos como Madame Paulette, o "tout court", "Madame", pioneros en la formación de profesores de francés entre los años 60 y 80 . Ella nos transmitió su pasión por la literatura, por el teatro. Desde mis primeros pasos como profesora, recuerdo los buenos momentos que pasé con los alumnos, interpretando con ellos algunos de los personajes más conocidos de Molière. Argan, El Enfermo Imaginario, Harpagon, El Avaro. Textos que figuraban entonces en los manuales, cuando aún no había llegado la didáctica funcional de las lenguas.

No voy a hablar de su obra, ya han empezado a aparecer artículos, libros, anuncios de congresos y coloquios para especialistas y expertos en su obra. Para mi Molière significa mucho más porque. sin querer, a través de él se me ofreció la reparación de una humillación que sufrí de niña, como ahora les contaré.

Durante un intercambio con un instituto de Limoges, las profesoras de español P.L. y C.M.  nos ofrecieron una visita a Ambazac, una pueblo a 23 kms de nuestra ciudad de acogida, donde nos esperaba una sorpresa. Al poco de llegar, nuestro grupo, profesores y alumnos, reunidos en la entrada de un parque, vimos aparecer un cortejo, que se dirigía a nosotros, formado por un grupo de señores muy elegantes con trajes oscuros, ataviados con unas orejas de burro, en francés, bonnets d'ânes. Estábamos asistiendo a una representación de L'Académie des ânes, la institución que mantiene viva la broma que Molière gastó al Marqués de Ambazac, haciéndole creer que sería admitido en la Academia Francesa. Antes lo visitarían en su castillo. Cuando abrió las puertas para recibirlos  se encontró, en  lugar de los bicornios de los académicos, una fila de asnos. Sabemos que Molière ha ridiculizado repetidas veces la vanidad con personajes con Monsieur de Pourceaugnac (algunos creen que fue este marqués de Ambazac que sobreestimaba sus dotes de escritor, quien se lo inspiró) o El Burgués Gentilhombre. 

Después de una breve ceremonia con algún discurso, compartimos con los "académicos" un festivo picnic, sobre el césped del parque. Impactada por la visión de las orejas de burro en papel plisado verde, con sobrepuestos dorados, no atendí a los discursos, estaba en otro mundo, porque surgió aquel recuerdo de mis orejas de burro. Tenía que compartirlo para aliviar la herida que se abría otra vez, por eso lo conté. Vivía entonces en Celanova, una pequeña villa de la provincia de Orense. Tendría unos 6 años. Iba a un colegio, el único que había, de monjas. Era, según contaban mis padres una niña muy independiente, y sin pelos en la lengua, decía lo que pensaba, lo que ocasionó alguna escena comprometida para mi madre ya que nunca cumplía sus recomendaciones de no repetir todo lo que oía en casa. Una compañera de clase recibió de una de nuestras monjas dos sonoras bofetadas por algo que no hizo bien, no recuerdo el motivo. En la puerta del colegio informé a su madre de lo sucedido con todo lujo de detalles, insistiendo en el color rojo de las mejillas después de las bofetadas. Y así sucedió lo que sucedió por la tarde, una tarde luminosa de mayo: la monja pegona, tan pronto me vio, vino hacia mí, y sin mediar palabra, llena de furia,  me colocó unas enormes orejas de burro de cartón completadas por un cartel sobre la frente que decía: Por mentirosa y tramposa. Así estuve toda la tarde, muerta de vergüenza, comiéndome las lágrimas, sin entender nada. Aún hubo más. En el mes de mayo rezábamos el rosario en el patio, dando vueltas en círculo. Me hicieron presidir el cortejo, con nuestros velos blancos y largos, en mi caso  las orejas de burro sobre el velo, para terminar en la capilla, puesta en el altar, el castigo debía ser ejemplar.

En medio del silencio que siguió a mi relato, se levantó uno de los "académicos", quizá el de más edad, me dio un abrazo y me ofreció su bonnet d'âne, hoy en la pared de mi habitación. Un gesto que  viví como un desagravio a la niña que no sabía que la verdad casi siempre tiene un precio. 

Carmen Glez Teixeira

sábado, 29 de enero de 2022

Pirineo francés, pura diversión

La Pierre Saint-Martin

Baptiste y Yann son pastores y monitores de esquí de fondo en el valle de Azun, en los Pirineos Atlánticos franceses; lo mismo cuidan de sus ovejas y producen queso que enseñan a deslizarse por la nieve. Son una muestra del espíritu que anima la montaña en la cara norte del Pirineo; respeto a las tradiciones y  al medio natural sin menospreciar las oportunidades que ofrecen el turismo y los deportes de invierno. El proyecto de desarrollo para las dos próximas décadas bautizado Montaña 4 Estaciones busca la sostenibilidad de los 39 centros de esquí franceses en esta cordillera. Establece, por ejemplo, que todas las máquinas pisapistas deberán funcionar con hidrógeno dentro de 15 años.

Cada temporada, unos 650.000 españoles pasan a la vertiente norte pirenaica para esquiar. No en busca de grandes dominios e instalaciones a la última -la mayoría de las estaciones son más pequeñas que las españolas-, pero sí de precios más asequibles, una nieve de calidad y 16 centros termales a pie de pistas, entre otras cosas. Quienes decidan ir este invierno deben tener en cuenta que, de momento, Francia exige el certificado de vacunación o una PCR negativa realizada al menos 72 horas antes de entrar en el país.

A las puertas del parque nacional de los Pirineos, las estribaciones más occidentales de la cadena ofrecen tres estaciones situadas a una altura moderada y cuatro espacios nórdicos amplísimos con casi 120 kilómetros para el esquí de fondo. Un territorio bien conservado con tesoros naturales  como el hayedo de Irati -compartido con Navarra- o el macizo del Midi d'Ossau. La Pierre Saint-Martin (altitud: 1527-2153; pistas: 27 kilómetros) estrena tres descensos y una ruta para esquí de montaña con guía. Lo mejor deslizarse por el bosque de Braca y dormir en cabañas de madera entre los pinos. Artouste e s la estación más cercana a España -por el Portalet, en Huesca- a solo 25 kilómetros de la frontera. Gourette, en el corazón del valle d'Ossau, es la cuna del esquí en el Pirineo con más de un siglo de historia deportiva...

Carlos Ara. el Viajero. El País, viernes 24 de diciembre de 2021.

viernes, 28 de enero de 2022

Embriagadas de amor

Juliette Armanet

Nadie canta al desamor como las francesas. Entre las nuevas estrellas que pueblan el pop galo de la última hornada, sobresalen los nombres de Juliette Armanet y Clara Luciani. Las dos tienen mucho en común: pertenecen a la misma generación, ocupando puestos extremos del espectro milenial (37 y 29 años, respectivamente), y escriben sobre rupturas devastadoras, como tantas de sus ilustres predecesoras, aunque lo hagan sobre bases musicales más ligeras, dignas de la música disco setentera. Reivindican la variété francesa que escuchaban sus padres dotándola de una pátina cool, pero también asumiendo su dimensión kitsch como raison d'être. Ambas publican además en el mismo sello: Romance Musique, filial de Universal dedicada a la caza y captura de ese público treintañero con estudios superiores y armarios de ensueño que abunda en las grandes ciudades francesas.

Clara Luciani
Por todos esos motivos, sumados al inoxidable tropo misógino de la pelea de gatas, público y prensa decidieron que iban a ser enemigas. En realidad, sus últimos discos, publicados casi a la vez, desprenden menos rivalidad que emulación y hasta cierto sentido de la sincronía. Pese a centrarse en el mismo tema -ese amour fou que solo puede acabar mal- y rezar a los mismos santos musicales, sus poéticas son distintas. Armanet canta desde el desgarro, en carne viva, mientras que Luciani lo hace escudada en el desapego y la distancia irónica . Escuchar sus discos de forma consecutiva puede recordar aquel célebre aforismo marxista. Como pasaba con la historia, en este programa doble sucederá dos veces: la primera como tragedia y la segunda como farsa.

Revelada en 2017 con un aplaudido debut titulado Petite amie (en Francia vendió 200.000 copias siendo una total desconocida), Armanet da comienzo a su segundo disco, Brûler le feu,  por el final, "Le dernier jour du disco", con un título inspirado en la película de Whit Stillman, describe esa última mañana en la que uno se resiste a soltar la mano del otro, aunque sepa que ya no queda otro remedio... El cariz electrónico del disco no evita que su máximo rferente lírico y sonoro sigan siendo las producciones de Michel Berger, ese Gainsbourg de clase media, y la santa trinidad de vocalistas a las que secundó: France Gall, Françoise Hardy y Véronique Sanson, quien tras años de relativo desdén vuelve a cotizar al alza con el redescubrimiento de su deslumbrante debut, Amoureuse ( 1972).

La herencia musical de los setenta y los ochenta se detecta también en Coeur, lo nuevo de Clara Luciani. El disco parece concebido como un elogio a los placeres carnales tras muchos meses de encierro y depresión. Menos solemne que Armanet, Luciani se inscribe en un disco-funk amable y blanco, elegante y juguetón, con guiños puntuales al Philadelphia Sound y letras menos sofisticadas pero más socarronas entonadas con la sensualidad inalterable de su voz cavernosa...

Àlex Vicente.  Babelia. El País, sábado 22 de Enero de 2022

jueves, 27 de enero de 2022

"Paris-Austerlitz"

Escribo este texto con un ejemplar de Paris-Austerlitz encima de la mesa. También hay un bote con pinceles, una lata de grafito acuarelable, un vaso metálico con agua, dos trapos, unos bocetos de la figura de un demonio  ("El infierno es tener brazos y nadie a quien abrazar", leo en las citas que abren el texto que ilustro por encargo), varios pliegos de papel -300 gramos, grano satinado, 50 por 70 centímetros- y un tubito de minas del 0,5. En mi mesa, que consideraba exageradamente larga, ya no cabe nada más. A la izquierda he instalado un ordenador gris. A la derecha, otro que parece que haya comprendido qué significa vivir: ralladuras, trozos de cinta de pintor, manchas de rotulador, chorretones de tinta. Me parece curioso, porque escribir ensucia como ensucia pintar, pero el ordenador de la izquierda parece nuevo. En mi cuerpo sucede algo parecido: las manchas de pintura son las que más se ven . No me molestan. Permanecen algunos días conmigo y se van yendo poco a poco, sin que tenga que esforzarme demasiado. Las que me deja la escritura son más profundas y tardan en desaparecer. Son, también, mas difíciles de ver.

Hace poco compre París-Austerlitz y durante tres días Chirbes me ha estado acompañando en ese momento que precede al sueño en el que una quiere olvidarse de sí misma y de cualquier situación que provoque malestar. Acabé el libro antes de anoche y la inquietud que iba generando la lectura de la novela sigue aquí conmigo. Ayer fui a la cama pensando en Michel y en sus uñas sucias, en su idea posesiva del amor, que nace y muere, en su olor a Gitanes sin filtro, en su gran pena. También pensaba en su amante, el joven pintor con ganas de comerse el mundo que abocetaba retratos en un cuchitril sin luz. 

A veces me da la impresión de haber estado demasiado tiempo dormida. Llegué a El año que nevó en Valencia en un momento en el que buscaba algo breve que me alejara del proyecto en el que estaba trabajando (el ordenador impoluto como siempre, yo, agarrada con fuerza a una pala, clavándola en el suelo, lanzando lejos la tierra podrida, cavando a más profundidad, descombrando), no había leído a Chirbes pero reparé en el libro por la edición hermosa, me lo llevé porque me atrojo el misterio de la nieve cayendo sobre la ciudad ardiente en la pasé mis años de formación, una Valencia que adoro y echo terriblemente de menos, la ciudad con la que nunca termino de hacer las paces. Anduve de nuevo por sus calles y me reconocí niña en una familia que no era la mía. Algunos personajes de Chirbes hablan y huelen como mis tíos y mis abuelos, como mi madre; el calor asfixiante de sus novelas es el que uno siente dentro de un coche aparcado en un paseo marítimo en pleno mes de julio, intuyendo el peligro que acecha en una ciudad con luz de oro. En aquella primera lectura me encontré de golpe no con esa vida que no era la mía pero que podía reconocer como propia, sino con pistas para entender que estaba haciendo yo con una pala en la mano, empezaba a saber como gestionar toda aquella mugre  que desenterraba y se quedaba atrapada en mis uñas. 

Anoche no podía dormir y salí de la cama para recuperar el libro. Quería volver a caminar de madrugada por las calles de París, preguntarle al pintor cómo lo hacía para no mancharse, meterme en un tugurio, pedir dos cervezas y brindar con él contra el amor romántico. Abocetar a su lado y ensuciarme los dedos con el negro del carbón, celebrar la belleza de la carne y su decadencia. El autor de La buena letra es capaz de alimentar la virtud que crece en lo más oscuro, sabe que se puede estar en el infierno y no tener a nadie a quien abrazar, sabe que si una aprende a cargar con su mugre puede acercarse a aquellos que ama sin apenas mancharlos. Rafael Chirbes ensucia, celebra y perfora la carne casi sin magullarla.

Piedad Bonet. El País, domingo 12 de diciembre de 2021

miércoles, 26 de enero de 2022

Por qué el mundo entero volverá a apasionarse por el Camino de Santiago en 2022

Camiño de Santiago desde Sarria

Por primera vez en más de ocho décadas se ha declarado a dos años seguidos, 2021 y 2022, como Años Xacobeos. Y nada mejor para animarse a vivir algo único que con las historias que inspira el Camino: de los reality shows de la televisión surcoreana basados en él al ciclista que será el primer peregrino en recorrer el Camino Blanco entre Patagonia y Santiago en enero. Que dos años seguidos sean jubilares no es nada habitual. En siglo y medio solo ha ocurrido otras dos veces: en 1885, cuando el papa León XIII determinó que los restos encontrados dentro de la catedral (y cuya ubicación se había olvidado durante tres siglos eran realmente los del apóstol; y en 1937 y 1938, en plena Guerra Civil.

Y si el propio Camino de Santiago ya supone una experiencia extraordinaria, las historias de algunos peregrinos también los son. Extraordinarias pero no imposibles: estas son algunas de las razones, orígenes y compañías diferentes entre los cientos de miles de personas que, a través de algunas de las 281 rutas existentes, confluyen cada año en la meta común que supone la catedral de Santiago y que demuestran que, para hacer el Camino, solo hay que tener ganas.

El niño que buscaba ciervos que vuelan. El Camino ofrece tiempo y un ambiente propicio para la conversación entre los peregrinos que viajan juntos. Una circunstancia que entendió muy bien Jaime González, jubilado gallego que, en 2017, con 77 años, decidió emprenderlo por primera vez con su nieto Santiago, de 7, para ayudarle a sobreponerse a los problemas por los que estaba pasando. Para iniciarse, González optó por la ruta desde Sarria, en la provincia de Lugo, que comprende 111 kilómetros hasta Santiago de Compostela. Este es uno de los itinerarios más conocidos de los peregrinos, especialmente los que se inician, pues permite recorrer los 100 kilómetros mínimos que hacen falta para ameritar la Compostela, el ansiado documento que acredita que se ha realizado el Camino.

"Yo le prometí a Santi que al acabar iríamos a ver ballenas para animarle, pero su verdadera ilusión era ver un escarabajo vacaloura, conocido como ciervo volante, habitual en Galicia", recuerda. El comienzo fue duro, pero todo cambió en la tercera etapa: "Cuando estábamos a punto de dejarlo, nos encontramos uno de esos insectos en medio del recorrido; le cambió la cara". El resto, cuenta, fue una de las grandes experiencias de la vida de ambos: "Me pedía que le hablara sobre mi pasado, sobre mi infancia... Quería saberlo todo". Desde entonces, han recorrido más de 1.800 kilómetros juntos por cuatro rutas jacobeas...

Javier A, Fernández. el país.com, 30 de diciembre de 2021 

martes, 25 de enero de 2022

Batalla judicial por un "pissarro"

Rue de Saint-Honoré por la tarde. Efecto de lluvia.

La trama suele repetirse: una familia judía se ve obligada a vender su patrimonio para huir de los nazis. En ese patrimonio hay piezas de arte que el tiempo se encarga de revalorizar. Las obras acaban en manos de marchantes y galerías de distintas partes del mundo después de largos periplos de los que no se conocen todas sus paradas. Es decir, en los que se pierden papeles o se realizan transacciones que siempre perjudican a los primeros dueños. Estos viajes suelen terminar cuando acaudalados coleccionistas compran estas joyas (a inmejorables precios) y las depositan en grandes museos. No las ocultan, al contrario, cuelgan de las paredes de sus pinacotecas hasta que un día un amigo, un familiar, o alguien que conoce a los herederos de los propietarios ve las piezas en un paseo por una exposición, los avisa y la historia del cuadro revive con una denuncia judicial. Esto es lo que ha sucedido en las últimas semanas con un cuadro de Pissarro y otro de Mondrian, expoliados por las nazis y exhibidos durante décadas en instituciones culturales. 

La primera batalla judicial en resurgir será el 18 de enero entre la Fundación Colección Thyssen. Bornemisza y el Tribunal Supremo de los EEUU por los derechos del cuadro Rue de Saint-Honoré por la tarde. Efecto de lluvia, pintado en 1897 por el impresionista francés Camille Pissarro. La corte estadounidense ha aceptado revisar un caso que el museo español ha cerrado en agosto de 2020. Entonces un tribunal de San Francisco determinó que la Fundación era la legítima propietaria del óleo y no la familia Cassirer-Neubauer, herederos de Lilly, una acaudalada mujer judía que tuvo que desprenderse de él en 1939 por 360 dólares para salir de Alemania y evitar ser transladada a un campo de concentración. 

Han pasado casi dos décadas de litigios  y dos sentencias judiciales (la primera fue en 2018 en un tribunal de Los Ángeles) a favor de la legalidad de la compra que el barón Hans Heinrich Thyssen -Bornemisza hizo en 1976 en una galería de Nueva York por 300.000 dólares (unos 251.000 euros al cambio actual). La obra pasó a manos del Estado español en 1993 dentro de la colección Thyssen y desde entonces se expone en el museo que alberga su colección en Madrid. Antes de acabar en estas paredes, la tela fue primero confiscada por la Gestapo. Posteriormente, se perdió su rastro y en 1958 el Estado alemán indemnizó a los Cassirer-Neubauer por la pérdida de la obra con una suma equivalente a su valor en el mercado en aquel momento.

En 2001 un amigo de los herederos estadounidenses de los Cassirer que visitaba el museo en Madrid vio el óleo y se lo contó a la familia, que presentó una demanda alegando que la fundación y sus anteriores propietarios conocían la peripecia de la obra. Entonces empezó la pelea judicial...

Ana Marcos. Madrid. El País, martes 4 de enero de 2022.

lunes, 24 de enero de 2022

Garpard Ulliel, estrella discreta del cine francés

El actor francés Gaspard Ulliel falleció ayer a los 37 años, un día después de haber sufrido un accidente de esqui en la estación de la Rosière, en los Alpes, donde era habitual en los meses de invierno.Ulliel fue trasladado en helicóptero a un hospital de Grenoble tras un choque con otro esquiador en el cruce entre dos pistas azules que le produjo un grave traumatismo craneal. Así termina la trayectoria, breve pero intensa, de esta estrella discreta del cine francés, ganador de dos premios César y popular también por sus interpretaciones en Saint Laurent y en Hannnibal, el origen del mal, que tras unos inicios meteóricos decidió privilegiar los papeles de envergadura en proyectos de autor y se alejó de los taquillazos sin sustancia que le proponían sin cesar.

Nacido en 1984 en Boulogne- Billancourt, en la periferia de París, Ulliel había interpretado pequeños papeles en El pacto de los lobos y Besen a quien quieran cuando André Téchiné lo escogió para protagonizar Fugitivos (2003) al lado de una estrella como Emmanuelle Béart. Terminaría de saltar a la fama con Largo domingo de noviazgo (2004), la primera película de Jean-Pierre Jeunet, por la que Ulliel ganó el César al mejor actor revelación (en la que era su tercera candidatura). Poco después el actor rodó un capítulo de Paris, je t'aime (2006)  y luego dio el salto al cine en inglés  con Hannibal, el origen del mal (2007)...

La carrera internacional de Ulliel nunca despegó del todo. Intentó aprovechar el tirón de Hannibal, pero la experiencia no fue fructífera y dejó Los Ángeles para volver a París donde conectó con el cine de autor. En las últimas dos décadas, Ulliel rodó con directores como Rithy Panh (Un dique contra el Pacífico, adaptación de Marguerite Duras con Isabelle Huppert), Bertand Tavernier (La princesa de Montpensier )...

En 2021, Ulliel regresó a los Estados Unidos para rodar la serie Caballero Luna , que se estrenará en marzo en Disney y en la que comparte protagonismo con Oscar Isaac y Ethan Hawke. Será la extraña despedida de un intérprete que siempre mantuvo una relación algo torturada con la fama.

Álex Vicente. Madrid. El País, jueves 20 de enero de 2022.